MI AMIGA ASTRAL SE LLAMA LUCY

por María Estela Aguirre

Con cariño para C.G.

Por nuestras venas, capilares y arterias, corre sangre de diferentes linajes. No somos del mismo signo zodiacal ni de igual ascendente. Ella, su ser y su sonrisa, nacieron mucho después que los míos. Proviene de la constelación de Pegaso, el caballo alado, pero eligió vivir en la estrella más brillante: Enif. Desde antes de llegar a este planeta, mostró su poderío. Allá vivió entre dioses; algunos dicen que era el caballo que montaba Zeus; sin embargo, hay otras versiones. El caso es que llegó volando al planeta y el trayecto lo hizo en 50 millones de años luz, o sea, que sí es un alma vieja. Voló moviendo las patas a toda velocidad por el aire. Sus plumas no son suaves y blancas como las de cualquier Pegaso, sino que son de cóndor, de kuntur, en idioma quechua. En cada una trae regalos para las personas. También viaja hacia la tierra con una serpiente enrollada en el cuello, cuyo símbolo es el mundo de los muertos y la sabiduría —ahora entiendo por qué es tan sabia—. Trae tatuado a lo largo de su brazo izquierdo, un puma, representante de la fuerza, la sabiduría y la inteligencia. Mi reciente amiga es de los pocos seres que tienen esos tres símbolos, ya dije el segundo más arriba, pero reitero: sí es muy sabia. El tatoo resplandece permanentemente con todos los colores del arcoíris.

Me la topé en el viaje de Enif a esta dimensión, yo venía de Andrómeda, el cuerpo astral que lleva el nombre de quien fue encadenada a una roca para ser engullida por el monstruo marino Ceto. La atrapé de un ala y me jaló para montar ambas en el lomo del caballo. La abracé fuerte, muy fuerte porque iba muy mareada. Me repuse un poco, le pregunté que cómo logró ese tatuaje, y me contestó: “No sé”. Una vez pasó por Markab, otra estrella de Pegaso, y cuando rozó a Atlas, ya lo traía.

Cuando viaja en avión, abre su ventanilla, llama e ilumina a Neptuno, lo acerca a la aeronave, pepena las estrellas, las constelaciones y los planetas. Luego, los suelta como confeti; cada uno, pegada en forma de fractal, lleva la carta astral de cada ser, y con su magia, sabe exactamente a quién pertenece.

Desde lejos, Lucy trae la misión de que los terrestres resignifiquen y entiendan la belleza del agua, impriman en ella sus sueños, deseos y alegrías, cómo lograr el brillo en momentos adversos, y, en general, en la vida. En un curso que dio en Janitzio, en tiendas de campaña, a la sombre del Morelos de la punta, nos enseñó que Saturno es el gran maestro que ayuda a hacer de carne y hueso el potencial más elevado de las personas, entre una gran cantidad de temas. Ahí seguí queriéndola. La felicidad con la que acepta las cosas, su risa fácil y sencilla hacen que la estatua mueva la cabeza como diciendo: “Qué muchacha”. Por todo lo que les cuento, la amo mucho.

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Ninfa Oceánide >> Marcos Carrasco

María Estela Aguirre nació en el estado de Chihuahua en 1955. Estudió la maestría en Enseñanza e Historia de la Biología en la UNAM y es doctora en Ciencias en Educación Agrícola Superior por la Universidad Autónoma Chapingo y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), Costa Rica. Sin embargo, sus gustos literarios la han llevado a explorar diferentes caminos; así, desde 1995 tomó talleres con el poeta Rolando Rosas Galicia y el escritor Óscar de la Borbolla. En 1997 obtuvo el primer lugar en cuento en el certamen “Letras, Voces y Miradas”, organizado por la Universidad Autónoma Chapingo, y en 1998 ganó el segundo lugar en poesía en ese mismo certamen. Es autora del libro de cuentos y relatos “Arruga la nariz muy preocupada” (2001) y colaboró en el libro ”Tejedoras de Historias” (1996).  Actualmente estudia en los talleres de “Sombra del Aire” y “Sembrando Voces”.

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