A mi hermano Daniel, gamer prolijo.
A Gabriela Román, Horacio Almada, Aurora González y Margarita González,
Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño,
que toda la vida es sueño,
y los sueños sueños son.
—Calderón de la Barca
.
***
Personas:
Iván Cinmientes, 30 años — Chico
Gilberto Caro, 16 años — Chica
Rosafina López, 15 años — Vago
Clemente Cinmientes, padre de Iván — Policía
Bianca Peña, madre de Iván — Oficinista
Niño vendedor
***
Acto II
Escena I
Volverá a dividirse el escenario en tres: dos salas de casa y un pasillo en medio; esta vez la sala de la derecha seguirá siendo la sala de GILBERTO, pero la sala izquierda será la de ROSAFINA, que vive en el mismo edificio. En la sala de GILBERTO estarán él e IVÁN sentados en el sofá con los mandos de una consola, hablando sin dejar de jugar.
.
GILBERTO: Incrédulo sigo, bro,
no logro aún comprenderlo,
¿cómo aquella misma noche
conseguiste tú un empleo
y no en la calle dormiste?
.
IVÁN: La providencia, Gilberto
amigo, la providencia
fue acaso quien con un sueño
más despierto me dejó
que aquel infeliz paseo
que me obligaste a tomar.
Aquella noche, enfermo,
trepidante, mal viajado,
ido, todo iba temiendo
después que de la muerte
y de ti me huí tan presto…
Tras de la nada salí,
mi amada casa inquiriendo,
y el todo vine a hallar
que de mi vida es ya el dueño,
¡ay, Gil, amigo, mi hermano,
cuán cuitado aún me encuentro,
que no me juzgo ya vivo,
sino más que nada muerto
por no ver a quien guardada
tengo aquí hondo en mi pecho!
Era suya la belleza,
mío el tanto desconcierto,
que en beldad así excedía
que sería vano yerro
el querer aquí pintarla
con mi parco, pobre ingenio,
pues solo a su magna efigie
es su misma efigie un reto.
¡Ay, Gil, cuánto yo daría
por cumplir con mi deseo,
bien ceñirla con mis brazos,
ser su placer, su contento,
o verla siquiera otra vez
por un instante primero,
que bien de mucho asombrarme
no dejara ni me dejo
de que con una mirada
me prendase así de presto!
¡Ay, hermano, o, por de pronto,
para avivar mis desvelos,
quisiera yo conocer
su melifluo nombre al menos!
Si su sola excelsa vista
me llevó a tan buen püerto,
el nombre de aquesa rosa
al por fin, ay, conocerlo
¿qué mayores bienes daría
a aqueste cuitado enfermo?
Porque, amigo, has de saber
que al cabo de mi embeleso
por el fragor de la noche
oscura salí corriendo,
buscando cómo vivir,
pues no creí justo o correcto
que me matase hambre o frío
antes que de amor el celo.
Y así me avine a la tienda
que hacía tan poco tiempo
me había desengañado
con aquese occiso perro
y al punto, sin saber cómo
ni cómo no, obtuve empleo
allí mismo de ayudante
y pronto he de ser cajero.
En fin, resuelto el negocio,
regresé a casa, sin verlo
mi padre, porque mi madre,
amorosa y con el miedo
de perder a su hijo amado,
me metió muy a lo secreto;
mas pasados ya los meses,
viendo en mi trabajo empeño,
mi papá se apaciguó:
recobraron su sosiego,
y digo ellos porque a mí
no tocará algún consuelo
hasta que de la mi amada
obtenga lo que quïero.
.
GILBERTO: Oye, Iván, espera un poco,
que en verdad que no me creo
que con ver una beldad
cambio hubieras tan inmenso
que tu fobia superaras
de salir a cielo abierto,
y menos a la afición
tan tuya hacia el virtual juego,
que tanto te ha desmayado
y te trae como pende…
.
IVÁN: ¡Eso,
bro, solo muestra tu ignoranci
sobre los de Amor portentos!
Ay, Gil, bro, pobre de ti,
¿que no sabes que el primero
de todos es el amor
y amor todo lo vence?
.
GILBERTO: Hecho
es también que todo vence
al amor, pero okay, a cuento
te creeré por ahora.
Dime, amigo, entonces luego
cómo pïensas hacerle
para efectuar tus afectos
si ni el nombre, desdichado,
conoces de tu deseo.
.
IVÁN deja de jugar y se reclina en el sillón.
.
IVÁN: No lo sé… Tantas las noches
han sido de mi desvelo
en solo eso cuestionarme
que antes devendré en un viejo
que resuelva este problema…
.
GILBERTO: Del cual bien ahora veo
lo gravedad, si así dejas
esta campaña y a nuestro
equipo morir.
.
GILBERTO hace gesto de enojo y deja el mando.
.
IVÁN: Perdona,
Gil, pero hoy ya no más puedo
jugar, pues el concentrarme
me lo impiden el recuerdo
de aquesa enemiga mía
y el olvido en que de cierto
ella ha de tener mi imagen
en el su alto pensamiento,
y ni hablar, ay, desdichado,
en el su divino pecho…
Será mejor que me vaya, (Se para y se acerca a la puerta.)
hermano, adonde mis duelos
no dos veces atormenten
y más rápidas corriendo
aquestas lágrimas salgan.
.
GILBERTO: ¿Estás seguro? Otro juego
bien podríamos probar
o el nivel…
.
IVAN: Gracias, Gilberto,
pero me voy por ahora,
y ya después veremos
cómo hacerle con aquese
y con aqueste otro enredo.
.
IVÁN sale al pasillo y GILBERTO lo acompaña a la puerta.
.
GILBERTO: Bien, pues mejórate, bro.
.
IVÁN: Sería asombro. Nos vemos.
.
Escena II
Mientras IVÁN y GILBERTO aún están en la puerta, ROSAFINA pasa caminando al fondo del pasillo. Al verla, IVÁN se estremece y se abalanza sobre GILBERTO.
.
IVÁN: ¡Aquella, Gil, aquella es
quien me tiene enherbolado
y de noche me ha gastado
los cómos, cuándos y qués!
¿Cómo en aqueste lugar,
tan sórdido y tan carente,
vi que el recuerdo no miente
y vine al fin a encontrar
la aurora de mi mañana,
el rubio astro de mi día,
la luna que mi mar guía,
la estrella que…?
.
GILBERTO: ¡Cual fulana
entre todas se te irá
si no tus debrayes dejas
y las piernas aparejas
a seguirla, pero ya!
.
IVÁN y GILBERTO corren hacia el fondo del pasillo y sale, pero siguen hablando.
.
IVÁN: Ay, ¿por dónde se fue, bro?
.
GILBERTO: No sé. Yo apenas la vi.
.
IVÁN: Creo que fue por aquí,
las escaleras bajó.
.
GILBERTO: Quizá en este piso esté.
.
IVÁN: ¿Será?
.
ROSAFINA entra y entra a su casa. IVÁN y GILBERTO entran desde el fondo del pasillo y alcanzan a verla.
.
GILBERTO: Allí, amigo, alguien veo.
.
IVÁN: ¡Ella es, ella es! No lo creo:
¿cómo bajo de mí hallé
a quien tan en alto tengo?
¿Vive aquí?
.
GILBERTO: Sí, es Rosafina…
mi compañera y vecina
desde hace ya muy lüengo…
.
IVÁN: ¡Rosafina, aqueste nombre
es donde queda cifrado
todo lo que este cuitado
lleva esperando como hombre!
¡Pero qué alias tan selecto
que a ningún otro más debe,
que el alma así remüeve
que hace crecer el afecto;
y a sí mismo se ilumina,
pues mira cómo te indica
que aquella es flor y muy rica
la de nombre Rosafina!
¡Ay, Gil, tan cerca y tan lejos
a mi sumo bien diviso
que todo me paralizo
y los sentidos perplejos
nada me dejan mover!
Tú, que dices conocella,
por mí debes ir a vella,
decirle que es la mujer
que imaginaban mis sueños,
que daría todo, bro…
.
GILBERTO: Amigo, aguarda, es que yo…
.
IVÁN: …y que todos los empeños
por tenella pasaría…
.
GILBERTO: ¿Entonces por qué no vas?
.
IVÁN: Imposible hoy es su faz
que yo encare. En otro día
que elijan ustedes dos,
sosegado y con más clama,
preparada ya mi alma,
veré si un hola o adiós
da a mi sentir mi enemiga.
.
GILBERTO: ¡Pero hacer yo tu embajada
no puedo sin confensada
tenerte una mi fatiga
que obliga el amor fraterno!
Yo no puedo hablar por ti,
pues Rosafina ante mí…
.
IVÁN: ¿Asemeja el mismo infierno
pues así ella te quebranta?
.
GILBERTO: Sí…
.
IVÁN: ¿Y a la vez su hermosura
llega a semejante altura
que ya sientes te levanta
hasta el paraíso?
.
GILBERTO: Sí…
.
IVÁN: ¿Y por tanto sube y baja
sientes ya que una mortaja
tu boca tiene?
.
GILBERTO: Sí, sí…
.
IVÁN: Mas ¿tanto ha sido el castigo
de aquese incumplido anhelo
que ora al inferno, ora al cielo
irías…
.
GILBERTO: ¡Sí!
.
IVÁN: …por tu amigo?
.
GILBERTO: (¿Qué? ¡No!) (Aparte.)
.
IVÁN: Pues es evidente
por qué tú, mi hermano, debes
ir allá si a más te atreves.
Te juro que insuficiente
ahora me es el valor
para ir a tocar su puerta,
pues así me desconcierta
de Rosafina el primor,
quizá más que aquesa vez
que no podía salir
pero que tú a mí el vivir
devolviste en dos por tres.
Sé por solo hoy mi albacea,
bro, pues solo en ti confío
para este amoroso envío
hacer de mi alma, y vea
Rosafina si algo vale,
como tú lo has comprobado
en tanto tiempo pasado
de amistad.
.
GILBERTO: Está bien, vale, (Tras una pausa breve.)
no me dejas otra opción.
Pero desde ya te digo…
.
IVÁN: ¡Mil y más gracias, mi amigo!
Esperaré tu instrucción
y veremos si a mi estrella
sin olbigación se inclina
aquesa mi Rosafina. (Sale.)
.
GILBERTO: … que tambïén me gusta ella.
.
Escena III
GILBERTO se acerca temerosamente a la puerta de ROSAFINA y toca.
ROSAFINA le abre sorprendida.
.
GILBERTO: ¡Rosafina, ho… hola!
.
ROSAFINA: ¡Alberto!
.
GILBERTO: Es “Gilberto”, Rosafina…
.
ROSAFINA: ¡Perdón, Gil, perdón! No atina
hoy mi cabeza el acierto,
es que ando un poco aturdida.
.
GILBERTO: Perdón por así a tu casa
venir.
.
ROSAFINA: ¡Ah, no, pasa, pasa!
Solo que desprevenida
me agarras, Gil.
.
GILBERTO: Sí, perdón…
Pero en serio te ves mal,
más pálida que un cristal
(si es que hubiera parangón.) (Aparte, suspirando.)
¿Qué tienes?
.
ROSAFINA: ( Si te dijera, (Aparte.)
quizá menos preguntaras
y aun más, mi bien, actuaras
como hace que mi alma espera.)
No es nada, Gil.
.
GILBERTO: ¿De verdad?
.
ROSAFINA: Sí. Mas dime qué te ha traído
tan nervioso y sin sentido
aquí, que con claridad
ya reparo, amigo Gil,
en que no la única soy
que algo turbada está hoy.
.
GILBERTO: ¿Qué tienes, pues?
.
ROSAFINA: (¡Más sutil (Aparte.)
debo de ser!) Nada, en serio,
todo va a pedir de boca,
mas vamos a lo que toca
y revélame el misterio
de esta visita.
.
GILBERTO: Grande es
aqueste y tan peregrino
que con razón me imagino
pueda enojarte tal vez.
.
ROSAFINA: Si prosigues, lo diré.
.
GILBERTO: No mucho ha que aconteció
que un mi amigo te vïo
y anda vuelto un no sé qué
que solo de ti habla y piensa:
tu imagen, dice, lo hostiga
y te llama su enemiga
por su alma tener suspensa
no menos que su razón.
De amores, pues, te riquiere,
mas venir justo hoy le hiere
pues su segunda visión
de ti ha tenido hace poco,
en el corredor estando,
y me pregunta ya cuándo
dónde y cómo, cual un loco,
te verá, pues sin querer
al verte díjele que eras
una de mis compañeras
y vecina.
.
ROSAFINA: (¿Acaso ser (Aparte.)
podría que Gil su amor
me esté oculto confesando
con un su amigo inventando
para velar su temor?
Bien decían mis amigas
que era amor correspondido
este que traigo escondido
y tantas me da fatigas.
Mas si primero él termina
por declarárseme, sea
y más ufana me vea…)
.
GILBERTO: Mil perdones, Rosafina,
si esto te ha incomodado,
mas fue tanta su porfía
que no humano yo sería
si no hubïera aceptado
su encomienda de alcahuete.
.
ROSAFINA: Okay, pero no me has dicho
el nombre del susodicho.
.
GILBERTO: Es Iván.
.
ROSAFINA: ( ¿Será un trinquete (Aparte.)
aquesto que Gil me cuenta
o una verdad sospechosa?
Pues “Iván” forma mañosa
con que otra vez se presenta
quizá es –que igual no mucho ha
su nombre erré y un segundo
podría tener oriundo
que yo no conozca ya–.
El juego le seguiré,
sus miedos así se irán.)
¿Y quién es aquese Iván?
.
GILBERTO: Un amigo con el que
siempre estoy, pues mi vecino
también es.
.
ROSAFINA: Mío por tanto
asimismo lo es.
.
GILBERTO: ¡Y cuánto
cuando el infeliz destino
consiente que arriba tuyo
justo viva el desgraciado!
.
ROSAFINA: Como tú…
.
GILBERTO: Bueno, sí.
.
ROSAFINA: (¡Ay, mi amado (Aparte.)
ser mi mismo amante intuyo!
¿Y quién, ¡ay!, sino mi Gil,
por las señas que él me da,
aqueste amante será
que se muestra tan sutil?)
Mas cúentame, amigo, más
de este Iván imaginado,
quiero decir mal formado
en mi mente, si no das
más a la imaginación.
.
GILBERTO: ¿Una foto contemplar
o su Facebook stalkear
no mejor tu petición
satisfaría?
.
ROSAFINA: Quizá,
mas ni su apellido sé
ni más crédito daré
que aquello que de él dirá
un su amigo tan cercano.
.
GILBERTO: Bien, pues sabe que Cinmientes
se apellida entre las gentes,
y apellido más a mano
yo ni nadie le pusiera
cuando con exactitud
anuncia que es juventud
lo que trae en la sesera,
puesto que llega a treinta años
y aún con sus padres mora,
pero aquesto no desdora
que es uno de esos antaños
gamers que pasar podían
Pacman con solo una vida,
Dark Souls todo de corrida
y todos los que salían
antes e incluso después
de todo en línea estar,
pues no descanso el jugar,
sino su misma vida es.
Y advierte que esto no es vicio,
sino virtud extremada
que sabe ver ofrendada
la vida en el sacrificio
de aquello que uno más ama.
.
ROSAFINA: (¡Pero qué bien representa (Aparte)
y qué cuentos Gil se invento
por conquistar a una dama!)
.
GILBERTO: Pero el cuento es, Rosafina,
que una cita Iván te pide,
aunque si ya te lo impide
molestia que repentina
te da de oír estas nuevas,
bien entendería yo
que tú le dieses un no,
y dejaría las pruebas
a tu singular paciencia,
que ya tanto ha soportado,
e iré a decirle al cuitado
que puede morir de ausencia.
.
ROSAFINA: ¡No…! Digo que no querría
verme tan mezquina y cruel
con quien te muestras tan fiel…
Di a Iván que a mediodía
yo lo esperaré mañana
en el parque de aquí enfrente,
a ver si su amor no miente
y de frente no amilana
su atormentado sentir,
el cual sin más niñerías,
trucos o alcahueterías
quiero vérmelo decir.
.
GILBERTO: (¡Ya valió!) (Aparte.)
.
ROSAFINA: Ve pues, amigo
Gil, y acaba tu embajada,
que otro día más calmada
seguro hablaré contigo.
Continúa…
***
Leer: Iván Cinmientes, Primera parte Iván Cinmientes, Segunda Parte
Iván Cinmientes, Tercera Parte Ivan Cinmientes, Cuarta Parte
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Sin título >> Ilustración >> Rafael González Alva
Rafael González Alva (Ciudad de México, 1993) es doctorante en Letras, Maestro en Letras Mexicanas y Licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas por la UNAM, asimismo, Licenciado en Diseño por la UAM. Dedicó sus tesis de licenciatura y maestría al rescate y estudio de Francisco Ruiz de León. En 2019 fue becario del PAPIME “Leliteane: Lengua, literatura y teatro en la Nueva España”. En 2020 cursó el XVI Diplomado en Creación Literaria en el Centro Xavier Villaurrutia del INBAL. Desde 2021 forma parte del proyecto CONAHCyT Ciencia de Frontera, sobre el teatro viarreinal de los siglos XVI a XIX. En 2022 comenzó su trayectoria docente en la Universidad Popular Autónoma de Veracruz y en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha publicado textos académicos y de creación literaria en revistas como Literatura mexicana, Destiempos y Sombra del Aire, y, asimismo, el libro de cuentos [Mal]viajes en el tiempo (México, 2022).

