EL MUSEO

por Zaid Carreño

CRÓNICA DE UN DÍA EXTRAÑO

Casi un día entero se gastaba para llegar al ombligo del planeta. Julián bajó con dificultad del submarino ya que sus piernas se encontraban aún dormidas. Su sentido de la vista, más despierto, percibió al jefe de la tripulación que desde el puente se despedía de él ; respondió a su cordial manifestación ofreciendo su mano al horizonte desde su frente, como hacían los marinos del siglo XX ( recordó haber visto este gesto en una película vieja ). Sintió la mano firme de su padre aterrizar en su hombro, se enfrentó a sus ojos y algo tímido, le preguntó que significaba la palabra contaminación. Papá se sorprendió al escucharlo, tenía planeado explicárselo todo a su hijo mientras caminaban por el museo, apoyado de las imágenes y de las narraciones que de las paredes de éste salen automáticamente al pasar los visitantes, pero alguien se le había adelantado.

—Fue el jefe del submarino, le dije que me llevabas a un museo y que no sabía que íbamos a ver, que me querías dar una sorpresa. Me habló sobre contaminación y basura, pero no entendí nada, sólo recuerdo estas palabras.

—Bien, Julián, creo es una buena idea antes de que te enfrentes a nuestro pasado te hable un poco de nuestra historia reciente. Mira hijo, hace aproximadamente 20 años erradicamos la basura y demás fuentes contaminantes. Es difícil explicarte como era la apariencia de estos desechos, pero ya los verás… mmmh… claro, debes estar confundido, no sabes siquiera el significado de la palabra basura. Antes todo aquello que ya no considerábamos útil lo tirábamos, es decir, existían recipientes en los que se vaciaba la basura, que era todo eso que ya no servía. Por ejemplo, este pantalón que ahora traes ya está algo viejo. Mira, ya hasta se promueve un hoyo en tu rodilla, pues bueno, como esta prenda quedará en un futuro próximo inservible, ¿Qué es lo que habremos de hacer con ella?

—¡Papá! Pues regresarla a la tienda para que la reciclen.

—Eso hacemos en esta época, hijo, pero en aquella, pocos años antes de tu nacimiento, esta prenda hubiera ido a parar a la basura. ¡Dios! En verdad es difícil explicarte. Los gobiernos del mundo cumplieron muy bien con su tarea de erradicar la palabra. Ya ni yo sé exactamente lo que la basura es. Ese viejo lobo de mar debe tener uno del siglo pasado, en los actuales libros no aparece la palabra contaminación, ni alguna otra que tenga que ver con ésta y en los diccionarios nada después de “bastonero”. En fin, el problema no era tener recipientes y desperdicios en ellos, el problema surgió cuando las personas hicieron caso omiso de los botes destinados para la basura y se empeñaron en regar los desperdicios por todo el planeta. Ahora, hijo, esto es lo que quedó de aquella civilización.

Julián que con gran interés y asombro escuchaba a su padre, observó, estupefacto, la atlántica cúpula que se levantaba frente a ellos.

No tuvo tiempo de expresar a su padre el desconcierto que le produjo tal visión, ya que dos sujetos vestidos como trabajadores de la construcción de urbes, los sujetaron del brazo y los encaminaron hacia la entrada del Museo. Julián fue separado de su padre y sometido a un cuarto de paredes transparentes, una mujer vestida igual que los hombres de la entrada sólo que con las botas más altas y sucias, le pidió que se pusiera la escafandra colgada a su izquierda. Algo temeroso comenzó a ceñirse el traje, sin dejar de tener contacto con su padre; con el rabillo del ojo lo veía charlar con uno de los misteriosos guardiasconstructores. Reparó en la vestimenta de este último, era similar a la que ahora él portaba. Su padre terminó la negociación y se dirigió al apartado en el que estaba su hijo, descolgó otro traje del muro y comenzó a desvestirse mientras le explicaba lo que había platicado con el guardia.

—Las reglas son las reglas. Tuve que identificarme. Sólo algunos pueden visitar el Museo, yo estoy entre esos pocos privilegiados, pero es una gran responsabilidad. También me indicó que no podemos tocar algo y mucho menos llevárnoslo. Por supuesto, tampoco debemos, por nada del mundo, quitarnos las máscaras de oxígeno; el aire consecuencia de la contaminación es extremadamente tóxico, podríamos morir al instante. Quiero que sepas, Julián, antes de que entremos, que Dios nos brindó otra oportunidad y que no podemos echarla a la basura.

Su padre sonrió al pronunciar la palabra; gesto que Julián imitó de buena gana.

—Mira, cuando nos dimos cuenta los seres humanos de lo que habíamos hecho, decidimos volver a empezar. Ya era imposible limpiar nuestro medio ambiente. Cuando dejamos esta región del planeta estaba tan contaminada que las flores se marchitaban antes de lograr su total esplendor, ya no había verde en los árboles, las aves ya no volaban por lo espeso de los humos industriales. Recuerdo una vez que fui a la playa, los peces flotaban de lado, agonizaban, estaban envenenados. Por las aguas de ríos y mares viajaba la muerte. Los desechos químicos le quitaron el azul al mar y lo pintaron de amarillos brillantes. Acabamos con nuestra naturaleza, hijo, y poco a poco con nosotros mismos, porque las nuevas generaciones comenzaron a presentar disfunciones respiratorias. Ven, acércate, aprieta este botón… lee lo que aparece:

Contaminación.— Inclusión en el medioambiente de microorganismos o sustancias químicas o radioactivas, nocivas al hombre.

—Ahora lo sabes, hijo, y también es importante que de ahora en adelante te reconozcas como un nuevo elemento en la batalla contra la contaminación. El gobierno nombró a unos cuantos para que visitaran constantemente el Museo y no se olvidaran de lo ocurrido, esto con el objeto de salir de aquí con la tarea en la cabeza de promover por siempre la limpieza. Tú acabas de ingresar al grupo de elegidos que guardan celosamente en sus memorias los errores de la humanidad. El jefe del submarino te estaba preparando, y yo te mentí un poco al decirte que no recordaba el significado de las palabras, quería ver tu reacción. Llevo diez años visitando esta historia.

—Entiendo todo lo que me dices, papá. Sé que no me obligarías a hacer esto, pero yo quiero participar en está lucha. Hagámoslo entremos.

Frente a las puertas de la entrada hacia el pasado que se abrían lentamente, las manos de uno y otro entrelazadas, se estrecharon fuertemente. A los pocos segundos de haber entrado, Julián preguntó a su padre hasta cuándo iba a poder ver. El denso gris de la atmósfera le arrancó de la memoria sus recuerdos inmediatos; uno de ellos, el del cielo azul que siempre lo envolvía radiante todas la mañanas camino a la escuela. Sonrió, seguro de que a su regreso, ese mundo maravilloso, luminoso, le esperaba…

IMAGEN

Tomada de la portada original. Por  Lissette Ávila Orozco. México: Samsara, 2009.

Zaid Carreño. Escritor mexicano, 1973. Cursó la Licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación. Profesor universitario desde el 2000. Inicia su actividad literaria en 1992 dando a conocer sus primeros trabajos en la editorial electrónica Crunch! Editores y la revista Publicarte. En 2009 publica su primer libro Crónica de un día extraño. Para 2011 sale a la luz su primera novela Hégira, «un éxodo sin límites probables, un relato donde la imaginación convive con el mito, la ansiedad con la filosofía, el deseo con la agonía, la luz con la oscuridad». Mientras prepara la publicación de su segunda novela, Zaid Carreño se integra a un proyecto experimental con el que se busca la comunión entre artes plásticas y literatura, proyecto que culmina con la publicación de La bombilla sobre el plato y sus alrededores . En 2014 edita Memorias Falsas, “un collage de recuerdos de un sobreviviente de la Generación X como cualquiera»En 2016 reedita Memorias Falsas con Chiado Editorial, acercando su trabajo al viejo continente. Participa en la Feria Internacional del Libro de Lisboa de ese año con la firma del libro. El Manifiesto de lo Inifinto es un ensayo que publica en 2017. En el último lustro ha participado en la elaboración de guiones para cortometrajes y un largometraje, como Entre Luces de Irving Uribe Nares, corto que se presentó en el GIFF 2018. Hoy se encuentra trabajando en su primera novela infantil que espera publicar este año.

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Crónica de un día extraño

Sólo algunos afortunados pueden darse cuenta de que todos los días son distintos, de que los pasos cotidianos pueden llevarte al mismo lugar a vivir de diferentes formas. Son muy pocos los venturosos que pueden encontrar, aun en la cotidianidad, un día extraño. Zaid Carreño es uno de esos afortunados, ha logrado presentar en Crónica de un día extraño, una serie de relatos que nos llevan a recordar las historias cotidianas que muchas veces ignoramos, pero que con un poco de imaginación nos pueden llevar a encontrar en la rutina diaria la diversión olvidada; imaginación, combinado con un claro y afortunado manejo de las letras, mostrado por Zaid en cada uno de los relatos cortos que emergen en este libro.

De la urbe a la sala de exposiciones, de lo onírico a lo trágico, del reflejo a lo inanimado y de la zona de no fumar a la polución total; son los relatos que nos permiten imaginar en la cotidianidad de Zaid Carreño, en la rutina ajena para intentar darle una mirada diferente a la propia. Ricardo Ham

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