PASADIZO

Poltercast: del espectáculo a su mundo

por Lord Crawen

PRÓLOGO

Ondas electromagnéticas se trasladarán a sus antenas y directo a sus oídos. Es hora de que escuchen nuestras historias. En nuestra infancia descubrimos en la oscuridad lo que aguarda más allá del espacio tiempo, abrimos las puertas del closet, nos arrastramos bajo la cama, entramos a los oscuros recovecos de la cocina y nuestras casas para encontrar esa parte que al humano le hace falta comprender: la oscuridad.

No abandonen este show, porque llegaremos a ustedes con historias que están sucediendo en éste, su universo, que al fin estamos reclamando. Y no, no le cambien de estación.

Bienvenidos al poltercast.

Enero en su primer día permitía a la tierra rebosar de un silencio en sus calles; hombres y mujeres se resguardaban en sus hogares bajo los efectos de la celebración de Año Nuevo, buscaban un descanso de la cotidianidad que ellos mismos habían generado.

Mas no todos tuvieron la oportunidad rebosante de quedarse resguardados. “Almohadilla” se preparó para su espectáculo. Con su traje blanco iba de aquí para allá en su oscurecida habitación. Abrió las ventanas para verse al espejo y terminar su maquillaje. En la puerta ya estaban los elementos para su presentación en el parque, lo que incluía un tambor, muchos globos de colores, premios y un alijo viejo donde resguardaba elementos mágicos.

En su rostro dibujaba un arcoíris en plenitud de su alegría para los niños, quienes posiblemente no saldrían tan abruptamente como en otros días. Pero el hombre bajo el disfraz tenía que comer.

Lo que había dejado el cambio climático era un día sin sol, enmarañado de nubes grises alrededor y con vientos fuertes. Aun así, “Almohadilla” dispuso el set en medio de la explanada del parque y se preparó para el poco público que transitaba en las calles.

Comenzó su espectáculo. El ruido y la intensidad de su trabajo podían atraer personas. Inflaba un par de globos, comenzando a forjar figuras. El eco de su ruido atravesaba las calles pero nadie acudía a su llamado. Tras quince minutos de pantomima y diversión, cesó. Acongojado, descendió lentamente al suelo; el estómago le ardía, algo dentro le reclamaba inmediatamente ceder a su petición. Recogió sus cosas y se enfiló hacia lo profundo del bosque.

Un intenso gruñido evocaba un dolor fuerte en el estómago y cayó al suelo. No podía abandonar sus cosas, así que se levantó y continuó hasta lo más profundo del bosque, ahí donde ningún hombre entraría por temor a lo desconocido. El payaso llegó hasta un sitio donde se levantaba un ramaje enorme del suelo que cubría una cueva que comenzó a descender. No necesitaba de luz, él conocía ese lugar. Atravesó un largo camino hasta llegar a una cúpula donde buscó unas velas y fósforos para encenderlas. Se recostó en el suelo. Olvidó aquel aroma, necesitaba limpiar el lugar. Al encender las velas, comenzó a recolectar la suciedad que había dejado la última vez. El retumbar estomacal volvió, golpeó con fuerza su abdomen pero se causó un mayor dolor. Un grito lo estremeció. “Almohadilla” había olvidado su premio de la noche previa al Año Nuevo. La voz de un pequeño surgía del fondo de la cueva. El payaso se fue retirando su indumentaria, para convertirse en el humano al que llamaron “Jorge” desde su nacimiento, exento de apellidos. Avanzó lentamente, cual depredador hacia el niño, quien yacía amarrado del abdomen. El otro extremo, atado fuertemente a una enorme roca, le permitía movimiento. Se había retirado la cinta que circundaba su cabeza, haciendo posible su solicitud de auxilio, pero nadie le escuchó.

Podía sentir el aroma de terror manar del pequeño, alargó su brazo percibiendo cómo la magia de “Almohadilla” le abandonaba y el ser humano le poseía instintivamente en busca de comida. Retiró con la otra mano parte de las rocas y cráneos pequeños cerca de donde había dejado a su actual víctima. Se estiró y pudo tocar su desnudo pie. Al hacerlo, un dolor insuperable al anterior le hizo retroceder. Apuradamente, el pequeño continuaba cavando hacia la nada, hacia un abismo sin salida.

Jorge, ya recuperado y aún con parte del traje de “Almohadilla”, retiró las ropas y se propuso dejar de sentir dolor. Con sus últimas fuerzas, se tiró al suelo y extendió sus manos para por fin tomar al niño de los pies, quien continuaba, a gritos, pidiendo ayuda. Al hacerlo, encontró solamente el eco repetitivo de los gritos.

El hambre le hacía delirar. Retiraba rocas y más tierra en busca del niño, quien seguía gritando. En su cabeza martillaban los alaridos uno tras otro sin poder eliminarlos, el volumen subía. Los dolores de estómago regresaban con mayor fuerza. Moriría si no lo encontraba.

Abruptamente, se hizo el silencio.

Al menguar los retorcidos gruñidos estomacales, Jorge se hincó. El niño que estaba atado y al cual hace unos minutos tenía entrado en pánico, ahora lo observaba. Penetrantes ojos azules, con un lívido espectral aterrador, el cual Jorge jamás había visto en ningún niño. Extendió el brazo para atraparlo. De la nada, la figura se desvaneció.

Volvió la calma en su mente. Podía escuchar los gritos del niño, seguía cavando. No conseguía entender las tretas que el hambre estaba jugándole. Retomó su quehacer, volvió al suelo reptando y, cuando estuvo cercano a tocar al niño, una fuerza sobrenatural tomó ambos pies de Jorge y los llevó hacia atrás. El cuerpo del hombre se movió algunos metros hasta ver al niño de los ojos azules fantasmales moviendo las manos como si lo estuviese arrastrando. En su desconcierto y breve terror ahora encendido en su mente, recordó que aquella noche no había sido sólo un niño al que quería raptar, pero sólo pudo tomar a uno. Frente a él, su terror incrementado ante los pensamientos de conexión entre estos supuestos gemelos y la posibilidad de que las autoridades por fin le encontraran, hacía su descenso a la locura mayor.

Intentó amedrentar al pequeño, pero éste le miraba con sus ojos azules fantasmales; la mirada se profundizaba con horror. El pequeño levantó ambas manos y las situó en la cabeza del agresor, presionando, mientras de su boca emergía un grito fantasmal proveniente de los más profundos recovecos de la oscuridad. Jorge, ahora transformado en la víctima, no podía dejar de ver los ojos de aquel niño, mientras el otro se acercaba también a observar su triste final. Era el hambre la que lo mataba, pero también sentía la enorme fuerza ejercida sobre su cabeza, presionando cada vez más fuerte.

***

Una joven pareja dio aviso a las autoridades sobre el hallazgo de un niño cerca del bosque. Afortunadamente fue encontrado por ellos cuando la pareja buscaba un sitio para ocultar del mundo su amor incondicional. Aquel niño tenía la ropa rasgada y sangre, lo cual alertó sobremanera a la pareja. Los llevó al sitio donde Jorge llevaba a sus víctimas y el asombro del horror no pudo más en ambos.

Las autoridades comenzaron a reportar a las familias de los niños desaparecidos en los últimos años, esperando darles de alguna forma un descanso a sus ya miserables vidas.

En cuanto al sobreviviente, nadie lo reportó como extraviado. Tampoco a su hermano gemelo del cual el niño hablaba. Nadie podía creer que no existiese familia para un niño cuya seña particular fuese la heterocromía; un ojo de un color azul nebuloso, casi fantasmal, con el cual el pequeño decía poder ver cosas que nadie más veía.

Una noche, el pequeño escapó para resguardarse en la cueva del bosque. Oculto, más allá del abismo, todavía con vida, Jorge se retorcía de dolor mientras el niño lo torturaba una y otra vez. Ahora ya sin voz, no había quién lo escuchara y detuviera a los gemelos en sus quehaceres.

IMAGEN

Saturno devorando a su hijo >> Pedro Pablo Rubens., Alemania 1577-1640.

Jezreel Fuentes Franco (Lord Crawen) nació el 29 de Junio de 1986 en la Ciudad de México. Estudió Ingeniería en Comunicaciones y Electrónica en el Instituto Politécnico Nacional; desafortunadamente, su pasión por la literatura y la música lo lleva a formar parte del taller de creación literaria impartido por el profesor Julián Castruita Morán y del taller de creación literaria impartido por el profesor Alejandro Arzate Galván. Participante de Concursos Interpolitécnicos de Lectura en Voz Alta, Declamación, Cuento y Poesía. En 2014 fue finalista del Concurso Interpolitécnico de Declamación. Participó en 4 obras de teatro de improvisación, las cuales fueron presentadas en los auditorios de la Escuela Superior de Ingeniería Textil y en el Cecyt 15. Ha realizado ponencias en eventos de “Literatura del horror” en el auditorio del centro cultural Jaime Torres Bodet. Publicó algunos trabajos para el portal electrónico “El nahual errante”. Actualmente, se desempeña como ingeniero de procesos de T.I.


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