La pregunta acerca de si la creatividad es una cualidad innata o una habilidad adquirida ha sido objeto de debate durante décadas. Desde los primeros estudios de la psicología diferencial hasta los enfoques contemporáneos de la neurociencia cognitiva, investigadores de distintas disciplinas han intentado explicar por qué algunas personas generan ideas originales, resuelven problemas con mayor flexibilidad o logran transformar su entorno de manera innovadora. ¿Estamos ante un don natural, una chispa genética, o frente a una capacidad que puede desarrollarse mediante el aprendizaje, la experiencia y la práctica deliberada?
En Creatividad en acción (2024) sostengo que la creatividad debe entenderse como una capacidad universal del ser humano para producir ideas relevantes y transformadoras, que se manifiesta cuando la imaginación se articula con la acción. Esta concepción integra factores biológicos, psicológicos y sociales, y cuestiona la noción elitista de que la creatividad sea patrimonio exclusivo de unos pocos “dotados”. Por el contrario, plantea que se trata de una competencia desarrollable mediante estímulos adecuados, motivación intrínseca y contextos que favorezcan la experimentación.
- Perspectiva genética: ¿una semilla heredada?
Diversos autores han sugerido la existencia de un componente genético asociado a la creatividad. Estudios con gemelos idénticos, realizados desde la década de 1980, han mostrado correlaciones moderadas entre herencia genética y desempeño creativo. No obstante, investigaciones más recientes —como las compiladas por Jung y Vartanian (2022)— indican que, si bien pueden existir predisposiciones neurológicas (por ejemplo, una conectividad interhemisférica más flexible o una mayor activación de la red de modo por defecto), estas no determinan de manera directa ni definitiva el comportamiento creativo.
El neuropsicólogo Elkhonon Goldberg (2009) resume esta postura al señalar que la herencia influye “a veces y en cierta medida”, pero no de forma determinante. Los genes, en este sentido, proveen un terreno potencialmente fértil; el desarrollo creativo depende de cómo ese terreno sea cultivado mediante la educación, la práctica y la cultura.
En Creatividad para un mundo mejor (2023), profundizo esta idea al afirmar que la herencia puede facilitar ciertas disposiciones, pero no garantiza la innovación; esta emerge del diálogo constante entre pensamiento libre, acción consciente y compromiso con la transformación. La evidencia procedente de la psicología positiva respalda esta afirmación: la creatividad parece surgir con mayor fuerza de la curiosidad, la motivación intrínseca y la interacción social que de la genética considerada de forma aislada.
- El entorno como catalizador
Franc Ponti (2018) afirma que no existen pruebas científicas concluyentes de que la creatividad esté genéticamente codificada. Puede haber predisposición hacia determinadas habilidades —musicales, matemáticas o lingüísticas—, pero la creatividad trasciende el talento técnico. Como señala el autor, una persona puede dominar magistralmente el piano y, aun así, carecer de capacidad compositiva. La creatividad, por tanto, no se reduce a la destreza, sino que implica la capacidad de establecer relaciones inéditas entre ideas para generar valor.
Desde esta perspectiva, el entorno se convierte en un factor decisivo. Mihály Csikszentmihalyi (1996) propone que la creatividad surge de la interacción dinámica entre el individuo, el campo (las normas y conocimientos de una disciplina) y el dominio (la comunidad que valida las innovaciones). La creatividad no es solo un fenómeno interno, sino un proceso sistémico y contextual.
Ejemplos históricos refuerzan esta idea. Beethoven compuso algunas de sus obras más trascendentes tras perder la audición; El Greco desarrolló un estilo pictórico singular pese a su trastorno visual. Estos casos muestran que la creatividad puede trascender las limitaciones biológicas cuando confluyen pasión, sentido y un entorno que permite persistir.
En Marketing y creatividad para emprender (2022) sostengo que los entornos organizacionales y educativos pueden actuar como activadores o inhibidores de la creatividad. Allí donde se promueven la experimentación, la diversidad y el aprendizaje a partir del error, la innovación emerge con naturalidad; por el contrario, el exceso de control y la homogeneidad tienden a asfixiarla.
- Infancia y educación: el laboratorio natural de la creatividad
El educador Adrián Vargas (2017) señala que la infancia constituye el período más espontáneamente creativo del ser humano. Durante esos años, se inventan juegos, relatos y soluciones sin miedo al error. Sin embargo, con el tiempo, el entorno social y educativo suele enseñar que equivocarse es motivo de sanción o vergüenza. Esta observación coincide con los planteamientos de Robinson (2009) y Lucas et al. (2023), quienes evidencian cómo la rigidez curricular y la sobrevaloración de la memorización inhiben la curiosidad y el pensamiento original.
Desde esta perspectiva, propongo un modelo educativo centrado en la acción creativa, en el que la imaginación se traduzca en proyectos concretos. La creatividad, como un músculo, se desarrolla con uso frecuente: exige práctica, confianza y propósito. Metodologías como el aprendizaje basado en proyectos, los enfoques ágiles y los entornos colaborativos se convierten así en herramientas claves para formar mentes innovadoras desde edades tempranas.
Investigaciones recientes (Marín & Rivas, 2023) confirman que los contextos que favorecen el juego, la exploración y la interdisciplinariedad estimulan la flexibilidad cognitiva, uno de los pilares fundamentales del pensamiento creativo.
- Práctica y disciplina: el desarrollo consciente de la creatividad
El director de la Barcelona School of Creativity, David Tetilla (2020), sostiene que “el creativo se hace”. Desde su experiencia formativa, afirma que la práctica sistemática y la exposición reiterada a problemas complejos transforman progresivamente la manera de pensar. El error frecuente, según esta visión, no es señal de incapacidad, sino parte del proceso de aprendizaje creativo.
Ramón S. Viñas (2019) complementa este enfoque al señalar que el talento sin disciplina tiende a diluirse, mientras que la práctica constante puede compensar la ausencia de un “don” inicial. En consecuencia, la creatividad no se agota en la inspiración ocasional, sino que implica método, perseverancia y reflexión crítica.
En este sentido, sostengo que la creatividad sin método se dispersa, pero el método sin creatividad se vuelve estéril. De esta tensión surge una fórmula operativa: Curiosidad + Método + Propósito = Innovación sostenible. La práctica creativa no consiste únicamente en generar ideas, sino en convertirlas en realidades capaces de aportar valor social, económico y ético.
- Cultura, contexto y diversidad: la creatividad situada
El antropólogo Alfred Kroeber (1944) advertía que Bach, de haber nacido en otro contexto cultural radicalmente distinto, no habría producido la misma obra. Esta afirmación subraya que la creatividad no se desarrolla en el vacío, sino dentro de marcos culturales que orientan lo que una sociedad considera valioso, original o pertinente.
Los estudios contemporáneos sobre creatividad situada (Glăveanu, 2023) retoman esta tesis y muestran que la creatividad es un fenómeno distribuido y socialmente construido. Lo que resulta innovador en un contexto puede ser irrelevante en otro.
Desde esta mirada, he planteado que la creatividad no solo consiste en inventar productos, sino en transformar realidades colectivas (Schnarch, 2024). Las culturas que fomentan la cooperación, la empatía y la sostenibilidad generan condiciones más propicias para el florecimiento creativo que aquellas centradas exclusivamente en la competencia y el rendimiento inmediato.
- Perspectiva integradora: la persona creativa nace y se hace
Ken Robinson (2009), dialogando con Eduardo Punset, señalaba que la vida es esencialmente creativa: se construye a partir de la imaginación, el temperamento y las oportunidades que se saben generar o aprovechar. Esta visión integradora refleja el consenso actual: la creatividad es el resultado de la interacción entre predisposición, contexto y práctica.
Nuria Oliver (2020) amplía esta reflexión al ámbito tecnológico al afirmar que no existen “nativos creativos digitales”; las competencias necesarias para usar la tecnología de modo innovador deben aprenderse. De manera similar, Chávez Cárdenas (2021) subraya que la creatividad emerge del cruce entre genética, ambiente y procesos epigenéticos.
Conclusión
La pregunta sobre si la creatividad es innata o adquirida plantea una falsa disyuntiva. La evidencia contemporánea sugiere que nacemos con potencialidades diversas, pero que la creatividad solo se actualiza cuando intervienen el entorno, la educación y la práctica deliberada. No basta con una predisposición biológica: sin contextos que estimulen la curiosidad, legitimación del error y oportunidades para actuar, la creatividad se desvanece.
Más que un don, la creatividad es una construcción progresiva y situada. Pensarla como un privilegio genético no solo carece de sustento empírico, sino que opera como una coartada cultural que exonera a las instituciones educativas, organizacionales y sociales de su responsabilidad formativa. En este sentido, la pregunta relevante ya no es quién nace creativo, sino qué condiciones hacemos posibles para que la creatividad ocurra.
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Referencias bibliográficas
Chávez Cárdenas, R. (2021). Psicología de la creatividad y los entornos inhibidores. México: Trillas.
Csikszentmihalyi, M. (1996). Creativity: Flow and the Psychology of Discovery and Invention. New York: HarperCollins.
Glăveanu, V. (2023). Distributed Creativity and Social Innovation. New York: Springer.
Goldberg, E. (2009). The New Executive Brain: Frontal Lobes in a Complex World. New York: Oxford University Press.
Jung, R., & Vartanian, O. (2022). The Cambridge Handbook of the Neuroscience of Creativity. Cambridge: Cambridge University Press.
Kroeber, A. L. (1944). Configurations of Culture Growth. Berkeley: University of California Press.
Lucas, B., Marín, J., & Craft, A. (2023). Educar para la creatividad: estrategias para el siglo XXI. Madrid: Narcea.
Marín, C., & Rivas, D. (2023). Ambientes escolares y desarrollo de la flexibilidad cognitiva. Bogotá: Editorial UNAD.
Oliver, N. (2020). Creatividad e inteligencia artificial: repensar la educación digital. Madrid: Fundación Telefónica.
Ponti, F. (2018). Inteligencia creativa: el arte de convertir ideas en valor. Barcelona: Profit Editorial.
Robinson, K. (2009). El elemento: descubrir tu pasión lo cambia todo. Barcelona: Grijalbo.
Schnarch, A. (2022). Marketing y creatividad para emprender. México: McGraw-Hill.
Schnarch, A. (2023). Creatividad para un mundo mejor. Bogotá: Ecoe Ediciones.
Schnarch, A. (2024). Creatividad en acción. Bogotá: Ecoe Ediciones.
Tetilla, D. (2020). “El creativo se hace”. Barcelona School of Creativity Journal, 12(3).
Vargas, A. (2017). Desarrollar la creatividad en la educación y la empresa. Bogotá: Ediciones U.
Viñas, R. S. (2019). El oficio del arte: técnica, talento y perseverancia. Barcelona: Lumen.
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Pollopera correcaminos de once cabezas, 1986 >> esmalte sobre plancha de aleación plomiza de mobiliario suburbano >> Alias Torlonio
Alejandro Schnarch Kirberg nació el septiembre 3 de 1945 en Viña del Mar y, después de mucho recorrer, ahora vive en Bogotá, Colombia, a 2.601 metros de altura… De padre rumano, madre chilena, abuela rusa y abuelo argentino, hijo de Austriaco. Felizmente casado, con hijos y nietos… Ha vivido en varios países y se ha bañado en el océano Pacífico, Atlántico, Mediterráneo, Mar Muerto, Mar Rojo y el Caribe… Estudió en la Universidad de Chile y Ben-Gurión de Israel. Profesor universitario, ejecutivo, escritor y consultor. Recibió el “Premio Iberoamericano de Creatividad e Innovación” México 2016 y DOCTOR HONORIS CAUSA, Asociación Internacional de Profesionales en Ciencias Administrativas y Empresariales de Latinoamérica, CINEA 2024. Autor de los libros “Creatividad e Innovación” Alfaomega, México 2018; “Creatividad para un mundo mejor” Ecoe, Colombia 2020; “Marketing y creatividad para emprender”, McGraw-Hill, México y España 2023, y “Creatividad en acción”, Ediciones de la U, Colombia 2024.

