LA GIGANTE ROJA

por Zaid Carreño

Bastaron dos ocasiones para que los ojos de ella se posaran para siempre en mis manos. Las dos juntas los recogían sabedoras, que de separarlas, éstos se escaparían como el agua. Por las noches dejaba un pequeño orificio para acercar la mirada y ver su fluorescencia. El impacto era profundo y no siempre del mismo color; a pesar de que los ojos de ella eran cafés, al mirarlos en la oscuridad furtivamente, irradiaban el encanto de su estado: feliz, eran azules; verdes, soñadores; la sensualidad, clarocafé; el erotismo, color desconocido pero transparente. Pocas veces los vi marchitos; siendo que el color amarillo es imposible en los ojos, esta experiencia era aterradora, porque en verdad lograban la tez del sol.

Un día que abrí más de la cuenta los dedos, un ala-pestaña brotó desesperada. El deseo de reprimirla causó dolor al ojo izquierdo y agua escurrió de entre mis manos. ¿Lloraba por la mutilación o por verse coartada su libertad?

Entendí entonces que tener sus ojos entre las manos era un acto poco democrático. Sonreí al reconocerme racional, al querer legalizar mis sentimientos. Si bien esos ojos café-deseo eran mis esclavos, no lo fueron por comprarlos, ni por cazarlos o seducirlos (manipularlos). Ella decidió que posarían para mí por siempre. Sin embargo, era evidente la actividad de éstos al interior de la cueva: rascaban las palmas de mis manos, mordían, picaban. Para mantenerlos sumisos acercaba las manos a una luz artificial, enseguida dejaba entrar por un instante fugaz un rayo de luz para cegarlos.

La razón volvió en muchas ocasiones, era evidente que los ojos café-pájaro deseaban su libertad. El trato no fue ése, les dije susurrando por entre los dedos. Prometieron quedarse por siempre y ella no ha venido a solicitarlos. No los quiere. Es feliz estando ciega y romántico es que yo los tenga. De dejarlos libres ella pediría los míos, estos ojos que requiero, necesito para ver los suyos; ustedes que en mis manos juegan.

El tiempo transcurrió más rápido que mil relojes por segundo. La muerte alcanzó a los ojos. Cuando éstos se cerraron, arrancaron las manos de mi cuerpo; se las tragaron y las guardaron para siempre en el fondo de sus aguas rojas. Asequible fue el color antes imposible con estado-sentimiento.

La gigante roja es el siguiente comienzo.

 

IMAGEN

Mujer joven >> Jules Pascin., Bulgaria, 1885-1930.

Zaid Carreño. Escritor mexicano, 1973. Cursó la Licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación. Profesor universitario desde el 2000. Inicia su actividad literaria en 1992 dando a conocer sus primeros trabajos en la editorial electrónica Crunch! Editores y la revista Publicarte. En 2009 publica su primer libro Crónica de un día extraño. Para 2011 sale a la luz su primera novela Hégira, «un éxodo sin límites probables, un relato donde la imaginación convive con el mito, la ansiedad con la filosofía, el deseo con la agonía, la luz con la oscuridad». Mientras prepara la publicación de su segunda novela, Zaid Carreño se integra a un proyecto experimental con el que se busca la comunión entre artes plásticas y literatura, proyecto que culmina con la publicación de La bombilla sobre el plato y sus alrededores . En 2014 edita Memorias Falsas, “un collage de recuerdos de un sobreviviente de la Generación X como cualquiera»En 2016 reedita Memorias Falsas con Chiado Editorial, acercando su trabajo al viejo continente. Participa en la Feria Internacional del Libro de Lisboa de ese año con la firma del libro. El Manifiesto de lo Inifinto es un ensayo que publica en 2017. En el último lustro ha participado en la elaboración de guiones para cortometrajes y un largometraje, como Entre Luces de Irving Uribe Nares, corto que se presentó en el GIFF 2018. Hoy se encuentra trabajando en su primera novela infantil que espera publicar este año.

Crónica de un día extraño

Sólo algunos afortunados pueden darse cuenta de que todos los días son distintos, de que los pasos cotidianos pueden llevarte al mismo lugar a vivir de diferentes formas. Son muy pocos los venturosos que pueden encontrar, aun en la cotidianidad, un día extraño. Zaid Carreño es uno de esos afortunados, ha logrado presentar en Crónica de un día extraño, una serie de relatos que nos llevan a recordar las historias cotidianas que muchas veces ignoramos, pero que con un poco de imaginación nos pueden llevar a encontrar en la rutina diaria la diversión olvidada; imaginación, combinado con un claro y afortunado manejo de las letras, mostrado por Zaid en cada uno de los relatos cortos que emergen en este libro.

De la urbe a la sala de exposiciones, de lo onírico a lo trágico, del reflejo a lo inanimado y de la zona de no fumar a la polución total; son los relatos que nos permiten imaginar en la cotidianidad de Zaid Carreño, en la rutina ajena para intentar darle una mirada diferente a la propia. Ricardo Ham

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