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13 marzo
2019
Cuento Literatura Narrativa
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LA BRUJA

Por Tania Susano

Esa noche, en el cerro de Los Picos las luces danzaban como el fuego en la cocina. Hacía ya rato que había guardado las gallinas y puesto las trancas a las puertas. Bebía un jarro de té, mientras sus ojos se perdían en las llamas del fogón donde “hervían las hojas” y el piloncillo para los cocoles. Recordaba que dos noches atrás había soñado con serpientes. -Alguien enfermará-, se dijo.  Al silencio nocturno lo acompañaba el sonido de la leña crujiendo y los sorbos de té…

Alcanzó a divisar una silueta negra que pasó de prisa por el corredor. Dejó el jarro en la barra y salió corriendo, -seguro un gato-. Aluzada por la luna buscó entre las macetas pero no halló nada, en el cuarto que servía como baño, tampoco encontró nada. -¿Dónde se habrá metido tan rápido?-. La puerta de la panadería estaba ligeramente entreabierta, agarró un palo y entró. La recibieron las escaleras y la oscuridad, prendió una veladora que siempre dejaba a lado del horno, y bajó hasta el amasijo. -Será un gato o un ratón, lo que sea va a romper los costales de harina-. Buscó en los canastos del pan, entre los bultos, en las palas, entre las telas y delantales, nada. Se dirigió a la tienda, y, justo en ese momento, sintió una opresión en la panza, -mi hijo- pensó, y salió corriendo.

Empujó la puerta de la recámara que se cerró tras de ella, alumbró la habitación y lo que vio  fue una guajolota negra que aleteaba en la cama donde estaba su hijo. Se acercó rápidamente, aluzó al bebé y vio que tenía la frente oscura y un poco de espuma en la boca. Comenzó a moverlo, a sacudirlo para volverlo en sí, no reaccionaba. Tuvo que colocarlo nuevamente en la cama, pues la guajolota revoloteaba atacándola con sus patas y pico. Ella comprendía todo, sabía bien quién era en realidad aquel animal,  y lo que sintió esta vez en su panza fue un grito. Se enredó un pañal en la mano y con toda su habilidad la atrapó, le amarró las patas con un fajero y la sostuvo debajo de su brazo, apretándole el pescuezo.  Tomó unas tijeras de su máquina de coser. Abrió la puerta, puso al animal en el piso, pero en ese instante la guajolota salió volando. No como ave, como lumbre. Y sin poder hacer más, mirócómo la bola de fuego se alejaba rumbo al Cerro de Los Picos,  acompañada del escándalo de los perros que llevaban rato aullando.

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Tania Susano es egresada de la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas por la Universidad Nacional Autónoma de México. Profesionista independiente en la enseñanza del español, la Literatura y el Fomento a la Lectura. Lectora en voz alta de los montajes Las Insurrectas de la Literatura; La Tierra Que Nos Dieron, conmemorando al escritor Juan Rulfo y El Amor, recital de poesía y música. Docente del Diplomado Interdisciplinario para la Enseñanza de las Artes en la Educación Básica, que dirige el Centro Nacional de las Artes.

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