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El señor Literal era señalado, en la Hoja en Blanco, por no entender el sentido de la hija de Tropos, llamada Metáfora. Era su opuesto inestable, una loca desternillada, ilusionista de las palabras con la cual no podía razonar. Eran todas ellas, la Metáfora y sus hermanas, la Alegoría, el Símil, inclusive su primo, la Ficción, un tipo de experiencia fuera de su alcance, que, de no ser porque las conocía en persona, pensaría que solamente existían en la imaginación. Las veía como adjetivos fuera de su mundo, errores sin explicación. A pesar de su desconcierto, al estar en su presencia, el señor Literal trataba de integrarse y darle sentido a todo lo que experimentaba al hacer uso de su locución.
Guiado por su instinto, en un momento de reflexión donde pretendía encontrarse, un día decidió realizar un viaje a lo que él creía los límites de la Retórica. Buscaba un sitio donde no tuvieran alcance las cosas sin sentido y, tomando camino, cruzó los Valles de la Cordura, los Ríos de la Verdad y los Bosques del Discernimiento. Después de un largo recorrido llegó a la provincia de la Realidad. La provincia de la Realidad era de naturaleza favorable, un espacio que cabía dentro de su contexto. El señor Literal se sintió entusiasmado al caminar por sus calles. Recorrió cada espacio admirando el alcance que tenía la escritura en ese estado y llegó hasta una plaza en donde se respiraba tranquilidad.
En un acto deliberado, levantó la cabeza, cerró los ojos y aspiró profundo. La estridulación de los grillos, era soportable, por encima de cualquier frase fuera de lugar. Al abrir los ojos pudo distinguir a una señora, vestida de blanco, que parecía ensimismada en la búsqueda de algo. Era la mismísima señora Realidad, rondando un parque de nombre Colibrí, con la preocupación en la espalda. Aquí hay que explicar que, para que el señor Literal asimilara el sentido figurado se hacía, al no poder concebirlo de manera natural, de un recurso para entender la Ficción y cualquier cosa que estuviera fuera de su discernimiento. Así entonces, literalmente, el señor Literal veía a la Realidad cargando a la “Preocupación” en la espalda.
Aquello era nuevo para el señor Literal, la Ficción se daba incluso rondando las provincias alusivas a la realidad; el alcance de Tropos era posible en toda jurisdicción de las letras. La señora Realidad le explicó que buscaba un pick up Chevrolet Silverado, color azul, de mil novecientos ochenta, que vio estacionado el día anterior a un costado del parque Colibrí. Al ver por el parabrisas, sobre el tablero, por encima del volante, había un libro que le interesaba, y del cual no recordaba el nombre. El señor Literal le dijo que había visto uno con las mismas características, a unas cuadras de allí, pero la señora Realidad le reiteró que el que ella buscaba era uno que estaba en el ayer, y que ese que le señalaba, pertenecía al ahora.
Al escuchar sus palabras, al señor Literal le voló la cabeza; no supo qué responder. La señora Realidad quería, a todas luces, regresar al ayer para encontrar el libro en su sitio, ya que aseguraba que en caso de encontrarlo en otro tiempo, ya no sería el mismo que buscaba. La señora Realidad, al verlo confundido, le dijo que no podía pergeñar en los alcances de la Retórica, porque él no era el verdadero señor Literal de la escritura. Que se comportaba como un humano tratando de entender desde la veracidad de su entendimiento y que poseía ojos para el sitio analítico, no para éste otro que emergía al silenciar el ruido cotidiano y alinear su frecuencia con el campo de la Hoja en Blanco.
El señor Literal se recordó entonces como el Verbo que, al ser sólo espíritu, quiso salir de su espacio y llegar a mares que no estuvieran dentro de su infinito; entonces el Verbo se hizo carne. “Te doy el beneficio”, agregó la Realidad, que ahora vestía con destellos de Ficción, Metáfora y Sentido Denotativo, “de que a pesar de haber cruzado el Seol, no has vuelto loco. Ahora que tu visión está puesta en dos polos, debes entender que el mundo de la Retórica tiene vida propia. Cuando los humanos llegaron, después de cruzar el desierto del punto y aparte, aquí ya existía vida escrita. Ellos llegaron a vivificarlo, a aprender de sus reglas, a seguir los señalamientos de una Hoja en Blanco infinita, para poder escribirlo”.
“Todo lo que compete a la escritura, existe por obra y gracia de la Retórica, sin necesidad de terceros. Eres tú, señor Literal, el que ahora lee, quien pone en tela de juicio la verosimilitud de un lugar perfecto”. En ese destello de epifanía, a ojos del señor Literal, cayó el telón donde Ficción y Realidad se desdibujan. Un estado que contiene al todo, donde presente, pasado y futuro convergen a un mismo tiempo. La señora Realidad fue otra a sus ojos. Vestida de Ficción, caminó en el ayer hasta llegar a un pick up Chevrolet Silverado, color azul, de mil novecientos ochenta, estacionado a un costado del parque Colibrí, y tomó de encima del tablero un libro que ahora a él le interesaba, pero que tenía que esperar para escribirlo.
Desde ese día, el señor Literal espera la salida del sol diaria, sube a su pick up Chevrolet Silverado, color azul, de mil novecientos ochenta, jalando una múcura repleta de láminas de Hoja en Blanco. Llega a lo que se cree los límites de la Retórica. Baja una carretilla con trozos de diferentes Historias y zurce para abrevar un infinito más a la creación. Ya no busca textos donde tenga cabida, tampoco se confunde al encontrarse en cualquier sitio que no sea la No Ficción porque, aunque existan mundos donde cupiera sin horma, ha aprendido que en la paradoja infinita de ser o no ser, no hay tregua ni fin, y que la Realidad, por encima de cualquier apuesta, supera a la Ficción.
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Imagen al exterior
Quimeras al viento >> Johnny Palacios Hidalgo
Mabel Pinos es Héctor Manuel Vargas Núñez, nació en Benjamín Hill, Sonora, el 16 de julio de 1972, donde fue entintado por los tipos de una vieja imprenta mecánica. Marcado en su niñez, se fue a bañar en las playas de Puerto Peñasco, Sonora, donde inició su afición por las letras y sembró la semilla de escritor. De 1993 a la fecha, se fue a secar, y a concretar la osadía del escritor, en el sol de Mexicali, Baja California. Escritor intuitivo, inició a colaborar, en los noventa, en la sección de música de la revista Ahí Tv’s. Fue publicado, a principios del dos mil, en la página Ficticia.com., y, desde septiembre de 2015 colabora en Sombra del Aire, con su nombre de pila y con los seudónimos de Equum Domitor, Eleuterio Buenrostro, Gordiano Tauro y Mabel Pinos. Fue seleccionado para participar en la Antología Sombra del Aire 2022 y 2023. En octubre del 2023 autopublicó su primer libro El inefable juego de los tricrómatas.

