DE LOS INTELECTUALES BOOTLEG

por Armando Escandón

O EXPLORAR OTROS CAMINOS PARA FORMAR LECTORES

Por Armando Escandón Muñoz

El pedante es lo menos parecido a un apóstol igualitario,

porque en el fondo no quiere compartir su cultura,

sino ufanarse ante un público fácil de impresionar.

Enrique Serna, Genealogía de la soberbia intelectual, p. 14.

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Desgracidamente, un gran número de intelectuales de nuestro entorno son como juguetes bootleg.
Sí, me refiero a esos muñecos de plástico inflado, malas copias de los originales y producidos sin licencia.[i] Estos “pensadores” van por la vida recitando los grandes nombres de la literatura universal: Franz Kafka, James Joyce, Jorge Luis Borges, Samuel Beckett… Y desde su punto de comodidad, los intelectuales bootleg se erigen como el porvenir del pensamiento: van a los cafés, a los bares de las zonas con tradición cultural y ahí reunidos —desde su atalaya inexpugnable del saber—, cual chacales en manada, descalifican todo lo que no encuentra referencia en sus coordenadas culturales, o no es escrito por ellos o sus amigos.

Y el terror total cimbra a los intelectuales bootleg cuando escuchan términos como: “best seller” o “superación personal”. De inmediato demeritan a los lectores de estos materiales. Como si fueran el cura y el barbero en la biblioteca de Alonso Quijano, se erigen los jueces que envían libros a la hoguera. Así, Paulo Cohelo, Og Mandino, Deepak Chopra, Osho, J. J. Benítez, Dan Brown… son condenados a la pira porque están estigmatizados, pues sólo buscan “vender”. Los intelectuales bootleg velan por los nombres sagrados del Parnaso literario —aunque a muchos no los conocen, sólo repiten lo que leyeron en Wikipedia—, jamás le verán un mínimo valor a quienes no comparten paradigmas y caminos por ellos conocidos.

Sin embargo, en este tipo de juicios frívolos es donde los intelectuales se muestran más inflados por el exterior y huecos por dentro, porque el verdadero interesado en formar lectores entiende que el proceso de la lectura se construye gradualmente y va de lecturas sencillas a retos más complejos. El auténtico divulgador de la lectura sabe aprovechar a un lector en potencia, no lo descalifica sólo porque sí, en un afán de exhibicionismo y pedantería intelectual.

Entonces, si conocemos a una persona que se encuentra leyendo El alquimista de Paulo Coelho —una novela de tono árabe, sin mayores pretenciones, que narra la historia de un pastor que lleva sus ovejas por diversas latitudes del mundo y, como suele acontecer con la fórmula de los libros de superación personal, “aprende a crecer” a lo largo del viaje—, ¿por qué no realizar un poco de trabajo con ella y, por ejemplo, contarle la historia de un marino que a lo largo de siete viajes tiene altibajos, pero que al final de sus aventuras, resulta avante? Porque al estar frente a un lector en potencia —entiéndase que ya hay un hábito por la lectura y esa es una gran ventaja—, se le puede guiar a partir de su propia experiencia e irlo acercando a obras cada vez “más literarias”,[ii] es decir, tomar como punto de referencia la experiencia y las expectativas del lector —léase “aprendizaje significativo”—, no las nuestras. Ese lector de obras de superación personal, que leía a Paulo Cohelo, con un poco de orientación y esfuerzo, puede llegar a leer Las mil y una noches y, con ello, el mundo literario ganar un nuevo ciudadano.

Otro tanto puede hacerse con el tan descalificado Código da Vinci de Dan Brown, libro en que se utiliza el emblemático mural La última cena como uno de los puntos centrales, donde la andrógina imagen del apóstol Juan se aprovecha para decir que, realmente, es María Magdalena con quien Jesús habría tenido descendencia. Bajo esta premisa se desarrolla la novela, en medio de secretos, conjuras y las características aventuras de este tipo de obras. ¿Pero qué pasaría si al lector de este libro le sembramos la duda sobre la veracidad de las fuentes históricas usadas por el autor y le platicamos que existe un biógrafo de los principales artistas del Renacimiento, llamado Giorgio Vasary y que en la Vida de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos habla de Leonardo de modo más veraz? O incluso, preguntarle a ese lector: ¿conoces de primera mano los Evangelios?, pues, dejando de lado las polémicas religiosas, los textos de Marcos, Mateo, Lucas y Juan contienen la esencia de las enseñanzas de Jesús, ideas como la del “Buen samaritano”, pasaje en el que se basó Martin Luther King para sostener su lucha no violenta a favor de los afromericanos. Sin embargo, motivar este tipo de reflexiones en un lector requiere de mucho trabajo, el que, la mayoría de veces, el intelectual bootleg no gusta de participar, porque: “¿Cómo se va a rebajar a leer libros de superación personal o best seller?”

Este texto no es una apología a ultranza de los libros de superación personal y los best seller, sino de la libertad de leer lo que nos plazca y apartir de ello —de interesarle al interfecto y de tener un guía que lo ayude a navegar por aguas más profundas—, avanzar a horizontes cada vez más complejos. Un buen juicio de la indutrialización del libro como fórmula, lo expone Daniel Pennac en Como una novela:

[…] existe lo que yo llamaría una “literatura industrial” que se contenta con reproducir hasta el infinito los mismos tipos de relatos, despacha estereotipos en serie, comercia con los buenos sentimientos y las sensaciones fuertes, salta sobre todos los pretextos ofrecidos por la actualidad para producir una ficción de circunstancias, se entrega a “estudios de mercado” para liquidar, según la “coyuntura”, tal tipo de “producto” que se supone inflamará a tal categoría de lectores. En resumen, es una literatura en serie, “lista para disfrutarse”, hecha en molde y a la que le gustaría apresarnos en el molde (pp. 155-156).

Quienes tienen más horas de vuelo en el mundo de las letras y son avezados lectores, conocen los límites e intenciones del mercado editorial, además cuentan con la suficiente creatividad para generar puentes entre el mundo comercial y fomentar lecturas cada vez más literarias. No se espantan por el concepto de “comercial”. Ven el fenómeno de la lectura como si fueran el dios Hermes: “[…] inventor de la lira y dios del comercio de los caminos, de la comunicación”.[iii] ¿Por qué querer darle un único rostro a la actividad lectora? ¿Acaso el ámbito de las letras no tiene muchas posibilidades de mundos como los atributos de Hermes? ¿No sería factible generar vasos comunicantes entre los libros comerciales y los más literarios?

Por desgracia, en nuestro panorama cultural abundan los intelectuales bootleg, porque siempre será más fácil vivir de la apariencia, soñar con la grandeza literaria, ganar premios, descalificar todo proyecto ajeno, buscar el interés personal, antes que realmente cooperar en la formación y madurez de lectores. El verdadero trabajo no suele reconocerse, pero como la caja de Pandora, sabemos que lo último que debe abandonarse es la esperanza.

OBRAS CONSULTADAS:

JAKOBSON, Roman, Lingüística y poética, Madrid, Cátedra, 1960.

PENNAC, Daniel, Como una novela, México, Secretaría de Educación Pública-Norma, 2003.

SERNA, Enrique, Genealogía de la soberbia intelectual, México, Taurus, 2014.

ZAID, Gabriel, Los demasiados libros, México, Diana, 1996.

[i] También existen los bootleg de plástico macizo, pero incluso estos poseen mayor calidad que los huecos.

[ii] Definir lo “literario” resulta bastante complejo. Terry Eagleton en Una introducción a la teoría literaria realiza un recorrido por diversas etapas de la historia y diferentes escuelas de análisis, revisando el concepto de literatura, el que varía según los intereses de cada corriente, véase: Terry Eagleton, Una introducción a la teoría literaria, México, Fondo de Cultura Económica, 1998; también considérese: Terry Eagleton, El acontecimiento de la literatura, Barcelona, Península, 2013.

Para fines operativos en este texto, usaré el enfoque de Roman Jakobson, vinculando a “la función poética del lenguaje” que desde la expresión verbal privilegia los conceptos de “selección” y “combinación” para generar un discurso de índole poético, es decir, un tipo de expresión que —la mayoría de veces— no presentan ni los libros de “superación personal”, ni los “best seller”. Jakobson escribió: “¿Qué es lo que hace que un mensaje verbal sea una obra de arte? El objetivo principal de la poética es la diferencia específica del arte verbal con respecto a otras artes y a otros tipos de conducta verbal”, Roman Jakobson, Lingüística y poética, Madrid, Cátedra, 1960, pp. 26-27.

[iii] Gabriel Zaid, Los demasiados libros, p. 33.

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2 comentarios

Héctor Iván Patricio Moreno 30/11/2015 - 00:11

Excelente punto de vista. La libertad de leer lo que plazca es perteneciente a todos. Y ser crítico, como los son los intelectuales falsos, es el peor oficio del mundo, ese al que tanto les gusta dedicarse. Justo su crítica es lo que revela su falta de agudeza intelectual.

Armando Escandó 13/02/2016 - 18:09

Saludos, Héctor. Sí es esencial la libertad lectora, pero también entender que los procesos lectores se construyen, pero quienes tienen la experiencia para ayudarnos a ello, muchas veces terminan vacunándonos, en lugar de acercarnos.

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