LA SANTA PROPUESTA

por Alberto Navia

La incógnita trascendental de la humanidad occidental. El fundamento existencial que persiste aun para la mayoría de los habitantes de este lado del planeta y por sobre todo nuestra entrañable América Latina, ese tan maltratado conjunto de territorios que ha soportado desde tiempos inmemoriales los asedios de los diversos imperialismos a que se ha visto sometida. Más de 500 millones de personas siguiendo una misma fe en un mismo Ser Supremo.

Cuando era niño, sin la existencia de internet y el video en streaming como YouTube o Netflix tan populares ahora, nos veíamos, en estos cuaresmales días, avasallados por películas y programas de contenido religioso, no existía alternativa, había que aguantar con estoicismo la ineludible avalancha de historias y más historias de corte religioso. Así año tras año desde el Miércoles de Ceniza hasta el Domingo de Resurrección nos recetaban con historias que iban desde la inspiradora vida de La Doncella de Orleans hasta la terrible y abrumadora Pasión del Salvador en todas sus posibles versiones. Empero, no se puede dejar de reconocer que algunas de aquellas viejas películas son grandiosas y que, aun viéndolas con ojos más actuales, continúan manteniendo su esplendor. Personalmente he de confesar mi asombro por la maestría de Cecil De Mille y sus Diez Mandamientos en una época en que no había computadoras para editar video, es simplemente genial.

En marzo de 1948 en South Kensington, un barrio de la zona central de Londres, nacía Andrew Lloyd Webber, quien llegaría a producir más de una docena de musicales entre los cuales aparecen algunos de los más importantes del siglo XX, hecho que lo llevó a ser nombrado caballero del Imperio Británico en 1992 y a ubicarse como el segundo músico más rico del mundo tan solo superado por Paul McCartney.

En 1968, en compañía del brillante compositor inglés Tim Rice y usando el formato musical conocido como “ópera rock” popularizado por el grupo musical británico The Who con su álbum Tommy –un género musical caracterizado porque la letra de todas las canciones de un álbum coinciden en una misma temática aun cuando éstas no necesariamente cuentan con elementos típicos de la ópera– componen la que es considerada como el máximo exponente de tal género: Jesus Christ Superstar. Como suele suceder con las obras avant garde Webber y Rice no encontraron productor alguno que se arriesgase con su obra, por lo que inicialmente solo se produjo el disco con la música de la obra. Su disco tuvo más éxito en los Estados Unidos que en la misma Inglaterra por lo que el musical tuvo su estreno en Broadway. ¡El éxito fue rotundo! Desde aquel entonces hasta nuestros días no ha dejado de representarse en diferentes países y en las más diversas lenguas.

Pero como para ver una puesta en escena de tan maravillosa obra tendremos que esperar a que tal cosa suceda en alguna parte a nuestro alcance, quiero recomendarles algo que definitivamente si está al alcance de todos. En 1973, basándose en el musical de Webber y Rice, Norman Frederick Jewison, prolífico cineasta canadiense, realizó el film Jesus Christ Superstar. La obra de Jewison presenta un Jesucristo humanizado e inmerso en el conflicto de la aceptación de su sacrificio. Enfocada en los últimos días de la vida de Jesús, la obra de Jewison nos muestra una Jerusalén en ruinas y a sus personajes ubicados dentro de la cultura hippie. El cineasta reúne una pléyade de estupendos artistas dentro de los cuales se destaca la actuación de Ted Neeley, un actor de origen norteamericano con un sorprendente registro vocal que en el papel de Jesús ejecuta el aria de la obra de manera estremecedora; Carl Anderson cuya interpretación de Judas Iscariote no se queda a la saga y, por supuesto, la tierna voz de cantante de origen hawaiano Yvonne Elliman en el papel de María Magdalena. En estos tres actores se centra la acción principal de la obra pero en nada menoscaban las actuaciones del resto de los personajes como la de Josh Mostel y su fabulosa representación de Herodes o la de Barry Dennen en el trágico papel de Poncio Pilato. Además cuenta con las estupendas voces de Kurt Yaghjian y Bob Bingham en los papeles de los pérfidos sacerdotes Anás y Caifás respectivamente. Todo ello sin olvidar los papeles de Philip Toubus como el apóstol Pedro y el de Larry T. Marshall en él de Simón el Zelote. Las inspiradoras letras creadas por Tim Rice flotando sobre la grandiosa música, obra de Andrew Lloyd Webber, provocan una fabulosa experiencia, sobre todo en estos días de cuaresma.

Así pues, para aprovechar este inspirador ambiente místico previo a la ocurrencia de la Semana Santa, los invito con toda cordialidad a repasar esta inmortal obra cinematográfica y, como siempre, a que nos dejen sus comentarios al respecto. Que la disfruten tanto como yo lo hago ahora.

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Calvario de la Inquisición >> Antonio del Castillo y Saavedra., España, 16616-1668.

Alberto Navia Rivera nació en Real del Monte, Hidalgo, el 8 de abril de 1958. Poeta, narrador, ensayista y promotor cultural. Estudió la Licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha colaborado en Sombra del Aire desde su fundación en 2011, propositivo, inquisitivo y arriesgado.


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