FERNÁNDEZ A LA CONQUISTA DEL NUEVO MUNDO XII

por Rafael González Alva

Pedazo de mi vida:

Será este acaso el último secreto papelillo (nada baratos, por cierto… aunque a nuestro amor, ¿quién pone precio terrenal?) que recibas desde mi pluma hasta tu corazón. A su destino no escapa ningún hombre y me temo, amado mío, que el tuyo te ha alcanzado ya. Sinceramente, y no me lo tomes a mal, ya se había tardado, pues ¿desde hace cuántos años que no llegaba y tú mismo te quejabas a cada rato de padecer un ostracismo terrible, alejado de toda nueva gloria militar o recompensa política? Bueno, al fin te ha llegado; recuerda que el pez por su propia boca muere. No me mal entiendas, estoy deshecha por la noticia (que, por cierto, olvidaste darme en persona por alguna razón), pero pensar y pensar en que al fin logras tus metas me da algo de consuelo o quiero creer que me lo da. Dicen desde el año de la canica que quien ama de verdad sólo desea la felicidad del otro, que si lo amas debes dejarlo ir y todas esas barrabasadas anticuadas que a veces necesitas creer para sentirte mejor contigo misma. Ambos sabemos bien lo que es amar a otro, la obsecion histérica que supone y la posesión y opresión magnífica del otro a la que te orilla: decidir quién sea el amo y quién el esclavo es un juego continuo que en su mayor parte nos favorece a nosotras, pues ustedes quedan siempre burlados, creyendo que ganaron por llevarnos a la cama, cuando en realidad perdieron por darnos paso libre en el hogar de su alma. Con Carlingio la partida estaba ganada hace mucho, por eso decidí iniciar una nueva contigo, mi querido, querido Mariano. Pero tal parece que esta vez sí perdí, pues de la noche a la mañana te escapas a las estrellas más allá de donde puedo acompañarte. Carlingio quizá algo sabía (el otro día, cuando te vi en la cena, casi me infarto) y acabó por castigarnos a ambos y voltearme muy bruscamente la tortilla a mí. Volver a jugar el juego del amor con él y caer de nuevo rendida en sus brazos sería lo peor que podría pasarle a nuestra ya conquistada unión. Odio admitirlo, pero contigo lejos será inevitable… Pero antes de que mi destino me alcance también, ¿jugarás una última vez con tu amada? Con esta carta te envío tu medalla de la Tercera Guerra que me regalaste como prueba de verdadero amor, supongo que la necesitarás para la ceremonia de nombramiento oficial; además, si la llevas a las estrellas y logras regresarla a mis manos, lo que pase hasta entonces entre Carlingio y yo o con cualquier otro amante puede que esté dispuesta a olvidarlo. Por ahora, sólo te pido a cambio una respuesta. ¿La enviarás con la misma chica que recogerá este paquete, la que siempre te hace los mandados? Espero que tú también estés dispuesto a olvidar lo que hagas con ella cuando regreses con esta medalla. Siempre tuya:

Aurelia.

Neriela distrajo la mirada al llegar a las últimas líneas, no se atrevía a leer lo que esa mujer acabaría diciendo sobre ella. Al final no le importó, ya se había dejado matar por la curiosidad de todas formas. “Tiene razón, soy la chica de los mandados. Sólo haré mi trabajo”, pensó la Teniente antes de dar la media vuelta en el portón principal de aquella casona.

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Rafael Alejandro González Alva nació en la Ciudad de México en 1993. Es Lic. en Diseño por la Universidad Autónoma Metropolitana y Lic. en Lengua y Literaturas Hispánicas por la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha trabajado en empresas y proyectos relacionados con el diseño gráfico y la literatura, de entre los que destaca haber sido parte del grupo de trabajo del PAPIME “Leliteane. Lengua, literatura y teatro en la Nueva España”, dedicado a la difusión y estudio de las letras novohispanas. Actualmente cursa el XVI Diplomado de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, que imparte el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura desde 2010. En 2020 comenzó a publicar verso y prosa breves en medios digitales.


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