Sombra mínima

por César Vega

Muerte

 

Horrida y terrible muerte

que no para de saciarse,

ha venido en mí a instalarse

la zozobra más inerte,

estoy triste y no soy fuerte,

me abate la pena amarga,

el sinsentido se alarga

cual liga del porvenir.

¿Es que la vida es sufrir?

Yo no puedo con la carga.

Nidya Areli Díaz

 

***

Crawen

 

Bajo el manto solitario de una cortina llena de luces, mi oscura sustancia puede, en extremo, llegar a los nuevos recipientes. Elegir un portador de la esencia es complicado, las características de dichos recipientes han sido, en su totalidad, menudamente exitosos. Mi sustancia atraviesa otra vez los pasillos de hospital, en un mediodía tranquilo. Llantos de niños detrás de cada sala, todos vivos, con un alma dentro de ellos. Un silencio cercano me atrae. La oscuridad sobre un recién nacido humano está acaeciendo, debido al cordón umbilical alrededor de su cuello. No emite llanto, se aferra a existir. Elegido por mi oscuridad sustancial, llego a sus fosas nasal, lo impulso a la vida y juntos emitimos el llanto de la vida. Algún día, cuando esté listo, le revelaré mi existencia en sueños, de los universos por venir, de historias que contar. Por ahora, yaceré en su mente, en el más oscuro recoveco de su imaginación, la cual desarrollará plenamente algún día.

 Lord Crawen

 

***

Alabanza

 

Nuestra lengua son ojos de recuerdos,

copla en niebla de primavera,

su eco retumbo de ayeres,

mujer hecha a contorno de flor.

Nuestra lengua es vida

                  entre el desierto,

 jardín con cantos de cigarra

                                fértil en arenal,

 estirpe  de voces   oriundas.

María Luisa Blanco

 

***

Semen de palabras

 

Semen de palabras

una forma de atentado

un conjuro

una mirada

 

escribo:

la hoja es una mujer

besada en la espalda.

David González

 

***

Mi cuerpo

 

Esta mañana frente al espejo mi vida se ha ido en recuerdos del ayer. Vi que mi cuerpo se ha ajado como las hojas de los diarios que solía escribir cuando era una niña; la niña de mi viejo, mi padre, que hoy juega con las estrellas de los cielos de mayo.

Entoné algunas de las canciones que solía cantarme Nicolás, mi esposo, que no deja de jugar ajedrez los viernes en la noche.  Nuestro amor sigue intacto, como cuando éramos unos adolescentes que cambiábamos el país a punta de café en el parque de los Periodistas. 

Vinieron a mi mente los síntomas de la llegada de mis hijos.  Los mareos, las náuseas y los sueños interminables que alegraron mis días.   Miré mis pechos y acaricié mis pezones, no podía creer que de esas bolitas tan pequeñas emanó un torrente de vida, una lecha tan deliciosa que mis pequeños no dejaron de sonreír ni un solo instante, cuando los amamantaba.

Los años han transcurrido y ellos han cambiado, pero mi cuerpo sigue siendo un canto de vida que alegra mis días.

Yessika Rengifo

 

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ADN

 

Un libro impreso en los genes

palpitando cual tambor

seguro de puro amor,

apuesto a que sí lo tienes.

Es uno de nuestros bienes,

hay que saberlo buscar.

En paz lo vas a lograr,

el ego no deja ver,

el que sí puede es tu Ser,

sólo hay que dejarlo amar.

Konrad Warnholtz Iturria

 

***

Del Zócalo a San Cosme

 

Estoy en la estación Zócalo. Son las 11:15 de la mañana y el metro viene relativamente vacío. Desde antes de entrar al andén me llega un olor a sudor muy fuerte que revuelve mi estómago. Me fijo en las marcas que tiene uno de los vidrios de una ventana: un símbolo que quiso ser una suástica, pero no tiene giro derecho ni izquierdo, sino que es una Z vertical atravesada por un signo como éste: [. También hay unos pechos de mujer pintados con espray azul rey y unos puntitos amarillos desalineados que simulan los pezones. Ocupo uno de los asientos individuales. Siento la mirada de una anciana muy flaca como de setenta y cinco años, que viene con una mujer morena muy gorda, quien abarca más de la mitad del asiento de la señora mayor. Hago contacto visual con la viejita y me sonríe sin ninguna razón y sin dientes. Le contesto la sonrisa y me doy cuenta de que se fija en mi anillo plateado, el de la piedra grande rojo rubí. El metro llega muy pronto a la estación San Cosme. Me despido de la señora con una reverencia de cabeza.

María Estela Aguirre

 

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Maestro

 

Me enseñaste tú a contar

hasta cinco y hasta mil,

me enseñaste tú a escribir

de la Z hasta la A,

me enseñaste a respirar

después de deporte hacer,

me enseñaste a recorrer

mares de conocimiento,

por eso ¡mil gracias, maestro!,

por todo lo que yo sé.

Paulino Morrugares Alemán

 

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Cómplices

 

Sonrío cuando pienso en ti.

Porque sé

que se dibuja en tu rostro una mueca clandestina,

el brillo en tus ojos

evoca una mirada de aventura

y el color de la complicidad ilumina tu piel

cuando paseo en tus memorias.

Manny Martínez Torres

 

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Mamá

 

Mamá siempre me ha enseñado

que su amor es infinito,

ya lo sabe Dios bendito

lo mucho que ella me ha dado.

En todo momento ha estado

en tristezas y alegrías,

mas no existe un solo día

que no demuestre su amor

y que con mucho valor

me alegre con su sonrisa.

Paulino Morrugares Alemán

 

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Detrás de tus tiempos

 

Los niños del parque se burlan de mi barba deprimente. Desde que nuestra relación colapsó, dejé que me acompañara, intentando borrar tus hábitos de buenas costumbres, pero no lo logro. Las cartas que reflejaron nuestro amor en años de primavera siguen en la pared de nuestra habitación.

Ayer, el entrometido de Macario, el tendero que aborrecías como a tus cólicos menstruales, me recordó que tus cuadros se presentarán en una galería del centro de la ciudad. Mi corazón se emocionó a tal punto que quería salir de mi pecho y correr a besarte. Sé que esto nunca ocurrirá, ya no soy parte de tu arcoíris. Y detrás de tus tiempos seguirá mi compungida vida, cielo mío. e extrañaré, madre color terrestre…

Yessika Rengifo

 

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Colores

 

No hubo arcoíris el día que te fuiste. Tus cenizas grises al elevarse por el cielo jamás pintaron ese cielo que tantas veces dibujaste en mi cabeza antes de irme a dormir.

El color de tu piel no significó nada para ti, por encontrar y criar a un niño de color azul; aquel que fue expulsado de los mares por no parecer un pez.

Espero que la tierra te homenajee como debe, cuando el ciclo de la lluvia y el sol se junten y rompan su armonía con los colores. Te extrañaré, madre color terrestre…

Lord Crawen

 

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Estoy lleno de mis muertos

 

Estoy lleno de mis muertos

Muertos que fueron mi vida

Mi vida casi sin huertos

Huertos de fruta podrida

Podrida virtud perdida

Pérdida del amor vano

Vano olvidar al hermano

Hermano vuelto más humo

Humo que no se esfumó

No se esfumó su verano.

Luis Ricardo Paredes Domínguez

 

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Te quiero dentro de mí

 

Te quiero dentro de mí, me dijo en un susurro anhelante. Estaba temblorosa, su mirada me confirmó la vehemencia de su deseo, no tenía otra cosa en la cabeza, sólo el afán por tenerme dentro. Es lo único que necesito y ya, volvió a decir en el susurro apagado entre sus labios. Rodeó con sus pequeños dedos el segmento cilíndrico de mi cuerpo, me empuñó con firmeza, me apuntó hacía su plexo y con una sonrisa demente se arrojó resuelta sobre mí…

Me sentí entrar en ella con una bella violencia, todo alrededor mío era caliente, palpitante y suave. Sentí el desgarro de cada capa de tejido en su interior que cedía ante el frío metálico de mi afilada hoja. Cuando ella se detuvo acribillada de dolor y dejó de empujarme   hacia adentro, era demasiado tarde, le había perforado de extremo a extremo cada capa de su existencia, incluso la última de la que empezaba a derramarse la vida, manchando de un rojo purpúreo el suelo pálido  de la  habitación.

César Vega

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Yo no soy

 

Yo no soy, sino voy siendo

Soy la Luz en movimiento

Espíritu siempre atento

Ya me voy reconociendo

Soy el Sol amaneciendo,

Soy la vida, soy el agua,

Soy el aire, no doy tregua,

Soy raíces en la tierra,

Soy la muerte que te aterra,

¡Soy el alma que no mengua!

Konrad Warnholtz Iturria

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Como si fuera la primera vez

 

Sentado en la mesa, añorando que tus ojos estuvieran aquí, recordé que tu vestido rosa se había dañado en nuestra última fiesta. Mi imprudencia con el cigarrillo que tanto odiabas terminaron arruinándolo, haciendo que tu mal genio floreciera por un mes en nuestras cenas.

Las margaritas que solía traerte no sonrojaron tus mejillas. Te fuiste a casa de Aurora, mi suegra, que nunca me quiso y siempre lo supe.  Esta fue su oportunidad para que no regresaras a casa, sumándole que nunca podría darle nietos —mi esterilidad me acompañaría siempre—. Como si fuera la primera vez, intenté cortejarte, pero tu amor se había ido al polo sur.

Yessika Rengifo

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Los quesos de la abuela

 

Los quesos de la Abuela eran famosos por esos lugares de la serranía. De las enormes ubres de las cabras alimentó y vistió a sus siete hijos. Las canastas eran ofrecidas de casa en casa, desde la mañana hasta el mediodía. La Abuela siempre tuvo quesos de vaca para sus clientes selectos y de cabra para sus consumidores frecuentes. El sabor los distinguía.

Al atardecer ordeñaba a sus cabras, su único patrimonio. En fin, el engaño era necesario, había que comer.

Rocío Álvarez 

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Días

 

A mí, el café se me agota igual que mi vida, a sorbos alguien la bebe. Sobre un escritorio rectangular, en la habitación cuadrada de un mundo redondo, mi mente quiere esclarecer un punto. Sol viene, sol va, luna viene, luna va. Las estaciones transcurren. A mí, el café se me ha terminado y sigo aquí. De algo servirá mi día, para algo estoy aquí. No me desgasto en pensar, sino en actuar. A mí, se me antoja prepárame otro café y reiniciar la vida, mientras relato el pasar del día.

Lord Crawen 

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A veces te llenas la boca

 

A veces te llenas la boca de palabras incomprensibles,

me miras y en tus ojos me pierdo con el deleite que me obsequias;

es otra la humedad ahí encontrada y otras las caricias que dedicas,

me llevas a sensaciones inefables, indescriptibles y fortuitas.

 

A veces me llenas el alma con un suspiro;

me robas el aliento con tu ir y andar pausado,

encuentro entre un lamer y un sutil mordisco

el gozo aquél que llega y se queda en perpetuo regocijo.

 

A veces te lleno la boca del gusto que buscas cuando me desabrochas la cintura.

 

A veces me lleno del conjuro de tu lengua.

 

  G. Leandro Alemán Domínguez

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A veces

 

A veces me desconecto

del mundo y de los sentidos,

sólo escucho mis latidos

en el silencio perfecto.

A veces no me hace efecto

el rumiar sordo del día

y prefiero en compañía

los murmullos de mi mente.

A veces me es preferente

mi centro a la algarabía.

 

  Nidya Areli Díaz

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Las azucenas que vienen del sur

 

Recorrí las calles del centro de la ciudad con la ilusión de verla. El puesto de las azucenas que ella solía vender los jueves sombríos, se perdía en la tristeza de su ausencia; ausencia que calcinaba mi corazón que se negaban a aceptar su adiós, que se llevaba los capítulos del amor que le dio sentido a mi vida. Su colega, el vendedor de los periódicos de la séptima, me contó que María se había ido a recorrer su camino de la mano de Roberto, el albañil de su pueblo.

Y las azucenas que vienen del sur acariciarían mi corazón en las tardes de invierno; lo acariciarían porque su amor seria el mismo hoy, mañana y siempre, aunque la pobreza nos alejara.

 

  Yessika Rengifo

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Primavera

 

Bienvenida primavera

con todas tus bellas flores,

pinturas de mil colores,

hermosa naturaleza.

En esta estación empieza

el florecer de las plantas,

renovación de las tantas

expresiones de la vida,

de nuevas expectativas,

de flores de la esperanza.

 

  Paulino Morrugares Alemán

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Infanticid-ia

 

La corrosión no era suficiente para detener el vaivén del columpio. El chirriante sonido le invitaba a sentarse y no volver a frenar la motricidad. Masas polvorientas se levantan al arrastrarse y comenzar el impulso. No olvidó nunca cómo hacerlo. Con toda su fuerza, generó el impulso suficiente para elevarse y así continuó hasta casi tocar el cielo.

Retiró por fin la careta que le cubría el rostro. La emoción infantil volvió por un instante, antes de que las cadenas del columpio se rompieran y su cuerpo saliera proyectado hacia el suelo. No es lo mismo montar el juego a los seis años, que a los veintidós. Se le fue la vida en el encierro, en el mundo que le tocó vivir.

  Lord Crawen 

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El misterio de la habitación 444

 

Le conté a mi mujer que las margaritas no regresaron al jardín de Evelio y eso entristecía mi alma. Ella, acariciando mis frías mejillas, me recordó que él había estado triste las últimas semanas de primavera, quizá por eso se habían ido las margaritas de casa. Su explicación tranquilizó mi corazón un poco, pero mi angustia de no volver a verlas desequilibraba mi mente. La mañana pálida del sábado hizo que descubriera el misterio de la habitación 444, cuando el amor que sentía Evelio por Nora se esfumó por sus traiciones; traiciones que ella le hacía con el viejo Andrés, ladrón de su corazón. Las margaritas no volvieron a casa de Evelio y el misterio de la habitación 444 era que el amor había muerto.

  Yessika Rengifo

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Poiesis

 

Poesía que hoy das forma,

sentimiento a las palabras,

dejando que la mente abra

poemas que nos transforman.

Y en papel trazado informan

escritos en prosa o verso

pensamientos tan diversos

sentimientos y emociones

transmitiendo en sus colores

lo bello del universo.

Paulino Morrugares Alemán

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Fortuna

 

Espero la rotación

de la fortuna y el mundo

para que mi amor profundo

por fin encuentre intención.

No hallo por dónde razón

ni fundamento o pretexto

y por más que lo detesto

tampoco me sobran ganas

mas, el alma siempre ufana

te busca sin mi concierto.

Nidya Areli Díaz

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El viejo José

 

Las canastas de manzana recorren el centro de la ciudad que pintaba el viejo José. El viejito era el pintor de las casas más lindas que adornaron mi corazón. Endulzaba sus historias entre manzanas y galletas que recordaban. La historia había transcurrido en espadas, cantos y hombres valientes que engalanan libros.

Hoy José se ha ido a jugar a al cielo. He llorado su ausencia, pero mi corazón se emociona al recordar sus versos finos.

Yessika Rengifo

***

Murmullo

 

La luna al fondo, la brisa…

camino por un bosque que no conozco. 

El viento trae el olor a humedad fresca. No como una ropa envejecida por el tiempo sino un suspiro de agua que a lo lejos reclama su presencia.

 

                                                  Canto lejano,

                                                  murmullo del riachuelo

                                                  bajo los montes.

Guillermo Santana

***

Buscándola

 

Las noches de noviembre se habían robado la dulzura de sus manos. Antonia no regresó a casa porque no pudo soportar mis infidelidades y el desperdicio de mi sueldo cada mes. Los lunes frecuenté su trabajo con la ilusión de encontrarla a la salida, obtener su tan anhelado perdón que jamás llego. Su desprecio no se hizo esperar y manifestó que me alejara de su vida. Entre lágrimas, lo hice.

Buscándola continuó mi vida, y hoy será la señora de Bustamante que lacera mi corazón en la iglesia del sur.

Yessika Rengifo

***

Sueños

 

Tal vez las nubes sean blancas, igual que hojas…

Pero para mí… los colores son el tacto, la profundidad,

el silencio que se hace presente y permanente.

En la tarde, tomo el punzón, una hoja

y trazo el primer poema del día.

 

                                                  Las hojas gruesas,

                                                  debajo del punzón

                                                  pariendo sueños.

Guillermo Santana 

***

Senos caídos

 

Las últimas semanas de abril, Isabel se quejó por sus senos caídos. Recordó que desde el nacimiento de nuestros hijos sus senos se habían ido al piso, que ninguna blusa se acomodaba a ellos y nada volvería a alegrar sus días.  Le insistí a mi mujer que estaba más hermosa que antes y sus pechos eran la transformación de la vida. Nuestros hijos eran la apología a esa belleza que se habían vuelto sus senos, pero mis palabras no alegraban sus días. Decidió que se operaría y todo volvería a ser como antes. La cirugía no alegró su carácter, aunque sus pechos eran nuevamente firmes como las montañas. Isabel se fue de casa a buscar el sol en nuevos veranos.

Yessika Rengifo 

***

Ilusiones de marzo

 

El ciclo volvió al origen en tiempos diferentes, lo sé porque sigo vivo. Perdimos el rumbo y a quienes nos acompañaron en las bifurcaciones de los caminos. No sabemos cómo despedirnos. Líneas sobrepuestas en la sinopsis de nuestros días, arrastrando memorias fragmentadas. Volvimos a marzo tras las rejas enladrilladas, en concreto, nuestras mentes no fluyen fuera del lugar. Nos reconforta la vida brevemente, pero nos duelen los recuerdos.

Marzo volverá…

Tal vez, en mejores versiones…

Lord  Crawen

***

Espero

 

Espero. Todo pasa lento, el aire, la tarde, que se va

y el infinito paso del tiempo.

Para mí habría dos opciones:

seguir las luces de esta ciudad que se come a sí misma

o quedarme aquí al lado de una persona que no conozco.

 

En la infinita sombra de la ceguera,

a mi lado un niño que no habla, sólo respira.

El sonido que surge es el de la impaciencia.

Busco algún recuerdo, hay tantos.

 

                                          Un niño ciego

                                          ha pasado en la banca

                                          toda la tarde.

Guillermo Santana

***

Latidos

 

Esos latidos no eran los habituales; eran de melancolía, de olvido. No había duda de que en ellos estaba el fin de nuestro amor. Algunos recuerdos del ayer se cruzaron por aquí, pero ninguno trajo el aceleramiento de nuestros corazones.

No hubo un sonrojamiento en las mejillas ni temblor en las manos. ¿Qué fue de nuestro amor? ¿Dónde están sus cartas? Aquí siempre hay latidos. Los latidos que me recuerdan que ella se ha ido a jugar con las estrellas, que calman mi afligida alma en noches de desolación que pinta el cielo.

Yessika Rengifo

***

Sin retorno

 

Constanza regresó a casa con la ilusión de que seriamos marido y mujer. Las cartas de nuestros días del ayer y las promesas en el balcón de la escuela la hicieron pensar que todo sería igual. Nada volvería a ser como antes. Nuestra historia culminó el día que nos levantamos las manos y nos agredimos al punto de no tener un retorno.

Le expliqué que la amaba profundamente, pero deseaba que estuviera en casa por nuestros hijos y yo me iría. Cinco años han trascurrido y somos dos amigos que se cuentan historias sin retorno.

Yessika Rengifo

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Ana regresó a casa

 

Ana partió los últimos días de febrero a Dublín con la ilusión de encontrar a Gerardo. Él había prometido que regresaría tan pronto su especialización en Economía culminara y los sueños de una vida juntos estuvieran fraguados. Los hijos, la casa con nardos y los dulces jueves fríos serian el arrullo de sus días. Nada era cierto, al recorrer las estaciones del tren de Dublín, Ana comprendió que Gerardo había hecho una vida con Eloísa, su colega.

El diario homenajeaba su labor con la economía de Irlanda y la hermosa familia que tenía. Entre lágrimas, Ana regresó a casa con la ilusión de volver a empezar en senderos de soles e inviernos que pinta la vida.

Yessika Rengifo

***

Relación

 

La última semana de abril descubrimos que nuestra relación estaba llegando a su fin. No había rosas, invitaciones al cine, lecturas en la noche, y hacer el amor se esfumó como el viento. Sofía reconoció que mis palabras eran ciertas, pero no deseaba que nuestra situación cambiara porque desde hace cuatro meses andabasaliendo con su jefe. No me dolió enterarme de esa relación extramatrimonial:hice exactamente lo mismo con una mujer que está llena de estrías, pechos caídos, hijos, pero con un amor más dulce que la miel, aniquilando críticasinsulsas como ésas.

Entre causas, nuestras vidas hoy tienen sentido, y somos dos amigos que toman café en el centro de la ciudad. Sofía prometió que estaríamos como pareja esta noche en el restaurante italiano que deleitó a mi señora.

Yessika Rengifo

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Eva, Adán y las circunstancias

 

Pude haber compartido toda mi vida con el mismo hombre. Desayuno lo mismo desde hace más de diez años y no me aburre. Las manzanas y yo no hemos caído en rutina alguna. Somos constantes, sí, pero nunca dejamos de sorprendernos. Algunas veces ellas —las manzanas— son amarillas, otras rojas, otras verdes; pueden estar bien maduras o muy tiernas. Por mi parte, las consumo solas, con yogurt, cocidas o al natural. Continuamos sorprendiéndonos, refrescando nuestro placer mutuo de saborear y ser saboreada. Incluso podemos disfrutar largas temporadas con los mismos ritos. Nos gusta la tradición placentera. Las manzanas siempre son manzanas y yo siempre las disfruto. Pude haber amado al mismo hombre por siempre, pero él no es una manzana.

Marisela Romero

***

Fotografías

 

Los años han trascurrido con los recuerdos y canciones que enamoran mi corazón. Fotografías que develan la magia de tu sonrisa acompañando mi vida durante veinte años.

Veinte años que se han ido entre llantos y alegrías, pero que no han borrado la magia de tus ojos celestes jugando con mis días de invierno. Las fotografías de nuestra existencia hoy son ecos en las memorias de nuestros nietos que anhelan nuestra vida.

Yessika Rengifo

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Déjame escribir

 

Asustado, dio media vuelta sobre su cama, buscando el cuadernillo y la pluma donde solía redactar ideas generadas al despertar de un sueño. Frenético y sombrío paraje devoró cada uno de sus movimientos, intocables los objetos del mundo material. Ahora vuelto espíritu, me imploró lo dejase escribir.

Su aliento se volvió una pena, no podría decirle a sus lectores que se sentía morir; sus miles de ficciones no se acercan a lo que sintió aquella noche que llegué por él.

Lord Crawen

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Días de cama

 

Despertó con la ilusión de que nuestra historia se tejería entre cartas y rosas. Sus ojos tintos se posaron sobre las ventanas imaginando que el mañana traería la primavera y los hijos que tanto sonrojaban su rostro; deseos que desconcertaban mi cabeza.

Amatista lograba sacar rosas y soles en mi agitada vida que no deseaba arreglar. La quería, pero no anhelaba un sueño de vida a su lado. El cine, las mujeres y el alcohol lograban que mi atormentado corazón tuviera sentido. Un sentido que jamás le daría ella, convertida en días de cama fascinantes pero no en el himno de mi existencia.

Esta tarde se ha ido recordando que me amaba, pero que su vida no son sólo días de cama. Agradecí que lo hiciera porque la mía lo seguiría siendo.

Yessika Rengifo

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Viudez

 

Las hay con carácter legal y validación social. Gozan de la indulgencia del prójimo y el perdón divino. Reciben, en el mejor de los casos, un regalo de consolación: hijos, herencia, pensión, coche, casa. Algún tipo de prestigio, como mínimo. Yo sólo soy tu viuda espiritual.

Marisela Romero

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Los llamados del Sur

 

Gerardo regresó a casa con la esperanza de que los problemas con María se arreglarían. Su nuevo empleo traería la felicidad que se esfumó la noche en que fue despedido de la empresa a la que le entregó veinte años de su vida. No sería así, María se había cansado de aguantar hambre, los insultos del dueño de la casa y los cortes de los servicios públicos, y se marcho al Sur.

Los llamados al Sur que realizó Gerardo a María no hicieron que regresara. Ella manifestó que su amor se esfumó con los vientos de la pobreza y el abandono al que fue sometida.  Entre lágrimas, él comprendió que el camino seguiría sin ella.

Yessika Rengifo

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Justicia divina

 

Los mayores solían decirme de niña: “Pórtate bien, Dios que está en el cielo te lo premiará”.  Pero nunca me dijeron qué hacer si los otros se portaban mal. Estoy en una encrucijada: ser buena o mala; perdón o venganza. Dios sabe que lucho todos los días por perdonar a mi prójimo y restaurar las promesas rotas. Pero entre el “ojo por ojo” he tumbado unos cuantos dientes, mientras llega la Justicia Divina.

Rocío Álvarez

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Detrás de la ventana

 

Triste, solitaria, sentada en el viejo sillón, recordó que los años se habían llevado los días de sol.  Las margaritas no volverían a endulzar las tardes de abril, Luis se robó la primavera que la hizo sonreír años atrás.

Al rato, detrás de la ventana, miró hacia las montañas y escuchó el canto de los colibries.  Los colibries que trajeron fotografías del verano y el deseo de estar en esos días que alegraron su corazón. Irene volvió a comprender que detrás de la ventana su vida corría en soles e inviernos, sin Luis . 

Yessika Rengifo

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Frenesí

 

A la distancia alcancé a mirar a la desenfrenada locura, a la emoción a flor de piel, al intenso apego que sólo ocurre una vez; el descontrol favorito de la vida se encontraba a la intemperie. Parecía aproximarse a mí y de pronto alejarse.

Aquel ente era un mar de palabras, una tormenta de afecciones y sentimientos, un chubasco de sibilancias arremolinadas, una fragancia oscura, verdosa y azulosa, inasequible, imposible de definir.

De pronto, mi velado sentido del oído percibió un raudal de remembranzas y mi cuerpo fue anegado por la irredenta sensación de familiaridad que siente el viajero que pisa suelos antes conocidos. Invisibles vendavales de nostalgia empujáronme hacia aquel espectro borroso, impío, indescifrable.

 Fui acercándome más y, entrecerrando un poco los ojos, vi pasar a un par de adolescentes.

Alberto Curiel

***

Miguel Ignacio Martínez Oropeza

 

Líquido rojizo emanó de su rostro, mezclando el verde y azul de los botes de pintura que cayeron justo sobre su cabeza. Enloqueció al saber que el mundo no era gris. Olvidó el silencio al ver su indumentaria envuelta en color, y esbozó una sonrisa; luego, una fuerte carcajada. La gente abandonó al mimo, quien, tirado sobre la acera, enardeció en fuertes carcajadas, sobre la mentira en la que vivió mucho tiempo. 

Lord Crawen

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Los bancos

 

El abuelo solía decir que los bancos son males estomacales a largo plazo. Los clientes entran con sonrisas que iluminan el sol y al poco tiempo se tiñen sus ojos del invierno. Ayer, Mariela, la mujer más chismosa bel barrio, perdió su casa. Sus lágrimas conmovieron a sus vecinos que le ofrecieron habitaciones para vivir. No aceptó, se fue del barrio recordando que los bancos son ruinas disfrazadas de alivio. 

Yessika Rengifo

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Libre albedrío

 

Después de dos prófugos, un difunto y un prófugo difunto, comprendo que en esta vida no he de vivir en pareja. Para caminar de a dos, se necesita compromiso, ceder. Conceder.

Es liberador pensar en tener el control del tiempo propio, sin necesidad de negociar, acordar, considerar al otro. Es liberador compartir las obligaciones, dividir las tareas. Dormir acompañado.

Es decir, no existe una mejor manera de vivir. Cada quien lo hace como puede, abandonado a su suerte o por libre albedrío.

Marisela Romero

***

Antojos

 

Característico sonido, en comparsa al movimiento de la camioneta, anuncia su frío y cremoso producto. Avanza lentamente, en espera de los niños que saldrán corriendo a su encuentro. Ha recorrido la primera calle, la segunda, tercera. Nada. El vendedor de helados apaga su camioneta. Repta a la parte de atrás. Muere de hambre, los niños al parecer, ya no saldrán.

Lord Crawen

***

Ausencia
 
Me sentí triste ahora. Las orquídeas se habían marchitado en tus recuerdos. Sin prisa, sin angustia, te has ido. Leí tus cartas frías, en los ventanales de nuestra habitación, agonizo sin ti. Mi corazón sin latidos y el canto de los turpiales entonaron nuestros días del ayer. Me amaste, siempre lo supe. Me dejaste porque las caricias se han quebrado. Tu ausencia se llevó mi vida en promesas fallidas.
Yessika Rengifo
***

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