EL ARTE DE SABER LLORAR

por Yelenia Cuervo

 

A JR porque ilumina mi vida

Desde que tengo memoria siempre he llorado. Lo he hecho a hurtadillas, alejada de cualquier testigo, simplemente porque en nuestro mundo se nos ha negado la posibilidad de expresar. Lo cierto es que algunas personas somos más sensibles y esto nos coloca fenomenológicamente en otra perspectiva existencial.

Recuerdo que un día mi madre le dijo a mi psicóloga que yo tenía que ser tratada como una orquídea, es decir, con sutileza, porque todo me lastimaba de manera exagerada. Recuerdo también una infancia dolorosa, y no porque haya sido tormentosa: tengo unos padres que me han amado y otorgado los tesoros más preciados que una niña deseara tener.

Muchos años después aprendí a sublimar mi sensibilidad a través de la poesía, la filosofía y el arte, a defenderla, a llorarme a través de la palabra y de manera secreta a abrir mi corazón a otras personas: exponer mi vulnerabilidad.

Somos seres que le tememos a la vulnerabilidad, escondemos nuestros grandes temores en una máscara de fortaleza que generalmente se antoja ilusoria. Callar. Guardar. Ocultar. Fingir. ¿En dónde estamos situados? Es difícil tener una única respuesta, pero tal vez lo que acontezca en estos tiempos sea una desgarradura ante la muerte, un tiempo suspendido en la incertidumbre que nos disloca, que nos hace perder los territorios inaugurales que suponíamos seguros. Nada es certero. Acaso como diría aquel filósofo griego en su sentencia: la única constante es el cambio. Entonces hemos tenido que hacer-devenir. Re-inventar, experimentar, abrir nuevos surcos existenciales donde no los había con anterioridad. Exteriorizar nuestro miedo a morir, revelar el temor que nos provoca la finitud de las personas que amamos, refugiarnos en nuestro interior, en nuestro hábitat, y de igual forma, crear una nueva temporalidad.

Y así, un día me levanté y me enteré de que mi amigo del doctorado, Alejandro, había muerto por covid en cuatro días. Un miércoles publicó en la madrugada en su muro de Facebook: “amigos, me estoy muriendo y es una sensación muy extraña”. Al siguiente día lo busqué con cierta perplejidad para preguntarle qué es lo que le pasaba, sabía que estaba deprimido por la situación del encierro, me dijo que había tenido un ataque de pánico y que no podía respirar, que sus familiares lo habían llevado al hospital. Ese jueves fue su cumpleaños, le dije que lo quería mucho y que todo estaría bien. El domingo murió.

Tuve que retener mi llanto porque me atemorizó que mis defensas bajaran, aunque mientras escribo esto le lloro, aunque cuando me emborracho le lloro, aunque a escondidas de mis vecinos le lloro por las noches, y de la misma manera, lloro por los muertos del mundo y lloro porque tampoco quiero morir.

Otro día me desperté y tenía en mi cama a un hombre. Podía platicar, podía soñar, podía reír y llorar mis miedos en sus brazos. De alguna forma, ambos nos procuramos a nuestra manera refugiados. Supongo que así nacieron nuestras emociones. Si hay algo que he aprendido con él es la fuerza del aquí y el ahora: en cada detalle le muestro que el instante es lo más valioso que tenemos, y le agradezco lo que me brinda en sus horas de compañía. Lo abrazo como si fuera la última vez, porque ahora reconozco que todo puede cambiar de un día para otro. (¿Pero no ha sido así siempre?) Es decir, las relaciones terminan, duran, como afirma mi maestra de tarot, lo que están destinadas a durar.

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Todos moriremos algún día….

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Entonces, ¿cómo podemos imaginar un mundo postpandémico? ¿Qué ocurriría en él? ¿Cómo sería? ¿A qué podríamos asirnos? Si hay algo en lo que creo es en la potencia de la creación, en su fuerza, en su poder de transformación. Creo en el arte desde niña cuando hice mis primeros versos, creo en la pintura desde que viví rodeada de cuadros en la casa de mis padres, creo en la música desde tiempos ya irreconocibles, creo en el cine desde la adolescencia cuando descubrí que me desgarraba. Creo en la oscilación y la gravedad de la danza, en el cuerpo que es pulsión y acontecimiento.

Así, pienso en un mundo de imaginación creativa (no necesariamente desde el arte), imagino que cada uno de nosotros haremos el ejercicio de transformación para concientizar nuestra relación con la totalidad: desde la esfera de lo natural hasta el universo y las galaxias, incluido ahí, el mismo virus.

Imagino que por vez primera escuchamos la vulnerabilidad del otro y no la tomamos como debilidad. Dejamos de abusar de los sentimientos de las personas, y deconstruimos la absurda idea que las cascadas emocionales alejan a los otros de nuestra vida.

Imagino el poder de mi propia vulnerabilidad cada que lloro, cada que puedo decir a los demás lo que siento. Imagino mi vulnerabilidad al decirte cuanto te quiero y te deseo, imagino mi vulnerabilidad al decirle a mi madre que la extraño, imagino mi vulnerabilidad al decirle a mi padre que hubiese querido que nuestra familia creciera unida, imagino a todos mis amigos juntos y que soy capaz de susurrarles su importancia en mi vida.  

***

¡Imagino cómo se ilumina el cielo en cada arte de saber llorar!

 

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Donny Cuervo >> Artista plástico, Facultad de artes ASAB Universidad Distrital Francisco José De Caldas, Bogotá Colombia.

Yelenia Cuervo nació en la Ciudad de México. Poeta, ensayista y crítica cinematográfica. Estudió la carrera de Filosofía y el posgrado en Estética en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), posteriormente realizó la maestría en Filosofía y Medios de Comunicación en el Instituto Salesiano de Estudios Superiores. Es egresada del Diplomado en Creación Literaria de la SOGEM y del Diplomado en Análisis y Teoría Cinematográfica impartido por la Cineteca Nacional de México en coordinación con la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM-X).

Colaboró en la revista Horizontum con una columna sobre cine. Su obra poética se encuentra en diversas antologías, portales de la web y revistas en línea: Letralia, Opción, Radiador yRegistromx. En el 2017 publica su primer libro de poesía Variaciones de una certeza con sello editorial Abismos, poemario que reúne una visión erótica y filosófica de la existencia.

Variaciones de una certeza es un poemario bien logrado, interesante, que demuestra que una ópera prima no es un asunto de urgencia. La autora, Yelenia Cuervo, ha sabido aguardar para compartir sus versos al mundo. Gracias a ello, las presentes páginas poseen la fiereza de una tempestad, pero también son agudas como las iluminaciones en medio del desierto. Rozando la tradición de los poetas malditos, nihilista incluso, «Variaciones de una certeza» reivindica una propuesta híbrida que oscila entre la filosofía, el dolor y el erotismo (con gran ingenio). En este libro, Yelenia Cuervo escribe para no perecer, y profesa con dignidad el fuego (Ulises Paniagua).

Ventas y presentaciones: yeletuztra@gmail.com


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