DÍAS DE GUARDAR

por Rocío Álvarez

Me contaron hace tiempo, en los años de mi niñez, que hace mucho en un pueblo de la Sierra Gorda de Querétaro, vivió una pareja muy devota de los mandamientos de Dios; cumplían con sus oraciones y educaban a sus hijos conforme a la Santa Madre Iglesia, pero la pobreza era tanta, que por más que dedicaban sus días a la siembra, la cosecha que obtenían era muy poca.

El hombre de nuestra historia se llamaba Juan; se levantaba antes de que saliera el sol y regresaba a la casa con el atardecer. Su mujer, llamada Lola, cada día realizaba las labores de la casa y atendía a los niños para, posteriormente, alcanzar a su marido y llevarle el lonche al campo.  

Pero sucedió que llegaron los días mayores o días de guardar y, como es costumbre entre los pobladores de la serranía, esos días no se trabaja y se dedican a la oración, a la meditación y el reposo; son, como muchos dicen: “días del señor”. Pero Juan, preocupado por el poco maíz con el que contaban y la mucha necesidad que tenían, se levantó como todos los días para salir al campo. Al ver Lola lo que hacía su marido, le dijo:

—Juan, ¿a dónde vas? Hoy no se trabaja, es día de guardar.

—Mujer, no vamos a cosechar nada si nos quedamos a descansar.

—Anda, pues, pendejo, ve y ya verás que Dios te va a castigar.

Juan se fue al campo sin hacer caso a la advertencia de su mujer, era un día lluvioso y nublado, de ésos en los que el barro se pega a los huaraches. Esperó a que escampara para uncir la yunta de bueyes y empezar a labrar la tierra.

Lola, molesta, no fue a llevarle el desayuno ni la comida. Así fue que pasó la tarde y llego la noche y el señor no volvía. Su mujer, preocupada, fue a buscarlo en compañía de uno de sus hijos. En la oscuridad de la noche, con llovizna y alumbrados con una lámpara de pilas, gritaban su nombre.

—¡Juannnn!, ¡Juanitooo!

Cuál fue su sorpresa que al llegar al lugar donde sembraba, encontró al marido inconsciente enterrado con medio cuerpo en la tierra. Como pudo, Lola y su hijo comenzaron a desenterrarlo, a veces con las manos, otras con ayuda del talache, hasta que, poco a poco, las piernas del hombre salieron en su totalidad. Con muchas dificultades, Lola lo llevó a casa, el niño lo sostuvo de un brazo y ella del otro. Juan pasó varios días en cama con fuertes calenturas e innumerables delirios. La yerbera del pueblo lo bañó de pies a cabeza con sus mejores plantas medicinales. Al cabo de unos días, Juan recobró la conciencia y conto su suerte:

—Qué razón tenías, mujer, en cuanto comencé a labrar la tierra la lluvia empeoró y el nublazón apenas me dejaba dirigir mis pasos y los de la yunta. Me detuve bajo un árbol para protegerme de la lluvia, entonces una luz cegó mis ojos, un estruendo llegó a mis oídos y la tierra se abrió bajo mis pies.

Resultó que un rayo había caído sobre Juan, enterrando sus piernas y dejándolo inconsciente. El hombre por suerte no murió, pero las afectaciones fueron bastantes, entre algunas de ellas fue que su caminar gallardo y varonil se redujo a un subir y bajar de su cuerpo, un cojeo en la pierna izquierda, que le dificultaba las caminatas largas por las veredas interminables de la serranía. Pero lo más notorio eran las divagaciones de su mente, los temores nocturnos que se acentuaban más en cuanto llegaba el tiempo de las lluvias. La gente del pueblo comenzó a darse cuenta de esto y entre voces comenzaron a llamarle “el loco Juan”. Su mujer en su infinito amor sólo acertaba a decirle:

—Ya ves, Juan, estos días son de Dios…y para Dios los tenemos que consagrar.

 

IMAGEN

Padre eterno >> Francisco de Zurbarán (España, 1598-1664 ).

Rocío Álvarez Espinoza. Revolucionaria del alma y el corazón, ha enfocado su trabajo literario en la poesía, el cuento y relato corto. Nació un 20 de noviembre de 1983 en la Ciudad de México. Su formación académica comenzó en el IPN, donde estudio Ciencias de la Informática en UPIICSA. Posteriormente encontró su vocación en la Licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM.  Su búsqueda de la cultura la hizo ingresar en varios talleres literarios, entre ellos el del profesor Julián Castruita Morán.  Participó en el 2014 en el recital de poesía a lado del profesor Alejandro Arzate Galván, organizado por el Centro Cultural Mexiquense Bicentenario. De 2006 al 2012 realizó trabajos como editora de la extinta revista literaria Nereidasnet. Actualmente participa en la revista Sombra del Aire.   

http://nereidasnet.blogspot.com/


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