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11 Junio
2017
Literatura Prosa poética
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ALQUIMIA HEXAGONAL

Por Vanessa Fens

Estoy sola, nadie conmigo…, arrullando un epílogo arcaico encima del alma gótica, no sé por qué tal vez los ángeles se detuvieron en los hilos del hemisferio y no conmigo. No me sueltes; la alquimia hexagonal estaba sombreada por el tiempo muerto y el viento no tembló a la mitad de mis sueños.

Detenme fuerte; los días son largos; nadie acompañó mis madrugadas rodeadas por el enjambre de los mitos fantasmagóricos. Estamos hundidos, en el estrecho andén enardecido del océano, como dos desconocidos personajes, flotando en el terciopelo encharcado de las cuerdas suspendidas en la abadía de la eternidad; somos los mismos del tercer círculo adyacente en la cúspide del exilio. Quedan cenizas coralinas gélidas y hojarasca de guirnaldas violáceas por la dañada historia, como reliquia de un legendario espejismo, evaporándose a orillas de la Siberia Horizontal del Olvido. Los huéspedes inexistentes romperían hoy los lazos abrazados en torno a nosotros con alambre de púas, se acercan cada noche al sitio de las cavernas secretas, visten ropas psicodélicas envueltos entre gasas y destellos enceguecedores. Mientras el reflejo incandescente de los tulipanes blancos iluminaba el elixir sobre las aguas pantanosas, sentí junto a mi cuerpo la presencia de seres imaginarios hablando desnudos, teniendo apenas rosados secretos y agudos sopores de alcoba, para después derretirse entre el rumor cósmico del silencio. Desconocieron el amor, impregnando la piel de aromas censurados en el tímido sitio de los mortales, confundiéndolo precariamente en el subsuelo disuelto en el preludio indivisible del ocaso. Viviremos en medio de mil rostros diseñados con pinturas rupestres dirigiéndose a la superficie incongruente de los atardeceres donde desemboca la incontrolable miseria existencial. Desangre de un zarpazo la espina dorsal del cielo durante las madrugadas intrínsecas, esperaba que de las auroras boreales cayeran gotas de miel hirviendo y astros asfixiados por matices rojizo, tonos gris profundo con cristales de acero; todo quedó ahí en la fúnebre pausa del destino casi como un susurro al límite de los esquemas privilegiados. Sola por falta de Dios, con una profunda sed, inicié una especie de suplicio, establecí un diálogo con los roedores mientras subían al nido de las galaxias. Yacen entre las sombras histéricas alucinando a la mitad del viento rumbo a la Siberia Horizontal del Olvido. No me sueltes, los ángeles se detuvieron sepultados en los hilos del hemisferio, la alquimia hexagonal estaba en la línea turbulenta sombreada por el tiempo muerto sin el temblor de mis sueños, casi como un susurro del alma gótica alejada de la parte oblicua de mi cerebro…, detenme fuerte.

IMAGEN

La flor de la alquimia >> Óleo sobre triplay,  1947-1948 >> Manuel González Serrano

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