EL SONIDO DE UNA LLAMA

por Alejandro Roché

En esta época de cuarentena el insomnio suele atacar más frecuentemente, como esta noche, que estoy despierto mirando hacia el techo la luz tintineante entre la penumbra y los lentos segundos de la madrugada. A veces creo que es cierto, a veces que sólo es mi imaginación, quizás mi mente al borde de la locura o bien de la demencia misma en que ya vivo, pero siempre que tengo una veladora prendida en mi cuarto y en el fondo el silencio de la obscuridad, creo escuchar el sonido de la llama.

Sí, lo sé, suena muy loco, pero he hecho diversas pruebas; como por ejemplo, apagar la veladora y entonces sólo queda la soledad de la noche, pero si vuelvo a prender la veladora ahí esta ese sonido, es como un suave oleaje en un gran lago, no como el del mar, éste es mucho más pausado, casi imperceptible, y es curioso, porque tengo fama de estar sordo, pero en las noches, consciente y con los ojos cerrados, escucho ese suave sonido de la llama. Incluso he hecho la prueba prendiendo dos veladoras, pero inexplicablemente el lento andar de ese meneo sigue igual, no aumenta ni disminuye, aunque por lógica debiera de aumentar. No, sigue siendo igual y nuevamente para comprobar apago las veladoras y todo es calma, paz, la noche me envuelve y casi siempre me vuelvo a dormir.

A veces fantaseo, imaginando que en años o quizás cientos de años, los científicos determinarán que efectivamente la llama de una veladora tiene sonido y buscarán en internet si hay alguna referencia del tema y encontrarán que en Sombra del Aire se publicó un cuento hablando de ello y dudarán de la veracidad de mis palabras porque en esta revista digital el enfoque es literario y no científico; sin embargo, releerán la descripción que hago una y otra vez y notarán que innegablemente es la ecuación del sonido de una llama.

 

IMAGEN AL EXTERIOR

Mano con vela >> Óleo >> Javier Arizabalo

Alejandro Roché nació en el Edo. de Méx. en 1979. Ingeniero en Comunicaciones y Electrónica por el Instituto Politécnico Nacional. A la par de su desarrollo profesional como programador informático, se ha ejercitado desde temprana edad en la disciplina de la Literatura, sobre todo en el campo de la narrativa. Lector ávido. De 2000 a 2005 formó parte del Taller de Creación Literaria del escritor Julián Castruita Morán dentro de las instalaciones de la ESIME-Zacatenco del IPN. Durante los próximos años escribió la novela Abraxas, hoy publicada por entregas y disponible en este medio. Colabora con profusión en Sombra del Aire desde mayo de 2015.


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