C’EST LA NUIT

por Karla Paola Soriano Mora

Porque “Dormirse y despertar no son tan diferentes como antes lo fueron ; a menudo los confundo”. (Leonora Carrington)

No todo es lo que parece ser, la realidad llega a ser un sueño como la felicidad puede llegar a ser inalcanzable; una realidad tan sensible que en cualquier momento podemos escapar de ella.

Al ponerse el sol, la vida se vuelve oscura, envuelta en las sombras de la noche, perdidos en la oscuridad de lo más profundo de nuestros pensamientos, tan profundos y oscuros como el dolor que siento por la historia que estoy a punto de contar.

No hace mucho tiempo, soñaba con nunca despertar, saber que se siente escapar por completo de la realidad, en especial de la mía, demasiado triste para levantarme por las mañanas. Vivo en una depresión constante que me inunda de terror, en mis paseos nocturnos camino por el bosque, es tan desgraciada mi vida que incluso mi sombra ha decidido no seguir mis pasos, me siento seguro en la soledad del bosque, pues a la brillante luz del día relucen mis más temidos secretos, por eso me gusta caminar solo, así hablo con el viento.

Me invade el miedo de mis pesadillas rutinarias, escucho las voces en mi cabeza, retumbando con un eco escalofriante, ellas me dicen que jamás cesarán, mi única compañía por toda la eternidad, mencionan una cara que no he podido conocer y que cuando lo haga jamás podré volver.

No entiendo las razones por las cuales las personas prefieren no acercarse a mi presencia, en ocasiones he escuchado que produzco terror en sus corazones con el simple hecho de caminar frente a ellos, yo no digo nada, sólo sufro en silencio mientras mi odio hacia ellos crece día con día sin poder detenerse.

Cuando las personas anhelan el contacto humano con tanta repugnancia, rogando de rodillas el estar con cualquier ser que se cruce en sus caminos, puedo sentir una gran desesperación en sus almas, me produce desagrado y una cólera insoportable, a veces pienso que tal vez me encontrare solo por el resto de mis días —aunque para siempre es demasiado tiempo—, que la persona indicada, esa que entenderá mis pensamientos jamás arribará al puerto de mis deseos, o al menos eso pensé, hasta ese fatídico día en que ella se cruzó en mi camino.

Una noche de marzo, en uno de mis paseos nocturnos, caminaba solo como de costumbre, pensando cómo mi memoria no se había oxidado a pesar de los años, lo fastidioso que era recordar cada experiencia de mi vida, y comprendí que ninguno de esos recuerdos tenía una pizca de felicidad, inundado en el rencor de mis recuerdos, acompañado de mis compañeras, las voces, colapsé por un momento y caí repentinamente al suelo, había golpeado con algo al verme distraído por el lamento de mis reproches, un dolor insoportable invadió la parte baja de mi espalda, trataba de reprimir mi dolor en las blasfemias que comencé a gritar con mis ojos cerrados, tan apretados que imaginé que jamás podría abrirlos de nuevo, levanté la mirada con una mueca de disgusto y de repente quedé estupefacto, un rayo de luz había iluminado no sólo mi noche, sino mi vida entera, jamás había visto a un ser tan hermoso y perfecto como el que tenía ante mis ojos, una cabellera larga, voluminosa y viva como el color del fuego ardiente, labios que a simple vista eran tan suaves como el pétalo de una rosa, unos ojos vivaces y del color azul del cielo, que me miraban fijamente y penetraban en mi alma sin restricción alguna. Un rubor invadió su rostro, pronunció unas palabras, no recuerdo cuáles, estaba tan embelesado que ni siquiera podía escuchar los sonidos a mi alrededor, me sonrió, sus dientes blancos como perlas me hicieron sentir seguro y entendí que había encontrado lo que mi alma siempre había anhelado.

Ella extendió su mano, la tomé y al suave roce de su tersa piel con la mía me produjo una satisfacción indescriptible, imaginé toda una vida a su lado, cómo serían nuestros días juntos, el día de nuestro casamiento, nuestra descendencia y cómo pasaríamos nuestros últimos días juntos, como dos almas que se aman intensa y eternamente, por primera vez en mi vida las voces habían cesado, una sensación extraña invadió todo mi cuerpo, creo que esto es a lo que llaman felicidad.

Entonces ella soltó mi mano y se fue caminando en las tinieblas de la noche, sentí cómo mi mundo se derrumbaba frente a mis ojos, todo la vida que había imaginado a su lado se desmoronaba cada vez que ella daba un paso alejándose de mi presencia, las voces habían vuelto con más fuerza que nunca, en ese momento comprendí que no podía vivir sin ella, no podía dejarla ir.

Corrí hacia su presencia ilusionado, imaginando que me recibiría con los brazos abiertos. En cambio, al mirar que me acercaba, su expresión tomó un aire de espanto y comenzó a huir de mí. Yo gritaba en mi desesperación por alcanzarla, jadeando de cansancio al correr tras sus pasos. De repente, nos encontramos frente a frente: éste no era el ser al que yo había amado. Una gran cólera se apoderó de mi ser y de repente todo se oscureció, no sabía dónde estaba y en mi mente sólo yacía el gran recuerdo de mi amor por ella.

No sé dónde me encuentro, pero ahora no sólo escucho mis voces sino también las voces de los demás que más bien suenan como gritos, ¡No estoy loco!, gritan con desesperación, aquí todo es blanco y puro, escucho el latido del corazón de mi amada y, ahora que he conocido esa cara que mis voces tanto mencionaban, me siento en paz.

 

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Los amantes >> René Magritte., Bélgica, 1898-1967.

Karla Paola Soriano Mora nació en la Ciudad de México el 29 de marzo del 2000. Estudiante de la licenciatura en Biología en la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco; a pesar de sus intereses por el área de las ciencias biológicas es una ferviente amante de la literatura, siempre disfruta un buen libro de cualquier género pues considera que las opciones son uno de los pequeños placeres de la vida. Una mente llena de ideas impacientes por ser salir al mundo exterior. Ha estado inmersa en al quehacer literario por poco tiempo pero el interés ha estado presente desde que era muy pequeña; se ha visto inspirada por muchos otros de nuestros colaboradores y espera algún día ser tan buena como ellas y ellos.

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