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15 noviembre
2016
Literatura
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¿Y TÚ QUÉ HACES POR TI?

Por Marisela Romero

El próximo 25 de noviembre se celebrará una vez más el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer; diversas organizaciones gubernamentales y no gubernamentales –como cada año—, llevarán a cabo talleres, conferencias, jornadas de salud y una serie de eventos más para recordarnos, crear conciencia y reflexionar sobre la urgencia de modificar nuestras actitudes ante una situación que hemos vivido como algo cotidiano y por lo tanto tolerado como “parte de la vida”.

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Novia » David Walker

 

La pregunta aquí es: ¿tú qué haces por ti? Y de ello se derivan muchas preguntas más que quisiera dejar a tu consideración para reflexionarlas y ocuparte en obtener respuestas y resultados satisfactorios para ti.

¿Es tu salud un asunto primordial? ¿Hace cuánto que te realizaste un papanicolaou? ¿Sabes cómo se realiza una autoexploración mamaria? ¿Lo haces por lo menos una vez al mes? ¿Cuántas veces en los últimos tres años, has acudido al médico para que te realice exámenes de rutina? ¿Crees que sentir dolor es algo normal y por lo tanto debes tolerarlo?

¿Atiendes las necesidades de tu hija en la misma medida que lo haces con las necesidades de tu hijo o esposo? ¿Expresas a tu familia tus planes, deseos y necesidades, para recibir su apoyo y consideración? ¿Reconoces el trabajo de otras mujeres, en cualquier profesión u oficio, tanto como el de los varones? ¿Desvirtúas de alguna manera las acciones de otras mujeres porque no estás de acuerdo con ellas?

Tú, mujer: ¿qué actitud tienes hacia tu nuera, vecina, cuñada, prima, suegra, amiga, compañera de trabajo, tía, abuela, nieta, maestra, jefa, subordinada, empleada, sobrina…?

La violencia tiene caras amables, y puede surgir de cualquiera de las personas que te rodean (incluso a ti). Por eso es importante reflexionar sobre éstas y muchas otras cosas que pasan o que no pasan todos los días y a las que nos hemos acostumbrado, pero que significan acciones que nos violentan a las mujeres y —por qué no considerarlo—, también a los varones.

En cuanto a la evidente violencia física, es vital reconocerla, pues se mantiene latente al pretender ignorarla, porque sin darnos cuenta la reproducimos cuando un padre golpea a sus hijas, hijos y esposa, la esposa golpeada, golpea a sus hijas e hijos y las hijas e hijos golpearán a quien puedan someter, continuando así con una absurda y destructiva herencia social.

La violencia es una manifestación impulsiva. De este modo la violencia no se combate con violencia; es necesario y urgente anteponer la razón, la sensatez y el buen juicio, cuando de relaciones humanas se trata, más aún con vínculos afectivos tan estrechos, como son los que se tienen con la familia.

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