FERNÁNDEZ A LA CONQUISTA DEL NUEVO MUNDO. II

por Rafael González Alva

El reciente descubrimiento de Nova Centauri tenía sin cuidado al General Carlingio Velázquez; no obstante, se encontraba ahí, escuchando con heroico ahínco fingido las palabras no menos vehementes de su presidente constitucional y Comandante Supremo del Ejército:

“¿Acaso menoscabaremos nuestros esfuerzos una vez más? ¿Dejaremos de nuevo que la opresiva y potente mano de las grandes polinaciones sojuzgue a placer las estrellas y diga esta es mía y aquella también? ¡No! Despertemos, hermanos soberanos, y demos nuevas leyes a nuevas tierras. Nova Centauri está allí, apenas vista por el hombre, más cercana que las tres estrellas Alpha, y vírgen nos espera. Creémosla juntos. Llevemos nuestros valores, nuestras tradiciones, nuestra historia, nuestra gente milenaria y hagámosla aun mejor”.

Velázquez estaba sorprendido, el presidente, en los más de diez minutos que llevaba hablando sobre la conquista de aquel nuevo sistema planetario, se las había ingeniado para no mencionar ni por error la honda crisis de las reservas uránicas del país –y del mundo– y el obvio resago que a México se le había impuesto en las minas recién halladas, irónicamente, en Urano, por no mencionar las de Venus y Mercurio. 

“Se me ha informado, como saben, que en Nova Centauri se ha descubierto un planeta descomunal: dos veces el tamaño de nuestro Astro Rey, poseedor de una amplia riqueza natural e incluso habitado por formas de vida aún ignotas, aunque ciertamente hostiles. El capitán Joan de Xibalba y la expedición guatemalteca, nuestros hermanos, pueden dar cuenta de ello: más de la mitad han muerto en su primer contacto con los naturales en lo que parece haber sido un malentendido por algo de agua –¡y sí, hay agua allá!–. Que su sacrificio no sea en vano: nos han traído esta valiosísima información antes que a nadie, usémosla, que los anales de la historia, que el futuro vea inscrito el nombre de Nova Centauri y no pueda pensar antes que otra cosa en el también inmortal nombre de los Estados Unidos Libres de México”.

Velázquez aplaudió y aplaudió fuertemente, lo mismo que el resto del recinto, aunque él estaba más impresionado por la labia y la capacidad camaleónica de su líder que por sus palabras en sí, pues lo conocía bien y sabía cómo, apoyado por él mismo, había llegado al cargo que ahora ostentaba tan honradamente. 

“Neomeztli 15-21 he tenido a bien nombrar a este nuevo y descomunal planeta y he aquí en mi mano la solicitud formal ante la FSI, la NONU y la UEPAN para poder explorarlo y poblarlo. Solo falta en ella su firma, soberanos hermanos diputados y senadores, alcaldes y generales, caciques y ministros. Deliveren y tiren sus votos. Su sabia decisión ha de guiar, como siempre, al sumo bien del pueblo mexicano”.

Apenas la moción fue votada a favor, el mandatario quiso pagarle a Velázquez su ayuda en las elecciones presidenciales con la designación de Comandante en Jefe de la Exploración Exosolar Mexicana, cargo que, entre muchas glorias y laureles para su persona en la Historia, le habría de traer un jugoso bono y una pensión vitalicia y hereditaria nada detestable incluso aún con la seguridad monetaria que su actual cargo le granjeaba.

 

Rafael Alejandro González Alva nació en la Ciudad de México en 1993. Es Lic. en Diseño por la Universidad Autónoma Metropolitana y Lic. en Lengua y Literaturas Hispánicas por la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha trabajado en empresas y proyectos relacionados con el diseño gráfico y la literatura, de entre los que destaca haber sido parte del grupo de trabajo del PAPIME “Leliteane. Lengua, literatura y teatro en la Nueva España”, dedicado a la difusión y estudio de las letras novohispanas. Actualmente cursa el XVI Diplomado de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, que imparte el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura desde 2010. En 2020 comenzó a publicar verso y prosa breves en medios digitales.


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