LIBIA SALCEDO, PLÁSTICA DE MIL Y UN ROSTROS

por sombrade

SEMBLANZA

Libia Eunice Salcedo Ruiz nació en la Ciudad de México el 25 de agosto de 1971. De madre libanesa, es una de las seis hijas del cineasta jalisciense Germán Salcedo. Encuentra sus primeras experiencias formativas en el Centro de Educación Artística (CEDART) Diego Rivera, en adelante es autodidacta. Ha expuesto individual y colectivamente en diversas casas y centros culturales de distintos estados de la República, de donde ha recibido varios reconocimientos otorgados por instancias públicas y privadas. Su obra profusa y prodiga indaga en diversas técnicas y formatos como el pastel, el óleo, el acrílico, el grabado, el mural y el arte-objeto, entre otras.

OBRA

Por César Abraham Vega

Cuando tuvimos la oportunidad de presentarnos en el estudio de Libia Salcedo, una grata y asombrosa sorpresa nos asaltó, la pintora contaba con una colección artística que rebasaba los linderos de la disciplina pictórica como tal, es decir, Libia no solo pinta, sino que incursiona de manera muy afortunada en diversos senderos de la plástica.

En su estudio, que a mi parecer podría definirse con mayor precisión como un taller o factoría, nos encontramos con una caprichosa y numerosa colección de piezas de arte entre pinturas, grabados, esculturas y obras de arte-objeto que fueron ideadas, diseñadas y fabricadas virtuosamente por la pintora.

Libia Salcedo es una artista plástica de mil y un rostros, no única y precisamente porque una de sus temáticas principales se centre en la pintura de los gestos y facciones de la faz humana, sino también porque la pintora posee un tremendo donaire y un talante preciosista que la lleva a ejercitar una extensa variedad de técnicas entre las que destacan el pastel, el ólIMG_5787eo, el grabado, el acrílico, entre otras.

Así, aunque hay tanto que decir sobre el trabajo de Salcedo, es en su pintura en la que enfocaremos en este análisis. Salcedo categoriza su obra pictórica en tres grandes vertientes: pintura decorativa, pintura creativa y escenografía.

La temática fundamental de su obra, como ya lo hemos dicho, son los rostros, rostros cuyo discurso yace en la necesidad primordial de expresar algo a través de los gestos; las caras bañadas en luz que emergen y lidian con la rotunda oscuridad que reposa en el fondo; el claroscuro es un rasgo estético consentido por Libia, y lo aprovecha profusamente en una importante cantidad de sus obras, el resultado es sencillamente seductor; Libia logra jugar con los contrastes produciendo un efecto etéreo que aporta un toque onírico a la mayor parte de sus obras; por lo tanto, la pintora es capaz de entablar una fluctuación bellamente antípoda entre el acento sublime de sus atmósferas y lo “cotidiano” de sus escenas.

Rostros

Una de las obras más ejemplares del estilo de Salcedo es el cuadro intitulado Voces de don Quijote, en él en primer plano y a primera vista salta el rostro del caballero manchego con un gesto atravesado por la sorpresa, la mirada catapultada desde un libro abierto de palmo a palmo sostenido por una de las manos enjutas del ingenioso hidalgo. Una mirada más avezada descubrirá con prontitud los semblantes circundantes a la faz de don Quijote; escondidos entre las tinieblas se asoman los rostros perniciosos y burladores de los muchos némesis encantadores del caballero de la triste figura, entre los que observaremos a un molino con rostro de gigante que con mirada de asecho se cierne justo encima de la testa de don Quijote.

Voces de don Quijote

No es casualidad que estos rostros se dispongan en torno a la cara del caballero andante, sino que han sido así ordenados en una ruleta que propicia la sensación de delirio, esa ofuscación misma que atormenta a don Quijote de la Mancha. La luz y la oscuridad se disputan el espacio que compone la obra, en ocasiones pareciera que el área en la que se disponen los tonos oscuros es mucho mayor a aquella donde destellan los trazos luminosos, sin embargo la intensidad con la que estos últimos manan de la pintura hacen garante el equilibrio entre las dos fuerzas que se representan con los contrastes. La pintura no solo nos habla de una lucha entre fuerzas; las obras de Libia, con frecuencia, si no es que siempre, nos platican de los claroscuros humanos, y que en esta pieza se significan con el bien y el mal: la inocencia contra la perversidad, la ignorancia ante la sapiencia, la voluntad frente a la molicie, el sacrificio versus la indolencia, el amor traspuesto al odio, y tantas pugnas más.

Los trazos de Salcedo son suaves pero precisos, apoyados o distribuidos en planos geométricos amplios que atraviesan en toda su extensión el área de la pieza, delimitando las áreas de contraste, con lo que se logra un buen aporte de volumen y sombras en los objetos pintados, a veces dicho volumen es tan contundente que pareciera que la pintura saltara del lienzo para integrarse al mundo real, los detalles de los trazos son tan funcionales que en algunas piezas se consigue un hiperrealismo pictórico emulando ser un fotograma. El manejo de una multiplicidad de técnicas pictóricas ha permitido que la pintora haya desarrollado una precisión y destreza en el manejo de las texturas al punto que la correlación entre el estilo, la técnica y la temática de cada pieza es altamente armónica.

Otro ejemplo magníficamente logrado es la pintura denominada Violinista; en ella la cabeza y las manos de un hombre anciano, un violín y su arco son los únicos elementos que emergen del lecho totalmente oscuro, el hombre toca el violín sumergido en una profunda actitud de inspiración y sentimiento, la luz recae únicamente sobre los elementos necesarios para comprender la naturaleza del acto. Si, hipotéticamente, el recinto en el que el hombre está tocando se iluminara completamente, corroboraríamos la precisión de los trazos de Libia.

Violinista

Cada extremidad está en su lugar preciso, las arrugas en las manos y en el rostro del hombre, las falanges tensas de sus dedos, las canas blancas de su escaso cabello, el marco de las gafas, las cuerdas del violín, la firmeza de su nariz, el reflejo en la madera del instrumento y hasta los vellos de la barba existen en la obra de una manera ufana, finita y contundente; no se doblegan ante las tinieblas vecinas ni les piden permiso para existir, están ahí, dueñas de sí mismas y del acto que emulan. Pero, ¿por qué solo el violín, la cabeza y las manos aparecen? Porque son elementos mínimos necesarios para representar el acto de tocar un violín: La cabeza representa el intelecto y la capacidad creadora del hombre, sin esta un acto tan sofisticado como tocar un instrumento sería impensable; las manos son la fuerza creativa, el trabajo, porque hasta para hacer algo tan sublime como la música se requiere un esfuerzo físico y de carne, y este procede de las manos; el violín representa el manantial de donde brota el fruto del trabajo, pero que no es bastante por sí mismo, pues el hombre se sirve del arco que representa el ingenio humano a través de una herramienta como la extensión de sus manos, a través de la combinación de estos elementos es que el hombre obtiene el néctar musical ¿Solo esto se requiere para hacer música? ¿No se precisa del corazón ni del espíritu humano? Claro que es necesario, pero como en todo lo que realizamos, nuestro corazón camina por delante, siendo este el motor inherente de cada uno de nuestros actos. Así, no era necesario iluminar el pecho ni pintar el corazón porque va adentro, el acto de tocar el violín está irreductiblemente regido por el corazón humano y el espíritu es el que enciende al rostro, al violín y a las manos, y los llena de luz y los salva de la oscuridad y de la inexistencia, es aquí donde se hace música la pintura.

Entendamos la música como la consecución de sonidos y silencios que se conjugan y lían los unos con los otros y que cohabitan en armonía, una hermosa canción es aquella en la que perviven en perfecto equilibrio los sonidos y los silencios, cada uno dispuesto en el lugar preciso para perdurar con el tiempo, y con la intensidad necesaria para aportar una belleza inmejorable a la pieza, lo traigo a colación porque Libia hace exactamente lo mismo pero con la pintura, armoniza la coexistencia de los contrarios, en este caso los contrastes se complementan, cada elemento está colocado en el sitio adecuado y con la intensidad necesaria; el mutismo ingénito de la oscuridad contrapuesto con la melódica voz de la luz y los colores. A veces, en algunas piezas de Libia esta mixtura es suave y sublime como un beso, como un vals, o como un embeleso, en otras ocasiones la consecución de los contrastes puede ser agitada y contundente como en un clímax, como en un tango o como en el furor de vivir.

Otro rasgo destacable es su capacidad de manejo de la pintura sobre espacios arquitectónicos no planos o poco convencionales, en los que es capaz de obtener efectos impresionantes que logran producir encantadoras ilusiones ópticas, esto último es observable principalmente en su pintura mural decorativa.

Cava (proceso). Primera parte

La pintura decorativa de Salcedo tiene la virtud de mimetizarse en el entorno en el que está plasmada y su fin primordial es el de embellecer o aportar mayor ambiente a un entorno determinado, un trabajo francamente impresionante es el realizado por Libia en un recoveco de una cava, en un espacio reducido, cavernoso y frío, la pintora hace la magia necesaria para meter un túnel que nos lleva a una bodega donde se resguarda una cava mucho mayor que la que colinda realmente con la pintura; en esa bodega, encorvado sobre una mesa y a media luz aguarda un monje con gesto complaciente esperando a que solicitemos sus servicios de artificioso sommelier.

Cava (porceso). Segunda parte

Es impresionante observar el proceso creativo, la manera en que se copian las baldosas del suelo y se proyectan en una dimensión que antes no existía, el modo en que Libia se las ingenia para evitar que un tragaluz que se yergue sobre la parte alta del muro interfiera con la pintura, pero sobre todo es increíble el efecto óptico que logran las manos de la pintora; prácticamente es real, un pasillo a una dimensión alternativa. De este modo Libia hace bellísimas travesuras en las paredes, a veces a gusto del parroquiano, otras veces con la licencia creadora a cuestas, pero siempre con un resultado hipnótico Salcedo tatúa los muros de espejismos vivos, no por nada nos cuenta que le encantan las paredes, y sobre todo las paredes que tienen algo que disimular, porque a veces disimulan defectos, protuberancias o grietas, cuando en realidad entre sus entrañas de yeso, cemento o tabicón, existen ventanas a otros mundos que nadie pudo ver y que solo Libia descubre.

Cava. Terminado

El trabajo de Libia Salcedo es muy extenso, no concluiríamos nunca al enlistar las coqueterías artísticas que se le ocurren, pero de tal modo nos solazamos y hacemos votos porque la obra de esta artista siga siendo tan inabarcable como asombrosa.

ENTREVISTA

Por Nidya Areli Díaz

Cuéntanos de tus inicios en la pintura.

Yo empecé con caricatura porque mi papá hacía caricatura. Mi papá realmente se dedicaba al cine, pero trabajó un tiempo para la prensa haciendo caricatura de cómic: El águila descalza, Tintán y Marcelo…, entonces yo veía lo que él dibujaba. Él fue caricaturista en lo que entraba a lo del cine porque su pasión es el cine. Empecé a ver lo que hacía él; él trabajaba la caricatura y a mí me gustó mucho. Entonces yo ensayaba y ensayaba y ensayaba el hacer caricatura.

Muerte de King Kong

Luego, como me la pasaba accidentada, me daban colores para entretenerme. Eso era mi entretenimiento. De hecho, mi primer contacto con la pintura fue porque tenía hiperactividad y entonces me ponían a dibujar o a nadar para calmarme. Después me rompí dos veces la columna, estuve por largos tiempos encamada y dibujaba. Me ponían en tracción y no había otra cosa qué hacer más que pintar. Me ponían pesas en los pies y en la cabeza, me jalaban y así duraba 15 o 20 días.

Bailarina

En el 90 empecé a trabajar en una agencia de publicidad en Ciudad Juárez haciendo caricatura publicitaria. Después me contrató una revista que se llama Cuarto poder y lo que hacía ahí era caricatura política. En ese tiempo estudiaba inglés en el Paso Texas y hacía caricatura. Llegué ahí en unas vacaciones y ya no regresé a mi casa. Dije: “ahorita vengo, voy 15 días a unas vacaciones a Ciudad Juárez y a El Paso Texas y me quedé un buen rato”. Luego regreso a México y empiezo a hacer más caricatura para otras agencias de publicidad como free lance, pero ya no es política. Después llega una persona y me dice: “oye, podrías pintar algo”. Yo dije: “pues yo creo que no hay ningún problema, yo creo que sí puedo pintar…”, y ahí es cuando empiezo a pintar.

Gato

Mi primer maestro en la caricatura fue mi papá, pero en la pintura yo me fui enseñando sola. Estuve seis años en el CEDART Diego Rivera y ahí daban algunas técnicas de pintura pero yo me dediqué al teatro. Estudié ahí la secundaria y el bachillerato y me fui al teatro; en realidad no sé por qué lo hice cuando lo mío eran las artes plásticas. Tomé tres años de algunas técnicas de pintura. Daban las materias de secundaria y además teatro, danza, música y artes plásticas. Teníamos que tomar a fuerza las cuatro materias artísticas más las materias académicas. Después, en el bachillerato, me metí a teatro de lleno. Realmente lo que tomé fue lo que me fue sirviendo, pero a la pintura me empecé a hacer yo sola, fijándome bien lo que estaban haciendo otras personas en el CEDART. También tuve un vecino que pintaba. Me iba a sentar con su mamá a platicar mientras le echaba un ojo a lo que hacía el vecino porque me daba mucha pena preguntarle directamente. Empecé con el pastel en barra porque se me hizo una técnica bastante fácil de manejar. A mucha gente no le parece fácil, pero a mí se me hizo muy fácil. Luego, cuando tuve a mis hijas, vi que era más fácil usar el pastel que poner aguarrás y thinner porque después los niños se los echan en la cabeza. Entonces para mí fue la mejor técnica en ese momento, después ya empecé con el óleo. Mi primera clase de óleo fue de un amigo al que le dije: “necesito que me des una clase de óleo ahorita; siéntate porque quiero una clase de óleo”. Me dijo: “pero es que eso no te lo puedo enseñar así”. Yo le insistí: “tú dime cómo se hace”, y él me contestó: “pues es que haces esto y esto y esto, pero ¿por qué?”. Le dije: “porque ya vendí un óleo y lo tengo que entregar”. Así empecé con el óleo.

Hablas mucho de tu familia, de tus hijas, ¿cómo se conjugan los quehaceres y obligaciones del hogar y el trabajo creativo en una pintora contemporánea y moderna?

Yo creo que la base es organizarse. Yo siempre he sido una persona muy organizada, entonces no tengo problema. Sé que a un cierto horario tengo que hacer ciertas cosas. Por ejemplo, veía que todos ya hubieran comido, que todos estuvieran peinados, bañados y todo eso y decía: “okey: es mi momento”. Por lo regular ya era hacia la noche. El problema es que cuando los horarios empiezan a cambiar, ¿qué pasa?, te tienes que adaptar y sí es pesado. Muchas veces cuando tenía que salir fuera de México me llevaba a mis hijas y ahí estaban conmigo y yo pintaba, pero conforme han crecido ya no es tan fácil. Entonces ahora me organizo y digo: “para tal fecha me tengo que ir” y dejo organizado todo. Yo creo que para una persona que tiene una familia esa es la base para poder seguir pintando.

Balcón con macetas (Proceso). Primera parte

Tu trabajo se divide en 1) escenografía, 2) pintura decorativa y 3) pintura creativa. Desde tu enfoque, ¿qué diferencias hay entre cada una de ellas y cuál es tu faceta favorita o tu manera de trabajar predilecta?

Okey, mi manera de trabajar favorita es hacer lo que me da la gana. Muchas veces me han dicho: “es que no, tienes que tomar un estilo y eso”. Yo digo: “no puedo”. Yo pinto lo que me gusta y si hoy amanezco y quiero hacer, no sé, mariposas, las hago, en mi es estilo. Si quiero hacer caricatura la hago. Si quiero hacer algo serio porque ese día me nació querer hacer algo muy fuerte, lo hago. No me limito, realmente no me limito.

Balcón con macetas (Proceso). Segunda parte

Ahora, ¿cuál es la diferencia? Por ejemplo, los murales son por encargo. Yo tengo que platicar con la persona que me está encargando y preguntarle qué es lo que le gusta. Tengo que mirar alrededor, ver exactamente qué es lo que usa; por ejemplo, en Michoacán hice un fraile en una cava porque les gustan los frailes. Para hacerlo yo tenía que observar que era lo que les gustaba y en su ambiente qué era lo que había más, y con base en eso yo empecé a tratar de llevarlos, porque mucha gente te dice: “¡ah!, no sé, lo que tú quieras pintar”. Eso no me ayuda y la gente es muy complicada a la hora de poner la pintura porque no sabe bien a dónde vas, entonces empiezan: “No, no, no, es que yo creo que…”. “¡No!, ¡no! Déjame terminar”, les digo y empiezo a bocetar para que ellos más o menos puedan saber. En el mural sí necesito hacer un boceto, sí necesito ver cuál es el ambiente y cuáles son los colores del ambiente para que no choquen, si no yo pongo una cosa que parece parchada. Tengo que estar mimetizándome en el ambiente porque casi todo es para adentro de una habitación, para un patio, con cierto estilo y necesito que eso esté homogéneo.

Balcón con macetas. Terminado

La escenografía por lo regular es del mismo tamaño, del mismo formato que un mural y también es por encargo. Tengo que ver de qué se va a tratar, qué es lo que ellos quieren proyectar, cuál es la época en la que se va a montar. Casi para todo tengo que estudiar, porque, por ejemplo, en una hacienda te dicen: “quiero que me pongas unos ángeles”. Yo tengo que remontarme a la época en que fue construida la hacienda; tengo que leer; tengo que ver los libros para ver justo qué ángeles eran los que se usaban en ese entonces, cuáles eran los colores, cuáles eran las formas porque, pues, pueden ser góticas, pueden ser renacentistas. Tengo que saber qué era lo que se estaba usando en ese momento y entonces tengo una base para trabajar. Igual con la escenografía, ¿qué es lo que vieron ellos? Puede ser algo bien simple, o puede ser algo muy complejo, o puede necesitar profundidad porque el escenario es pequeño, o, por ejemplo, en una escenografía que hice para las bailarinas de danza árabe del Centro Libanés, la estructura no podía pesar porque si alguna de ellas llegaba a chocar con ella era necesario cuidar que el material no fuera a hacerle daño.

Puerta para danza árabe

Del mismo modo, el tipo de escenografía tenía que moverse, ser muy ligera y desarmarse rápido, tenía que armarse en menos de veinte minutos. Todo eso lo tengo que estar checando con la gente: ¿para qué te va a servir?, ¿cuántas veces lo vas a usar? Por ejemplo, a mí me decían: “necesitamos que brille porque es danza árabe”. ¡Que brille!, bueno, pero ¿con qué lo hago para que en el escenario brille?, porque si tú le pones diamantina, se craquela a la hora de guardar y cuando la saquen va a estar rota. Yo tenía que usar materiales que se pudieran calentar y fueran adheribles, que es como para poner en las playeras. Observé a la gente que traía playeras y decía, bueno, pero qué es lo que usan, y luego ya di con quienes lo hacían. Es un gel: se aplica, se coloca un papel, se plancha, y entonces queda totalmente adherido a la tela. Eso permite que se pueda doblar, se pueda guardar rápidamente y no se craquele, y a la hora que pasa el reflector, brilla. Todo eso tengo que ver cuando se hace una escenografía: ¿para qué?, ¿qué es lo que se va a hacer?, ¿cuánto tiempo se va a usar? y ¿quiénes van a estar? Hay que estar haciendo porterías, ponerles un peso, hacer un diseño. Las primeras veces que hice unas fue muy difícil y ya después le vas agarrando el modo y vas viendo qué materiales son los mejores.

Mercader

En cambio la pintura creativa debe llevar un discurso, debe tener una armonía y un equilibrio; debe tener una muy buena preparación del lienzo, es necesario usar buenos materiales, lo que la pintura decorativa no te exige. ¿Por qué la pintura decorativa? Porque puedes hacer muchas cosas; la gente que la usa, la usa para decorar un espacio y si ya no le gusta, adiós. Es muy barata y es lo que la gente está pidiendo. Antes, las personas compraban la pintura creativa como una inversión porque se acercaban más a la estética y al discurso. Hoy la gente vive tan rápido que ya permanece muy poco tiempo en sus casas. Antes, ¿cuánto tiempo permanecías en una casa? Mucho tiempo. Entonces, los cuadros se hacían porque eran una ventana hacia otros lugares. Ahora ya no nos importa eso, ¿por qué? Pues porque no vives en tu casa. Esa es la diferencia que yo veo como artista. Se paga bien un cuadro creativo porque lleva una situación emocional, política, social, y tú la describes en un lienzo como tú la ves, pero mucha gente dice: “sí, eso está padre pero yo no voy a poner en mi sala un…, no sé, algo que por ejemplo se esté desgarrando y esté tirando sangre”. Sí, hay gente que sí lo consume… y mucha, pero para la generalidad, la gente ya no quiere ver eso, ¿por qué? Porque el día que tú llegas a tu casa y te sientas, no quieres ver eso, quieres ver algo que te saque de tanta cosa; Por eso me fui más a la pintura decorativa, porque me permite abrirme, y si quiero pintar de azul pinto de azul, y si quiero pintar esto pinto esto. Entonces, eso es lo que para mí es más divertido.

¿Y qué tiempo de vida, más o menos, has calculado en tu pintura decorativa?

Dependiendo. Por ejemplo, en las haciendas donde trabajo varía según el cliente. Hay clientes que no quieren gastar; entonces, una pintura decorativa que se va a hacer con acrílicos tiene una duración, si bien le va, de unos ocho años, diez años. ¿Por qué si bien le va? Porque si es un patio: cuatro años, por el sol, por los cambios de clima, y eso no vale la pena, pero la gente dice: “déjalo, se quita y después ponemos otro”. Me ha pasado. Y cuando son más serios, se usan pigmentos en témperas y entonces ahí sí puede durar. ¿Para qué se utiliza eso? Para hacer, por ejemplo, reparaciones de capillas. ¿Vale la pena? Sí, sí vale la pena. ¿Lo pagan? Sí, sí lo pagan. ¿Por qué? Porque eso va a durar muchísimo más tiempo. Aunque he visto capillas cuyas reparaciones están hechas con acrílicos; entonces, se nota mucho que no es pigmento. Por otra parte: ahí sí al cliente lo que pida. ¿Qué vi en la pintura decorativa? Que es muy divertido porque puedes hacer mil cosas. Puedo meter la caricatura o meter cosas más serias. Claro que si el cliente llega y dice: “no, yo quiero algo más serio”, entonces sobre eso nos vamos. “Quiero algo más caro, con más duración” ¡Por supuesto! Yo tengo que ver qué es lo que quiere mi cliente.

Puerta al jardín

En tu obra de creación imperan los grises sobre juegos de claroscuro. Esto a mí me transmite como melancolía, quizá añoranza. Finalmente, ¿a qué obedece?

 

Yo soy una persona de muchos contrastes. Puedo llegar a ser muy extrovertida y luego no. Me gustan mucho los claroscuros. Son algo que a mí siempre me ha llamado mucho la atención, no tanto por nostalgia. A mí me gusta mucho ver el cambio que hay cuando hay algo tan profundo y luego sobresale. Un día hice una analogía con mis hijas. Les decía: “la vida tiene tan oscuros como claros… siempre. Para que destaquen los brillos, siempre tienen que haber oscuros”. Para mí el claroscuro es fuerza, siempre. Te da fuerza. Se nota cuando sale, cuando los colores brillan. Eso a mí me encanta y no me lo da la acuarela, por ejemplo. Se me hace muy bonita la acuarela, pero desde mi punto de vista es muy plana; siento que le falta fuerza. Entonces la uso muy poco. Es algo que a mí no me encanta. Si alguien quiere, sí, está bien, pero creo que para mí los claroscuros son importantes porque así soy yo.

El niño contemplando la fuente

Cuéntanos de la pintura como ejercicio artístico en el marco de una formación en la cultura árabe.

 

Mi mamá es libanesa y yo desde niña oía la música y era una cosa que me encantaba. Yo bailo danza árabe. Siempre me gustaron los brillos, los velos, la comida y las formas de la mujer árabe. Son cosas que me encantan. Luego, te voy a platicar un marco muy chistoso: la pintura está bien para una mujer árabe. Está bien vista. No te arriesga. Es estética. Te mantiene en tu casa. Lo que, por ejemplo, la danza no. La pintura en el marco de una mujer árabe es algo muy bonito; es algo que le va a la mujer. Pero ahora te voy a decir una cosa, aunque tengo mucho de las costumbres árabes, soy más mexicana; mi papá es de Jalisco. Entonces, te enfrentas a dos culturas distintas: la mujer que tiene que quedarse en su casa cuidando a sus hijos, si pintas flores qué bonito. Y mi papá que era totalmente bohemio, del cine.Era un gran contraste cultural de ideas. Para él, una mujer tiene que destacar haciendo algo; salirse, viajar, leer. Entonces yo me encontraba en esos dos polos. Te tienes que fraguar en eso y no es tan fácil; y más cuando tu mamá tiene una idea muy cerrada. Me acuerdo de que muchas veces yo quería pintar y me decía mi mamá: “no pierdas tu tiempo, ponte a hacer algo productivo, porque obviamente está lindo que pintes pero ponte a hacer algo, ¿no? Algo…, no sé: cocina, barre…, o ponte a coser”. Luego, cuando empezó a trabajar mi mamá, me di cuenta de que la mujer también hacía otras cosas. Yo me dediqué a trabajar con ella en una empresa que tenía, y ahí hice de todo. Es un marco muy difícil de describir.

Mujer árabe

¿Qué puente de conexión y qué distinciones o diferencias hallas como creadora entre lo árabe y lo mexicano?

 

Yo creo que una de las similitudes es la mujer. Yo vengo de una familia de puras mujeres y ¿cómo lo veo? Lleno de colores. La ropa es colorida. Nos gustan mucho las joyas, como a la mexicana. Nos gusta mucho platicar. Nos gusta mucho convivir entre nosotras. Y nos gusta pelearnos igual que a las mexicanas. La música… Digo, yo creo que es global, pero he visto que eso nos gusta a todas entre mexicanas y árabes. Yo lo veo, por ejemplo, en la vestimenta de la mujer árabe. En la danza árabe son tantos los colores, colores brillantes…, las monedas… Y en la mexica yo veo, por ejemplo, a las tehuanas cuando se ponen aquellas telas, y a las oaxaqueñas con muchos coloridos. Entonces, yo creo que los colores, el uso de las joyas. Son mujeres muy fuertes que tienen un carácter bien fuerte también. La mexicana también es fuerte. Es matriarcado, parece que no, pero es matriarcado. La mujer es la que lleva la batuta. Aunque parece que no, siempre, tanto la mujer mexicana como la árabe llevan la batuta de su casa. Ellas son el eje familiar; falta la mamá y falta todo.

Bailadora

Una de las cosas que a mí me gusta pintar es la mujer; si tú te das cuenta en todas mis pinturas destacan los rostros. Me encantan los rostros: todos dicen algo. Yo nunca veo una gente que diga: “¡ay!, ¡qué fea!”, yo siempre le veo que tiene una cara muy bonita, que los ojos de los viejos ―yo pinto muchos viejos― dicen muchas cosas. Tal vez eso es algo que pinto mucho, las expresiones: ¿qué te dice una expresión? No tanto que si la arruga, que si es moreno, que si es rubio,que si… No, no, no: las expresiones, y qué te dicen. Por ejemplo, cuando he hecho exposiciones, la gente se acerca y empieza a platicar del cuadro que ve; como es figurativo, la gente se figura lo que quiere. Entonces escucho con atención qué es lo que comentan, sobre todo qué es lo que le comentan a los niños. Es un ejercicio muy padre porque te das cuenta de que lo que tú quisiste decir a lo mejor no es lo que la gente ve; y son percepciones. Tú dices: “nostalgia” y hay gente que dice: “yo conozco a una persona igualitita: es Fulano”. Muchas veces me dicen: “te pareces mucho a las pinturas que tú haces”. Probablemente sí, a lo mejor soy yo misma. A mí los rostros me llaman mucho la atención y tanto los mexicanos como los árabes tienen unos rostros muy bonitos. Me gusta todo lo que te exprese algo, creo que lo mío es mucho la expresión. Yo soy expresiva, si estoy enojada todo el mundo se da cuenta, si estoy contenta todo el mundo se da cuenta y si estoy seria todo el mundo se da cuenta. Soy muy expresiva. Creo que para mí lo básico de todo esto es qué expresión te da cada uno en su género: grandes, chicos, de una nación, de otra nación, para mí eso es lo medular: qué te da.

Un viejo

¿Cuál es tu técnica favorita y por qué?

 

El pastel. Porque fue mi técnica primaria, fue con la que yo empecé. Otra a la que le tengo mucho cariño es el mural, me gusta mucho. A mí una pared me dice muchas cosas y me encanta. Me encanta el formato enorme. Me encantan las paredes. Nada más me falta que me presten cualquier pared para que la pinte. Pero en definitiva, de las técnicas, a la que más quiero es al pastel, es la que más quiero.

Clase de música

¿Quieres platicarnos algo sobre el arte-objeto?

Sí, claro. Algo que me gusta particularmente son todos los objetos antiguos, porque te dicen algo, porque pasaron pormuchas cosas. Siento que se humanizan. Entonces en el arte decorativo, en el arte-objeto, haces que algo como la tina que estás viendo ahorita tome otro valor. Tal vez mucha gente cuando nos vio llegar con la tina dijo: “estos están locos”, pero para mí significa algo que se rescató y que puede volverse a usar y que se puede pintar y con la que se pueden hacer mil cosas y vuelve a utilizarse, tal vez ya no como una tina, pero sí puede ser un sillón. Hay unas sillas que —lástima que ya no están aquí las sillas― también fueron rescatadas de una demolición. Verdaderamente rescatas, te vas a los basureros y sacas cosas y las vuelves reutilizables y aparte pueden ser hasta bonitas.

Jarrón con detalle de ventana

 

A mí me gusta mucho ir a los basares a ver qué encuentro, pero no quiero que me den un espejo que vale cuarenta mil pesos, sino ir a rescatar el que ya nadie quiere. Y lo vuelves a decorar, lo vuelves a poner y la gente dice: “¡qué bonito!”. Entonces a mucha gente tal vez le traiga nostalgia, y dicen: “¡Ay, yo tenía una escalera así!, ¡yo tenía una silla así!”. He pintado muchos objetos que ya no son utilizables y la gente los compra nuevamente cuando ya están pintados y les he puesto algún detalle. A mí me gusta mucho eso de rescatarlos y volver a hacerlos utilizables. El arte-objeto es para mí algo que te dice muchas cosas, que te cuenta una historia, que perteneció a alguien, que fue abandonado y lo rescatas. A lo mejor no rescato perritos, pero sí rescato muebles y me encanta.

Puerta con detalles de la hacienda Corralejo

Y, ¿desde cuándo lo haces?

Desde que era niña, ¡me encanta! Mi papá me llevaba a los mercados de pulgas y entonces yo sacaba el perrito de peluche más feo y lo reparaba, lo bañaba, le ponía cosas, lo pintaba…, y eso me encantaba. Yo era una niña que no jugaba, pero sí me gustaba coleccionar. Iba a otro lugar y siempre buscaba algo que nadie tuviera, algo que estuviera abandonado. Llegaba a casa de mis tías y ellas me decían: “saqué cosas del closet, llévatelas”. Entonces yo me hacía cajas de disfraces, con sombreros, con pelucas. Mis hermanas y yo jugábamos con eso. Yo diseñaba lo que ellas iban a vestir. Jalaba las sillas y las mesas y las pintaba. Para mí el arte-objeto es algo que te dice más, que tiene una historia, que es bonito y que me gusta y me apasiona mucho. Tú puedes ver aquí que he rescatado mil cosas: las lámparas, las aceiteras, los pies de amputados que ya iban a ser desechados. Esta regadera la saqué también de un mercado de pulgas, me costó muy barata y ahí están mis brochas. Son cosas que yo rescato y me encanta.

Bailando a la libertad

¿Quieres agregar algo?

 

Que les agradezco mucho que hayan venido. Yo quisiera que en algún momento el arte decorativo se vea como algo serio. Pienso que ahorita todo, todo lo que se usa es desechable, lo que es una pena porque es una labor de mucha gente. Los artistas se están volviendo también desechables, los verdaderos artistas…, ya no los buscan, porque son caros. Sí, son buenos…, pero hay muchos. Entonces, se rescata un poco de esa nostalgia con el arte objeto, un poco a los artistas, un poco al arte decorativo. Vivimos todos los días el arte decorativo. Todos los días ves gente que está comprando algo para decorar su casa: un florero, un cuadro, una colcha. Realmente eso sí lo vivimos todos los días. Todos los días pones algo en tu casa para decorar, una tasa en tu oficina; te compras la pluma de un color que querías. Realmente no comparo el arte creativo con lo decorativo, el arte creativo es lo mejor; pero, finalmente, todo lo decorativo es un arte. A mí me gusta hacer que algo pueda volver a utilizarse para volver a servir, tal vez no como lo que se había pensado, pero sí que vuelva a servir. Quisiera que el arte decorativo se viera ya como algo serio, como algo formal, como algo que quizá pueda perdurar.


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