Sombra mínima

por César Vega

Viudez

 

Las hay con carácter legal y validación social. Gozan de la indulgencia del prójimo y el perdón divino. Reciben, en el mejor de los casos, un regalo de consolación: hijos, herencia, pensión, coche, casa. Algún tipo de prestigio, como mínimo. Yo sólo soy tu viuda espiritual.

Marisela Romero

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Los llamados del Sur

 

Gerardo regresó a casa con la esperanza de que los problemas con María se arreglarían. Su nuevo empleo traería la felicidad que se esfumó la noche en que fue despedido de la empresa a la que le entregó veinte años de su vida. No sería así, María se había cansado de aguantar hambre, los insultos del dueño de la casa y los cortes de los servicios públicos, y se marcho al Sur.

Los llamados al Sur que realizó Gerardo a María no hicieron que regresara. Ella manifestó que su amor se esfumó con los vientos de la pobreza y el abandono al que fue sometida.  Entre lágrimas, él comprendió que el camino seguiría sin ella.

Yessika Rengifo

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Justicia divina

 

Los mayores solían decirme de niña: “Pórtate bien, Dios que está en el cielo te lo premiará”.  Pero nunca me dijeron qué hacer si los otros se portaban mal. Estoy en una encrucijada: ser buena o mala; perdón o venganza. Dios sabe que lucho todos los días por perdonar a mi prójimo y restaurar las promesas rotas. Pero entre el “ojo por ojo” he tumbado unos cuantos dientes, mientras llega la Justicia Divina.

Rocío Álvarez

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Detrás de la ventana

 

Triste, solitaria, sentada en el viejo sillón, recordó que los años se habían llevado los días de sol.  Las margaritas no volverían a endulzar las tardes de abril, Luis se robó la primavera que la hizo sonreír años atrás.

Al rato, detrás de la ventana, miró hacia las montañas y escuchó el canto de los colibries.  Los colibries que trajeron fotografías del verano y el deseo de estar en esos días que alegraron su corazón. Irene volvió a comprender que detrás de la ventana su vida corría en soles e inviernos, sin Luis . 

Yessika Rengifo

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Frenesí

 

A la distancia alcancé a mirar a la desenfrenada locura, a la emoción a flor de piel, al intenso apego que sólo ocurre una vez; el descontrol favorito de la vida se encontraba a la intemperie. Parecía aproximarse a mí y de pronto alejarse.

Aquel ente era un mar de palabras, una tormenta de afecciones y sentimientos, un chubasco de sibilancias arremolinadas, una fragancia oscura, verdosa y azulosa, inasequible, imposible de definir.

De pronto, mi velado sentido del oído percibió un raudal de remembranzas y mi cuerpo fue anegado por la irredenta sensación de familiaridad que siente el viajero que pisa suelos antes conocidos. Invisibles vendavales de nostalgia empujáronme hacia aquel espectro borroso, impío, indescifrable.

 Fui acercándome más y, entrecerrando un poco los ojos, vi pasar a un par de adolescentes.

Alberto Curiel

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Miguel Ignacio Martínez Oropeza

 

Líquido rojizo emanó de su rostro, mezclando el verde y azul de los botes de pintura que cayeron justo sobre su cabeza. Enloqueció al saber que el mundo no era gris. Olvidó el silencio al ver su indumentaria envuelta en color, y esbozó una sonrisa; luego, una fuerte carcajada. La gente abandonó al mimo, quien, tirado sobre la acera, enardeció en fuertes carcajadas, sobre la mentira en la que vivió mucho tiempo. 

Lord Crawen

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Los bancos

 

El abuelo solía decir que los bancos son males estomacales a largo plazo. Los clientes entran con sonrisas que iluminan el sol y al poco tiempo se tiñen sus ojos del invierno. Ayer, Mariela, la mujer más chismosa bel barrio, perdió su casa. Sus lágrimas conmovieron a sus vecinos que le ofrecieron habitaciones para vivir. No aceptó, se fue del barrio recordando que los bancos son ruinas disfrazadas de alivio. 

Yessika Rengifo

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Libre albedrío

 

Después de dos prófugos, un difunto y un prófugo difunto, comprendo que en esta vida no he de vivir en pareja. Para caminar de a dos, se necesita compromiso, ceder. Conceder.

Es liberador pensar en tener el control del tiempo propio, sin necesidad de negociar, acordar, considerar al otro. Es liberador compartir las obligaciones, dividir las tareas. Dormir acompañado.

Es decir, no existe una mejor manera de vivir. Cada quien lo hace como puede, abandonado a su suerte o por libre albedrío.

Marisela Romero

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Antojos

 

Característico sonido, en comparsa al movimiento de la camioneta, anuncia su frío y cremoso producto. Avanza lentamente, en espera de los niños que saldrán corriendo a su encuentro. Ha recorrido la primera calle, la segunda, tercera. Nada. El vendedor de helados apaga su camioneta. Repta a la parte de atrás. Muere de hambre, los niños al parecer, ya no saldrán.

Lord Crawen

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Ausencia
 
Me sentí triste ahora. Las orquídeas se habían marchitado en tus recuerdos. Sin prisa, sin angustia, te has ido. Leí tus cartas frías, en los ventanales de nuestra habitación, agonizo sin ti. Mi corazón sin latidos y el canto de los turpiales entonaron nuestros días del ayer. Me amaste, siempre lo supe. Me dejaste porque las caricias se han quebrado. Tu ausencia se llevó mi vida en promesas fallidas.
Yessika Rengifo
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