LA TRANSFIGURACIÓN YAVIN 4/4

por Lord Crawen

LA ESTANCIA

“¡Dime cuál es tu nombre en la rivera de la noche plutónica! Y el cuervo dijo… (El cuervo-Edgar Allan Poe)

—¡Feliz cumpleaños a ti, Bob Yavin! —dijo Jaime.

—¡Buu aquí, rima con Bob Yavin! —dijo Sonia.

Bob Yavin despertó muy de mañana con un pastel hecho por su madre y un regalo de su padre. Con ambas manos, el pequeño Bob abrazó el enorme abdomen de Sonia.

—Gracias, hermanito o hermanita, pronto estarás con nosotros.

—Bien, Bob, por la tarde iremos a tu lugar favorito a festejar; termino unas cosas y nos vamos.

La mañana transcurrió rápida para Bob, terminó algunos deberes, tomó un baño y se fue. Al salir de casa, saludó a la vecina.

—Hola, señora Carmen, buenos días, hoy es mi cumpleaños.

—Buenos días Bob, lo sé. Por eso es que tengo un regalo para ti. Aguarda.

La mujer abrió su puerta carmín y atravesó un largo pasillo blanco, hasta abrir otra puerta del lado derecho. Era un largo pasillo, a Bob le gustaría recorrerlo. Carmen, minutos después, salió con un regalo en sus manos.

—Aquí tienes, cariño, que lo disfrutes.

Ambos se abrazaron.

Bob no entendía la razón por la cual el vecindario veía con malos ojos a Carmen, posiblemente por su color de piel. Volvió a casa y abrió su regalo. La caja contenía un balón de soccer, una playera del equipo local y una figura de su futbolista preferido.

—¡Oh sí!, ¡sabía que Carmen lo haría!

Salió nuevamente en busca de Carmen y volvió a abrazarla.

—¡Ya baja de ahí, niño, o vas a lastimarla! —gritó Sonia.

—Está bien que sea efusivo, da fuerza a su espíritu. Buen día, Sonia.

—Buenos días, Carmen. Más tarde iremos al lago, ¿quieres venir con nosotros?

—No, gracias, tengo cosas por hacer, que se diviertan.

El auto llevaba alegría, comida y juguetes. Pasaron por el orfanato, donde los niños ya se divertían en el patio. Bob siempre quiso organizar un torneo de soccer con todos los niños, en especial con un chico que jugaba de portero y era muy bueno y ágil.

—Mamá, ¿un día puedo jugar con ellos?

—Lo organizamos, cariño, y con gusto le pedimos a la madre Urpin permiso para que juegues con ellos.

Llegaron al lugar con un enorme y vasto pastizal verdoso. El río al fondo daba tintes de paz con el correr de sus aguas. Más al fondo, los rápidos del río bifurcaban en un corto espacio.

Comenzó el festejo. Nubes grises anunciaban lluvia, mas de momento ni siquiera se acercaban a donde los Yavin convivían.

Bob lanzó el balón hacia arriba y lo perseguía. Jaime seguía su paso, pero su pequeño hijo era demasiado hábil a tan corta edad. Sonia sintió un movimiento en el estómago y se sentó. Al percatarse, Jaime pidió a Bob seguir jugando un momento a solas para auxiliar a la madre. De nadie es el tiempo, nadie lo controla, pasa como el río, instantes sobrevuelan. Bob ya no estaba cerca.

Los relámpagos aparecieron, el asomo de una lluvia era latente, un viento frío sobrecogía a los Yavin, como el temor de no saber el paradero de su hijo. Jaime temía lo peor, que Bob fuese a caer en los rápidos. De ahí ya no sales con vida.

Uno a uno llegaron los servicios de búsqueda y emergencias. La lluvia no los dejaba trabajar. Sonia volvió a casa, Carmen cuidaba de ella. Le pedía encarecidamente calmarse, su sentir podría hacerle daño al bebé.

Jaime, junto con la policía, buscó a Bob, sin descanso.

Llegó la madrugada. Sonia despertó. Carmen dormía junto a ella. Jaime, de pie en la puerta de la habitación, empapado, batiéndose entre frío y tristeza, abrazó fuertemente a Sonia. Ambos cayeron al suelo y lloraron. Carmen despertó y se unió a ellos en un abrazo.

No pasó mucho tiempo para que la tristeza embargara a Sonia y fue a dar al hospital. Horas más tarde, confirmaron la pérdida del bebé.

Hundidos en la desgracia, los Yavin volvieron a casa días después, para despedir a sus hijos.

Una idea atravesó la mente de Jaime. Habló con Carmen, sabía de los enormes conocimientos de ella en algunas artes sensibles para el entendimiento humano. Sonia se negaba a ello, pero Jaime, aferrado a intentarlo, pidió a Carmen ayuda. No pudo negarse cuando vio en su cuenta bancaria el depósito hecho por Jaime Yavin.

—Necesitamos un niño casi de la misma edad que Bob… No les aseguro nada… pero si quieren intentarlo…

—¡Queremos que suceda! —dijo Jaime, molesto y desesperado.

—Tiene que pasar un tiempo de duelo para estas situaciones. Una vez que eso ocurra, podemos proceder.

Durante el sepelio, mucha gente acudió en apoyo a los Yavin. Carmen decidió no asistir, a pesar del amor que le tenía a Bob. La madre Urpin se acercó a Jaime para comentarle sobre la adopción de niños en el orfanato, pero todo a su momento. Los días pasaron, con Sonia recuperándose de todo el dolor y Jaime esperando a que Carmen tocara la puerta de su hogar.

Sucedió.

Un golpe fuerte y certero en la habitación. Sonia despertó en un sobresalto terrible, asustada. En las sombras, la figura de un pequeño niño parado sobre la puerta de su habitación. Recordó todo en sueños; ahora, lo ocurrido la noche anterior era real: el niño estaba vivo, de pie frente a su puerta. Con lágrimas y asustada, sacudió el cuerpo de Jaime, quien comenzó a despertar. La pequeña figura frente a ellos, en silencio, detenido sobre la puerta, sin decir una sola palabra.

—Buu ahí… —dijo Sonia, un tanto asustada.

No obtuvo respuesta.

—…Rima… rima… rima con… —con gestos, invitó al pequeño a terminar la frase. No hubo respuesta.

—Rima con Bob Yavin —concluyó Jaime de un golpe aquella frase. Ni una palabra. La mirada fija, parado sobre la puerta de su habitación.

—Dime algo, Robert —pidió Sonia.

—No… soy… Robert…

Ambivalencia. Mirándose uno a otro, Jaime decidió realizar la pregunta.

—¿Siloh?

—Llámenme como gusten —concluyó el pequeño. Paso a paso llegó hasta la cama donde los Yavin dormían. Al mirar el reloj, apenas daban las siete de la mañana.

—¿Quién eres? —preguntó Jaime.

—Soy. No les diré mi nombre, puede ser contraproducente. Nuestra identidad siempre debe resguardarse tras secretos, muchos secretos. Jaime, ¿acaso le darías tu nombre a un desconocido a cambio de algo? No lo harías, no respondas, sé tus respuestas.

—¿Qué eres? —preguntó Sonia, molesta y abrumada.

—Conocimiento. Eso es lo que buscaban y eso es lo que soy. Ustedes los mortales son predecibles, nunca dejan que el interior actúe, sólo se aferran a sentimientos. Soy conocimiento, hálito del pasado. Este recipiente es muy joven, servirá para todos los fines convenientes. No, no te atrevas a preguntar, Sonia, te daré la respuesta. Tienes muchos frascos en la alacena y cada uno lo llenas con algún contenido, luego cuando se termina, vuelves a llenarlo, mientras el recipiente no esté sucio o roto, no te deshaces de él. Bien, eso somos todos: recipientes. Pero en el interior, hay algo que cuando el recipiente ya no puede contenerlo, viaja a la nada, deambula y espera, por algún tipo de llamado, si podemos decirle de alguna forma…

—¡Detente ahí, llamaré a Carmen y haremos que te expulse, demonio! —gritó Jaime.

—¿Demonio? ¿Demonio yo? ¿Te atreves a llamarme demonio cuando fueron tú y tus esbirros quienes hicieron todo esto? ¿Acaso tengo la culpa de la muerte de tus hijos? Quisiste lavar tu pecado y tu error cambiando. A ustedes, mortales, les falta un enorme conocimiento de la vida y la muerte. ¿Demonio? No soy tal.

—Jaime, abandonemos a esta cosa, vámonos de la casa —dijo Sonia sumamente asustada.

—Ahora el abandono. ¿Qué dirán de ustedes las autoridades? Los buscarán y caerán presos. Yo volveré a ser libre, iré con otra familia y continuaré con mi estancia en este recipiente.

Jaime se lanzó sobre el niño, quien, con fuerza, lo arrojó fácilmente hacia la pared.

—No me retes, he esperado tanto el momento de volver a este mundo.

—¿Qué hicimos, Sonia?

—No sé, Jaime… Devuélvenos a nuestro hijo.

—¿Bob o el otro? Bob no quería volver. Es parte de la nada. Juega, tiene amigos, familia. El otro se encuentra en transición, pronto estará en el sitio donde Bob. Pobre niño, tampoco tenía nada. En realidad, ninguno tuvo algo en su vida. Esperemos la siguiente sea una mejor estancia. Para aminorar su carga de conciencia sobre lo ocurrido, debo decirles que pueden llamarme Bob frente a la mujer de color, ella ya debe saber que su trabajo se realizó con… digamos con un poco de éxito. Si se da cuenta que no soy Bob… bueno, perderá más credibilidad de la que ya ha perdido. En cuanto al otro niño, Siloh, los niños del orfanato y la autodenominada servidora del señor del cielo, se alegrarán de que me presenten como tal. Por cierto, ¿están listos para ese momento?

El niño salió de la habitación y bajó las escaleras sin dejar de mirar a los Yavin. Se quedaría por siempre sobre su sombra.

—Buu ahí… ya no rima con Bob Yavin… —dijo la pequeña figura aquélla y bajó peldaño a peldaño hasta situarse en la sala de la casa.

Los Yavin, preocupados, urdieron un plan para quitarse de encima al visitante. No podrían.

Llamaron a la puerta. Ambos se miraron. El niño, en pasos ligeros, se acercó a la puerta y la abrió. Los Yavin se miraron fijamente, observaron el calendario y Jaime descendió velozmente. Cuando llegó a la sala, ya era tarde.

—Madre Urpin, ¿le gusta la decoración de mis padres?

Aquella mujer, asustada, tomando entre sus manos una cruz de madera, apretándola tan fuertemente que las astillas penetraron sus viejas manos, con juicio nublado, no pudo dar crédito de lo que halló en la casa de los Yavin.

 

IMAGEN

Gargantua y Pantagruel >> Gustave Doré., Francia, 1832-1883.

Jezreel Fuentes Franco (Lord Crawen) nació el 29 de Junio de 1986 en la Ciudad de México. Estudió Ingeniería en Comunicaciones y Electrónica en el Instituto Politécnico Nacional; desafortunadamente, su pasión por la literatura y la música lo lleva a formar parte del taller de creación literaria impartido por el profesor Julián Castruita Morán y del taller de creación literaria impartido por el profesor Alejandro Arzate Galván. Participante de Concursos Interpolitécnicos de Lectura en Voz Alta, Declamación, Cuento y Poesía. En 2014 fue finalista del Concurso Interpolitécnico de Declamación. Participó en 4 obras de teatro de improvisación, las cuales fueron presentadas en los auditorios de la Escuela Superior de Ingeniería Textil y en el Cecyt 15. Ha realizado ponencias en eventos de “Literatura del horror” en el auditorio del centro cultural Jaime Torres Bodet. Publicó algunos trabajos para el portal electrónico “El nahual errante”. Actualmente, se desempeña como ingeniero de procesos de T.I.


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