LA HISTORIA DEL HOMBRE QUE COLECCIONABA BALONES

por Idelys Izquierdo Laboy
Érase una vez, en un mundo donde el deporte se había convertido en una obsesión y la locura en lo más normal del universo, un hombre que en su infancia nunca pudo tener un balón. Jugaba con ellos cuando se juntaba con sus compañeros de la escuela, pero no pudo aprender un deporte porque pensaba que no tenía la habilidad de ser deportista.
En la casa no tenían dinero suficiente para comprarle un balón y siempre decía que cuando creciera iba a comprar todos los balones del mundo. Así lo hizo, según iba creciendo y trabajando iba comprando balones de diferentes deportes, marcas y colores. Al principio contaba los balones que tenía, pero siguió coleccionando tantos balones que ya había perdido la cuenta. Tenía diferentes tipos de balones, entre ellos: Bowling, Fútbol, Básquetbol, Béisbol, Tenis y Vóleibol. Con colores blanco y negro, marrón y blanco, rojo, verde, amarillo y azul. Se convirtió en un gran coleccionista de balones. Era tan fanático que a todos les tenía nombre: Mizakii, Zamora, Adidas, Fifa, Wilson, Dixson, entre otros. Aunque los cuidaba mucho, de vez en cuando los lanzaba al aire para escucharlos rebotar en el suelo. Los vecinos escuchaban esos sonidos que hacían: “pim, pum, pam”, “ping, pong”, “bonk”, “boink”, que comenzaron a llamarlo “Boink”, pero al hombre nunca le molestó que lo llamaran “Boink” y así se quedó. Él se había obsesionado tanto con los balones que, cuando creció, se casó con la joven que le vendía los balones en la tienda de deportes. Para “Boink”, ella era su pareja perfecta, porque le conseguía los últimos balones que salían al mercado con los mejores precios. También le conseguía entradas para ir juntos a los partidos de juegos. Se sentía satisfecho, porque, aunque nunca aprendió un deporte, no se perdía ninguna partida de ellos. Cada vez que iba a un juego llevaba un balón para que los jugadores se lo firmaran. Un día su esposa consiguió dos entradas para ver un partido de Football americano. Inmediatamente, fue a la tienda de deportes a comprar el balón que le faltaba: el “Wave Runner” de varios colores, pero no lo consiguió. Visitó otras tiendas y no lo encontró. Triste por no tener el balón para llevar al partido, “Boink” decidió crear su propia camisa con los colores del balón y pedirles a los jugadores que se la firmaran. Comenzó a coser su camisa color verde y negra con una franja blanca. Cada día, al terminar de coserla, se la medía para ver cómo le quedaba, luego la colocaba dentro del closet para conservarla. Aunque terminó de coser su camisa muy tarde en la noche anterior al partido, aun así decidió medírsela. Cuando se la ajustó al cuerpo, se dio cuenta que le había faltado coser el nombre del balón con letras negras que dijera: “Wave Runner”. Buscó una aguja, tijeras, cinta métrica y dedal. Estaba tan preocupado y a la misma vez emocionado, que olvidó quitársela y finalmente le cosió el nombre con ella puesta. Le quedó tan apretada que no se la pudo quitar. Llamó a su esposa para que lo ayudara, pero ya ella se había dormido. Si se la quitaba se iba a descoser. Sin saber que más hacer, para que su esposa no se diera cuenta, lo único que se le ocurrió fue dormir dentro del closet con ella puesta. Al día siguiente, cuando su esposa se levantó, no vio a su esposo en la cama. Comenzó a buscarlo por todas las partes de la casa, pero no lo encontró. Solo le faltaba abrir el closet. Para su sorpresa, cuando lo abrió, salió rebotando por el piso de la habitación un balón color verde y negro con franja blanca y letras cosidas sonando “boink”, “boink”.

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Imagen al exterior

Still Life >> Giorgio Morandi., Italia, 1890-1964

Idelys Izquierdo Laboy nació un 27 de noviembre en Nueva York, hija de padres puertorriqueños del pueblo de Lajas, donde creció desde los cinco años. Estudió su bachillerato en Estudios Hispánicos, Música, Artes Plásticas y Educación en la Universidad Interamericana de San Germán, P. R. La Maestría en Literatura Comparada de la Universidad de P. R. y más tarde la Academia mundial de Literatura Moderna le otorgó el Doctorado Honoris Causa (Litt. D.). Continuó estudios en cine, teatro y televisión. Reside en San Juan, P. R. Profesora de Estudios Hispánicos y autora de los libros 30 años de silencio, Amo a mis animales, Esmeralda perdida y Carta pintada en la noche. Creadora de la revista estudiantil Círculo Literario y Artístico del DEPR. Formó parte de la programación T. V. latina en N. Y. Bronxnet Community Television. Es miembro del PEN Internacional de P. R, Asociación Internacional de Poetas, Escritores Hispanos y del Junte de Artistas y Escritores Internacionales de P. R.

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