Hace años llevaba mis manuscritos en una carpeta y debajo del brazo, e iba recorriendo todas las editoriales, con la idea de que alguna se fijase en alguno de mis manuscritos y tuviera la suerte de que me lo publicasen. La verdad es que me encontré con más decepciones que alegrías.

En la actualidad envío lo que escribo por medio del correo electrónico y espero que me contesten, si realmente me van a publicar o simplemente me van a ignorar. Ahora los editores no se tienen que molestar en tirar mis manuscritos a la papelera, ya que con tocar las teclas de suprimir o borrar, me eliminan de sus proyectos, e incluso desaparezco de su ordenador.

Ayer tuve una entrevista con Don Heneslao, gerente de marketing y comunicación, de la Editorial Hermanos Barbosa Parraverde. Me citó el hermano mayor de los Barbosa, a las doce de la mañana. Yo estaba merodeando su oficina, de la calle Torpedero Tucumán, en el distrito de Chamartín, media hora antes de la reunión.

Me había llamado el hermano y socio de Don Heneslao, Don Andor Barbosa Parraverde. Y después de hablar con él por teléfono de varios temas, sobre mis escritos literarios, se justificó sin saber por qué, de los nombres y apellidos, que ambos hermanos, tenían tan raros. Me concretó que a sus padres les gustaba, por tradición familiar, rebuscar nombres propios atípicos, con la creencia de que las personas con las que tratasen sus hijos a lo largo de su vida, nunca les olvidarían y llamarían siempre la atención.

Yo les había enviado a los hermanos, uno de mis cuentos con el propósito de que me lo publicasen en su famosa revista literaria y semanal, Los Cuatro Gatos Literatos.

Cuando entré en el despacho de Don Heneslao, no pude por menos que fijarme en la cantidad de libros que había apilados, en forma de torres, por todas partes.

—Siéntese, señor Rodríguez, que enseguida estoy con usted —me insinuó el editor, sin ni siquiera mirarme; un señor que aparentaba haber cumplido los sesenta años y que era mucho más bajito que yo, que ya es decir, y que se apoyaba en un reposapiés, para evitar que sus piernas quedaran colgando en una silla giratoria inglesa, estilo Chesterfield. El habitáculo estaba lleno del humo que desprendía un puro habano que se estaba fumando y se estaba bebiendo una copa de coñac Pierre Ferrand 10 Generation.

Me senté en una silla de estilo barroco, frente a Don Heneslao, él continuó sin mirarme a la cara. El editor, después de echar una calada suave y paladearla en su boca, expulsó el humo lentamente. Echó un pequeño sorbo de coñac. Miró el ordenador y me arengo en un tono paternalista, respecto al manuscrito que yo hubiera presentado, a la editorial Hermanos Barbosa Parraverde.

—He estado leyendo su relato, señor Rodríguez. Y si me lo permite el título que usted propone: “Pereza de pasión”, es demasiado ambiguo, hay que ser más directo, no le parece a usted que estaría mucho mejor el título de: “El pusilánime engañado”, un título más directo, más aclaratorio.

—Con todos mis respetos, Don Helesnao, si en algo sustenta la narrativa literaria en general, debe de ser en uno de sus pilares: la intriga. Imagínese que yo escribo un cuento y lo titulo: “Asesinato en el tercero derecha”; a los lectores se les va a encender, inconscientemente, un piloto en su cerebro y desde la primara frase van a estar pensando: ¿cuándo va a aparecer el crimen en el tercero derecha? O, dicho de otra forma, ¿cuándo va a aparecer el engaño a ese hombre pusilánime que propone el título? Dicho de otra forma, más coloquial, con esos títulos anticipativos, estaríamos destripando el relato.

—Pasemos a los personajes, ¿por qué rebusca usted nombres tales como Bahiana Disantos? —me reprochó en forma de pregunta el editor de Los Cuatro Gatos Literatos.

“Cómo me puede estar reprochando que yo le ponga el nombre de Bahiana Disantos Caracol, a una panameña. Cuando los hermanos de la Editorial Hermanos Barbosa Parraverde, se llaman Helesnao y Andor respetivamente. ¿Quiere acaso Don Helesnao, que a mí personaje iberoamericano la llame Rocío o María del Carmen?”, pensaba para mis adentros.

—Le voy a ser claro, señor Rodríguez, nosotros queremos que escriban ustedes, lo que el público realmente demanda: textos, relatos, cuentos, novela del género negro y romántico —él hizo una pausa corta, echó una calada al habano, que no se terminaba de consumir, apuró la copa de coñac. Se levantó de su asiento estilo Chesterfield. Y se irguió encima de reposapiés. Y extendiendo su mano derecha concluyó con rotundidad.

—Cuando tenga alguna narrativa relacionada con los géneros que demandan nuestros lectores, estaremos encantados en leerle sus manuscritos. Buenos días. Y muchas gracias por su visita.

Después de quedarme totalmente decepcionado, pensé: Me lo podría haber comunicado por teléfono y hubiéramos ahorrado tanta parafernalia. Yo acepto mejor que me hubiera dicho a la cara: “Señor Rodríguez, no me gusta su relato”. Hubiera aceptado su decisión, porque no todo lo que escribes le puede gustar a todo el mundo.

Un mes más tarde, envié un email, que decía así, a la Editorial Hermanos Barbosa Parraverde:

Señores Don Helesnao y Andor:

Les agradezco, de todo corazón, que no me hayan editado en su revista literaria de Los Cuatro Gatos Literatos, mi relato titulado “Pereza de pasión”, porque después de rechazarlo ustedes, me lo han publicado en la prestigiosa editorial y revista de México: Sombra del Aire.

Reciban un cordial saludo.

Francisco R. Fuertes

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Francisco Rodríguez Fuertes nació en La Bañeza (León) España, aunque su residencia desde hace más de cincuenta años es Madrid. Se ha dedicado desde muy joven a la literatura, principalmente cuentos, relatos y ensayos, y a la dramaturgia con más de veinte obras estrenadas en el teatro profesional. Sus últimos libros son Cuentos y zarandajas, Pierrot…, Pierrot y Los dueños del aire dos obras teatrales. Compagina la escritura con la docencia, impartiendo clases de teatro y escritura creativa en universidades, centros culturales, en la Comunidad y Ayuntamiento de Madrid. Sus últimos premios son: Premio Internacional de Canarias (2023), por un relato de ficción de la “PEPA 1812, sobre la primera Constitución Española; Premio de relato corto (2023) del Diario El Norte de Castilla- Valladolid- España; Premio de teatro Pamplona- Navarra-España (2016) y Premio Madrid (2006) por la obra de teatro ¡Guau!. Colabora en varios semanarios y revistas literarias.

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