Dramatis personae:

  • Calixto
  • Una señora

***

Sentado en un banco de un parque, Calixto meditabundo y apoyado en una cacha se adormece lentamente. Una Señora de buen aspecto, vestida impecablemente se sienta al lado de Calixto.

 La señora hace ademán de sentarse en el banco, donde dormita Calixto.

SEÑORA: ¿Puedo?

CALIXTO: Estamos en un país libre y el banco es muy grande, todavía cabemos unos cuantos más.

SEÑORA: Gracias. La verdad sea dicha es que me aburría un poco y no había nadie con quien hablar. Le vi aquí sentado, solo y medio adormilado…, y me dije: voy a probar con aquel señor para tener un poco de palique.

CALIXTO: Pues aquí me tiene, señora. Dejando pasar la mañana y que corra un día más la vida. A usted la veo…, (echa una sonrisa picarona) la veo muy elegante. Se ve que se conserva muy bien, para su edad…

SEÑORA: ¿Cuántos años me echa?

CALIXTO: Seguro que usted tiene muchos menos tacos que yo, porque yo ya pasé la barrera de los setenta

SEÑORA: ¡Si usted supiera…! Lo que usted ve aquí delante, no es más que simple apariencia, una fachada.

CALIXTO: Pero… ¿qué dice?,  toda una dama como usted, todavía está de buen ver. Se lo dice un experto en mujeres.

SEÑORA: ¡Ajá! Estoy en presencia de todo un Tenorio.

CALIXTO: No quiero presumir, ni tampoco ser un fanfarrias, pero cuando yo era un mancebo traía a las mujeres de calle. Se pegaban a mí como si fuera un panal de miel. Mi madre me decía: “No sé qué haces, Calixto, hijo mío, que todas las mujeres se pegan a ti como lapas. ¿Qué les das?”.

SEÑORA: Así que su mamá fomentó en usted ese narcisismo que tiene encima.

CALIXTO: Si me habla en esos términos, señora, no la entiendo. Yo soy de los del dos y dos son cuatro. Y de los que llaman al pan, pan… Y al vino, vino.

SEÑORA: Le hablaba de Narciso, pero déjelo porque es una historia un poco larga.

CALIXTO: No me suena ese nombre, ¿de qué equipo es? ¿Jugaba en primera división? ¿Estuvo seleccionado alguna vez? 

SEÑORA: No, no es ningún jugador de fútbol o de cualquier otro deporte. Si le interesa le contaré su historia.

CALIXTO: La verdad sea dicha, que a mí solamente me han importado en la vida las  mujeres, el vino, los toros y el fútbol.

SEÑORA: Y…,¿los libros nunca le han llamado la atención?

CALIXTO: Esos chismes…, los libros, siempre me han levantado dolor de cabeza, nada más verlos. Pero como ya me tiene intrigado, cuénteme, si no le importa, la historia de ese tipo llamado Narciso.

SEÑORA: Te contaré su historia, se trata de un mito, ¿sabes? Había un joven, llamado Narciso, que gozaba de tan extraordinaria belleza que se enamoró perdidamente de su propio reflejo, cuando vio su imagen  en un estanque de agua. Y era tan vanidoso y presumido que despreciaba a sus pretendientes, incluida a la hermosa ninfa Eco, condenada por Hera a solo poder repetir la última palabra que oye, debido a que la distraía para encubrir las infidelidades de Zeus. Posteriormente, Eco se enamora de Narciso, un joven vanidoso que la rechaza cruelmente. Su amor no correspondido la lleva a consumirse de pena hasta desaparecer, quedando solo su voz. Némesis, diosa de la venganza, castigó a Narciso haciendo que se enamorara de su imagen. Incapaz de alcanzar su reflejo, Narciso se consumió de pena hasta morir, y en el lugar donde su cuerpo cayó, creció una flor que lleva su nombre. Este mito da origen al término “narcisismo”.

CALIXTO: Vaya elemento que estaba hecho ese Narciso. A mí se me parece a un tipo que hizo conmigo la mili.

SEÑORA: ¿¡Ah, sí!? (Aparte murmura) Ya veo que no ha entendido nada, mejor dejarlo así.

CALIXTO: (Silencio) Hoy hace un día estupendo. Da gusto estar en este parque. 

SEÑORA: ¿Le gustaría acompañarme?

CALIXTO: Yo con usted iría al fin del mundo. Hace mucho tiempo que no estoy con ninguna mujer. Mi esposa me abandonó, mis cuatro hijos no me hablan desde hace veinte años. Vivo solo en una pocilga. La acompaño a donde usted quiera, pero a mi casa no le recomiendo que vaya.

SEÑORA: No, no se trata de eso, sino de que quiero que vea una cosa.

CALIXTO: Cómo me gustaría bailar con usted un vals.

SEÑORA: ¡Pero si cojea de una pierna…!

CALIXTO: Pues bailo a la pata coja.

Calixto tararea un vals y los dos bailan, aunque Calixto con cierta dificultad, entre la cacha y su pierna maltrecha

SEÑORA: Ahora acompáñeme, ya que la hora se me echa encima.

CALIXTO: ¿A dónde va con tanta prisa, mujer? Tenemos una vida por delante.

SEÑORA: De eso se trata, de la vida. Mire usted ahí enfrente. ¿Qué es lo que ve?

CALIXTO: Veo a mucha gente…

SEÑORA: ¿Qué más?

CALIXTO: Una ambulancia, la policía…

SEÑORA: Siga, siga contando todo lo que ve…

CALIXTO: Hay un tipo tirado en el suelo, al lado de un banco…

SEÑORA: ¡¿Y…?!

CALIXTO: Por lo que veo, y a mi modesto entender, parece que el individuo las ha espichado, dicho de otra forma…, se ha ido palotro barrio.

SEÑORA: ¿Y no lo reconoce…?

CALIXTO: Para nada, a ese tipo no lo he visto en mi vida. Si ha palmado, que nos espere allá muchos años, como suele decirse.

SEÑORA: Calixto, ese hombre que ves ahí acaba de fenecer, porque le ha llegado su hora. Y se trata de ti, has expirado. Te tocaba hoy, según está escrito en el códice de la vida, que Calixto Huertas Pérez, debe de fallecer a las 12,35 horas de la mañana, del día catorce de febrero del año dos mil veintiséis, día de San Valentín…

CALIXTO: Me quiere usted decir, señora, que ese menda que está ahí espachurrado, panza arriba, porque le ha dado un jamacuco, soy yo y que acabo de fallecer… ¡Amos, anda! Y usted… ¿cómo lo sabe?

SEÑORA: Porque yo soy conocida por los sobrenombres de La Parca, La Flaca, La Calaca, La Catrina, La Huesuda, La Pelona, La Doña, La Segadora, La Dama de la Guadaña…, es decir, La Muerte.

CALIXTO: ¡No me joda el día, señora! ¡Qué coño o de qué mierda estamos hablando! Hoy tenía apalabrada con mi vecina una cita. Nos íbamos a bailar a la discoteca «Los Achuchones», un tugurio de baile de viejos. Por la tarde había quedado para echar una partida de mus, con los amigotes… Y voy a cascar el día de los enamorados… ¡A cualquiera que se le diga!

SEÑORA: No es cuando uno quiere, a no ser que esté muy desesperado y se suicide, sino cuando a uno le toca. Y a usted, Calixto, le ha tocado hoy.

CALIXTO: Y… ¿no puedo ser uno de esos, que va por el túnel, ve la luz y luego regresa?

SEÑORA: Me temo que no, usted es un irreversible…, uno de los que se va, para no volver jamás.

CALIXTO: ¡Maldita suerte la mía! Siendo así, ¿me puede decir qué hay al otro lado?

SEÑORA: No lo sé ni yo, que simplemente soy el tránsito, me debería de llamar así, Tránsito, bonito nombre femenino para una mujer. Yo soy una especie de Notaria de la vida. Lo que viene después no me corresponde ni ya es asunto mío.

CALIXTO: ¿Quién lo iba a decir? Una señora tan bella y tan elegante y mira tú la que me ha liado. Ya me lo decía mi mamá, que en paz descanse: “¡Hijo ten cuidado con las mujeres, que te llevarán a la perdición! Y si andas con ellas, ¡vas a despilfarrar tu vida!”.

SEÑORA: Un consejo muy machista, ya lo creo. Ahora si me permite, voy a cambiarme, así que si no le importa dese la vuelta.

Calixto se vuelve de espaldas a la Señora e inmediatamente sale una doble señora, que resulta ser una mujer muy desagradable, una especie de calavera, vestida con las ropas raídas de la señora elegante.

(Al ver a la señora calavera, Calixto da un respingo).

CALIXTO: ¡Qué desagradable!

SEÑORA: Sí que es cierto, la muerte en sí, yo soy muy desagradable. Ya se lo había advertido al principio, cuando me senté con usted en el banco, y me veía tan bella, le dije que era una simple apariencia.

CALIXTO: Y no hay manera de retrasar este trance unos días más tarde…

SEÑORA: Todos dicen lo mismo. Primero quieren retrasarlo unos días, luego unos meses, después unos cuantos años… Y terminan exigiendo la inmortalidad.

CALIXTO: Entonces…, según los acontecimientos… ¿ha llegado mí final?

SEÑORA: Me temo que sí, ¡lo que está ocurriendo es la triste realidad y además se trata de un hecho irreversible! ¡Aquí le dejo, señor Calixto! ¡Es todo recto y el camino no tiene pérdida! Y… ¡descanse en paz!

Calixto camina con desgana y a cámara lenta. Muy enfadado.

CALIXTO: ¡Entenderá por qué no me apetece despedirme de usted y darla un beso!

SEÑORA: Lo entiendo perfectamente, Calixto. ¡Que tenga un buen viaje y que la tierra le sea leve!

FIN

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Francisco Rodríguez Fuertes nació en La Bañeza (León) España, aunque su residencia desde hace más de cincuenta años es Madrid. Se ha dedicado desde muy joven a la literatura, principalmente cuentos, relatos y ensayos, y a la dramaturgia con más de veinte obras estrenadas en el teatro profesional. Sus últimos libros son Cuentos y zarandajas, Pierrot…, Pierrot y Los dueños del aire dos obras teatrales. Compagina la escritura con la docencia, impartiendo clases de teatro y escritura creativa en universidades, centros culturales, en la Comunidad y Ayuntamiento de Madrid. Sus últimos premios son: Premio Internacional de Canarias (2023), por un relato de ficción de la “PEPA 1812, sobre la primera Constitución Española; Premio de relato corto (2023) del Diario El Norte de Castilla- Valladolid- España; Premio de teatro Pamplona- Navarra-España (2016) y Premio Madrid (2006) por la obra de teatro ¡Guau!. Colabora en varios semanarios y revistas literarias.

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