A mi hermano Daniel, gamer prolijo.
A Gabriela Román, Horacio Almada, Aurora González y Margarita González,
Personas:
Iván Cinmientes, 30 años — Chico
Gilberto Caro, 16 años — Chica
Rosafina López, 15 años — Vago
Clemente Cinmientes, padre de Iván — Policía
Bianca Peña, madre de Iván — Oficinista
Niño vendedor
***
Acto III
Escena I
.
CLEMENTE: ¿Cómo tanta necedad
caber puede en una mente
(y que en nombre presumía
que ya nada le cupiese)?
¡Mi hijo estaba reformado,
su vivir era el corriente
a un hombre real debido:
trabajo de nueve a nueve,
solo un día de descanso,
prestaciones de las leyes
y un bien fijado salario!
¿Cómo después de así alegre
haber vivido la vida
retorna el Iván ausente
que se conforma mentido
con las mentiras de siempre?
¡Muy maldita sea la hora
en que estos vanos juguetes
inventaron los demonios,
que aparentan, inocentes,
ser una distracción más,
pero invaden fieramente,
sin cuartel, con fantasías,
las simples, jóvenes mientes
que en vez de recoger rosas
puntos cogen virtualmente,
y experiencia, dicen ellos,
y trofeos y niveles!
Pues mal usa la experiencia
nuestro Iván de aquestos meses
si cree que tolerante
seré y el regresar puede
a su holgazana rutina.
¡Iván…! (Trata de acercarse a IVÁN.)
.
BIANCA: ¡Tente, mi bien, tente!
¿Qué ganas con otra vez
intentar lo que pretendes?
¿Segunda vez de aquí correrlo
y segunda vez inerme
rescatarlo de sí mismo
en verdad buscas, Clemente?
Mejor ayuda paterna
nuestro hijito se merece,
no solo al cruel mundo echarlo
y mal dejarlo a su suerte.
Además, no es laboral
el problema que Iván tiene.
.
CLEMENTE: ¿A su “enfermedad” alegas (Hace comillas.)
de nuevo, Bianca?
.
BIANCA: Si fuese
eso, más simple sería
la solución.
.
CLEMENTE: No me dejes
así, mujer: dime entonces
de qué, según tú, él padece.
.
BIANCA: ¡De amor!
.
CLEMENTE: ¡Bah! ¡Faltaba más!
¿Todo el problema es aquese?
¿Tanto lamento por nada?
Si es mujer lo que Iván quiere,
a Tlalpan nos vamos ya…
.
BIANCA: ¡No! ¡No es aqueso, Clemente!
¡Y qué atrevido al pensarlo!
.
CLEMENTE: Bueno, si un chico prefiere…
.
BIANCA: ¡Tampoco eso viene al caso!
No. Lo que tu hijo adolece
es el amor de a de veras,
el que el juicio te pierde
y tu insomnio todo ocupa,
pues tu alma a un hilo pende;
es el amor de inmortales,
el amor de fuego ardiente,
el amor de flama eterna,
el de dos únicamente;
es el de Paris y Helena,
el de Ulises y Penel’pe
el de Romeo y Julieta,
el de Julia y Richard Gere.
¿O acaso ya has olvidado
cuando estabas tú, Clemente,
tan enamorado y joven
que ignorabas cómo hacerle
para que una Bianca alondra
voltease siquiera a verte?
.
CLEMENTE: Bueno… pero ¿cómo sabes
todo aqueso?
.
BIANCA: Transparente
siempre es un hijo a su madre;
además, encontré aqueste
papel en su habitación (Saca un papel de su ropa.)
que declara lo que siente.
.
CLEMENTE: ¿Una carta?
.
BIANCA: No, un poema.
.
CLEMENTE: ¿Y de dónde eso le aviene?
.
BIANCA: Pues más poetas que amantes
ha hecho el amor con sus redes.
.
CLEMENTE: ¡Boberías! Pero al cuento,
leámoslo…
.
BIANCA: Encontinente:
.
Canción más desesperada
Por un rato que se ignore
no quiero la pena mía
que me trae aquesta suerte,
pues por que mejor se llore
en aquel postremo día,
anuncio ahora mi muerte.
Y por que mejor despierte
en sus almas la desdicha,
sepan que nunca he vivido
nada más que amor fingido,
porque aquel que se encapricha
con pensar desatinado
cree que es enamorado,
cuando sabe que será
solo un eterno cuitado,
pues su hado a más no da.
.
Oigan, pues, no una canción,
sino el bárbaro ruïdo
que a unir me atrevo agora
con trizas de un corazón
que bien creyó haber sentido
aquese mal que enamora.
Y si mi voz, sufridora
de desdenes amorosos,
ya tanto llega a oírse
que no pueda más sufrirse,
solo espero que, penosos,
dos füeran los oídos
que me oyeran afligidos,
que este baladro es para ellos;
y si aún siguen unidos,
olvidos me dé el querellos.
.
Un hermano yo tenía
en cruzando el corredor
cuyo aprecio tan genuino
creí que le confería
hasta mi id de jugador,
sin saber que mi mal sino
habitaba en mi vecino.
La vida era más bella,
pues me ayudó a conocer
que afuera hay mundo que ver,
e incluso por él vino ella…
¡Ay, pero la traïción
es humana condición!
Amé a aquesa chiquilla
y a él dije mi intención,
¿traición no fue él requerilla?
.
No para aquí mi desprecio,
que allí yo estuve a mirar
cuando él se le declaró
y presencié cómo, necio,
el mi amigo sin dudar
mi existir no desmintió
a la que adamaba yo…
Sea tal, pues, mi desgracia
que incluso en la presente hora
mi enemiga aún ignora
que mi alma no se sacia
cuando está por ella ausente.
Si el amor inexistente
declararme así se agencia
con un callar solamente,
¿quién miente mi existencïa?
.
Quizá nunca ha sido, y si es,
no lo sea, pues mentido
todo agora ser advierto,
y estando así, a la vez
ignorado y conocido,
el vivir dudoso, incierto,
el morir es lo más cierto.
Présteme, pues, una soga
el desdén, celo o ausencia,
pues cualquiera en su dolencia
sin más reparos me ahoga,
y cuando ninguno atienda,
de mi muerte la leyenda
sea solo el recordar
que matome aquella prenda
que ofrenda fue de mi amar.
.
Canción más desesperada,
si lo fuiste, concertada
ya has la fecha en que mi vida
se sujete a una cuerda
y pierda yo otra partida.
.
CLEMENTE: Pues no muy buenos poetas
hace el amor.
.
BIANCA: A Iván puede
que no, pero ¿es enserio eso
lo que del texto te mueve?
¡Nuestro Iván muere de amor
y de amor morirse quiere!
.
CLEMENTE: Solo es un poema, Bianca,
y mentirosos y aleves
siempre han sido los poetas:
nunca escriben lo que sienten
ni dicen verdad alguna,
antes fingen lo que quieren
o, si no llegan sus musas,
solo fingen lo que pueden.
Por tanto, querida Bianca,
ni una palabra creerle
podemos a esta canción.
.
BIANCA: Di lo que quieras, Clemente,
pero aquí dice muy claro
que Iván espera la muerte. (Solloza.)
.
CLEMENTE: Si aqueso fuera verdad,
ya no estaría él presente…
.
BIANCA: ¿Y tú crees que es vida esa
entre sombras y entre pestes,
viendo tanto esa pantalla
que apenas juzgarlo ausente
fuera decir de sus penas
solamente la más leve?
.
CLEMENTE: Antes no te molestaba.
.
BIANCA: Aquesto es muy diferente;
nuestro hijito en vida ha muerto,
y si no me crees, leete
este otro poema suyo (Saca otro papel y se lo extiende.)
que hallábase juntamente
con el primero.
.
CLEMENTE: ¡Más versos
de él sufrirse no se puede!
.
BIANCA: Pues bien, ya lo leo yo:
.
Poema intitulado sin título
¿Quién juraba ser mi último enemigo?
Un mi amigo.
¿Y quién fue de nuestra amistad la ruina?
Rosafina.
Mas ¿quién, envidioso, esto comenzó?
El que hurtó.
Porque desde que no me contestó
insólito, sí, juzgué su actüar,
pero ¿cómo podía sospechar
que un mi amigo a Rosafina me hurtó?
.
Si un amigo así me es tan desleal,
¿qué es real?
Si el amor, que es eterno, presto expira,
¿qué es mentira?
Y si, en fin, todo afuera es falsedad,
¿qué es verdad?
Si es mentida aquesta realidad,
¿estotra que elijo por qué será
menos real cuando se ha visto ya
que es real ser mentira la verdad?
.
¿Qué es, entonces, realidad fingida?
La mi vida.
¿Viviendo el mundo real qué perdí?
Solo a mí.
Mas si falsa es, me puedo recobrar…
con jugar;
que si, al ser mentido, es tan similar
el aquí jugar del allá vivir,
ya nada me debería afligir,
pues la vida para mí es el jugar.
.
CLEMENTE: ¡De eso nada! Muy paciente
hasta agora he sido, Bianca,
pero ya fue suficiente
de esta inútil discusión.
Seguir así Iván no puede,
menos si agora el jugar
dice que es su vida o muerte
o lo que quiso decir
con versos tan deficientes.
¡De esta casa Iván se va
y a mi fe que para siempre!
.
CLEMENTE trata de acercarse de nuevo a IVÁN y BIANCA lo vuelve
a detener más bruscamente. IVÁN sigue enajenado.
.
BIANCA: ¡Pues yo ya no dejaré
que tus errores se lleven
a otro hijito de mis brazos!
¿O acaso crees, Clemente,
que me he olvidado de ella?
Cada día aún más fuerte
se hace en mi alma la ausencia;
digo su nombre en mi mente
fïando que esta quizá
su dulce cara recuerde,
pero nada llega al fin,
¡y si llegase, no alegre
sería, pues desque tú…!
.
CLEMENTE: ¡Está bien! ¡Es suficiente!
¡Calla! Tú ganas, mujer.
¿Qué, entonces, hacer pretendes
para solucionar esto?
.
BIANCA: En mis manos deja aqueste
problema, que yo bien sé
lo que nuestro Iván requiere,
y tengo ya un plan trazado
que de tu parte, Clemente,
lo único que necesita
es que sentado te quedes.
.
BIANCA sale al pasillo decidida. CLEMENTE solo se sienta, como haciendo berrinche, mientras la ve salir.
.
.
Escena II
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BIANCA toca la puerta de GILBERTO y este salta del sillón junto con ROSAFINA.
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ROSAFINA: Dijiste, amigo, que hoy nadie vendría,
que si tus padres nos cachan así…
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GILBERTO: Nadie, en efecto, hoy venir debería;
no sé quién pueda ser.
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ROSAFINA: ¿Y qué tal si
son mis padres, que nuestra fantasía
han descubierto y vienen ya por mí?
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BIANCA: ¡Gil y Rosa, aunque las luces apagan (Toca otra vez.)
sé que están ahí! ¡Atiendan ya y no se hagan!
.
GILBERTO: Esa voz… Es mi vecina de enfrente.
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ROSAFINA: ¿Y por qué, Gil, te busca otra vecina?
.
BIANCA: ¡Abran o a sus padres encontinente
llamo!
.
ROSAFINA: ¡Abre, Gil, o aquí todo termina!
.
GILBERTO abre la puerta y entra BIANCA.
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GILBERTO: ¿Señora Bianca, qué tan de repente
la trae?
.
BIANCA: Hola también, Gil. Rosafina.
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ROSAFINA: ¿Cómo sabe mi nombre esta señora? (A GILBERTO.)
.
GILBERTO: No lo sé. Quizá es una acosadora… (A ROSAFINA.)
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BIANCA: Puedo oírlos todavía, queridos.
Pero descuiden, sé que están nerviosos,
también lo estaría si ver perdidos
pudiera mis intentos amorosos
con visitantes tan descomedidos,
y aún más sin saber si pudorosos
estos serían con un mi secreto
que no pudiera andar por ahí inquieto.
Yo sé que tus padres, Gil, son muy estrictos
y los tuyos, Rosa, algo celadores,
y claro que no queremos conflictos
porque los sepan grandes amadores;
mas no se acongojen ni estén aflictos,
que su secreto no irá a mayores
orejas y bien seguirá encubierto
mientras que me desfagan un entuerto.
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GILBERTO: ¿Qué es lo que de nosotros necesita?
.
BIANCA: Nada más, Gil, que me eches una mano
diciendo la verdad a tu amiguita.
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GILBERTO: ¿La verdad? De enterderle estoy lejano…
.
BIANCA: La verdad, Gil, de que tu lengua admita
aquel sentir de tu amigo, tu hermano,
“tu bro”, Iván, ¿recuerdas el nombre acaso?
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ROSAFINA: ¿Iván no era, Gil, un tu alias de paso?
.
BIANCA: Yo bien podría todo rebelalle,
que Iván conmigo nada se ha guardado;
y aun sabe, Gil, que sé cada detalle,
porque allí estaba él cuando confesado
fue tu amor, tras de un arbóreo talle,
viendo cómo por ti era traicionado.
Mas callo, que es mejor que por tu boca
Rosa oiga lo que a ti decir te toca.
.
ROSAFINA: ¿De qué está hablando esta señora, amigo?
¿Iván no solo un nombre inventado era
que tú empleaste para hablar conmigo
en aquella tímida vez primera?
.
GILBERTO: No… No fui del todo honesto contigo,
Rosafina, pues de alguna manera
tú creíste que Iván era un mi invento
y no te desmentí; ya lo lamento…
Iván existe y es de carne y hueso,
ella es su madre, porque Iván mi vecino
y mejor amigo era –lo confieso–
hasta que te cruzaste en su camino
e igual que yo por ti perdió su seso;
su amor me reveló y su Celestino
me pidió ser, si recuerdas, amiga,
y le cumplí a pesar de mi fatiga.
No negarás frente a esta señora
que te dije que Iván te requería
y hasta lo citaste en un lugar y hora;
claro que desde ahí fue culpa mía,
pues esa cita Iván aún ignora
o, al menos, que para ustedes sería,
que al parecer de algún extraño modo
él estaba en el parque y lo vio todo.
.
BIANCA: Estos papeles que Iván escribió
dicen el asunto más claramente.
.
BIANCA saca los papeles con los poemas de IVÁN y se los ofrece a ambos.
ROSAFINA los toma y lee en silencio.
.
ROSAFINA: ¿Es verdad, ¡ay!, que Iván tanto sufrió?
.
BIANCA: Un poeta, querida, nunca miente.
.
ROSAFINA: Pues agora entender no puedo yo
cómo un amigo, un hermano vilmente
pudo así tratar a su compañero,
siendo de amor otro amor traicionero.
.
GILBERTO: ¿Cómo, amiga, no puedes entendello
si por amor lo hice y no por cualquiera,
sino por el nuestro, que lo más bello
ha sido que sucedernos pudiera,
cual dijiste hace poco sin temello?
¿Tanto condenas el que me atreviera
a hacer eso mismo que deseabas
y hace tantos años que te callabas?
.
BIANCA: Mas ¿por qué justo lo hiciste, Gilberto,
cuando Iván también se enamoró de ella?
¿No sopesaste acaso el desconcierto
de tu acción al tu amigo conocella?
¡Agora mi Iván está como muerto,
tan endiosado a la pantalla aquella
que peor vive ya que un vagabundo
y el juego dice ser todo su mundo!
.
ROSAFINA: No negaré que el tenerte a mi lado
ha sido lo más bello de mi vida,
mas saber que a costa de un cuitado
fue aquesta nüestra unión nacida
un hondo hueco me abre que llagado
mi corazón deja y mi alma divertida,
pues debes de admitir, querido Gil:
lo que a Iván hiciste es algo vil.
.
BIANCA: Es grato, hija, ver que aún su conciencia
la juventud conserva aunque escondida;
les pido a ambos, pues, que en consecuencia
actúen y aquesa intención suicida
quitemos a mi hijo, que tal dolencia
puede por ustedes ser resarcida.
.
GILBERTO: Sea más directa y del todo franca,
¿qué requiere de nos, señora Bianca?
.
BIANCA: Que finjan su noviazgo terminado.
.
GILBERTO: ¡Eso nuestro castigo mucho excede!
.
ROSAFINA: No es castigo, sino haber ayudado
a que un propio enredo se desenrede.
.
GILBERTO: ¿Con otro enredo que más enredado
tendrá a Iván, si concebir se puede?
.
ROSAFINA: ¿Tu amigo sí te preocupa agora?
.
GILBERTO: ¿Tú estás de acuerdo con esta señora?
Porque no solo pide que rompamos,
¡tú sabes que su inteción verdadera
es juntarte con Iván!
.
ROSAFINA: Pues seamos,
Gil, tolerantes, porque comoquiera
nosotros aqueste mal provocamos.
.
GILBERTO comienza a caminar y dar de vueltas desesperadamente.
.
BIANCA: Si Iván en tus zapatos estuviera,
yo sé, hijo, que haría lo correcto,
si no por bueno, por su viejo afecto.
.
GILBERTO: De acuerdo, señora, no me opondré (Tras un breve silencio.)
(y tampoco es que tenga mucha opción.) (Aparte.)
.
ROSAFINA: ¡Ese es el Gil del que me enamoré!
Sabía que obrarías de corazón.
.
BIANCA: ¡Gracias, hijos, de ustedes no esperé
otra cosa! Y calma, su relación
seguirá, que solo frente a Iván
fingiremos, pues he trazado un plan…
.
Se oscurece el teatro.
.
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Escena III
.
El espacio seguirá con la misma disposición. En la sala de IVÁN estarán CLEMENTE y BIANCA, sentados a la mesa comiendo. Por el pasillo entra IVÁN, vestido como el OFICINISTA, y entra a su casa. Al mismo tiempo, GILBERTO estará en su sala y cuando escuche los pasos de IVÁN se recargará en su puerta, como espiando.
.
BIANCA: ¡Hijo, qué bueno que vuelves
justo a la hora de la cena!
¿Sí comiste? Igual ven, siéntate,
ya está servida la mesa.
.
IVÁN: Gracias, mamá, muero de hambre.
.
CLEMENTE: ¿Todo bien, hijo, allá afuera?
¿Cómo te fue en la oficina?
.
BIANCA: ¿No los tres meses de prueba
hoy terminaban, Iván?
.
IVÁN: Sí, hoy terminaban… ¡La empresa
ya me contrató de planta!
.
CLEMENTE: ¡Iván, hijo, enhorabuena!
.
BIANCA: ¡Felicidades, hijito!
.
IVÁN: Gracias, gracias. Nunca hubiera
podido, no, sin su ayuda,
sin su ayuda… ¡y la de ella!
No la venda me quitara
ni los ojos nunca abriera
si Rosafina a mi vida
no feliz venido hubiera.
¡Cuán errado estaba yo
con creer que esa pequeña
emulación de este mundo,
aunque en HD se vea,
la vida era y el camino,
la verdad y la belleza!
Pues ¿qué belleza más grande
y qué verdad más sincera,
qué camino más seguro,
y qué vida la más buena
hay que aquella que el amor
toma por única senda?
Mi senda es mi Rosafina
y no creo a más quimeras
doblemente fementidas
por digitales esferas
habitar; antes cavilo
(y en solo esto mi cabeza
se divierte sin mentiras)
sobre la mi compañera,
sobre su actual paradero
y sobre qué hará mientras
que los dos lejos estemos,
o si acaso, ¡ay!, estará ella
pensando en mí o en esotro…
Pero bueno, como sea,
conozco que ella me adora
y este es amor de a de veras,
que si me marcho, se marcha
y si me quedo, se queda.
Por eso me he esforzado
por quedarme en esta empresa,
pues no tengo ya más dudas:
a ella la nupcial presea
algún día le daré
y confío en su respuesta;
y el casado casa quiere,
en aquesto la potencia
el que solo la posee
es el dinero de veras,
no el que se obtiene saltando
hongos para asir monedas.
Venga, pues, este trabajo,
que igual no tanto se aleja
de los juegos ni es tan malo,
pues ambos libre aparentan
hacerte, uno en fantasías,
otro en la bancaria cuenta,
de tal modo que parece
que hacer puedes lo que quieras,
cuando solo en realidad
puedes hacer lo que puedas,
y aun, ya condicionado,
hay que hacer lo que se deba
para seguir en el juego
o en la vida, que igual cuesta;
y ya aquesta por esotro
no cambiara, que en aquesta
solo vive Rosafina,
mi luz, guía y compañera,
y pues gracias a ella sé
que el vivir vale la pena,
con ella la he de vivir
y la he de vivir por ella.
.
CLEMENTE: A aqueste portento, esposa
mía, doy crédito apenas;
que Iván tanto ha mejorado
que mucho ignoro cuál ciencia
tanto bien pudiese hacelle.
.
BIANCA: ¿No paraste bien la oreja,
Clemente? Fue la de amor,
que no hay nada que no venzan
las flechas del niño dios.
.
CLEMENTE: (Y menos si tan derechas (Aparte.)
las manda, y como escondidas,
la mano de amor materna.)
.
BIANCA: ¿Qué murmuras, amorcito?
.
CLEMENTE: Nada. Solo que aún piensa
y se sorprende mi juicio
de que a tan buena doncella
nuestro tan bizarro Iván
conquistar diestro pudiera.
.
IVÁN: Aún más yo me sorprendo
de que Rosafina sea
mi novia y a mi ami… a Gi…
a aquel sujeto quisiera
abandonar de repente.
.
BIANCA: Portentoso es ese tema,
mas dejémoslo mejor (A CLEMENTE, enojada.)
y vayámonos afuera,
porque mejor celebrarse
merece este logro.
.
CLEMENTE: Sea,
que has toda la razón, Bianca
querida.
.
Desde el fondo del pasillo entra ROSAFINA, cuando llega a las puertas de IVÁN y GILBERTO (que están a la misma altura), se detiene y se queda en el centro, dudando de a cuál tocar. GILBERTO, que no ha dejado de espiar, se emociona cuando ve a ROSAFINA por la mirilla y hace ademán de salir, pero no lo hace, pues nota la duda en ROSAFINA.
.
IVÁN: Mucho me apena,
padres míos, pero planes
tengo ya, pues a la espera
estoy de mi Rosafina,
que primero fui con ella
cuando volví del trabajo
y díjele que a la cena
con ustedes subiría
y ella quedó que en medïa
hora vendría a buscarme
para salir y la ausencia
de este día reparar
a la luz de luna llena.
.
BIANCA: ¡Oh Iván, hijo, qué ternura!
¡Por supuesto, no hay problema!
¿Verdad? (A CLEMENTE.)
.
CLEMENTE: No lo hay, otro día
será.
.
ROSAFINA se decide y toca a la puerta de IVÁN. GILBERTO, al verlo, se aleja de la puerta y se sienta en su sillón con los codos sobre las rodillas y las manos en el rostro.
.
IVÁN: Debe de ser ella.
.
IVÁN abre y ROSAFINA entra. Se saludan con un beso.
.
ROSAFINA: Hola otra vez, amor.
.
IVÁN: ¡Hola,
amor, estaba a tu espera!
.
ROSAFINA: Don Clemente, doña Bianca.
.
CLEMENTE: Clemente, hija, basta a secas.
.
BIANCA: Y conmigo Bianca basta,
querida, de igual manera,
que siento que historia habemos
como si ya familia fueras.
¡Seas, Rosa, bienvenida!
.
ROSAFINA: ¡Muchas gracias y qué pena…!
.
IVÁN: No te apene, Rosafina,
que no cabe en tu discreta
beldad. Mas basten agora
las cortesías, que es buena
noche y ya nos la perdemos.
Más tarde volveré. (A sus padres.)
.
BIANCA: Tengan
linda velada, mis hijos.
.
CLEMENTE: Que su noche buena sea.
.
ROSAFINA: Muchas gracias, buenas noches.
.
IVÁN: Más noche estaré de vuelta.
.
IVÁN y ROSAFINA salen al pasillo e IVÁN comienza a atosigarla con besos y caricias, que ella se resiste como sin querer. Al escucharlos, GILBERTO se vuelve a agazapar a su puerta.
.
ROSAFINA: Todavía no, amorcito.
Espera hasta estar afuera.
.
ROSAFINA mira culposamente hacia la puerta de GILBERTO y luego sale junto con IVÁN. Mientras recogen la mesa BIANCA y CLEMENTE siguen conversando.
.
CLEMENTE: ¡Qué gran teatro has montado!
.
BIANCA: No es teatro si por cierta
Iván toma la fortuna
que le pasa y verdadera
es la merced que consigue
por ella, pues, que yo sepa,
su trabajo falso no es.
.
CLEMENTE: Ciertamente. Mas apenas
nuestro Iván abra los ojos
y de todo se dé cuenta
en el sofá otra hecatombe
auguro de juegos nueva.
.
BIANCA: No habrá tal, que Rosafina
ya amorosa hace su prenda
a Iván, trocando en verdad
la ficción, y si no hicera,
nüestro Iván es un hombre,
un hombre como cualquiera
y como cualquïer hombre
con el engaño se queda
que mejor ha conocido
aunque no ignore que sueña.
.
CLEMENTE y BIANCA salen.
.
.
Escena IV
.
GILBERTO sale al pasillo.
.
GILBERTO: ¡Sea mil veces maldita
aquesa vil embustera (Señala la puerta de IVÁN.)
que mintió a mi compañera,
desde esa aciaga visita,
ser fingida su quimera!
¡Y maldita también ella,
que no alcanzó a distinguir
el ser del solo fingir
y ha pisado nuestra estrella
de un unido porvenir!
¡Pero más maldita sea
aquesta inocencia mía,
que por estar tan vacía
de barba, o bien pigmea,
la cara me vio ese día
la madre de ese gañán!
Pero esto no así se queda,
¡yo moriré antes que ceda
mi Rosafina a Iván!
Los seguiré hasta do pueda.
.
Sale tras de IVÁN y ROSAFINA.
.
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Escena V
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De noche, sentados en una banca del mismo parque de antes están IVÁN y ROSAFINA, tomados de las manos, cariñosos. Al poco tiempo y sin ser visto, GILBERTO entra y se esconde tras un árbol.
.
ROSAFINA: En esta noche oscura
de tanta amorosa ansïa inflamada
no creo a la ventura
de salir yo aprobada
estando aún mi casa iluminada.
.
IVÁN: No es sorpresa, mi amada,
amar un hombre a la sangre ajena
si es esta la que atada
está por la su vena
de la que él ama y quiere por cadena.
Amar es respetar,
y pues yo te amo, muy debido me era
el darles su lugar
a tus padres siquiera
con pedir que fueses mi compañera.
.
ROSAFINA: (¡Ay, cuánta diferencia (Aparte.)
ya veo entre aqueste y el anterior!
Y mayor vehemencia
sintiera si el rubor
me dejara de esa palabra: amor,
que no sino hasta agora
me parece que la había sentido;
mi alma al fin la atesora
y a lo demás da olvido,
pues sé que solo hasta agora he vivido.)
.
IVÁN: ¿En qué estás tan suspensa,
fina rosa?
.
ROSAFINA: ¿En serio me amas, Iván?
Porque muy sin vergüenza,
como diestro donjuán,
lo dijiste, mas ignoro tu afán.
.
IVÁN: ¿Es amor este hielo
que ardiente me abrasa con solo verte?
¿Es amor este anhelo
que aunque es pequeña muerte
más grande vida me infunde al tenerte?
¿Es amor esta herida
que tanto duele sin sentirse un punto?
¿Es amor esta vida
que vivo ya difunto
a menos de que esté contigo junto?
¿Es amor el descanso
breve que al alma más cansada deja?
¿Es amor este manso
dolor que no se queja,
pues sabe que en dolor ha una pareja?
¿Es amor este sueño
bien presente y nunca representado?
¿Es amor este empeño
de vivir, si engañado,
por amar solamente y ser amado?
¿Es amor la abstinencia
de aquello que uno más adora hacer? (Hace seña de tener un
¿Es amor la paciencia mando de juego.)
de jugar con saber
que de entrada uno va siempre a perder?
Si todo esto es amor,
si aquesto es lo que ufano Amor domina,
si aqueste es el rigor
de amante disciplina,
sí, muy en serio yo te amo, Rosafina.
.
ROSAFINA reclina su cabeza en el hombro de IVÁN, este la abraza como puede. Permacen quietos y en silencio por un momento.
.
ROSAFINA: ¿Podría ser acaso
que verdad y ficción lugar trocaron
en un tan breve plazo
que cuando se allegaron
por ventura en sola una se hermanaron?
.
IVÁN: Mas ¿qué dices, amiga,
de verdades y ficciones trastocadas?
.
ROSAFINA: ¡Un algo me fatiga,
Iván, pues muy pesadas
te debo unas verdades confesadas!
Si no lo hago, mi amor
no podré llamarte y aun tú odiarme
podrías con rigor.
.
IVÁN: De ti no hay qué me alarme,
que es ilusión contigo yo enojarme.
.
ROSAFINA: Escucha, pues, porque yo…
.
GILBERTO: ¡Porque ella es, gañán, mi novia! (Interrumpiendo agresivamente.)
Y si solo esto te agobia,
¡buzo!, que no sabes, no,
lo que aún más ya te oprobia.
.
IVÁN: ¿Pero qué significa esto?
¿Tú, vil traicionero, aquí?
¿Qué haces? ¿Qué quieres? Ya di,
que lo que sea, bien presto
mis puños daránte un sí.
.
IVÁN empuja a GILBERTO y este responde del mismo modo. Comienzan a forcejear.
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ROSAFINA: ¡Basta! ¡Cálmense los dos!
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GILBERTO: ¿Qué no bien me oíste, Iván?
¿Los juegos el seso te han
sorbido así que una voz
oír no puedes, gañán?
Dije solo la verdad:
que es mi novia Rosafina,
que el show aquí se termina
y que a su normalidad
regresa nuestra rutina. (Prende a ROSAFINA.)
.
ROSAFINA: No…
.
IVÁN: No entiendo…
.
GILBERTO: ¡Pues lo harás!
Mas como ya me parece
que mi voz no prevalece,
por tu “amada” lo oirás,
que hace rato paresiese
que de igual manera ella iba
todo a revelar.
.
IVÁN: ¿Es cierto
lo que dice este Gilberto,
amiga? Sé negativa
y desmiente aqueste entuerto.
.
ROSAFINA: No… nada hay que desmentir
si no es a ti, Iván querido,
que en un mundo de fingir
estos meses has vivido
y se debe descubrir.
Coincidencia nunca fue
el hacerme yo tu novia,
pues a tu madre ayudé
con tu vicio y con tu fobia
cuando triste me enteré
de lo que Gil te había hecho
y cuánto de amor sufrías;
ella mostró su despecho,
yo volví tus penas mías
y Gil quedó satisfecho.
Fue así, pues, que de mentiras,
de tu madre el plan seguiendo,
yo y él rompimos en miras
de que me hayases plañiendo
y con afectuosas liras
me consolases y fuese
yo tu nueva, tierna amada,
que tu vida corrigiese
y tu fobia imaginada
poco a poco atendïese.
Lo demás te es conocido
solo exceptuando una cosa,
y es que lo que hemos vivido,
quizá por fuerza amorosa,
me dejó de ser fingido.
¡Pues, Iván, amado mío,
yo te prometo y te juro…!
.
GILBERTO: Agora que el atavío
artificïal y obscuro
se ha quitado a su amorío,
ya bien podrás ver, amigo,
que todo lo que esta flor
pasó estos meses contigo
nunca fue de hecho amor,
sino un de lástima abrigo
que ella te ofreció clemente,
puesto que nos lo mendigó
tu madre cuando tú ausente
estabas porque fui yo
quien de amor ganó valiente.
.
ROSAFINA: ¡Es suficiente, Gilberto!
¡Para ya tanta crueldad!
¡Y tú, Iván, escucha…!
.
IVÁN: ¿Es cierto?
¿Cierta es aquesta verdad,
Rosafina?
.
ROSAFINA: Sí.
.
IVÁN: ¡Despierto!
.
ROSAFINA: Pero fue tanto mi empeño
por tu amor representar
que tú eres ya mi dueño,
única prenda en mi amar;
¡te lo juro, Iván!
.
IVÁN: ¡Y sueño!
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GILBERTO: Fingir no es más menester,
amiga, que él muy bien sabe
que en el ser y el parecer
la inocente duda cabe;
mas cuando hay que en serio ver
uno no puede continuar
viviendo sin desengaños;
pues ¿cómo podía comprar
que a él aún a sus años
una joven fuera amar?
¿Cómo podía creer
que así nomás te rindió
y no dudar o temer
que otro jueguito vivió
do ganaba una mujer?
No, él es más inteligente,
bien le enseñó la consola
que este mundo todo miente
y la verdad llana y sola
sola vive en nuestra mente.
.
IVÁN: Es verdad, pues recordemos
cuál es nuestra posición,
nuestro estado y situación,
que hasta en los días postremos
en un mundo viviremos
tan mentido y dactilar
do la vida en sí es jugar,
pues mi experiencia no niega
que el hombre que vive juega,
aunque no pueda ganar.
Juega aquel que siempre gana,
juega aquel que siempre pierde,
juega aquel que es siempre verde
y aquel de xp veterana,
y toda la casta humana
se la juega hasta la muerte
y está sujeta a la suerte
de estar en la emulación
donde jueguen lo que son,
aunque ninguno se divierte.
Yo he jugado a que viví
bajo las reglas reales
y comprobé que no hay tales
que les ganen, pues perdí.
¿Qué es la vida? Baladí.
¿Que és la vida? No hay razón
para hacerse tal cuestión
cuando no nos da sosiego,
que toda la vida es juego
y los juegos juegos son.
.
IVÁN se desmaya. ROSAFINA trata de ayudarlo. GILBERTO se pasma. Todas las luces se apagan.
.
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Escena VI
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El escenario dividido como antes, pero del lado derecho está un cuarto oscuro con tenue iluminación azul, en él solo habrá la pantalla y consola de IVÁN y una cama, donde este estará acostado, como dormido. En el lado izquierdo una sala como las otras, pero combinando los diferentes muebles de las tres salas de IVÁN, GILBERTO y
ROSAFINA. En el cuarto azul entran BIANCA y CLEMENTE.
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BIANCA: ¡Iván, Clemente, Iván!
¡Mi culpa aquesto es, solamente mía! (Se arrodilla y llora.)
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CLEMENTE: No ver la luz del día
osado deseo era,
hijo mío, mas han
podido más las fuerzas del amor
que las de tu porfía
porque hubieras de Fortuna el favor…
.
BIANCA: ¡Mi culpa, mía…!
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CLEMENTE: Mejor, Bianca, fuera
que “nuestra” dijeras, no solo tuya,
y aún no solo nuestra,
sino igualmente “suya”,
que si nuestra fue la orden,
suya, sí, fue la ejecutora diestra
que tanta suerte trújonos siniestra.
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BIANCA: Mía, sí, solo mía…
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CLEMENTE: Vamos ya, Bianca, ya.
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CLEMENTE levanta a BIANCA y salen. Poco después entran ROSAFINA y GILBERTO. Ella corre hacia la cama. Él se queda parado a la mitad del cuarto.
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ROSAFINA: Ya muy pronto, mi amado, volverá
el cielo a ver nuestros rostros, unidos
caminando debajo de su azur,
y otra vez sonreirás y yo contigo,
y entonces juntos, muy juntos, amigo,
viajaremos al este y al oeste
y viajaremos al norte y al sur,
y te amaré y me amarás, perdidos,
y aquese enorme yerro
se olvidará en su entierro.
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GILBERTO: Iván, bro…
.
ROSAFINA: Si solo eso
hasta aquí vienes a decir agreste,
márchate encontinente
antes de que tu lengua más nos cueste.
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GILBERTO: Creo que injustamente
me tratas, Rosafina,
porque…
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ROSAFINA: ¡Mayor exceso
faltaba en tu descaro!
¡Lárgate ya, Gilberto!
.
Al paño CLEMENTE vuelve a entrar con una pistola. BIANCA lo sigue cabizbaja, aún sollozando.
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CLEMENTE: ¡¿Gilberto?! ¿Dónde está aquese patán?
¡Ah, en el mismo cuarto que mi Iván
y con aquesa su rosa asesina!
De eso nada. ¡Afuera ambos o disparo!
Ya han caüsado bastante desorden,
salgan si no quieren que se desborden
mis iras y aquí un muerto
nos repare este entuerto.
.
Sin dejar CLEMENTE de amenazar con su arma, todos salen. El cuarto permanece en silencio por un momento y después IVÁN se levanta de la cama como aturdido.
.
IVÁN: La carga ha terminado,
no recuerdo este punto de control
y al parecer todo me lootearon,
¡oh infierno enclaüstrado
que sin los otros muchos jugadores
no lo sería un punto!
Mas vamos al asunto,
porque la misión aún sigue en pie;
a los niveles volveré anteriores
y aquesta vez veré
si una mejor suerte tengo o destreza.
.
IVÁN toma el mando de la consola y pasa a la sala de la izquierda. Poco antes, en ella entrarán todos en silencio. Ninguno habla o interactúa con IVÁN.
.
IVÁN: Mi memoria regresa,
mi enemigo era el sol,
mas un mi aliado me dio una mejora
y por fin pude subir de nivel,
mas recuerdo que fue él
quien a mucha traición
se robó mi misión
con robarse a la cuïtada princesa
que estaba a mi resguardo.
Salvarla debo agora
de aquese vil follón,
que ciertamente aún por aquí mora,
que es difícil matar al traicionero
cuando siempre su golpe es el primero.
.
Las luces se apagan. IVÁN sale.
.
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Escena VII
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La sala de la derecha vuelve a ser la sala normal de IVÁN. Allí CLEMENTE y BIANCA aún estarán corriendo a GILBERTO y ROSAFINA.
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CLEMENTE: ¡Afuera ambos, ahora!
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ROSAFINA: ¡Por favor, por favor, señor, señora!
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BIANCA: No, Clemente, no más.
Lo dijiste tú mismo,
ellos tanto como nos mal obraron.
Depón el arma ya o nunca olvidada
será esta triste noche desgraciada.
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CLEMENTE: ¡Afuera he dicho a ambos! Y jamás
sus caras por aquí
quiero volver a ver.
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GILBERTO: Vámonos, Rosafina.
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IVÁN entra desde la derecha, los demás se pasman y hay un silencio largo.
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BIANCA: ¡Hijo!
.
CLEMENTE: ¡Hijo!
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ROSAFINA: ¡Amado!
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GILBERTO: ¡Amigo!
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Todos se le abalanzan. IVÁN, aún con el mando en las manos, los enfrenta como si fueran enemigos.
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IVÁN: Cuánta horda de enemigo
hasta agora vencí;
ya cerca mi victoria, al parecer,
está, pues puedo ver
a pocos pasos a mi dulcinea,
aún presa inocente
de un follón inclemente
que ya presto elimina
mi enfurecida diestra repentina.
¡Toma este combo y aqueste! ¡Pelea!
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Todos se persiguen, gritan. Las luces se apagan completamente. Un disparo se oye y silencio después. IVÁN, ensangrentado pero no herido, queda solo en escena con las luces muy tenues.
.
IVÁN: El juego terminado,
la realidad vencida.
Qué tétrico espejismo
es toda aquesa vida
que se encierra cobarde en uno mismo
y sola se refleja
cuando acaso se deja
nuestra gana domar
con algo nuevo que nuevos mirar
portentos pueda para su placer,
que es solo este el reparo
en el que hallan amparo
los que el control por un mando han trocado,
porque ¿cómo si no habrían poder?
Jóvenes, inocentes,
en fementidas sombras embebidos,
sus tiernas mentes más no pueden ver.
¿Qué esperaban, pues, del joven Iván
sino algún desmán,
sino sin fin descuidos?,
que en el siglo veintiuno fementidos
ellos, los jóvenes, iban sin mientes.
.
Telón
Continúa…
***
Leer: Iván Cinmientes, Primera parte Iván Cinmientes, Segunda Parte
Iván Cinmientes, Tercera Parte Ivan Cinmientes, Cuarta Parte
Iván Cinmientes, Quinta Parte Iván Cinmientes, Sexta Parte
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Sin título >> Ilustración >> Rafael González Alva
Rafael González Alva (Ciudad de México, 1993) es doctorante en Letras, Maestro en Letras Mexicanas y Licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas por la UNAM, asimismo, Licenciado en Diseño por la UAM. Dedicó sus tesis de licenciatura y maestría al rescate y estudio de Francisco Ruiz de León. En 2019 fue becario del PAPIME “Leliteane: Lengua, literatura y teatro en la Nueva España”. En 2020 cursó el XVI Diplomado en Creación Literaria en el Centro Xavier Villaurrutia del INBAL. Desde 2021 forma parte del proyecto CONAHCyT Ciencia de Frontera, sobre el teatro viarreinal de los siglos XVI a XIX. En 2022 comenzó su trayectoria docente en la Universidad Popular Autónoma de Veracruz y en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha publicado textos académicos y de creación literaria en revistas como Literatura mexicana, Destiempos y Sombra del Aire, y, asimismo, el libro de cuentos [Mal]viajes en el tiempo (México, 2022).

