Pájaros abisales de Armando Ayala Ochoa es una composición simbólica en la que se urden los motivos aviares y florales como los ejes de un poemario que ostenta dos momentos poéticos: Lantanas y Star. Desde el inicio se plantea que las aves y las flores no se limitan a ser adornos líricos dentro de los poemas, sino que se erigen como el amalgama estético y semiótico que refleja la cosmovisión de su autor. Esta premisa constituye la base sobre la cual se articula todo el poemario, pues este tamizaje de ámbitos metafóricos, donde por un lado las aves fungen como emblemas de lo transitable, fugaz e indómito, y las flores, por otra parte, como indicios de fragilidad y renacimiento, da lugar a una propuesta poética que fluctúa entre la introspección de lo natural y su memoria, en contraste con la contemplación existencial que se proyecta en el paisaje urbano.
En este sentido, la inmersión a la atmósfera de Pájaros abisales requiere comprender cómo este entramado simbólico sirve de estructura fundamental para que el autor explore, desde múltiples ángulos, los vínculos entre la naturaleza, la memoria y la existencia humana. El libro se presenta así, como un territorio en el que conviven la delicadeza floral y la fuerza aviar, y donde ambas dimensiones sostienen la mirada poética que recorre sus páginas.
En el libro, el paisaje citadino adquiere una plasticidad dinámica entre los confines del epílogo y el prólogo que translocan sus sitios tradicionales. Esta inversión, que redefine conceptos como el principio y el final, la muerte y el nacimiento, el dolor y la vida, se comporta como si dichos elementos fueran vistos por el convexo ojo pajaril, en el que los límites se funden con los principios a la vuelta de la esfera; imagen que construye una perspectiva donde la circularidad rige el modo en que se leen los espacios, y donde la ciudad misma parece plegarse sobre sí para permitir que la realidad se perciba desde un ángulo no lineal, semejante al de un ave en pleno vuelo.
La mirada del espacio urbano, escudriñada por el vuelo vivo de un ave que, contrapuesta con la penumbra de la noche, funge como memoria y testigo, se enfrenta a la ciudad hecha de cartulina, que representa lo tangible pero inerte de la existencia. En esta contraposición se observa cómo lo vivo, el vuelo, la penumbra, la memoria, colisionan con lo fijo y construido, con lo inerte y lo estático. Todo ello desemboca en la errática pero siempre calculada entropía de la naturaleza; recurso que dota a los poemas de un movimiento continuo entre lo externo y lo interno, pues el poeta renuncia a la descripción tradicional del entorno y, en su lugar, propone una perspectiva de lo interno donde el paisaje es, en esencia, un reflejo emocional y no un simple espacio físico.
A lo largo del libro, el duelo, la pérdida y la nostalgia son signos poéticos que cruzan en bandadas las páginas de este libro. Se desplazan así entre estorninos, palomas, golondrinas y vencejos que pueblan los ramales y las estrofas del texto. Cada una de estas aves, al integrarse al flujo de la memoria y a la experiencia personal, intensifica la sensación de tránsito, de migración constante, de desplazamiento inevitable entre estados emocionales. Las bandadas no solo atraviesan el cielo: atraviesan también el poemario.
En Lantanas vive el musgo en hábitat de piedra; la enredadera crece sobre el concreto urbano; las azaleas y los claveles, los nardos y los crisantemos juegan a volar con sus dedos de pétalo, pero sus pies se aferran a la inmutable tierra sobre la que también se yergue la altitud de la ciudad. Lantanas parece ser pétreo e inmutable, como si la firmeza del suelo y la estructura urbana se incrustaran en la esencia de las flores que allí habitan. Su presencia vegetal, aunque frágil, posee la fuerza de aquello que persiste aun en entornos hostiles. Esta sección del libro se convierte, por tanto, en una reflexión donde las flores que, aun atadas a la tierra, aspiran simbólicamente al vuelo.
Star, en cambio, presenta una semántica preminentemente aérea. El repertorio aviar discurre en este pulso de hordas interminables, y este canto, tal como el poeta lo advierte, ha sido escrito en el filo del aire. Star es la volátil e indómita creatura, y su impulso poético se sostiene en la fugacidad del vuelo, en el movimiento constante, en la naturaleza ingobernable de lo que cruza el cielo sin detenerse. Esta segunda parte del libro actúa como contrapunto de Lantanas: a lo pétreo se opone lo etéreo; al arraigo, el desprendimiento.
Finalmente, el texto recalca que la memoria, las aves y las flores ostentan un insumo primordial en común: el suspiro interrumpido de lo volátil y lo efímero. Apenas tres segundos dura el rasguño de sangre que deja el cardenalillo cuando atraviesa volando el cielo; son breves los días que una flor extiende sus pétalos quebradizos a la vastedad del mundo; y apenas perviven las memorias en nuestros cerebros, tamizadas y disueltas con otros mil recuerdos. Esta equivalencia entre memoria, vuelo y floración articula el sentido profundo del poemario.
A través de sus dos momentos poéticos, Lantanas y Star, Pájaros abisales construye un diálogo entre la fijeza de la tierra y la volatilidad del aire, entre las flores que se aferran al suelo y las aves que lo abandonan. El autor urde un espacio simbólico donde la ciudad, la memoria, el duelo, el vuelo y la floración se integran en un entramado coherente que revela la complejidad de la experiencia humana. Todo ello reafirma que aquello que vive, sea flor, ave o recuerdo, comparte la misma condición efímera: la del suspiro interrumpido que apenas dura unos instantes, pero que deja una huella persistente en la mirada del poeta.
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*Texto leído en la presentación de Pájaros abisales, de Armando Ayala Ochoa, el sábado 28 de febrero de 2026, en el Museo del Telégrafo, en el marco del la 47 FIL Palacio de Minería. Libro a la venta.
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César Abraham Vega Guerra nació en la Ciudad de México el 30 de abril de 1981. Prolífico escritor, enlace técnico-editorial y promotor cultural. Es egresado de la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, con especialidad en el área de Lingüística. Tiene estudios formales en informática e idiomas, lo que le ha permitido ganarse la vida como jefe del área de Informática en el Hospital General de Chalco del Estado de México. Dada su formación profesional y pasión literaria, es cofundador de la revista Sombra del Aire, de la que ha fungido, desde 2011, como webmaster, enlace técnico y logístico, y asimismo, como formador de libros. Durante 2018, participó en el seminario de la UNAM, Leliteane, dedicado al estudio y fomento de la lengua, la literatura y el teatro novohispano, y suscrito al Programa de Apoyo a Proyectos para Innovar y Mejorar la Educación (Papime). Ha impartido conferencias, cursos y talleres de Fomento a la Lectura, Literatura y Lingüística, tanto en el ámbito divulgativo como en el académico. Algunos de sus textos han sido publicados en diferentes medios impresos y electrónicos.

