8. EL EQUILIBRIO DE LOS OPUESTOS (4/4)

por Alejandro Roché

ABRAXAS

Viene de Abraxas. El equilibrio de los opuestos (3/4)

Los tres señores toman a sus hermanas y, dispuestos a hacerlas suyas, son detenidos por la voz imperiosa de Deizkharel, a quien miran con deseos reprimidos, pues sus penes están erectos. A esto, Deizkharel levanta las manos y llama a la Mega Ramera esparcida en el mundo. Ella llega suntuosamente, vestida con la castidad de las virginidades que ha ultrajado, en su diestra lleva siete víboras, que son su guía al caminar, pues está completamente ciega. Las víboras deciden a quiénes ha de prostituir, y nadie llega a su ama sin ser devorado por éstas. En la siniestra lleva placeres, delicias, encantos, satisfacciones; concupiscencias que regala a sus amantes. Su cabeza está coronada por los cráneos de hombres y mujeres muertos en aras de poseerla. Su rostro es un espejismo que refleja los deseos de sus idolatras. Las joyas que ornamentan su carne hedionda se cuentan por miles, y éstas son espíritus de hombres y mujeres embelesados en sus brazos. Su piel está totalmente maquillada, porque oculta los nombres escritos de los seres humanos en copula con su sexo. Su cuerpo tiene millones de senos, y de los pezones cuelgan hombres y mujeres poseídos, que maman la sangre derramada en su nombre.

La Mega Ramera llega a la piedra donde Alétse ha sido sacrificada, e invoca a Céfiro y Bóreas, quienes se manifiestan en dos torrentes de aire que envuelven el cuerpo inmolado, para que a través del flujo universal se esparzan los restos en el cosmos. Entonces se acuesta en la piedra, y los tres Señores fornican con ella durante tres días y tres noches. Las hijas de Deizkharel levantan una enorme tienda y en ella descansan junto a su padre. Dadahellux, ahora siempre callado, permanece al lado de Deizkharel.

Al amanecer del primer día, el Señor del Fuego y de la Luz lleva a Aya Sofía dos bebés paridos por la Mega Ramera, quienes al ser amamantados crecen y maduran, convirtiéndose en dos hermosos mancebos, sus nombres son Lucifago Rofacale y Satanachia. Ambos se acercan y reverencian a Deizkharel. El primer nacido habla:

—Mi lealtad es hacia ti, y con ella, todos los tesoros y riquezas del mundo.

El segundo hijo del Señor del Fuego y de la Luz continúa:

—Padre de mi padre, el Deseo, el Placer y la Pasión son algunas de las doncellas de mi harén, quienes serán tuyas a satisfacción según tu venia, y con ellas todo el placer inimaginable de este mundo.

Deizkharel agradece con un gesto el ofrecimiento de los dos jóvenes, ellos se sientan y da comienzo un gran banquete que es interrumpido al día siguiente, cuando en el horizonte Aurora anuncia su arribo. El Señor de las Moscas llega con dos pequeños para ser amamantados por Aya Irene e, igual que los dos anteriores, maduran con la leche de su nodriza. El primero de ellos llega hasta Deizkharel y habla:

—Yo soy Agaliarept y te ofrezco el saber humano, conmigo a tu diestra puedes descubrir todos los secretos del mundo, porque mis ojos todo lo ven y yo estoy a tus pies.

Luego su hermano:

—Mi nombre es Fleuretty y con mi lealtad te ofrezco la habilidad de obrar lo imposible, pues el mundo me glorifica y ensalza al transmutar sus sueños en realidades imperecederas.

Deizkharel agradece y el convite continúa hasta el siguiente día, cuando llega el Señor del Misterio y la Clarividencia y entrega a Aya Dinamis dos bebés. Una vez amamantados y con el cuerpo de hombres, son presentados ante Deizkharel. El mayor toma la palabra:

—Mis padres me han nombrado Sargatanas y, conmigo como tú fiel sirviente, podrás entrar a cualquier fortaleza de carne y piedra, de oro y espíritu, y no importa lo resguardada que ésta sea, pues mis ojos son llaves que abren todas las cerraduras y candados del mundo.

Por último, habla el segundo hijo del Señor del Misterio y la Clarividencia:

—Nebirus me ha llamado tu hijo, que es mi padre. Con mis deseos a tu potestad, los ejércitos del mundo estarán a tus pies, porque yo seré el más fiel de los hijos de tus hijos. A mis pupilas puedes acudir para discernir el futuro, y a mis labios cuando quieras esparcir blasfemias.

Ahora Deizkharel con los seis hombres enfrente de él habla:

—Complacido estoy de su lealtad para conmigo y con mi padre que también es el suyo. En muestra de mi gratitud hacia ustedes, las seis doncellas que nacieron de la sangre de mis tres hijas serán sus esposas. Entonces, Diaumild, Cepdunira, Otomicienger, Poetser, Ebondenaici e Idargnivi toman asiento a la diestra de cada uno de los jóvenes natos. Dadahellux habla quedo al oído de Deizkharel:

—He aquí tu sequito; ellos serán tu familia y protectores; si alguno te traiciona, mátalo o lo mataré yo, pues tus enemigos serán los míos.

Debes ir a caminar entre los mortales, muestra a su entendimiento la grandiosidad de su naturaleza y de la cual muy a mi pesar se avergüenzan. En tu prédica hallarás oídos sordos y entendimiento limitado. A estos infelices compadécelos de su miseria; de mis entrañas algunos nacen ciegos, otros con los ojos cerrados, pero sólo unos cuantos pueden ver el divino rostro de Santa Sophia, aun cuando el sol haya salido para todos. No te preocupes por los que no entiendan, pues a pesar de todo, tus hermanos quieren y deben continuar siendo adorados. Los mortales necesitan tener dioses para cifrar sus esperanzas en un ser que resuelva sus problemas. El ser humano necesita tener héroes, creer en seres extraordinarios que puedan salvarlo cuando sus fuerzas mortales no son suficientes para afrontar las adversidades de la vida. Tales necesidades lo orillan a adorar a los dioses, ya que bajo su yugo, falsamente creen hallar resguardo de fuerzas naturales que escapan a su razonamiento; son como un niño mimado escudándose tras las faldas de su madre para no afrontar la realidad.

Tampoco te preocupes de difundir la verdad a las masas, pues si el conocimiento se esparciera al vulgo, éste se degradaría y alguno de tus hermanos podría valerse de ello, fundar una nueva religión y esclavizar a los hombres bajo una nueva máscara.

Por ultimo, cuando llegues al borde del abismo, cuídate de Fobos y Deimos, pues sus galanteos pueden enamorar a Aya Irene; mas, si todas tus reservas para con ellos son vanas, entonces exígele a los hijos de Ares que te ensalcen en la mayor de sus glorias .

Dicho esto, Dadahellux sale de la tienda y, en camino hacia el exterior, su cabeza se convierte en una de gallina; en su mano izquierda aparece un escudo; en la derecha, un látigo de siete cintas; y en vez de pies, le nacen dos serpientes. Afuera de la tienda, hay una cuadriga tirada por cuatro corceles blancos. La Mega Ramera al ver salir a sus amantes, intenta seducirlos nuevamente para que se monten en ella; mas, ni siquiera la voltean a ver, pues han saciado sus deseos. Despreciada, se dirige con Deizkharel, pero antes de que pueda tocarlo, sus seis hijos se interponen, a los cuales también quiere deleitar en concupiscencias para fornicar con ellos, pero la repudian y descuartizan ante la apacible mirada de los presentes. Luego invocan a Eolo para esparcir sus restos en el mar y en la tierra, para que hombres y mujeres se alimenten de ella. Hecho esto, Dadahellux habla a Deizkharel:

—Te entrego el arma con la cual te escudarás de la ignorancia. Con este látigo ejercerás el poder sobre la vida, la muerte y todo aquello que sea parte de mí. Estas serpientes despertarán tu mente y su acción creadora. Te confiero la brida de estos cuatro corceles; con ellos podrás ascender y descender en todos los planos y dimensiones; ellos son las cuatro sustancias activas del universo. Hijo mío, también te obsequio mi cabeza, con ella siempre estarás alerta ante el pasado, el presente y el futuro.

Dicho esto, Dadahellux cercena su cabeza del cuerpo y la entrega a Deizkharel, quien la recibe satisfecho. Un espíritu de luz tenue que abarca más allá de una mirada se desprende del cuerpo degollado. De los cielos desciende un carruaje circular tirado por ciento cuarenta y cuatro seres cuasibestias, pues su cuerpo es tan fornido como el de un toro, cuasihumanos, porque en sus rostros se palpa la sapiencia de una senectud milenaria, y cuasidioses, en tanto que en sus negras pupilas la eternidad transcurre en relojes de arena. El carruaje está hecho de talavera con relieves de rosas pétreas bañadas en rocío de oro e incrustaciones de obsidianas, perlas, ámbares, malaquitas, aguamarinas, amatistas y cuarzo claro. En su interior hay una luna de granito cimentando siete enormes columnas; una de turmalina negra, otra de ópalo, de cuarzo citrino, de rubí, de lapislázuli, de zafiro, y de diamante, respectivamente. Éstas sostienen una cúpula de cristal, dentro de ella hay miles de soles, cada sol es un ojo, en medio de todos hay un enorme sol negro que resplandece fugazmente. Dentro del carruaje hay cuatro candelabros de oro blanco, cuatro de oro azul y cuatro de oro negro; cada uno con tres cirios perpetuos con flama de color añil, de la cual se desprende esencia de sándalo. Los doce candelabros están suspendidos de la cúpula de cristal y colocados alrededor de un grandioso árbol situado en el centro del carruaje. El árbol de veintidós ramas entrecruzadas posee diez espíritus de dioses que son sus frutos, y cada uno de ellos desciende de su posición hasta donde Deizkharel, se presentan como Kether, Chokmah, Binah, Chesed, Geburah, Tiphereth, Netzach, Hod, Yesod y Malkuth, y le entregan un retoño del árbol del que son hijos, para que Deizkharel lo siembre y se alimente únicamente de sus frutos. Dado el presente, los espíritus vuelven a su rama correspondiente.

El espíritu liberado del cuerpo de Dadahellux asciende al carruaje y penetra en el árbol volviendo a ser uno con él. Finalmente, el carruaje remonta a las alturas, desvaneciéndose entre el cielo y la tierra.

 

Alejandro Roché nació en el Edo. de Méx. en 1979. Ingeniero en Comunicaciones y Electrónica por el Instituto Politécnico Nacional. A la par de su desarrollo profesional como programador informático, se ha ejercitado desde temprana edad en la disciplina de la Literatura, sobre todo en el campo de la narrativa. Lector ávido. De 2000 a 2005 formó parte del Taller de Creación Literaria del escritor Julián Castruita Morán dentro de las instalaciones de la ESIME-Zacatenco del IPN. Durante los próximos años escribió la novela Abraxas, hoy publicada por entregas y disponible en este medio. Colabora con profusión en Sombra del Aire desde mayo de 2015.


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