TODOS LOS DÍAS, LA MUERTE

por María Pérez

Por María Pérez

Ayer naciste y morirás mañana
Góngora

Yo sé que ningún momento suele ser apropiado para hablar de la muerte, nada nos provoca más tristeza que la pérdida de alguien que amamos, pero el tomarnos un tiempo para hacerlo nos acerca a la sabiduría, porque haremos frente a ese plazo inoportuno en la vida, a ese golpe brutal, a ese hecho inesperado, ahora que tal vez, si lo vemos en el aspecto filosófico será una oportunidad de diálogo sobre aquello que nunca se contempla hasta que sucede, por ello que tal si dejas en claro cómo quieres que sea tu último adiós, llévate a tu cama de libros la obra de Simone de Beauvoir, Una muerte muy dulce (1964), abórdala con la viva curiosidad hecha tan sólo por el empeño de imaginarte en una situación límite, capaz de darte opciones para vivir un duelo.

La historia narra las últimas semanas de la madre de la escritora, su diagnóstico de cáncer terminal, las dosis de morfina que ya no surten efecto, la postura de los médicos que prefieren mantener su Todos los días, la muertedolor vivo, que calmarlo para siempre con más medicamento, esos hechos se unen a la soledad existencial que la autora va experimentando conforme se presenta como una mujer, hija de un ser en agonía que la sitúa en la orfandad y la crisis, en donde son válidos los reclamos de ¿Por qué debería tocarnos a todos morir? ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Qué representa la muerte? y otras rabietas más, debes saber que de nada sirven, de hecho ¿Puede uno preguntarse algo lógico ante tal suceso?

Simone de Beauvoir muestra de forma virtuosa la fase terminal de su madre y todos aquellos sucesos que acompañan el cambio en la vida de todos a su alrededor, la espera, sumado a la ansiedad y el deterioro que causa la enfermedad. Entre ese dolor provocado por la muerte, la escritora estructura una reflexión sobre las relaciones humanas y su cambio ante la enfermedad. La autora dice que la muerte es una violencia indebida, juicio con el cual no estoy de acuerdo, más bien creo que es el acto final de la vida, es el cierre de un ciclo, una fecha de caducidad ubicada en nuestro cuerpo. No como un trágico suceso ajeno a la vida, sino como el último de sus procesos.

La obra de Simone de Beauvoir presenta de manera diferente a lavíctima, acaso influenciada por el dolor lo llama un accidente, en verdad ¿La muerte es un accidente? ¿No debe entenderse como el último suceso en la vida? o tan sólo es el acto donde se hace visible nuestra mortalidad. Tal vez simplemente es el descanso necesario del cuerpo, aunque lo más seguro es que sólo se trata de la finitud de las ideas que hemos construido de esta vida.

Para dicha escritora la muerte es un acto cruel del tiempo, la lucha que emprende su madre, que siempre mostró valentía, y las contemplaciones de la hija que ve el dolor sin piedad, como un enemigo que se postra entre ellas, abatiendo las ganas y la voluntad que su madre hubiera querido hasta el final. La novela enseña la relación madre-hijas, la comunicación, la falta de ella, el perdón, las culpas y el resentimiento que deberán liberarse como muestra del vínculo, lo que permitirá acompañarla hasta el final.

Así que por favor, llévate a tu cama de libros Una muerte muy dulce, quizás la novela sea el pretexto que necesitabas para filosofar sobre la muerte, evita ya la postura que considera dicho suceso como un tabú, cuestiónate, que te sirva para hacer algunas incomodas preguntas, después de todo la muerte viene a diario y su presencia siempre es inesperada, no vayas a quedarte con demasiadas dudas y otras tantas incógnitas que surgirían en torno a una despedida.


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2 comentarios

sol 21/05/2015 - 16:18

Es cierto debemos aunar y fomentar hablar de la muerte, quizá así no fuera tan doloroso y temible

Félix Bailón Salgado 24/05/2015 - 23:52

«Una oportunidad de diálogo sobre aquello que nunca se contempla hasta que sucede», así es; el huir de lo más inevitable que existe en este mundo nos enfrenta de golpe hasta que sucede, y puede ser tan inoportuno que mitigar el dolor será siempre proporcional a la concepción que se tiene de la «perdida» cuando aun se conserva lo que se quiere, no solo ser humanos, también cuenta el dinero, la salud, el trabajo, la juventud… pero si bien ese pequeño ejercicio de la muerte tan cotidiano como exhalar el aire que nos mantiene vivos, cerrar lo ojos mientras dormimos como si muriéramos, debería acostumbrarnos a la pérdida, pero no es así, al final, y como se dice en la película violines en el cielo, el problema no es para el que se va, sino para el que se queda, y si no duele no se puede despues, hacer fiesta. Gracias por la recomendación, se va a mi cama de libros Simone.

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