A las siete de la noche, Naomi salió de la oficina. Le tomaba cinco minutos llegar a la estación del metro. En el estacionamiento de la empresa estaba su grillo gigante que había recibido del cielo. La sociedad se dividía entre los que tenían un animal divino y los que no. Los que no tenían un animal divino eran asesinados por los ángeles oscuros que habían bajado del cielo. Ellos llegaron como toda fuerza de poder que se establece en una sociedad indiferente. Llegaron tres hombres ancianos con capas negras y una bolsa en el costado. De ella sacaban flores negras. La gente se quedó impactada al principio, pero luego llegó la policía a ahuyentar a los que se les quedaban mirando por demasiado rato.
Se tuvo la noticia de que el primer ángel atacó a una joven que se presume que estaba luchando contra ellos. El hombre se transformó en un hombre águila y la mató a picotazos. La dejó descuartizada a media plaza. Un grupo de manifestantes se reunió, exigiendo acciones de las autoridades para luchar contra aquellos seres.
Se negaron a ayudarles y, a partir de ahí, todo quedó en las manos del pueblo. Los padres luchaban contra ellos, pero parece que sus rezos solo generaban que estas criaturas se enfurecieran y lanzaran pestes contra el pueblo, que iba disminuyendo. No había a donde ir, porque a veces estos ángeles oscuros se aparecían en los caminos y mataban a las personas que viajaban.
Luego de unos meses los viajes disminuyeron, pero poco a poco la gente se acostumbró y siguieron su vida como si no existieran los ángeles oscuros. Naomi regresó al trabajo con miedo. La gente se volvió huraña, pensaban que los ángeles atacaban a personas moralmente despreciables y se hicieron insensibles ante la muerte.
Entonces, empezaron a arribar estos animales del cielo, cuando llegaron más ángeles asesinos. Los animales a veces los mataban, o al menos servían para que estos ángeles no se acercaran. Las ciudades estaban solitarias, y así como entender cómo era que tocaban estos ángeles, también era un misterio entender cómo es que los animales divinos elegían a sus compañeros.
Las personas empezaron a sentirse menos solitarias y a formar alianzas secretas, pero a Naomi no le interesaba esto. Su animal divino llegó un día en que ella iba atravesando la calle donde había ocurrido el primer asesinato de una joven. Justo estaba pensando esto, cuando miró hacia arriba. En la esquina del techo de una casa estaba parado este anciano de ojos azules que la miraba con odio. En ese momento dio por perdida su vida, cerró los ojos y el corazón se le contrajo. Entonces sintió como algo que la protegía. Del cielo llegó un grillo gigante que la cubrió con sus alas del ataque del ángel.
Su pecho se sentía lleno de gratitud. Pensó que estaría muerta, pero sobrevivió al ataque de un ángel. A partir de ese día, a veces sentía que la seguían, pero su animal divino siempre estaba con ella. Entonces empezó a adquirir nuevas costumbres.
Compraba flores al salir del trabajo y se quedaba mirando por largas horas. A veces al bañarse se imaginaba que estaba sumergiéndose en una alberca profunda y que el agua le regresaba el alma, como si acabara de llegar de un desierto. Su animal divino a veces llegó a dormir con ella, exhalando una tibieza que ella nunca había sentido.
A veces escuchaba hablar a algunas personas sobre su experiencia de tener estos seres a su lado. También había escuchado historias terribles, en los cafés, de gente que intentaba matar a sus animales divinos, pero estos volvían a regresar, solo más pequeños y ya no eran capaces de defender a sus compañeros de vida y los ángeles los mataban a ambos.
Naomi había escuchado estas historias y recordó haber oído de gente que a veces moría por intentar ayudar a otros con su ser divino, ya que, por intentar defender a dos personas, terminaban perdiendo el combate. Justo recordó esto cuando vio a un anciano que estaba pidiendo dinero en la calle, solitario. Se preguntó cómo sobreviviría, solo, a la intemperie.
En la mano solo llevaba un café y un sándwich que acababa de comprar en la cafetería. Dio estos alimentos al hombre. Justo en ese momento un oscuro se les acercó. Llegó volando y los veía desde el techo de una casa, con los ojos azules, la piel blanca, parecía de unos cincuenta años. Naomi se quedó petrificada, sintió como si el pecho se le hubiera llenado de un peso enorme, que se iba a ahogar. Con sus últimas fuerzas, ordenó a su animal sagrado que fuera al lado del hombre. El enorme insecto la obedeció, ella fue atacada, pero sobrevivió.
Su recuperación fue larga en el hospital, pero luego de eso un animal sagrado llegó al lado del hombre. Era un escarabajo de oro. El hombre la visitaba en el hospital y le contaba cómo estaban las cosas. Le contó que con las alas de su escarabajo estaba trabajando en unos anillos, con los cuales la gente obtendría protección. Naomi estaba feliz del descubrimiento del hombre.
Los seres oscuros disminuyeron en la tierra, se volvieron más cautelosos, ya que muchas personas empezaron a portar los anillos hechos con las alas del escarabajo de oro. Naomi se recuperó completamente y, cuando el hombre falleció, fue a su funeral y estuvo rezando muchas horas. Vio a su animal sagrado irse al cielo, voló hasta perderse en el firmamento y brillar como una estrella más.
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Fin de la lucha de los ángeles >> Alberto Savinio., Grecia, 1891-1952.
Diana Galindo (Estado de México, 1994) es magíster en filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV). Es autora de los libros Despliegue de pájaros (2012), Spiritual Kingdom (2014), El mundo desde afuera (2019), Las pasiones de la luz (2022) y Atlas magnético (2025), publicados por editoriales independientes como El Humo, Infame Turba e Ígneo.
