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05 enero
2018
Literatura Prosa poética
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EL REFUGIO VIRTUAL DE LOS INEXISTENTES

Por Vanessa Fens

Soy vulnerable. Escuché una conversación desesperada esfumarse en las páginas de la quietud, vi a los melancólicos monstruos del Edén escondidos en el ángulo tibio de las nubes. Hablaban del amor escéptico que se expande de manera inexplicable en la penumbra oblicua de la tarde honda…

Soy frágil, estoy cerca de casa pero distante de los que Amo, en el mudo insomnio la otra cara del mar me llama. Si me ayudaran a escuchar el ruido del alma en fragmentos, si del otro lado no hay episodios transversos del pánico en la pasividad del ayer, voces afónicas mutilarían el tiempo, pero mientras llega es apagar al infinito, los recuerdos en la circunferencia monótona de la espera. El Murciélago Azul asomará su rostro al cerrar los atardecres del Dogma interrumpido, volverá a envolverse entre los lienzos de acero atados a la gloria; con sus alas abrieron el deceso en las zonas de cuarzos abismales, prisioneros en la más profunda sequía del prisma nebuloso. Andromeda tiene el sombrío letargo de los girasoles negros, el templo diáfano de cuarzos rojos, ahora nada se prolonga al etéreo para regresar a la tierra de las luces y oscila en la dualidad de las células intrínsecas, a su paso entrelazaron el temblor de los labios mencionando los nombres en la trilogía de los inexistentes, un quejido multiforme escurre rumbo a los cromosomas del polen sagrado, quedarán en el híbrido encuentro; el rastro de las notas fulgurantes abrazará las horas absueltas en la tinta luminosa de las esferas amorfas. Ayúdame a engarzar las espinas del Rosario, después a disolverlas en los esquemas hipnóticos de Andromeda obscurecidos por los rezos, depende de ti poder alúmbrame el rostro, luego apagar la rapsodia digital del viento andrógino, entre haberes y crueldades en la fase utópica bajo el torrente del velo celestial, el humo no protege, diverge en la entrañable apatía con la que se hunden los caracoles en los espacios trascendentales del cosmos, la otra cara del mar me llama mientras la habitación encendida por el frío, ungida de trágicas urnas, descostrando la furia primordial de la carne y la nitidez de la incongruencia, atrapó las cuerdas de lo imposible donde no habrá episodios transversos del pánico en la pasividad del ayer, en el Refugio virtual de los inexistentes, voces afónicas mutilarán el tiempo, se apodera de mí un antagonismo tóxico de gas impuro que cubre mis días de moléculas intermitentes, se apaga la rapsodia digital del viento andrógino. Andromeda será el templo diáfano de cuarzos rojos. Quizá está terminando…, alúmbrame el rostro.

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