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09 enero
2019
Literatura Narrativa Relato
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EL TRISTE FINAL DE LA ALEGRÍA

Por Eleuterio Buenrostro

Me gustaría asegurarte que la muerte propiamente no existe, que formamos parte de un estado de no tiempo. Que persistimos en revivir lo ya vivido, en un ciclo, en el que se incluye: presente, pasado y futuro; todo en un mismo paquete en el que permanecemos. Que el nacer y el morir son los límites de nuestra duración, siendo el mismo ser llamado existenciaquien necesita de nosotros para lograrse.

Llegará el día en que, al abrir la reja y mirar a la calle, recordarás a los vecinos que ya no están; fue difícil decirles adiós. No estuvieron presentes cuando lloraste por su ausencia. Cierto día tampoco estarás aquí, pero permanecerás en lo vivido. Para los demás serás un recuerdo y tampoco estarás para ver lo que sus ojos lloraron en tu ausencia. En el recuerdo, de los que viven su propio presente, seguirás siendo el fantasma de lo que hoy eres.

Estas letras tampoco existirán, sino hasta el presente en que me mandes la fotografía de una tumba entre muchas otras: “Della Coralee Masson, HM US Navy Vietnam, 17 de Julio de 1936 – 02 de Julio del 2006”, decía su inscripción y “I did it my way” finalizaba su epitafio. Es extraño que refiera a una canción de alguien que, particularmente, te gusta como canta. ¿Puedes escribir algo especial, y usar ese nombre?, añadiste en el mensaje. Que sea nostálgico, feliz, pero con muerte, o no sé si con muerte; no sé cómo explicar el sentimiento. Me gustó el nombre Della Coralee. No sé por qué me causó mucha tristeza esa lápida, continuaste.

Un sentimiento de afinidad emergió al estar frente a su tumba, pero no supiste definirlo. Es como un campo, pero no vivo, insististe, refiriéndote a los cientos de tumbas alrededor, haciendo un eufemismo de la palabra muerte; la que no quisiste escribir por tercera vez.

En la cotidianidad tú fantasma se irá expiando desde el recuerdo. A los fantasmas, de los que ya no están, los hemos limpiado desde nuestro recuerdo y nada nos deben.  A lo largo del hilo que entrelaza la vida y muerte, el que nos define en existencia, seguirás tomando fotos que expongan lo maravillosa que eres y que, por alguna razón, la que tampoco entiendo, no puedes ver. El recuerdo de los que no están, en el presente, es como cuando se moja el arbusto de albahaca y que, al instante, nos llena de su olor. Podrás acariciar sus hojas y permanecer con el aroma en tus manos, pero no sabrás lo que les costó enverdecer y lograrse en vida.

Te voy a fallar, como acostumbro. Intenté llamar a Della Coralee Masson, desde el ensueño, para preguntarle qué relación sensible las hermanó aquel día; esa que fue tan evidente al estar una frente a la otra. Me avergüenza haber fallado. Debo decir, a mi favor, que los límites del sueño, no son los de su hermana la muerte y que jamás, en las tantas veces que lo intenté, llegó al llamado. En el límite que me fue permitido, allí esperé. Morta, la más temida de las Parcas, me miraba de frente, esperando a que cruzara el eco de la extinción, con tijera en mano, y sonreía…

Perdona el atrevimiento, mi ficción me sobrepasa, por no decir mi ser mitómano, ese que en algún momento llegó a encantarte; proviene del tiempo en que creías mis exageraciones. Y ya que estoy siendo sincero, debo decir que tampoco puedo asegurarte que no exista la muerte y que vivimos en eso que imaginé y dije del no tiempo.

Tu naturaleza ha sido siempre la de la tristeza, y me atrae, como la mirada de Morta, a pesar de que le temo; a ti te amo, eso lo sé. Tu alma sensible requiere de imágenes, porque cuando ya no estés, será muy triste saber que hay cosas que pudiste haber captado, y aún no lo has visto todo. El ciclo que conocemos es el mismo: nacer, crecer, elegir las mejores fotos, y al final morir; en la elección reside la felicidad. Elige seguir, aunque la vida duela. Hazlo por los pequeños destellos, por el momento en que el clickde la cámara capte el instante justo que precisaste. Estarás allí para observarlo y sentirás la vivencia en tu ser; eso sí lo puedo asegurar, dado que he visto el alma que le imprimes a cada una de tus fotografías.

De todo esto, mi querida fotógrafa, si bien es cierto que la vida es triste, y tus ojos lo ratifican, la vida, al ser vivida, se regocija en el instante y también es alegría, aunque precise de un final incierto, fugaz y que deba capturarse en modo manual.

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Eleuterio Buenrostro Calatrava, de profesión, escanciador de almas, es un ser inmortal insuflado, no nacido, el 14 de marzo de 2002 en Manuel Núñez. Sobre este último se sabe que es un seudoescritor intuitivo, que se escuda en heterónimos, y latinismos que desconoce, por falta de credenciales como escritor. Vino al mundo un 16 de julio de 1972, en Benjamín Hill, Sonora, cuando el tren de las seis de la tarde anunciaba su llegada. Fue entintado por los tipos de una vieja imprenta, perteneciente a su padre. Marcado en su niñez, se fue a bañar, desde los cuatro años, a las playas de Puerto Peñasco, Sonora, y a secar, desde los dieciocho, en el sol de Mexicali, Baja California, donde reinicia como escritor de tiempo incompleto. Colaboró a finales de los noventa en la sección de música, en la revista Ahí Tv’s. Debido a la apertura que otorga internet fue publicado en la página Ficticia.com, y actualmente colabora en Sombra del Aire, siendo Eleuterio Buenrostro —su nombre de tinta y verdadero artífice—, quien guía su pluma desde el escondrijo. Non plus ultra.

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