LA PALABRA MÁS BELLA

por La Rosa de Plata

Hace tiempo alguien me preguntó cuál era mi palabra preferida. Imposible como encontrar la más pura gota de agua en el reino de Poseidón; inconcebible como elegir la flor más bella de entre todas las lágrimas de Afrodita; e impensable como señalar el rayo de sol más prodigioso en el amanecer que acaricia el Olimpo. ¿Es posible decidir cuál es la palabra que más disfrutas pronunciar? Sólo aquel que ha visto el arte detrás de la lengua entiende el desafío que es escoger una de entre el resto.

Es un secreto que pocos predilectos conocen: cada palabra tiene un alma propia que arde en un cuerpo moldeado por el idioma y un poder único en donde yace su belleza. Cada una provoca una emoción distinta en nuestro ser, una que nace en el valle de los recuerdos, o en la tierra de los deseos, y viaja por tu cuerpo hasta encontrar salida a través de unos labios, ahí en la brisa, es finalmente libre. Si las sensaciones que traen consigo nunca son las mismas; si algunas de ellas incendian tu piel en señal de excitación, otras provocan un cosquilleo que recorre tu lengua y te arrebatan un suspiro, incluso pueden forzarte a derramar una lágrima, ¿cómo decidir cuál es la más hermosa?

Si se tiene la fortuna de hacer amistad con palabras prestadas de otras lenguas, la dicha es todavía mayor y la lucha se vuelve más reñida. Lullaby del inglés, me lleva a la cuna que forma la luna a la que acuden los soñadores en medio de las noches de insomnio en que bailan las musas; folia, en italiano, hace arder mi interior por un amor de locura recurrente en mis fantasías y desconocido en la realidad; el vocablo francés merveille hace que me eleve hasta la cima de la bóveda celeste para que desde lo alto contemple el mundo y sus encantos.

Y aunque mi lengua madre se lleva la corona con la palabra efímero, que resuena como una invitación a la vida misma al recordarnos la fragilidad de nuestra existencia, nada se compara con el nombre de mi amante. En él, encuentro la redención de mi pasado, la aventura de mi presente y la ilusión de mi futuro.

El nombre de mi amor es armónico cual fábula ancestral que consuela a los anhelantes, es arrebatador como la súplica por un beso e hipnotizante cual canción que une a las ánimas. La manera en la que bailan sus letras unas con las otras moldea el esqueleto de mis versos y la forma en la que acaricia mis labios al ser pronunciado engendra la poesía misma. Del nombre de mi amado nace mi destino

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La Rosa de Plata, Ana Karla Carrera Herrasti nació el 19 de diciembre de 1994 en el Estado de México. Con apenas seis años, encontró en la escritura su llamado y la mejor forma de liberar sentimientos atrapados. Con el tiempo, descubrió que le apasionaban los idiomas, así que se dedicó a perfeccionar su lengua materna y a aprender otras lenguas. Actualmente, es licenciada en idiomas, tiene diez años de experiencia como profesora de inglés y ha tomado distintos cursos de traducción y corrección de textos. Debido a su amor por la literatura e influencia de Khalil Gibran, Edgar Allan Poe, entre otros autores, ha escrito poemas, historias de terror, fantasía y relatos eróticos bajo el pseudónimo de La Rosa de Plata, muchos de los cuales fueron seleccionados en concursos para ser publicados. Hoy en día, busca entrar al mundo editorial y se prepara para publicar su primer libro independiente.

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