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22 marzo
2019
Cuento Literatura Narrativa
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AGUA DE AJOLOTE

Por César Abraham Vega

Dicen que el agua de ajolote es buenísima para la salud y, bueno, ¿qué les voy a contar yo? ¡vaya que lo es! No, en serio, yo ya lo comprobé; y no quisiera que pensaran que soy una de esas personas idiotas que se la pasan experimentado cada remedio alternativo que andan vendiendo por ahí en el mercado de Sonora o en el Shaya Michan. De hecho, si se me permite decirlo, soy una persona más proclive a creer en la ciencia que en el resto de las supercherías humanas. Pero en fin; ustedes han sido los más fieles testigos de lo bien que me ha sentado esa agüita en las últimas semanas. ¡Señorita!, mi venoclisis está sangrando de nuevo… gracias; ustedes disculpen. Les estaba diciendo que de ahí provino todo mi poder… ¿pero por qué ponen esas caras? Anden a comprobarlo ustedes mismos y ya me dirán si no estoy diciendo la verdad…

¿Qué cómo es que me enteré de las propiedades del agua de ajolote? Mmmm… por el momento me gustaría dejar esa parte en el misterio, básteles saber que mi protocolo de investigación fue bastante peculiar; digamos que primero hice las pruebas en humanos, bueno, en un humano, o sea en el humano que soy yo mismo ¿me explico?… ya después me puse a sacar la talacha científica… el agua de ajolote posee en proporciones justas partículas de antimonio, fósforo, calcio, potasio, yodo, iridio, francio, foraneo, incendio, geranio, Plinio, Marco, Tulio y Cicerón, lo que la hacen ideal para el consumo humano y beneficio de la comunidad. La verdad es que el agua sabe a rayos… algo así como a excremento…

Las primeras tomas que me  administré fueron de un sólo ajolote; me di cuenta de que el tiempo ideal de cosecha del agua es de siete días naturales, ni uno más ni uno menos; yo recomiendo que por un ajolote de tamaño mediano se utilicen de siete a diez litros de agua para que pueda nadar lo suficiente, pero también para que tenga la concentración idónea de nutrientes y minerales. Después de este periodo se le cambia el agua al ajolote, se pone una noche entera en el refrigerador y al día siguiente, entre cuatro y cinco de la mañana, se bebe, fría, en ayunas y sin respirar.

Desde la primera semana noté mejoras sustanciales en mi organismo; principalmente mejoras en la vista y en la capacidad para nadar… Ahora que reparo, antes de esa semana yo no tenía idea, ni siquiera, de cómo flotar… A las dos semanas a uno le aparecen las branquias y ya puede uno levantar sus primeros autos; de preferencia compactos porque uno corre el riesgo hacerse una hernia dolorosísima…, aunque tampoco es de gran cuidado por la misma agua las repara a los pocos días. A las tres semanas ya uno es invulnerable a las balas… excepto las de calibre cincuenta… esas son las únicas que le pueden a uno matar; y si a la cuarta semana uno tiene la suerte y las suficientes agallas… ejem… no hablo de agallas en sentido figurado, porque para ese momento le empiezan a salir a uno unas cosas que aunque no son agallas como tal… bastante se le parecen….

Decía yo que si para la semana cuatro uno tiene bastantes agallas y suficientes huevos (aquí sí ya no hablo en sentido literal), uno ya puede empezar a lanzarse de edificios bastante altos y comenzará a volar… Sí, ya sé, los ajolotes no vuelan, pero esas son las propiedades que brinda el agua  que se les cosecha… Pocos días antes de entrar al hospital ya tenía treinta y seis ajolotes cosechando agua para mí…, ya era resistente al magma y a la radicación del plutonio enriquecido, aunque por pocas horas. Había desarrollado la capacidad de respirar en el espacio exterior y podía sostener una erección durante cinco minutos de coito ininterrumpido ¡proeza!

Sí, sí me concibo como un mártir de la ciencia, señor, tengo la certeza y la satisfacción de que mis estudios e indagaciones quedarán para la posteridad y le otorgarán a las generaciones del futuro un horizonte de posibilidades ilimitado…, sé bien que voy a morir, pero hasta mi muerte es parte del legado de mi investigación, ahora sabemos que el agua de ajolote no hay que beberla sin pasteurizar.

IMAGEN 

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César Abraham Vega nació en la Ciudad de México el 30 de abril de 1981. Narrador, crítico, promotor cultural y traductor. Cursa la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México. Tiene estudios formales de Informática e idiomas.  Algunos de sus textos han sido publicados en diferentes medios impresos y electrónicos. Actualmente se desempeña como webmaster y editor en Sombra del Aire.

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