INSTRUCCIONES PARA NADAR EN LA LOCURA DE LA NADA

por Eleuterio Buenrostro

A veces pienso en nada y logro mantenerme en esa ingravidez por un instante. Luego, cuando mi alma siente el abandono, surge, por instinto, una primera pregunta: ¿existo? De allí se cuelan otras tantas y el mundo regresa a su complejidad. Yo diverjo a creer que fue el verbo el dador de materia para lo que existe; fue la interrogante la verdadera creadora. Pero, ¿cabrá en la nada la intensión de pregunta? La respuesta es un sí. En eso consiste la nada, en una incógnita doble de saber si es o no verdadera, y para que la existencia se dé, se debe existir y no existir al mismo tiempo. Autodestruirse, como primera intención, para mantenerse inane y seguir funcionando. Entonces, en un sistema hipotético que parte de dos simples respuestas, un sí o un no, las posibilidades se vuelven infinitas, llegando a concretarse la totalidad.

Hoy, debido a la proliferación de la era del silicio, es sencillo entender esa lógica tan básica de la creación. No quizá el procedimiento de lo que nos rodea a gran escala, sino lo que hemos logrado como humanos pensantes. Es llamada lógica Booleana y se utiliza en los circuitos integrados. Se basa en preguntas y se responde con ceros y unos. Un sí, es un uno, correspondiente al todo, y un no, es un cero, definido por la nada. Las posibilidades se ven incrementadas al adicionarle la lógica negativa. Consiste, y se sobre entiende, que trabaja a la inversa, un sí, es denotado por un cero y un no, por un uno.

Todo parte de la infinitud de la nada. Es difícil imaginarlo porque se cree que la nada no posee sustancia medible. Se entiende como que si la nada llegó a existir es algo y en ese algo, que es el paradigma, se concreta la pregunta que destella  hacia la creación. Si se quisiera entender de una manera sencilla, imaginemos que tenemos a la nada contenida en su misma nada, eso que lo contiene es el algo necesario para que se dé la lógica mínima, una única pregunta binaria, el cero o el uno con que se inicia; lo siguiente es hacer las preguntas correctas para llegar hasta lo que somos.

Para que nada exista, ni siquiera la nada debería existir, lo cual ha sido imposible sostener y regresamos al mismo ciclo que nos incorpora. Debe entonces existir el no existir infinito, donde se logra mantener el todo por un instante, la lógica negativa del no creador, el verdadero vacío al que tanto tememos.

Después de haberme aceptado siendo algo, han surgido preguntas más complejas. ¿Qué es lo que permite mantenerse en la existencia? ¿En dónde reside el punto de autodestrucción o dónde la permanencia? Para esas preguntas es necesario ir más allá de la lógica. Nuestro escenario del todo es ahora la realidad en la que se vive y la nada está conformada por el mundo de los sueños. No se confunda a esto como a la lógica negativa, seguimos en el mismo plano donde el “sí” corresponde al uno y el “no” al cero tradicional. Para hacer más interesante el experimento, imaginemos que ese hipotético, al que pertenecemos, está contenido en algo; se deja a elección su forma: esférico, plano con una cúpula, cuadrado, en una matriz. Lo que rodee a ese mundo, de realidades y quimeras, no importa, en tanto el sistema se mantenga alejado de observadores externos que puedan corromper sus variables.

Esta última condición incluye a quien haya formulado la pregunta primigenia, es necesario que se mantenga alejado, para que el sistema no se perturbe y no llegue a colapsar. Al abrirse la caja para un observador externo hay una sola posibilidad: u observa el mundo analógico que es palpable (se existe), o el de los sueños, etéreo (no se existe); algo así dijo, palabras más, palabras menos, Schrödinger. Vivimos en la superposición de esos dos estados, y estamos condicionados a más, pero se nos permite, desde nuestra estancia, interactuar, solamente, con la particularidad de los sueños. Esa es la respuesta del porqué de un Dios mudo. Desde su omnipotencia quiere que el sistema funcione y se mantiene alejado.

Al fin de cuentas, vistos desde lejos, seguimos siendo un borde mínimo en la extensión del universo: casi nada. Soy Lucio Trelbera, en sueños me han dicho que la lógica negativa, con su instinto de destrucción, está a dos niveles de distancia, no me gustan los platos de peltre, y no estoy loco.

El fin

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Conejo >> Óleo >> Martha Bercebal

Eleuterio Buenrostro Calatrava, de profesión, escanciador de almas, es un ser inmortal insuflado, no nacido, el 14 de marzo de 2002 en Manuel Núñez. Sobre este último se sabe que es un seudoescritor intuitivo, que se escuda en heterónimos, y latinismos que desconoce, por falta de credenciales como escritor. Vino al mundo un 16 de julio de 1972, en Benjamín Hill, Sonora, cuando el tren de las seis de la tarde anunciaba su llegada. Fue entintado por los tipos de una vieja imprenta, perteneciente a su padre. Marcado en su niñez, se fue a bañar, desde los cuatro años, a las playas de Puerto Peñasco, Sonora, y a secar, desde los dieciocho, en el sol de Mexicali, Baja California, donde reinicia como escritor de tiempo incompleto. Colaboró a finales de los noventa en la sección de música, en la revista Ahí Tv’s. Debido a la apertura que otorga internet fue publicado en la página Ficticia.com, y actualmente colabora en Sombra del Aire, siendo Eleuterio Buenrostro —su nombre de tinta y verdadero artífice—, quien guía su pluma desde el escondrijo. Non plus ultra.

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