Sombra Mínima-Febrero 2024

por Varios

Miradas

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Estás.

 

Cuelgas de un espacio en blanco, frío. Nos miras pasar. Levantas la voz. Nadie escucha. Siguen caminando con la mirada  diluida en el piso, con el desprecio en los hombros, en los labios.

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Llegaste ahí creyendo en que  cambiaría.  ¡Mentira!  Quienes te trajeron acá son los mismos profetas, hipócritas, sin alma y, tú, estás.

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Nos miras pasar. Sientes la soledad que cala. Te llega a las entrañas y gritas. Nadie escucha. Es común de donde vienes y, ahora, a donde vas: desprecio.

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Saliste, de donde vienes, para ser, para tener un rostro, a cambio sólo te dejaron ahí: colgada de un espacio en blanco, frío.

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… como todas las, borrosas, fotografías

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Víctor Hugo Pedraza

Ciudad de México

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Se llamaba Teseo

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La adicción comenzó cuando su brazo quedó prensado en la maquinaria. Eso fue un año antes de que cerraran las fábricas obsoletas desde hacía una década y perfectamente operables por robots. Su pérdida fue sustituida por un brazo robótico, más fuerte y eficiente que su versión anterior.

Teseo continúo con un segundo brazo robótico, para igualar las capacidades del primero. Luego las piernas, el tórax y los genitales, porque se volvió una moda. Esta mañana, me pidió que lo llevara a realizarse el último cambio. Me pregunto si quien saldrá del hospital seguirá siendo mi hermano…

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J. R. Spinoza

Tamaulipas, México

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Diosa lunar

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En mi lienzo de universo

quiero plasmarte en palabras,

aunque no haya semejanza

de belleza en ningún verso.

En ti me tienes inmerso,

inmerso con tu hermosura.

Sólo mirar tu figura

me acrisolas con tu alma,

que es como la mar en calma:

es tu belleza que cura.

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Paulino Morrugares Alemán

Veracruz, México

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Alma mía

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Si supiésemos qué pasa con eso que llamamos alma después de morir, sería más fácil, ¡zas!, cierras los ojos, dejas de respirar, listo.

Entregar el cuerpo, perder la mente, el recuerdo, el sueño, y si hubo insomnio ¿qué sueño queda?, más bien ¿qué vigilia?

No existir, pero se puede hacer eso aún teniendo signos vitales, la cosa es perderse de uno, ser pared, un mueble, no oír, no ver, no sentir, sentir nunca ya nada.

Es un trámite más, ¿entregar cuentas? Siempre debiera ser y mejor en vida, pagar y cobrar todo en vida.

No sé qué pasa con esto atrapado en nuestro cuerpo, alma mía, “que me dijese todo con la mirada”…

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Alejandra Díaz Márquez

Ciudad de México

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Una estación del tren

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Su rostro se demacró como el otoño en búsqueda del sol. Sus frías manos recordaron el pasado entre las alegrías y las melancolías, pero en una estación del tren estaban los capítulos de su vida llamando al cielo estrellado y a la luna a nuevos caminos, floreciendo latidos de su corazón cada día, contó el búho la tarde soleada del mágico enero sobre el zoológico de la existencia.

 

Yessika María Rengifo Castillo

Bogotá, Colombia

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IMAGEN AL EXTERIOR

El beso (detalle) >> Gustave Klimt

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