ICONOCLASIA

por Antonio Rangel

Por Antonio Rangel

Hubo un tiempo en el que me sentaba durante unas horas a mirar una pantalla y a observar a las personas que me dejaban unas monedas para que les permitiera hacer algo semejante a lo que yo hacía: sentarse frente a una computadora para allí leer y escribir frases de ortografía caótica. Me agradaban esos días porque entonces eslabonar palabras por escrito redituaba en la posibilidad de conocer chicas. Bastaba entrar en un chat; un mentidero ciberespacial, donde luego de llamar un poco la atención se podía ligar a alguien.

IconoclasiaLos tímidos tuvimos nuestra oportunidad en esos años. El otro día vi a un señor ingresar a un chat y me pareció estar contemplando un fósil del cretácico. Ahora es tan sencillo subir cientos de fotos en segundos y conversar por video que me parece imposible ligar creativamente por Internet como antaño. Apuesto a que nadie pregunta: ¿cómo eres?, y después aguarda una descripción pormenorizada a través de largos periodos de oraciones compuestas, para qué hacer eso si están a un clic de compartir decenas de álbumes fotográficos. Por supuesto, con el aumento del tráfico de imágenes tanto fijas como en movimiento, las palabras han quedado relegadas nuevamente.

Todavía recuerdo con desagrado la primera vez que supe de la existencia de YouTube. Que alguien gastara todo su tiempo de internet viendo un anime en lugar de entrar a un foro o a un blog o siquiera a un chat, me pareció un signo de decadencia. Comprendí a León III, el Isaurio, que ordenó destruir la imagen de Jesucristo en el siglo IX. Si se cree en algo supremo definitivamente es innecesario verlo. En cambio, a Nicéforo, un patriarca de Constantinopla de la misma época, quien al parecer escribió: “Si se suprime la imagen, no es Jesucristo quien desaparece sino el universo entero”, no sólo no lo comprendo, sino que lo culpo del éxito de Televisa y del empobrecimiento en el intercambio de ideas mediante palabras.

Giovanni Sartori es uno de los intelectuales que más ha alertado acerca de los peligros que implica vivir o video-vivir en nuestra época frente a la televisión, un maldito río desbordado de imágenes que nos aturden al grado de convertirnos en video-niños. Es posible que Sartori sea por lo menos tan exagerado como Nicéforo, pero en mi opinión todos los exagerados son personas entretenidas dignas de ser escuchadas, aunque no sea precisamente yo quien las escuche.

Sé que disfruto menos Internet que hace quince años debido a la actual abundancia de imágenes y videos. Siento que estoy encendiendo un pequeño televisor en vez de una computadora. Sin embargo, yo mismo he comenzado a lanzar granos de arena en la playa al subir algunos videos a YouTube. Al mismo tiempo, me he suscrito a varios canales para ver clases, películas, programas y partidos de futbol que de otra manera no podría ver. Después de todo, yo también disfruto la golosina visual como la llama Ignacio Ramonet, quien en una conferencia, que presencie desde mi casa, lanzó una profecía acerca de que en Twitter en lugar de frases ingeniosas lo que más se compartirá dentro de poco serán videoclips.

Régis Debray, otro intelectual fascinado por el reino de la imagen, decidió contar hasta tres para clasificar épocas gubernamentales: la teocracia, dominada por un ojo espiritual; la ideocracia, en la que es válido dudar de los dioses pero no de la verdad; y nuestra actual videocracia, en la que están en segundo plano la salvación y la verdad, pues en primer plano entronizadas están las apariencias. El caudal de imágenes que procura seducir constantemente nuestra mirada, el fluir de lo visual que nos persigue por doquier y que es también lo que nos impide ver el mundo, o mejor dicho, construirlo creativamente.

Lamenté haber visto de niño tantas caricaturas cuando escuchando la Rapsodia húngara núm. 2 de Lizst no podía imaginar otra cosa que no fuera un gato correteando a un ratón. No sé si a Pierre Bordieu le sucedió alguna anécdota similar a la mía y por ello odiaba la televisión, sin embargo, cuando argumentó que la televisión, la mansión de las imágenes, creaba la realidad en lugar de reflejarla, quedé un poco desconcertado. ¿Es que hay un modo de reflejar la realidad? La realidad para mí es prácticamente un mito. Alguna vez sostuve que la realidad no era otra cosa que una serie de convenciones hechas para evadirse de la literatura.

Me he preguntado si la evasión, no precisamente de la literatura, sino del pensamiento discursivo, ha sido una constante a través de la historia. Imagino que a Platón le molestaba que sus vecinos confiaran mucho en las apariencias. Entonces aunque no se distrajeran de una conversación por mirar su celular o aproximando su mano a un control remoto, es probable que se distrajeran por cualquier otro motivo: el paso de una nube con plumas grises o la grafía ruidosa de una mosca en el aire. Distraernos es una constante del pensamiento, por eso nos encantan las imágenes, pues a diferencia de los discursos, son incomprensibles; quiero decir que sugieren lo ininteligible, por eso me gustan los libros ilustrados y creo que jamás compraría una revista que no tuviera ilustraciones. En conclusión, no sé por qué compro libros con puro texto si no soy ni seré jamás seguidor de la iconoclasia.


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3 comentarios

Elissa 08/02/2015 - 13:55

¿Sabes? Coincido mucho con tu manera de pensar; ahora bien, me pregunto si imagen y palabra deben ser, por fuerza, opuestos. Quiero decir que creo también que el pensamiento humano se constituye por ambos elementos, aunque la imagen, creo, debe ser más primitiva, quizá por eso nos llame más que la palabra. La palabra, por otro lado, requiere de construcciones más complejas. ¿Estaremos involucionando?… perdón, me puse a divagar. Saludos.

Antonio Rangel 05/03/2015 - 22:24

Cierto, la palabra y la imagen no se oponen. Quizá en ocasiones se complementan. Me gustan mucho, por ejemplo, las clásicas ilustraciones de Gustavo Doré y las de muchos otros ilustradores modernos. Yo no creo que estemos involucionando, sin embargo, sí noto que estamos rodeados de imágenes y, en cambio, las pláticas y la riqueza verbal siento que han enflacado demasiado. Aunque reconozco que soy un poco exagerado.

Te agradezco mucho tu comentario. Saludos.

Volens77 22/03/2015 - 11:13

Creo que estas luchando en vano para aceptar tu tiempo, es verdad que mucha gente se sirve de las herramientas provistas o disponibles de formas no convencionales, pero ahora y siempre el intelecto a buscado las maneras más diversas de expresarse, Tan hermosa la palabra como el arte. Y en cuanto al libro, los mejores libros no necesitan imágenes impresas, las crean en tu mente…

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