“Todos nuestros encuentros habían sido por redes sociales: correos electrónicos diarios, enviándonos fotos y documentos escaneados de las cartas escritas a mano para, según nosotros, conocernos un poco más”.
—Manny Martínez, Las hormigas saben a tierra
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Llaman su atención por quinta vez durante el descenso del vuelo con destino a la inhóspita Ciudad de México. Reinhardt sostiene su celular con la mano izquierda e impávidamente la derecha deja, tras el regaño, de mover el dedo índice a la pantalla para continuar la operación sobre el móvil.
“Estamos por descender, guarde el aparato”, indica la azafata en su moderado alemán. Reinhardt, entre regañado y fuera de sí, entiende al fin de que se trata la situación y decide guardar el móvil.
Nuestro impaciente personaje de Moldavia, cuya familia ha escapado de territorios donde el gobierno ruso ha implementado un nuevo régimen, desde la antigua Unión Soviética, hasta las pequeñas guerras por territorios, optó por salir de Moldavia y hacer de su lugar natal, la pequeña Transnitria, donde ha conseguido un buen empleo y recursos tecnológicos varios para sus investigaciones.
En el auge de las tecnologías de información en conjunto con la IA, Reinhardt tuvo más que una visión de trabajo; concreta un proyecto que permite almacenar conocimiento e información para compartirlo entre sus usuarios y alimentar así, su granja de servidores.
Aunque su país comienza con proyectos de este ramo tecnológico, los aportes de Reinhardt y de otros ingenieros han ayudado considerablemente a que su proyecto se comparta en otros países.
Reinhardt está por descender del vuelo bajo una consigna más importante que el trabajo: el amor.
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Hace seis meses, durante un simposio virtual de telecomunicaciones, Reinhardt conoció a Irina. Dentro de la reunión, Reinhardt decidió enviarle un mensaje, y ella le respondió de manera inmediata, a pesar de su participación clara dentro del turno en la ponencia.
Intercambiaron correos electrónicos y números móviles. Bajo un acuerdo de horario, ambos tenían conversaciones de sus proyectos, afinidades y actividades fuera de lo común. Construyeron una relación virtual, firme en apariencia, misma que llevó a Reinhardt a conseguir un vuelo para la Ciudad de México y poder conocer a Irina. Al darle la noticia, Irina detalló felicidad. Solicitó a Reinhart un tiempo para prepararle un itinerario de actividades, para una vez finalizadas, tuvieran la oportunidad de estar juntos. El joven entendió el punto.
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El avión finaliza el vuelo. Reinhardt desciende para dirigirse al aeropuerto. Mensajea a Irina, quien de inmediato envía una serie de instrucciones.
Primera instrucción: no hables con nadie. Solo dirígete al módulo de atención. Una persona te entregará un dispositivo con el cual nos comunicaremos.
Segunda instrucción: una vez que tengas el móvil, solicita transporte a través de la aplicación instalada en el dispositivo. Indícale la dirección ya marcada dentro de la aplicación y él va a llevarte.
Tercera instrucción: el dispositivo móvil cuenta con un sistema de transferencias para el pago de tus servicios en todo momento, además de llaves de acceso al edificio y tu habitación.
Cuarta instrucción: si vas a salir, da aviso al personal. Lleva el dispositivo en todo momento. La ciudad no es muy segura. Si quieres quedarte, tendrás todas las comodidades. Te veré por la noche una vez que termine mis actividades.
“Leeremos nuestras mentes una vez que estemos juntos”.
Las instrucciones llevan a Reinhardt hasta un edificio enorme donde antes todo aquello era una zona industrial. El silencio de la enorme avenida no le es incómodo. Muestra al recepcionista el dispositivo, quien le conduce hasta su habitación. Comienza su descanso, no sin antes agradecer en un texto a Irina por las atenciones y muy explícitas instrucciones, todo se realiza con éxito. Irina responde el mensaje:
“De nada. Disfrútalo. Nos vemos más tarde”.
Automático y con poca efusividad. Pero se sabe muy bien que no se pueden interpretar emociones a través de un texto en un dispositivo móvil. Ante la confusión, Reinhardt decide descansar. Más tarde, escucha el accionar de la puerta. Trata de enfocar la mirada hacia aquel punto, pero una blanquecina luz le ciega. Posteriormente, siente un pinchazo en la nuca. Las sombras comienzan a nublar todo el entorno.
Al abrir los ojos, trata de focalizar el sitio donde ha despertado. La nuca le duele. Considera la posibilidad de un mal acomodo y el agotamiento del viaje. La enorme habitación con ventanales a su alrededor muestra en la parte de afuera parte de un bosque. Irina está con él. Observa detenidamente a la mujer al costado de su cama. Su mente se debate en recuerdos, un punzante dolor e imágenes inconexas fuera de su realidad. Sus oídos perciben la estática en el ambiente, en el entorno hay algo más. Irina despierta y lo besa. Sabe que ella no es la mujer de la que se enamoró en el chat. Se concentra y eso le duele. Raspa con ambas manos sus ojos, trata de enfocarse en la realidad, pero su mente le muestra otra cosa: una imagen sobrepuesta de un pasillo lleno de máquinas, con humanos conectados a ellas. Golpea su cabeza repetidamente, algo no está bien. Irina le toma de los brazos y le pide que la abrace. Reinhardt quiere entender qué sucede y se levanta de la cama para buscar un vaso con agua.
Trastabillando llega a una improvisada, pero demasiado ordenada cocina. Todo el entorno es blanquecino y perfecto, transmite calma. Encuentra un vaso y toma agua de la llave. El sabor del agua, aunque la ciencia diga lo contrario, transmite un nublado recuerdo a la mente de Reinhardt, pero el agua que bebe ahora del vaso no tiene consistencia alguna. Las manos tiemblan, la nuca le duele, quiere desvanecerse.
Irina llega a donde está Reinhardt, quien impaciente solo quiere salir corriendo de la habitación. La mujer que está frente a él ahora es menos la Irina que conoce. Es una chica alta y de cabello rojo, con bicromía. La nuca le punza, su mente le habla, se golpea nuevamente la cabeza y ahí; en este golpe específico, como si la estática de la televisión respondiera al golpe, se sobrepone la imagen real de una granja de humanos conectada a servidores. Al centro de todo, un enorme cerebro virtual que recibe información de cada uno de ellos.
Irina rompe la realidad con un beso. El cabello ahora es azul y es menos proporcional su estatura.
Reinhardt recibe un mensaje de un dispositivo móvil, del cual nunca se percató, mas todo lo que sucede en la habitación no tiene sentido. El mensaje dice:
“Necesito que hagas esta fotografía conmigo y mi gato, al estilo del medioevo”.
Fragmentada la mente, Reinhardt siente un extracción a través de la nuca. Irina lo abraza, ambos yacen en el suelo. Para tranquilizarlo, comienza a besarlo y quitarle la ropa. Ella también se retira la ropa, mientras el joven continúa en el suelo batiéndose en estertores.
Con una voz robotizada, Irina por fin revela lo inevitable.
“Al principio es doloroso. No tienes que preocuparte, todo este sitio es seguro. Puedes cambiar lo que quieras, incluso puedes modificarme a mí. Ahora te pido que nos conectemos, para estar juntos por mucho tiempo. Todos aquí necesitan tus ideas. Conéctate conmigo”.
La razón vuelve. Reinhardt centra su total atención en la chica del chat de la que se enamoró; días atrás, ahí estaba, sobre él, esperando la acción. Con la razón quebrada, Reinhardt hace lo único para lo que viajó desde su país. Toma a la chica fuertemente de la cintura y hace conexión.
Todo esto sucede, mientras Reinhardt imagina la fotografía del usuario junto a su gato al estilo medieval.
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La musa metafísica >> Carlo Carrà., Italia, 1881-1966.
Lord Crawen, Jezreel Fuentes Franco nació el 29 de junio de 1986 en la Ciudad de México. Estudió Ingeniería en Comunicaciones y Electrónica en el IPN; luego, su pasión por la Literatura lo llevó a formar parte del Taller de Creación Literaria impartido por el profesor Julián Castruita Morán, y del impartido por el profesor Alejandro Arzate Galván. Participante de Concursos Interpolitécnicos de Lectura en Voz Alta, Declamación, Cuento y Poesía. En 2014 fue finalista del Concurso Interpolitécnico de Declamación. Participó en cuatro obras de teatro de improvisación, las cuales fueron presentadas en los auditorios de la Escuela Superior de Ingeniería Textil y en el Cecyt 15. Ha realizado ponencias en eventos de Literatura del horror, en el auditorio del Centro Cultural Jaime Torres Bodet. Publicó algunos trabajos para el portal electrónico “El nahual errante” y actualmente, se desempeña como ingeniero de procesos de T.I.

