FERNÁNDEZ A LA CONQUISTA DEL NUEVO MUNDO XIV

por Rafael González Alva

La carta tenía que llegar a manos del General Carlingio Velázquez. Esta sería la última canallada que Neriela le taparía a su buen capitán. Había ya renunciado a la salida, la puerta estaba lejos para arrepentirse, el General sabría y Fernández pagaría por sus fechorías. No obstante, conforme fue avanzando de nuevo entre el jardín hacia la casa, los humos de Neriela bajaron hasta que pudo pensar de nuevo con la cabeza fría. Pronto volvió a cambiar su rumbo y, al salir por completo de aquella pedantesca mansión, decidió una mejor manera de lidiar con la situación.

Catrina Velázquez, Catrinita, no movió ni un músculo al leer la carta de Aurelia. Neriela, a su vez, la veía con incredulidad, pues no concebía que en esa dulce mujer pudiese caber tanta frialdad.

—Ya lo sabía.

—¿Disculpe?

—Ya lo sabía. Ya lo sabía, querida… Oh, vamos, no pongas esa cara de sorpresa. Tú mejor que nadie conoces a Mariano. Sabes que es un canalla de primera.

—En realidad, yo…

—Ahórrate las cortesías, querida. No veniste aquí por eso ¿o sí? Veniste por venganza. Vamos, ¿qué te hizo a ti? No respondas, lo sé bien. No soy tan tonta como crees.

—¡De ninguna manera, señora! Yo sólo quería, yo sólo pretendía…

—Vengarte, niña. Vengarte es lo que pretendías, lo que pretendes.

Neriela enmudeció su mirada y la dirigió cuidadosamente a la de Catrina. Tomó varios segundos antes de contestar con una voz seca:

—¿Y cómo lo haremos?

—Yo estoy demasiado enferma y vieja para hacer cualquier cosa. Tú, en cambio, eres bastante joven y, encima, militar. Esto haremos…

El plan de Catrinita no parecía muy sensato para la Teniente, pero la emocionaba en suma. De hecho, en parte era casi el mismo plan que se había formulado para sí al terminar de leer la infausta carta, pero Catrina le aseguraba que tendría repercusiones mayores.

Aquella noche, la víspera de la ceremonia oficial de nombramiento de Mariano como Adelantado de Nova Centauri, por primera vez Neriela desenfundaría su arma con intenciones letales. Más que su entrenamiento formal, aprovechó su experiencia al recoger el paquete de Aurelia para escabullirse en su casona y llegar lo más cerca que pudo de la ventana de su habitación. Neriela sabía que esa noche el General Velázquez la pasaría con su cuñado en una especie de precelebración oficial-extraoficial. Cuando la Teniente encontró el ángulo perfecto, lo demás fue esperar la justa luz de Luna y el preciso ruido de la noche.

En su casa, sobre su cama, bajo las sábanas convenientemente acomodada, Catrinita hizo lo propio.

Rafael Alejandro González Alva nació en la Ciudad de México en 1993. Es Lic. en Diseño por la Universidad Autónoma Metropolitana y Lic. en Lengua y Literaturas Hispánicas por la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha trabajado en empresas y proyectos relacionados con el diseño gráfico y la literatura, de entre los que destaca haber sido parte del grupo de trabajo del PAPIME “Leliteane. Lengua, literatura y teatro en la Nueva España”, dedicado a la difusión y estudio de las letras novohispanas. Actualmente cursa el XVI Diplomado de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, que imparte el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura desde 2010. En 2020 comenzó a publicar verso y prosa breves en medios digitales.


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