Sombra mínima

por César Vega

Fortuna

 

Espero la rotación

de la fortuna y el mundo

para que mi amor profundo

por fin encuentre intención.

No hallo por dónde razón

ni fundamento o pretexto

y por más que lo detesto

tampoco me sobran ganas

mas, el alma siempre ufana

te busca sin mi concierto.

Nidya Areli Díaz

***

El viejo José

 

Las canastas de manzana recorren el centro de la ciudad que pintaba el viejo José. El viejito era el pintor de las casas más lindas que adornaron mi corazón. Endulzaba sus historias entre manzanas y galletas que recordaban. La historia había transcurrido en espadas, cantos y hombres valientes que engalanan libros.

Hoy José se ha ido a jugar a al cielo. He llorado su ausencia, pero mi corazón se emociona al recordar sus versos finos.

Yessika Rengifo

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Murmullo

 

La luna al fondo, la brisa…

camino por un bosque que no conozco. 

El viento trae el olor a humedad fresca. No como una ropa envejecida por el tiempo sino un suspiro de agua que a lo lejos reclama su presencia.

 

                                                  Canto lejano,

                                                  murmullo del riachuelo

                                                  bajo los montes.

Guillermo Santana

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Buscándola

 

Las noches de noviembre se habían robado la dulzura de sus manos. Antonia no regresó a casa porque no pudo soportar mis infidelidades y el desperdicio de mi sueldo cada mes. Los lunes frecuenté su trabajo con la ilusión de encontrarla a la salida, obtener su tan anhelado perdón que jamás llego. Su desprecio no se hizo esperar y manifestó que me alejara de su vida. Entre lágrimas, lo hice.

Buscándola continuó mi vida, y hoy será la señora de Bustamante que lacera mi corazón en la iglesia del sur.

Yessika Rengifo

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Sueños

 

Tal vez las nubes sean blancas, igual que hojas…

Pero para mí… los colores son el tacto, la profundidad,

el silencio que se hace presente y permanente.

En la tarde, tomo el punzón, una hoja

y trazo el primer poema del día.

 

                                                  Las hojas gruesas,

                                                  debajo del punzón

                                                  pariendo sueños.

Guillermo Santana 

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Senos caídos

 

Las últimas semanas de abril, Isabel se quejó por sus senos caídos. Recordó que desde el nacimiento de nuestros hijos sus senos se habían ido al piso, que ninguna blusa se acomodaba a ellos y nada volvería a alegrar sus días.  Le insistí a mi mujer que estaba más hermosa que antes y sus pechos eran la transformación de la vida. Nuestros hijos eran la apología a esa belleza que se habían vuelto sus senos, pero mis palabras no alegraban sus días. Decidió que se operaría y todo volvería a ser como antes. La cirugía no alegró su carácter, aunque sus pechos eran nuevamente firmes como las montañas. Isabel se fue de casa a buscar el sol en nuevos veranos.

Yessika Rengifo 

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Ilusiones de marzo

 

El ciclo volvió al origen en tiempos diferentes, lo sé porque sigo vivo. Perdimos el rumbo y a quienes nos acompañaron en las bifurcaciones de los caminos. No sabemos cómo despedirnos. Líneas sobrepuestas en la sinopsis de nuestros días, arrastrando memorias fragmentadas. Volvimos a marzo tras las rejas enladrilladas, en concreto, nuestras mentes no fluyen fuera del lugar. Nos reconforta la vida brevemente, pero nos duelen los recuerdos.

Marzo volverá…

Tal vez, en mejores versiones…

Lord  Crawen

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Espero

 

Espero. Todo pasa lento, el aire, la tarde, que se va

y el infinito paso del tiempo.

Para mí habría dos opciones:

seguir las luces de esta ciudad que se come a sí misma

o quedarme aquí al lado de una persona que no conozco.

 

En la infinita sombra de la ceguera,

a mi lado un niño que no habla, sólo respira.

El sonido que surge es el de la impaciencia.

Busco algún recuerdo, hay tantos.

 

                                          Un niño ciego

                                          ha pasado en la banca

                                          toda la tarde.

Guillermo Santana

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Latidos

 

Esos latidos no eran los habituales; eran de melancolía, de olvido. No había duda de que en ellos estaba el fin de nuestro amor. Algunos recuerdos del ayer se cruzaron por aquí, pero ninguno trajo el aceleramiento de nuestros corazones.

No hubo un sonrojamiento en las mejillas ni temblor en las manos. ¿Qué fue de nuestro amor? ¿Dónde están sus cartas? Aquí siempre hay latidos. Los latidos que me recuerdan que ella se ha ido a jugar con las estrellas, que calman mi afligida alma en noches de desolación que pinta el cielo.

Yessika Rengifo

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Sin retorno

 

Constanza regresó a casa con la ilusión de que seriamos marido y mujer. Las cartas de nuestros días del ayer y las promesas en el balcón de la escuela la hicieron pensar que todo sería igual. Nada volvería a ser como antes. Nuestra historia culminó el día que nos levantamos las manos y nos agredimos al punto de no tener un retorno.

Le expliqué que la amaba profundamente, pero deseaba que estuviera en casa por nuestros hijos y yo me iría. Cinco años han trascurrido y somos dos amigos que se cuentan historias sin retorno.

Yessika Rengifo

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Ana regresó a casa

 

Ana partió los últimos días de febrero a Dublín con la ilusión de encontrar a Gerardo. Él había prometido que regresaría tan pronto su especialización en Economía culminara y los sueños de una vida juntos estuvieran fraguados. Los hijos, la casa con nardos y los dulces jueves fríos serian el arrullo de sus días. Nada era cierto, al recorrer las estaciones del tren de Dublín, Ana comprendió que Gerardo había hecho una vida con Eloísa, su colega.

El diario homenajeaba su labor con la economía de Irlanda y la hermosa familia que tenía. Entre lágrimas, Ana regresó a casa con la ilusión de volver a empezar en senderos de soles e inviernos que pinta la vida.

Yessika Rengifo

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Relación

 

La última semana de abril descubrimos que nuestra relación estaba llegando a su fin. No había rosas, invitaciones al cine, lecturas en la noche, y hacer el amor se esfumó como el viento. Sofía reconoció que mis palabras eran ciertas, pero no deseaba que nuestra situación cambiara porque desde hace cuatro meses andabasaliendo con su jefe. No me dolió enterarme de esa relación extramatrimonial:hice exactamente lo mismo con una mujer que está llena de estrías, pechos caídos, hijos, pero con un amor más dulce que la miel, aniquilando críticasinsulsas como ésas.

Entre causas, nuestras vidas hoy tienen sentido, y somos dos amigos que toman café en el centro de la ciudad. Sofía prometió que estaríamos como pareja esta noche en el restaurante italiano que deleitó a mi señora.

Yessika Rengifo

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Eva, Adán y las circunstancias

 

Pude haber compartido toda mi vida con el mismo hombre. Desayuno lo mismo desde hace más de diez años y no me aburre. Las manzanas y yo no hemos caído en rutina alguna. Somos constantes, sí, pero nunca dejamos de sorprendernos. Algunas veces ellas —las manzanas— son amarillas, otras rojas, otras verdes; pueden estar bien maduras o muy tiernas. Por mi parte, las consumo solas, con yogurt, cocidas o al natural. Continuamos sorprendiéndonos, refrescando nuestro placer mutuo de saborear y ser saboreada. Incluso podemos disfrutar largas temporadas con los mismos ritos. Nos gusta la tradición placentera. Las manzanas siempre son manzanas y yo siempre las disfruto. Pude haber amado al mismo hombre por siempre, pero él no es una manzana.

Marisela Romero

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Fotografías

 

Los años han trascurrido con los recuerdos y canciones que enamoran mi corazón. Fotografías que develan la magia de tu sonrisa acompañando mi vida durante veinte años.

Veinte años que se han ido entre llantos y alegrías, pero que no han borrado la magia de tus ojos celestes jugando con mis días de invierno. Las fotografías de nuestra existencia hoy son ecos en las memorias de nuestros nietos que anhelan nuestra vida.

Yessika Rengifo

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Déjame escribir

 

Asustado, dio media vuelta sobre su cama, buscando el cuadernillo y la pluma donde solía redactar ideas generadas al despertar de un sueño. Frenético y sombrío paraje devoró cada uno de sus movimientos, intocables los objetos del mundo material. Ahora vuelto espíritu, me imploró lo dejase escribir.

Su aliento se volvió una pena, no podría decirle a sus lectores que se sentía morir; sus miles de ficciones no se acercan a lo que sintió aquella noche que llegué por él.

Lord Crawen

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Días de cama

 

Despertó con la ilusión de que nuestra historia se tejería entre cartas y rosas. Sus ojos tintos se posaron sobre las ventanas imaginando que el mañana traería la primavera y los hijos que tanto sonrojaban su rostro; deseos que desconcertaban mi cabeza.

Amatista lograba sacar rosas y soles en mi agitada vida que no deseaba arreglar. La quería, pero no anhelaba un sueño de vida a su lado. El cine, las mujeres y el alcohol lograban que mi atormentado corazón tuviera sentido. Un sentido que jamás le daría ella, convertida en días de cama fascinantes pero no en el himno de mi existencia.

Esta tarde se ha ido recordando que me amaba, pero que su vida no son sólo días de cama. Agradecí que lo hiciera porque la mía lo seguiría siendo.

Yessika Rengifo

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Viudez

 

Las hay con carácter legal y validación social. Gozan de la indulgencia del prójimo y el perdón divino. Reciben, en el mejor de los casos, un regalo de consolación: hijos, herencia, pensión, coche, casa. Algún tipo de prestigio, como mínimo. Yo sólo soy tu viuda espiritual.

Marisela Romero

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Los llamados del Sur

 

Gerardo regresó a casa con la esperanza de que los problemas con María se arreglarían. Su nuevo empleo traería la felicidad que se esfumó la noche en que fue despedido de la empresa a la que le entregó veinte años de su vida. No sería así, María se había cansado de aguantar hambre, los insultos del dueño de la casa y los cortes de los servicios públicos, y se marcho al Sur.

Los llamados al Sur que realizó Gerardo a María no hicieron que regresara. Ella manifestó que su amor se esfumó con los vientos de la pobreza y el abandono al que fue sometida.  Entre lágrimas, él comprendió que el camino seguiría sin ella.

Yessika Rengifo

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Justicia divina

 

Los mayores solían decirme de niña: “Pórtate bien, Dios que está en el cielo te lo premiará”.  Pero nunca me dijeron qué hacer si los otros se portaban mal. Estoy en una encrucijada: ser buena o mala; perdón o venganza. Dios sabe que lucho todos los días por perdonar a mi prójimo y restaurar las promesas rotas. Pero entre el “ojo por ojo” he tumbado unos cuantos dientes, mientras llega la Justicia Divina.

Rocío Álvarez

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Detrás de la ventana

 

Triste, solitaria, sentada en el viejo sillón, recordó que los años se habían llevado los días de sol.  Las margaritas no volverían a endulzar las tardes de abril, Luis se robó la primavera que la hizo sonreír años atrás.

Al rato, detrás de la ventana, miró hacia las montañas y escuchó el canto de los colibries.  Los colibries que trajeron fotografías del verano y el deseo de estar en esos días que alegraron su corazón. Irene volvió a comprender que detrás de la ventana su vida corría en soles e inviernos, sin Luis . 

Yessika Rengifo

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Frenesí

 

A la distancia alcancé a mirar a la desenfrenada locura, a la emoción a flor de piel, al intenso apego que sólo ocurre una vez; el descontrol favorito de la vida se encontraba a la intemperie. Parecía aproximarse a mí y de pronto alejarse.

Aquel ente era un mar de palabras, una tormenta de afecciones y sentimientos, un chubasco de sibilancias arremolinadas, una fragancia oscura, verdosa y azulosa, inasequible, imposible de definir.

De pronto, mi velado sentido del oído percibió un raudal de remembranzas y mi cuerpo fue anegado por la irredenta sensación de familiaridad que siente el viajero que pisa suelos antes conocidos. Invisibles vendavales de nostalgia empujáronme hacia aquel espectro borroso, impío, indescifrable.

 Fui acercándome más y, entrecerrando un poco los ojos, vi pasar a un par de adolescentes.

Alberto Curiel

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Miguel Ignacio Martínez Oropeza

 

Líquido rojizo emanó de su rostro, mezclando el verde y azul de los botes de pintura que cayeron justo sobre su cabeza. Enloqueció al saber que el mundo no era gris. Olvidó el silencio al ver su indumentaria envuelta en color, y esbozó una sonrisa; luego, una fuerte carcajada. La gente abandonó al mimo, quien, tirado sobre la acera, enardeció en fuertes carcajadas, sobre la mentira en la que vivió mucho tiempo. 

Lord Crawen

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Los bancos

 

El abuelo solía decir que los bancos son males estomacales a largo plazo. Los clientes entran con sonrisas que iluminan el sol y al poco tiempo se tiñen sus ojos del invierno. Ayer, Mariela, la mujer más chismosa bel barrio, perdió su casa. Sus lágrimas conmovieron a sus vecinos que le ofrecieron habitaciones para vivir. No aceptó, se fue del barrio recordando que los bancos son ruinas disfrazadas de alivio. 

Yessika Rengifo

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Libre albedrío

 

Después de dos prófugos, un difunto y un prófugo difunto, comprendo que en esta vida no he de vivir en pareja. Para caminar de a dos, se necesita compromiso, ceder. Conceder.

Es liberador pensar en tener el control del tiempo propio, sin necesidad de negociar, acordar, considerar al otro. Es liberador compartir las obligaciones, dividir las tareas. Dormir acompañado.

Es decir, no existe una mejor manera de vivir. Cada quien lo hace como puede, abandonado a su suerte o por libre albedrío.

Marisela Romero

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Antojos

 

Característico sonido, en comparsa al movimiento de la camioneta, anuncia su frío y cremoso producto. Avanza lentamente, en espera de los niños que saldrán corriendo a su encuentro. Ha recorrido la primera calle, la segunda, tercera. Nada. El vendedor de helados apaga su camioneta. Repta a la parte de atrás. Muere de hambre, los niños al parecer, ya no saldrán.

Lord Crawen

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Ausencia
 
Me sentí triste ahora. Las orquídeas se habían marchitado en tus recuerdos. Sin prisa, sin angustia, te has ido. Leí tus cartas frías, en los ventanales de nuestra habitación, agonizo sin ti. Mi corazón sin latidos y el canto de los turpiales entonaron nuestros días del ayer. Me amaste, siempre lo supe. Me dejaste porque las caricias se han quebrado. Tu ausencia se llevó mi vida en promesas fallidas.
Yessika Rengifo
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