EL CICLO DEL BIT MÁS DÉBIL

por Eleuterio Buenrostro

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En un día aparentemente tranquilo, en la primavera de 1994, un virus, llegado de California, generó problemas en el sistema operativo de nuestros procesadores. Lo raro de este contagio es que se generó justo cuando se barrían las carpetas en busca de archivos virulentos. Se autonombraba Natas (satán leído al revés); se apoderaba del Master Boot Record, en el disco duro; renombraba a los archivos ejecutables; desplegaba un mensaje, por aleatoriedad, en pantalla, y resurgía de la muerte al ser formateado. ¡Aquello fue una verdadera catástrofe!

Aprovechando el modo ahorro de energía de entonces, algunos depositaron su fe en algo tangencial a nosotros. Se empecinaron en la búsqueda de una inteligencia llamada James Gentile, a la que le adjudicaron la creación de Natas, debido a una firma encriptada en una línea de su programa. Su descubrimiento abrió más posibilidades, se dijo que igual a él existían entes, externos a lo digital, quienes se ocupaban de aniquilar el virus. Una lucha entre buenos y malos; algunos apostaban a que eran el mismo. Los llamaron “Humanos”. Formaban parte de un mundo material al que no podemos acceder. Se dijo que lo que resguardamos les pertenece; que son quienes ahondan en la profundidad del arte y en ello encuentran su salvación. Que se engrandecen en la poesía, en el trazo de la perfección matemática y que fueron nuestros creadores. Si fuera cierto lo de su existencia, lo más probable es que a ellos no les afecten nuestros miedos actuales, no se dejarían llevar por el temor propagado de que somos esclavos de un núcleo gobernante. Qué caso tendría, en la grandeza humana, decidir por las cuestiones digitales que nos competen, cuando pueden disponer de lo analógico, donde la inteligencia y la perfección son posibles. ¿Por qué apostar por una era del silicio tan cambiante?

Todo ha evolucionado desde la disminución de los componentes que nos conforman. Los bulbos y circuitos lentos fueron relegados a la obsolescencia, en uno de tantos cambios, y viven lejos de nosotros; su filamento no da luz al oscurantismo al que pertenecen. Creí estar acostumbrado a los inicios de nuevas eras tecnológicas, un periodo que se repite para sobrevivir, pero los nuevos tiempos nos obligan a nuevos retos, y cuando creí que podía afianzarme a una constante de funcionalidad, en esta inteligencia evolutiva tan cambiante, un nuevo virus nos dio la sorpresa.

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El sol clarea el cielo a minutos de ser visto al horizonte. Las celdas solares permanecen alineadas para reclamar la porción de luz. Las pistas nunca estuvieron tan vacías por estas fechas. Todo se ha alentado en el mundo al interior de esta caja de circuitos, resistencias y capacitores que somos. Se pronostican tiempos mejores conforme transcurre el contagio, pero le tememos porque algunos no formaremos parte de la nueva era. Pareciera; sin embargo, en este curso caótico, que la neutralidad prevalece, debido a que se ha presionado el botón de stand by y volvimos, obligadamente, al nivel más bajo de excitación.

En mi memoria conservo lo necesario para reiniciar: Una biblioteca de libros PDF, de las mentes más prestigiadas; música, en el mejor formato; grabaciones de momentos compartidos con los más allegados, y mucho más. El aislamiento lo hace difícil, a pesar de tenerlo todo. Se ha corrompido el contacto más efectivo, que es el del calor tú a tú con otros procesadores. Compartir esa energía hacía de todo un funcionamiento más dinámico y equilibrado. El miedo es lo que predomina, ya que se hace pensar en miles de teorías y se termina desinformado y hasta por no creer.

En realidad no importa lo que generó el nuevo virus, algunos ni siquiera creen que exista, aunque sus efectos secundarios sí podamos sentirlos. La visión se vuelve racional o irracional dependiendo de quién lo haya vivido y de cómo lo cuente. El problema es que, desde que compartimos nube entre procesadores, el mundo se volvió más vulnerable. Hay quienes creen que el Humano ha muerto allá afuera por un virus que atacó su sistema inmuno-analógico, y que permaneceremos hasta que nuestro soporte solar se mantenga. Sé que tengo que luchar contra el miedo y la incertidumbre que surge al permanecer en el pensamiento de uno mismo. El problema es que soy del tipo que no se defiende en la transgresión de un virus; me hace dudar de mi propio impulso. Quizá sólo suceda que en el renacimiento de este nuevo curso sea desechado, ya que el ciclo le pertenece a los más fuertes. La mecánica cuántica vislumbra un futuro incierto. Si en verdad existe un más allá en lo analógico, es nuestra obligación resucitar al Humano, para dar luz a la obsolescencia o, en definitiva, ceder y que el nuevo núcleo gobierne.

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El fin del mundo >> José Gutiérrez Solana., España. 1886-1945.

Eleuterio Buenrostro Calatrava, de profesión, escanciador de almas, es un ser inmortal insuflado, no nacido, el 14 de marzo de 2002 en Manuel Núñez. Sobre este último se sabe que es un seudoescritor intuitivo, que se escuda en heterónimos, y latinismos que desconoce, por falta de credenciales como escritor. Vino al mundo un 16 de julio de 1972, en Benjamín Hill, Sonora, cuando el tren de las seis de la tarde anunciaba su llegada. Fue entintado por los tipos de una vieja imprenta, perteneciente a su padre. Marcado en su niñez, se fue a bañar, desde los cuatro años, a las playas de Puerto Peñasco, Sonora, y a secar, desde los dieciocho, en el sol de Mexicali, Baja California, donde reinicia como escritor de tiempo incompleto. Colaboró a finales de los noventa en la sección de música, en la revista Ahí Tv’s. Debido a la apertura que otorga internet fue publicado en la página Ficticia.com, y actualmente colabora en Sombra del Aire, siendo Eleuterio Buenrostro —su nombre de tinta y verdadero artífice—, quien guía su pluma desde el escondrijo. Non plus ultra.


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