Arqueólogo de incendios
que gusta de arar ombligos
para apagar los silencios
y proporcionar abrigos.
.
Con sus dedos mascabado
elimina los cerrojos.
Acude siempre al llamado
que reclaman mis antojos.
.
Arqueólogo de caña
granos de café por ojos
con mis placeres se amaña
descubre nuevos arrojos.
.
Besos sabor palanqueta
cosquillas de piloncillo,
es mi cuerpo su planeta,
son sus brazos mi castillo.
.
Arqueólogo en mil huesos
que florecen con los labios
del averno emerge ileso
borra todos mis agravios.
.
Recuerdos garapiñados
recubiertos por la luna
obedecen cual soldados
buscar mi negra aceituna.
***
Imagen al exterior
Pensando en ti >> Óleo >> Mónica Löwenberg
Fuego Abenuz, Lucina Vázquez Miranda. Es doctora en Derecho, especializada en patrimonio cultural funerario. Embarcada en los ríos de la tinta, las amarras de su barca anidaron sobre la prosa y el verso. Bajo el seudónimo de Fuego Abenuz, combustiona entre la poesía, la narrativa breve y la crónica. Antologada en diversos países, colabora en la revista Sombra del aire desde 2022, y ha publicado los libros: Letras en desorden (Galaxia literaria, 2021), Pingüis X: un cuento y fábulas infantiles (Galaxia literaria, 2022) y Humedales de mi centro (Sombra del aire, 2024). De espíritu libre, signo Leo y con una pizca de Rivotril, su almenara se inclina hacia el erotismo, escribe para recordar sus vidas reales y ficticias, llenar los espacios que le faltan, y entonces… tal vez existir.
Humedales de mi centro, de Lucina Vázquez Miranda, Fuego Abenuz, es un poema de largo aliento en el que Perséfone, voz lírica femenina, expone los diferentes tipos de amor proferidos por los hombres como parejas. Philia es de carácter intelectual, espiritual, de charlas filosóficas y literarias, pero no el más atrayente en lo sexual. Eros, en cambio, se desborda en el placer de los sentidos. Con él, Perséfone se reconoce “mujer de ombligos”, apegada a sus deseos yacentes. Finalmente, Pragmacompleta sus requerimientos amatorios, en un amor íntimo y de conocimiento mutuo, de platos y ropa sucios, pero también de la estabilidad del hogar y de los hijos. Así, Perséfone, compleja y exigente, declara sin tapujos los menesteres amatorios de una mujer tridimensional, con capacidades y necesidades físicas, espirituales, intelectuales, sexuales, etc., donde no se limita a un rol dentro de lo socialmente aceptable, sino que se desdobla en todos los humedales de su centro, fértiles más allá de la reproducción humana, y que, de manera valiente, muestran la riqueza de la naturaleza femenina.


