CRÓNICA DE UN DÍA EXTRAÑO

(Incidente en la Calle de las Novias/ James Reeve)

La piel ya no volvió a ser de foca, la dejaría aquel día que entrara a tierra para seguirla. Hoy está muerto. Selkies les llaman. Les interesa algo de nuestro mundo y visten humanidad para andar por las calles sin problemas. Caminando por una, se encontró con la mujer más bella hasta ese momento por él vista… y distinta; quieta, sin parpadeo ni habla, blanca como grito de ola. Pero también arco iris: roja manzana en los labios, sus ojos, soles azules muy redondos de largos rayos oscuros cuales brazos de pulpo en fuga, y el cabello, también inmóvil, hacia cinco direcciones como estrella castaño cobre.

Se llama Custodio Luna, y es una foca enamorada de un maniquí.

—¡Qué hermosa es!— exclamó emocionado cuando la vio. Subió al avión que la trajera a México desde Irlanda. Un muchacho fornido la aventó junto con otras guapas a la caja de un camión. Custodio corrió tras ella kilómetros y más kilómetros. Extrañó en ese momento su cuerpo de foca y el mar; —De ser animal y el asfalto agua, ya la habría alcanzado— pensó. Llegó minutos después a una calle muy transitada del Centro Histórico de la Ciudad de México. Le llamaron la atención unas pilastras en la portada de un edificio; sabía eran barrocas, pero muy distintas a las que había visto en Europa. Sólo tardó unos minutos en contemplar la arquitectura, porque de inmediato bajó la muchacha en brazos de una anciana y fue depositada al interior de una tienda que en su margen superior rezaba: “Novias… Creaciones d ́ Paloma… Alta Costura”.

Custodio no se atrevió a entrar al lugar. Desde la acera de enfrente espiaba la realidad al interior de la tienda. Y entonces apareció radiante; hermosa. Superaba en belleza a las otras alrededor de ella. Le habían asignado el mejor lugar de la vitrina; las manos sosteniendo un ramo, vestida de blanco por una sofisticada indumentaria que provocaba sus lindos ojos azules brillaran más.

Ahí la dejaron y ella lo aceptó con gusto. Armada de novia todos los días era objeto de miradas de admiración. Las mujeres la envidiaban y buscaban presurosas desvestirla, pero ese traje había sido hecho sólo para ella. Los hombres la imaginaban moviéndose, respondiendo sí a la pregunta del sacerdote. Muchas personas la observaban, desde el bolero hasta la secretaria Rosita que de lunes a viernes pasa por esa calle rumbo al Museo de la Luz.

Una mujer le habla entre semana. Le ha puesto nombre a la novia; —¡Julita!— le grita para que le haga caso. Le cuenta que fue abandonada por su esposo e hijas y que sufre mucho porque está enferma de la depresión. —Ahí estoy— continúa —mira, muy cerca, limosneando; “Una moneda que sea su voluntad para tener algo que comer”. Cualquier cosa me avisas Julita—. Sus perros, siete, la siguen sólo un momento para luego buscar un mejor lugar donde echarse.

Custodio la visita todos los días desde hace cinco años; la ve de cerca, la ve de lejos, le habla, le pide que se casen: —Al fin que la ropa indicada ya la traes puesta— Julita nunca contesta. Custodio piensa robársela, pero hay mucho policía y además quién sabe si lo permitieran sus compañeras, también bellas, pero no tanto como su amada. Hay una que ha sufrido amputaciones. Le ha preguntado la razón por la cual le cortaron los brazos, pero ella tampoco contesta. Está desnuda de la cintura para arriba y es calva. Son dos las amputadas, sin embargo, Custodio cree la otra está muerta; no tiene cabeza. Todas usan vestidos hermosos, de novia por supuesto, y sonríen y coquetean con los ojos.

Una mañana, Custodio salió contento de su cuarto en una vecindad cercana. Se la iba a robar no importándole ni novias ni policías. Sonriente andaba cuando vio y escuchó llorar a la vieja de los perros; —¡Se ha ido!— repetía una y otra vez —¡Se ha ido!— mirando seguido hacia el negocio “… d ́Paloma…”. La foca corrió para apaciguar sus pensamientos pesimistas, hallando la realidad de ayer aún viva; Julita llena de luz hasta el frente de la vitrina humillando a la competencia. La foca llegó y puso sus manos en el vidrio. Sudaba, sudaba mucho. Entonces se vio; su reflejo espantado. Caminó hacia atrás algunos pasos, luego miró al cielo, puso las rodillas en el suelo y gritó: —¡Se ha ido, se ha ido!—.

La policía arribó unos minutos después para poner orden. Demasiado tarde; Custodio estaba muerto. Se había desvanecido, así nada más. Tal vez un paro cardiaco, quién sabe.

Las novias le miran desde los aparadores; hay caras de susto, de tristeza, de indiferencia.

Custodio está descalzo; la muerte ridícula. Tan emocionado estaba de que ya iba a vivir para siempre con Julita, que se le olvidó ponerse los zapatos.

Custodio, la foca que se enamoró de un maniquí, comienza a oler a mar.

Hoy, un hombre vigila a las novias maniquíes, y el barroco, y a los perros, y a la vieja, y a los policías; vigila la vida. El hombre es escritor. La vieja no lo ha visto, de haberlo hecho, ya le habría reclamado, con los brazos hacia el cielo y apretados: —¿Por qué te robaste a Julita?—.

IMAGEN

Tomada de la portada original. Por  Lissette Ávila Orozco. México: Samsara, 2009.

Escritor mexicano, 1973. Cursó la Licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación. Profesor universitario desde el 2000. Inicia su actividad literaria en 1992 dando a conocer sus primeros trabajos en la editorial electrónica Crunch! Editores y la revista Publicarte. En 2009 publica su primer libro Crónica de un día extraño. Para 2011 sale a la luz su primera novela Hégira, «un éxodo sin límites probables, un relato donde la imaginación convive con el mito, la ansiedad con la filosofía, el deseo con la agonía, la luz con la oscuridad». Mientras prepara la publicación de su segunda novela, Zaid Carreño se integra a un proyecto experimental con el que se busca la comunión entre artes plásticas y literatura, proyecto que culmina con la publicación de La bombilla sobre el plato y sus alrededores . En 2014 edita Memorias Falsas, “un collage de recuerdos de un sobreviviente de la Generación X como cualquiera»En 2016 reedita Memorias Falsas con Chiado Editorial, acercando su trabajo al viejo continente. Participa en la Feria Internacional del Libro de Lisboa de ese año con la firma del libro. El Manifiesto de lo Inifinto es un ensayo que publica en 2017. En el último lustro ha participado en la elaboración de guiones para cortometrajes y un largometraje, como Entre Luces de Irving Uribe Nares, corto que se presentó en el GIFF 2018. Hoy se encuentra trabajando en su primera novela infantil que espera publicar este año.

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Crónica de un día extraño

Sólo algunos afortunados pueden darse cuenta de que todos los días son distintos, de que los pasos cotidianos pueden llevarte al mismo lugar a vivir de diferentes formas. Son muy pocos los venturosos que pueden encontrar, aun en la cotidianidad, un día extraño. Zaid Carreño es uno de esos afortunados, ha logrado presentar en Crónica de un día extraño, una serie de relatos que nos llevan a recordar las historias cotidianas que muchas veces ignoramos, pero que con un poco de imaginación nos pueden llevar a encontrar en la rutina diaria la diversión olvidada; imaginación, combinado con un claro y afortunado manejo de las letras, mostrado por Zaid en cada uno de los relatos cortos que emergen en este libro.

De la urbe a la sala de exposiciones, de lo onírico a lo trágico, del reflejo a lo inanimado y de la zona de no fumar a la polución total; son los relatos que nos permiten imaginar en la cotidianidad de Zaid Carreño, en la rutina ajena para intentar darle una mirada diferente a la propia. Ricardo Ham

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