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30 Octubre
2016
Artes visuales Ensayo Pintura Reflexiones de arte Reseña
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EL BOSCO EN EL JARDÍN DE LAS DELICIAS

Por César Vega

Soñemos con el Medioevo, con el parduzco sol de sus días sempiternos de inverno, con sus frutos bermejos con sabor europeo, con los rostros surcados por las febrículas de las pestes que, hoy desaparecidas, permanecen ignotas y sólo tenebrosas en el lienzo de una pesadilla remota. El pensamiento aquí es mágico, la hechicería es roja, las cofradías heréticas, esconden su escoria en las entrañas clericales, se resguardan de la herrumbrosa mano del inquisidor oficio. Nunca —imagínese vivirlo—, el Apocalipsis rondó tan cercano; podía escuchase brevemente murmurando en el cuello, en el cuello de todos… en los propios cogollos. Fueron aquellos tiempos tan ancestrales el fin de todos los tiempos, incluso del nuestro que es postrero y terminante.

infierno

El jardín de las delicias » El Bosco

 

Jeroen Anthoniszoon van Aeken, es entonces, ahora, un pintor neerlandés, su familia es de pintores, su padre es pintor, su abuelo, por supuesto fue pintor, al igual que su hermano mayor. Probablemente usted asuma que es una dicha tremebunda nacer en cuna de pintores, pero ha estado usted olvidando algo: estamos en la Edad Media, el feudo, por tanto, prohíbe el ejercicio de las labores artísticas a más de un esteta por familia… los estamentos están profundamente marcados, limitados hasta el extremo, recordemos que vivimos en una especie de infierno contenido por los señoríos; el gremio y la norma. Éstos le impiden a Jeroen ascender al ansiado oficio de la pintura, es en cambio su hermano Goossen quien disfruta el privilegio gremial tras la muerte del padre de ambos. Sin embargo Jeroen, o mejor dicho, el amor por la pintura que yacía dentro de él, lo llevó a elucubrar una argucia encantadora: cambiarse de nombre. Desde entonces no más Jeroen; Hieronymus Bosch es el nombre al cual responderá el treceañero joven de ahora en adelante, el cual, cabe hacer notar, no será el último mote que Hieronymus utilice durante su vida, le acompañaran otros como Jeroen Die maelre (Jerónimo, el pintor), o el tan afamado Den Bosch (El Bosco), en nada casual referencia a Bolduque (Bosque de Dukal, lugar dónde nació).

Su matrimonio cerca de 1480 (?) con una señorita llamada Aleida proveniente de familia acomodada, casual o intencionalmente, representó una artimaña más que patrocinó su oficio de pintor. Su matrimonio a la postre, le aseguró el ingreso a la Cofradía Religiosa de Nuestra Señora “Vrouwe broederschap” que le significó una protección nada despreciable en tiempos en los que la Inquisición Católica perseguía y sacrificaba hasta los pericos blasfemos. Nada mal para un pintor que gustaba mucho del empleo en sus pinturas, de la crítica clerical y la extenuante incorporación de elementos heréticos y hasta, porque no decirlo, proclive al sacrilegio.

Sin embargo, el Bosco era un hombre con la fe muy puesta, al punto de que, de acuerdo al discurso de sus pinturas –al menos las de índole sacra-, muestra al hombre en su extensión y naturaleza contrahechas y perversas, sugiriendo que la única  vía de salvación que lo asiste es la emulación de la figura del Cristo hasta su probidad maximizada.

En el Jardín de las Delicias (1480-1490), el Bosco nos presenta una triada maravillosa, podríamos decir que los temas principales de la pieza son: la decadencia humana, el deterioro de las virtudes en vicios y el paso de la luz a la oscuridad. La pinturas del Bosco –al menos las de su primera fase- están caracterizadas por el delicioso abuso de innumerables elementos, figuras humanas de diversos tipos: desnudas, espigadas, solemnes, frágiles y tenues. Existe una profusión asombrosa de símbolos, de los que se dice, que muchos, hasta nuestros días post-apocalípticos permanecen silentes y sin significado. Quiero enfocarme de manera particular al panel derecho de este tríptico, el primer vistazo de la pintura nos sumerge en las tinieblas, en campo grotesco poblado de dolor, impaciencia, temor, furia, indolencia, tortura y venganza. El tópico: el infierno.

Los trazos son maravillosos, precisos, meticulosos, hasta sugerentes, hay demasiado detalle, demasiado he dicho… tanto que es escalofriante; a la supernumeraria cifra de figuras humanas caídas en este lupanar, se suman las de una plétora de seres monstruosos y fascinantes: una figura porcina ataviada como remedo de monja, un hombre árbol que lleva en las entrañas una taberna, un monstruoso monarca que come y defeca humanos en una alcancía-letrina, diablos, monstruos y un sinfín de seres aterradores e indescriptibles complementan la escena, que a más de ser una mazmorra de pesadilla, es un patíbulo circular e interminable de escarmiento capital. Algunos rasgos muy curiosos que quiero destacar de esta composición son los siguientes:

Existe una clara muestra de protesta anticlerical; son diversas las figuras bufonescas con atavíos religiosos que aparecen condenadas en este infierno.

Podríamos con facilidad, enumerar los castigos a los pecados capitales, muy a la usanza del Inferno en la Divina Commedia de Dante; pero a estos se suma uno en particular: la perversidad del goce sensual por la música; en el cuadro, podemos ver un aglutinamiento de diversos instrumentos musicales mostrencos y descomunales que fungen como aparatos de tortura y suplicio. Muy probablemente este elemento sea harto representativo de la tiránica imposición feudal del sino satánico a todo aquello que se considerara impuro o pusiera en peligro el interés del potestad. Si rememoramos un poco, las manifestaciones de júbilo paganas eran perseguidas y condenadas, es impensable que en este tipo de “aquelarres” no encontráramos risas y música que se asociaban con la presencia de Satán.

El discurso irónico del Bosco en todo el tríptico, pero enfatizado en este panel de la composición es innegable, al punto de tornarse hasta caricaturesco y no por ello menos perverso.
La profusión de los símbolos y la disposición de los elementos en un sincretismo avasallador para la vista del espectador. No es una obra que se asimile en pocas vistas, ni con facilidad ansiosa, incluso, después de un detallado escrutinio al cuadro, hay un sinfín de elementos que escapan a la comprensión de quien le mira, la misteriosa letra “m” presente en las navajas de las tijeras y de un cuchillo y, de la que hasta ahora, sólo se puede suponer su significado; las sendas orejas flanqueando a unas tijeras cerradas y que contemplado desde cierta lejanía y cediendo un poco de paso a la perversión subconsciente, nos entregan una indudable referencia al aparato sexual masculino, alegoría de la lujuria.

En fin, podríamos aterrizar los significados conceptistas de cada elemento, e incluso, como algunos, designar la pintura como una premonición bastante antelada del arte surrealista. Sin embargo, una de las virtudes mayores del genio del Bosco, es su manejo de los contrastes y su irrenunciable enfrentamiento de las dualidades entre la luz y la sombra, el bien y el mal, el fin y el inicio, el cielo y el infierno, el consciente y el subconsciente; este último patrón, particularmente gozoso, pues la obra del Bosco exige que su espectador la mire desde ambos ángulos, que la sienta, que la analice, que la goce y que la sufra y que le deje a uno por dentro esa insalvable sensación de irresolución al sumergirse en su medieval infierno.

Obras Consultadas:
Alcántara, Francisco J., trad. La obra pictórica completa de El Bosco. Barcelona: Noguer -Rizzoli Editores, 1968.
Bosco, El jardín de las delicias. (De tuin der lusten) El Bosco, 1480-1490 Pintura al óleo sobre tabla Renacimiento 206 cm (panel central) × 386 cm (panel central) Panel interior derecho: El infierno
Bosing, Walter. Hieronymus Bosch, C. 1450-1516: Between Heaven and Hell. Ed. Ingo F. Walther. Koln: Taschen, 1987.
Falk, Kurt. The Unknown Hieronymus Bosch. North Atlantic Books, 2008.
González Zaragoza, Natalia. «El Bosco, un artista visionario.» Octubre de 2009. Eduinova Formación. 30 de Octubre de 2016 <http://www.eduinnova.es/oct09/Bosco.pdf>.
Iconografía del Tríptico de las Delicias. 30 de Octubre de 2016 <http://olmo.pntic.mec.es/~jgarci52/triptico.htm>.
Jheronimus Bosch 500 Foundation. 30 de Octubre de 2016 <http://www.bosch500.nl>.
Lafuente, Henzo. Apocatastasis. 30 de Octubre de 2016 <http://www.apocatastasis.com/bosco/bosco-infierno-musical-jardin-delicias.php>.

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