FÁBULA DEL AJEDREZ

por Roberto Marav

Por Roberto Marav

El Rey

Con paso lento y ambiguo, su serenidad colma los rencores de todo aquel que lo persigue. Su experiencia le dice que la sabiduría es certera pero la paciencia es abrumadora. Con cetro de oro, plata o estaño, la templanza del Rey siempre impondrá admiración y respeto. Jamás iniciará una guerra pero siempre defenderá a capa y espada la dignidad de su pueblo (aunque, fuera de toda fábula, todo empoderado preferirá defender su capa a peón y espada).

Ajedrez » Lautaro Fiszman

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La Dama

Reina de todos los juegos. Libertad femenina sobre enjutos y vetustos nombres. Mujer andante y sabia que recaba paso a paso las estrategias ajenas. Corona codiciada. Dueña de los pensamientos y de las miradas. Experta en acechanzas sutiles y comprometedoras. Esencia de vals en retablos codiciados.

El Alfil

Consejero en los deslices de la argucia y de la táctica anticipada. Nacidos bajo el signo de géminis, los obispos siempre dispondrán el flanco con impulso de ciervo. Designados al andaraje predestinado, sus túnicas de mártires reforzarán cualquier lance venturoso de victoria, encaminando el camino de las almas vencidas. Mal consejero de espíritus aventurados y de creencia varia.

El Caballo

Punta indomable del asedio certero y decisivo. Ingenio de cuatro pisadas. Galante caballero labrado de armadura inigualable. Salta a través del campo de batalla sin ninguna cortadura que aguce sus sentidos, solo su brío desmesurado truncará la gallardía de su empuje. Paladines dispuestos a engrandecer cualquier reinado.

Unicornio liberado por las musas del ensueño, libre de toda cadena y señor de todos los valles. Su cuerno de batalla siempre resonará en los confines del silencio al levantar el espíritu del hombre. Ensueño del enamorado y cadera empobrecida y mancillada.

La Torre

Defensa infranqueable y guardia real. Muralla aplastante sobre caminos de avanzada. En firme, divisa de forma segura la protección y el ataque de las escuadras. Ariete determinante en la dispersión de las salvaguardas. Recurso imparable de última instancia, hasta que el enemigo se enliste a la tarea de desnudar su talón de Aquiles o imagen acartonada.

El Peón

Peonza lanzada a su suerte hasta que su espada se achate. Cuadrilla de rapaces, codiciosos de poder y riquezas. Ansiosos de librarse del fuero que los fustiga, su desempeño es muy limitado y de fácil libramiento. Suicidas y alborozados; son capaces de matar al más notable caballero que subestime su insignificancia en el cuadro de batalla. Su única ambición es deshonrar a cualquier damisela en turno, ya sea reina, dama o cortesana.

Nota preventiva: siempre se defienden en manada, aunque sea esta un afanoso cultivo de opiniones ofuscadas.


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