ELLOS, LOS JÓVENES [O] IVÁN CINMIENTES – PARTE 4

Comedia trágica y tragedia cómica en tres actos, dos entremeses y un sainete

por Rafael González Alva

A mi hermano Daniel, gamer prolijo.

A Gabriela Román, Horacio Almada, Aurora González y Margarita González,

por recordarme que todos representamos en el gran teatro del mundo.
.
***

Yo sueño que estoy aquí

destas prisiones cargado,

y soñé que en otro estado

más lisonjero me vi.

¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ilusión,

una sombra, una ficción,

y el mayor bien es pequeño,

que toda la vida es sueño,

y los sueños sueños son.

Calderón de la Barca

.

***

Personas:

Iván Cinmientes, 30 años — Chico

Gilberto Caro, 16 años — Chica

Rosafina López, 15 años — Vago

Clemente Cinmientes, padre de Iván — Policía

Bianca Peña, madre de Iván — Oficinista

Niño vendedor

***

Acto II

Escena I

Volverá a dividirse el escenario en tres: dos salas de casa y un pasillo en medio; esta vez la sala de la derecha seguirá siendo la sala de GILBERTO, pero la sala izquierda será la de ROSAFINA, que vive en el mismo edificio. En la sala de GILBERTO estarán él e IVÁN sentados en el sofá con los mandos de una consola, hablando sin dejar de jugar.

.

GILBERTO:   Incrédulo sigo, bro,

no logro aún comprenderlo,

¿cómo aquella misma noche 

conseguiste tú un empleo

y no en la calle dormiste?

 .

IVÁN:             La providencia, Gilberto

amigo, la providencia

fue acaso quien con un sueño

más despierto me dejó

que aquel infeliz paseo

que me obligaste a tomar.

Aquella noche, enfermo,

trepidante, mal viajado,

ido, todo iba temiendo

después que de la muerte

y de ti me huí tan presto…

Tras de la nada salí,

mi amada casa inquiriendo,

y el todo vine a hallar

que de mi vida es ya el dueño,

¡ay, Gil, amigo, mi hermano,

cuán cuitado aún me encuentro,

que no me juzgo ya vivo,

sino más que nada muerto

por no ver a quien guardada

tengo aquí hondo en mi pecho!

Era suya la belleza,

mío el tanto desconcierto,

que en beldad así excedía

que sería vano yerro

el querer aquí pintarla

con mi parco, pobre ingenio,

pues solo a su magna efigie

es su misma efigie un reto.

¡Ay, Gil, cuánto yo daría

por cumplir con mi deseo,

bien ceñirla con mis brazos,

ser su placer, su contento,

o verla siquiera otra vez

por un instante primero,

que bien de mucho asombrarme

no dejara ni me dejo

de que con una mirada

me prendase así de presto!

¡Ay, hermano, o, por de pronto,

para avivar mis desvelos,

quisiera yo conocer

su melifluo nombre al menos!

Si su sola excelsa vista

me llevó a tan buen püerto,

el nombre de aquesa rosa

al por fin, ay, conocerlo

¿qué mayores bienes daría

a aqueste cuitado enfermo?

Porque, amigo, has de saber

que al cabo de mi embeleso

por el fragor de la noche

oscura salí corriendo,

buscando cómo vivir,

pues no creí justo o correcto

que me matase hambre o frío

antes que de amor el celo.

Y así me avine a la tienda

que hacía tan poco tiempo

me había desengañado

con aquese occiso perro

y al punto, sin saber cómo

ni cómo no, obtuve empleo

allí mismo de ayudante

y pronto he de ser cajero.

En fin, resuelto el negocio,

regresé a casa, sin verlo

mi padre, porque mi madre,

amorosa y con el miedo

de perder a su hijo amado,

me metió muy a lo secreto;

mas pasados ya los meses,

viendo en mi trabajo empeño,

mi papá se apaciguó:

recobraron su sosiego,

y digo ellos porque a mí

no tocará algún consuelo

hasta que de la mi amada

obtenga lo que quïero.

 .

GILBERTO:   Oye, Iván, espera un poco,

que en verdad que no me creo

que con ver una beldad

cambio hubieras tan inmenso

que tu fobia superaras

de salir a cielo abierto,

y menos a la afición

tan tuya hacia el virtual juego,

que tanto te ha desmayado

y te trae como pende…

 .

IVÁN:               ¡Eso,

bro, solo muestra tu ignoranci

sobre los de Amor portentos!

Ay, Gil, bro, pobre de ti,

¿que no sabes que el primero

de todos es el amor

y amor todo lo vence?

 .

GILBERTO:           Hecho

es también que todo vence

al amor, pero okay, a cuento

te creeré por ahora.

Dime, amigo, entonces luego

cómo pïensas hacerle

para efectuar tus afectos

si ni el nombre, desdichado,

conoces de tu deseo.

 .

IVÁN deja de jugar y se reclina en el sillón.

 .

IVÁN: No lo sé… Tantas las noches

han sido de mi desvelo

en solo eso cuestionarme

que antes devendré en un viejo

que resuelva este problema…

 .

GILBERTO:   Del cual bien ahora veo

lo gravedad, si así dejas

esta campaña y a nuestro

equipo morir.

 .

GILBERTO hace gesto de enojo y deja el mando.

 .

IVÁN:           Perdona,

Gil, pero hoy ya no más puedo

jugar, pues el concentrarme

me lo impiden el recuerdo

de aquesa enemiga mía

y el olvido en que de cierto

ella ha de tener mi imagen

en el su alto pensamiento,

y ni hablar, ay, desdichado,

en el su divino pecho…

Será mejor que me vaya,                   (Se para y se acerca a la puerta.)

hermano, adonde mis duelos

no dos veces atormenten

y más rápidas corriendo

aquestas lágrimas salgan.

 .

GILBERTO:   ¿Estás seguro? Otro juego

bien podríamos probar

o el nivel…

 .

IVAN:      Gracias, Gilberto,

pero me voy por ahora,

y ya después veremos

cómo hacerle con aquese

y con aqueste otro enredo.

 .

IVÁN sale al pasillo y GILBERTO lo acompaña a la puerta.

 .

GILBERTO:   Bien, pues mejórate, bro.

 .

IVÁN:             Sería asombro. Nos vemos.

 .

Escena II

Mientras IVÁN y GILBERTO aún están en la puerta, ROSAFINA pasa caminando al fondo del pasillo. Al verla, IVÁN se estremece y se abalanza sobre GILBERTO.

 .

IVÁN:        ¡Aquella, Gil, aquella es

quien me tiene enherbolado

y de noche me ha gastado

los cómos, cuándos y qués!

¿Cómo en aqueste lugar,

tan sórdido y tan carente,

vi que el recuerdo no miente

y vine al fin a encontrar

la aurora de mi mañana,

el rubio astro de mi día,

la luna que mi mar guía,

la estrella que…?

 .

GILBERTO:     ¡Cual fulana

entre todas se te irá

si no tus debrayes dejas

y las piernas aparejas

a seguirla, pero ya!

 .

IVÁN y GILBERTO corren hacia el fondo del pasillo y sale, pero siguen hablando.

 .

IVÁN:    Ay, ¿por dónde se fue, bro?

 .

GILBERTO:   No sé. Yo apenas la vi.

 .

IVÁN:      Creo que fue por aquí,

las escaleras bajó.

 .

GILBERTO:   Quizá en este piso esté.

 .

IVÁN:      ¿Será?

 .

ROSAFINA entra y entra a su casa. IVÁN y GILBERTO entran desde el fondo del pasillo y alcanzan a verla.

 .

GILBERTO: Allí, amigo, alguien veo.      

         .                                       

IVÁN:     ¡Ella es, ella es! No lo creo:

¿cómo bajo de mí hallé

a quien tan en alto tengo?

¿Vive aquí?

 .

GILBERTO: Sí, es Rosafina…

mi compañera y vecina

desde hace ya muy lüengo…

 .

IVÁN:       ¡Rosafina, aqueste nombre

es donde queda cifrado

todo lo que este cuitado

lleva esperando como hombre!

¡Pero qué alias tan selecto

que a ningún otro más debe,

que el alma así remüeve

que hace crecer el afecto;

y a sí mismo se ilumina,

pues mira cómo te indica

que aquella es flor y muy rica

la de nombre Rosafina!

¡Ay, Gil, tan cerca y tan lejos

a mi sumo bien diviso

que todo me paralizo

y los sentidos perplejos

nada me dejan mover!

Tú, que dices conocella,

por mí debes ir a vella,

decirle que es la mujer

que imaginaban mis sueños,

que daría todo, bro

 .

GILBERTO:   Amigo, aguarda, es que yo…

 .

IVÁN:     …y que todos los empeños

por tenella pasaría…

 .

GILBERTO:   ¿Entonces por qué no vas?

 .

IVÁN:     Imposible hoy es su faz

que yo encare. En otro día

que elijan ustedes dos,

sosegado y con más clama,

preparada ya mi alma,

veré si un hola o adiós

da a mi sentir mi enemiga.

 .

GILBERTO: ¡Pero hacer yo tu embajada

no puedo sin confensada

tenerte una mi fatiga

que obliga el amor fraterno!

Yo no puedo hablar por ti,

pues Rosafina ante mí…

 .

IVÁN:   ¿Asemeja el mismo infierno                        

pues así ella te quebranta?

 .

GILBERTO:   Sí…

           .             

IVÁN:     ¿Y a la vez su hermosura

llega a semejante altura

que ya sientes te levanta

hasta el paraíso?

 .

GILBERTO: Sí…

 .

IVÁN:    ¿Y por tanto sube y baja

sientes ya que una mortaja

tu boca tiene?

 .

GILBERTO: Sí, sí…

 .

IVÁN:    Mas ¿tanto ha sido el castigo

de aquese incumplido anhelo

que ora al inferno, ora al cielo

irías…

 .

GILBERTO: ¡Sí!

. 

IVÁN:    …por tu amigo?

 .

GILBERTO: (¿Qué? ¡No!)              (Aparte.)

 .

IVÁN:      Pues es evidente

por qué tú, mi hermano, debes

ir allá si a más te atreves.

Te juro que insuficiente

ahora me es el valor

para ir a tocar su puerta,

pues así me desconcierta

de Rosafina el primor,

quizá más que aquesa vez

que no podía salir

pero que tú a mí el vivir

devolviste en dos por tres.

Sé por solo hoy mi albacea,

bro, pues solo en ti confío

para este amoroso envío

hacer de mi alma, y vea

Rosafina si algo vale,

como tú lo has comprobado

en tanto tiempo pasado

de amistad.

 .

GILBERTO: Está bien, vale,                 (Tras una pausa breve.)

no me dejas otra opción.

Pero desde ya te digo…

 .

IVÁN:    ¡Mil y más gracias, mi amigo!

Esperaré tu instrucción

y veremos si a mi estrella

sin olbigación se inclina

aquesa mi Rosafina.            (Sale.)

 .

GILBERTO:   … que tambïén me gusta ella.

. 

Escena III

GILBERTO se acerca temerosamente a la puerta de ROSAFINA y toca.

ROSAFINA le abre sorprendida.

 .

GILBERTO: ¡Rosafina, ho… hola!

 .

ROSAFINA:     ¡Alberto!

 .

GILBERTO:   Es “Gilberto”, Rosafina…

 .

ROSAFINA: ¡Perdón, Gil, perdón! No atina

hoy mi cabeza el acierto,

es que ando un poco aturdida.

 .

GILBERTO: Perdón por así a tu casa

venir.

 .

ROSAFINA: ¡Ah, no, pasa, pasa!

Solo que desprevenida

me agarras, Gil.

 .

GILBERTO: Sí, perdón…

Pero en serio te ves mal,

más pálida que un cristal

(si es que hubiera parangón.)             (Aparte, suspirando.)  

¿Qué tienes?

 .

ROSAFINA: ( Si te dijera,           (Aparte.)

quizá menos preguntaras

y aun más, mi bien, actuaras

como hace que mi alma espera.)

No es nada, Gil.

 .

GILBERTO: ¿De verdad?

 .

ROSAFINA:   Sí. Mas dime qué te ha traído

tan nervioso y sin sentido

aquí, que con claridad

ya reparo, amigo Gil,

en que no la única soy

que algo turbada está hoy.

 .

GILBERTO:   ¿Qué tienes, pues?

         .   

ROSAFINA: (¡Más sutil                       (Aparte.)

debo de ser!) Nada, en serio,

todo va a pedir de boca,

mas vamos a lo que toca

y revélame el misterio

de esta visita.

. 

GILBERTO: Grande es

aqueste y tan peregrino

que con razón me imagino

pueda enojarte tal vez.

 .

ROSAFINA: Si prosigues, lo diré.

 .

GILBERTO: No mucho ha que aconteció

que un mi amigo te vïo

y anda vuelto un no sé qué

que solo de ti habla y piensa:

tu imagen, dice, lo hostiga

y te llama su enemiga

por su alma tener suspensa

no menos que su razón.

De amores, pues, te riquiere,

mas venir justo hoy le hiere

pues su segunda visión

de ti ha tenido hace poco,

en el corredor estando,

y me pregunta ya cuándo

dónde y cómo, cual un loco,

te verá, pues sin querer

al verte díjele que eras

una de mis compañeras

y vecina.

 .

ROSAFINA:   (¿Acaso ser             (Aparte.)

podría que Gil su amor

me esté oculto confesando

con un su amigo inventando

para velar su temor?

Bien decían mis amigas

que era amor correspondido

este que traigo escondido

y tantas me da fatigas.

Mas si primero él termina

por declarárseme, sea

y más ufana me vea…)

 .

GILBERTO:   Mil perdones, Rosafina,

si esto te ha incomodado,

mas fue tanta su porfía

que no humano yo sería

si no hubïera aceptado

su encomienda de alcahuete.

 .

ROSAFINA: Okay, pero no me has dicho

el nombre del susodicho.

 .

GILBERTO:   Es Iván.

 .

ROSAFINA: ( ¿Será un trinquete              (Aparte.)

aquesto que Gil me cuenta

o una verdad sospechosa?

Pues “Iván” forma mañosa

con que otra vez se presenta

quizá es que igual no mucho ha

su nombre erré y un segundo

podría tener oriundo

que yo no conozca ya.

El juego le seguiré,

sus miedos así se irán.)

¿Y quién es aquese Iván?

 .

GILBERTO:   Un amigo con el que

siempre estoy, pues mi vecino

también es.

 .

ROSAFINA: Mío por tanto

asimismo lo es.

 .

GILBERTO: ¡Y cuánto

cuando el infeliz destino

consiente que arriba tuyo

justo viva el desgraciado!

 .

ROSAFINA: Como tú…

 .

GILBERTO:  Bueno, sí.

 .

ROSAFINA: (¡Ay, mi amado       (Aparte.)

ser mi mismo amante intuyo!

¿Y quién, ¡ay!, sino mi Gil,

por las señas que él me da,

aqueste amante será

que se muestra tan sutil?)

Mas cúentame, amigo, más

de este Iván imaginado,

quiero decir mal formado

en mi mente, si no das

más a la imaginación.

 .

GILBERTO: ¿Una foto contemplar

o su Facebook stalkear

no mejor tu petición

satisfaría?

 .

ROSAFINA: Quizá,

mas ni su apellido sé

ni más crédito daré

que aquello que de él dirá

un su amigo tan cercano.

 .

GILBERTO: Bien, pues sabe que Cinmientes

se apellida entre las gentes,

y apellido más a mano

yo ni nadie le pusiera

cuando con exactitud

anuncia que es juventud

lo que trae en la sesera,

puesto que llega a treinta años

y aún con sus padres mora,

pero aquesto no desdora

que es uno de esos antaños

gamers que pasar podían

Pacman con solo una vida,

Dark Souls todo de corrida

y todos los que salían

antes e incluso después

de todo en línea estar,

pues no descanso el jugar,

sino su misma vida es.

Y advierte que esto no es vicio,

sino virtud extremada

que sabe ver ofrendada

la vida en el sacrificio

de aquello que uno más ama.

 .

ROSAFINA: (¡Pero qué bien representa         (Aparte)

y qué cuentos Gil se invento

por conquistar a una dama!)

 .

GILBERTO: Pero el cuento es, Rosafina,

que una cita Iván te pide,

aunque si ya te lo impide

molestia que repentina

te da de oír estas nuevas,

bien entendería yo

que tú le dieses un no,

y dejaría las pruebas

a tu singular paciencia,

que ya tanto ha soportado,

e iré a decirle al cuitado

que puede morir de ausencia.

               .         

ROSAFINA: ¡No…! Digo que no querría

verme tan mezquina y cruel

con quien te muestras tan fiel…

Di a Iván que a mediodía

yo lo esperaré mañana

en el parque de aquí enfrente,

a ver si su amor no miente

y de frente no amilana

su atormentado sentir,

el cual sin más niñerías,

trucos o alcahueterías

quiero vérmelo decir.

 .

GILBERTO: (¡Ya valió!)        (Aparte.)

 .

ROSAFINA: Ve pues, amigo

Gil, y acaba tu embajada,

que otro día más calmada

seguro hablaré contigo.

Continúa…

***

Leer: Iván Cinmientes, Primera parte          Iván Cinmientes, Segunda Parte

 Iván Cinmientes, Tercera Parte               Ivan Cinmientes, Cuarta Parte

Imagen

Sin título >> Ilustración >> Rafael González Alva

Rafael González Alva (Ciudad de México, 1993) es doctorante en Letras, Maestro en Letras Mexicanas y Licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas por la UNAM, asimismo, Licenciado en Diseño por la UAM. Dedicó sus tesis de licenciatura y maestría al rescate y estudio de Francisco Ruiz de León. En 2019 fue becario del PAPIME “Leliteane: Lengua, literatura y teatro en la Nueva España”. En 2020 cursó el XVI Diplomado en Creación Literaria en el Centro Xavier Villaurrutia del INBAL. Desde 2021 forma parte del proyecto CONAHCyT Ciencia de Frontera, sobre el teatro viarreinal de los siglos XVI a XIX. En 2022 comenzó su trayectoria docente en la Universidad Popular Autónoma de Veracruz y en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha publicado textos académicos y de creación literaria en revistas como Literatura mexicana, Destiempos y Sombra del Aire, y, asimismo, el libro de cuentos [Mal]viajes en el tiempo (México, 2022).

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