DEL SPOILER, ENTRE EL SUSPENSO Y LA RELECTURA

por Antonio Rangel

Por Antonio Rangel

Si en sus primeros versos un poema revela con toda claridad aquello que desde hace mucho tiempo los estudiosos de la seducción literaria han llamado motivo, es decir, el corazón que moviliza por las venas de los versos la sangre del tema, entonces es muy posible que frente a tal motivación desnuda el lector retorne a su usual desinterés, ya que si no hay al menos un poco de suspenso es difícil colocar sobre quien lee la red del gusto.

spoilerAcaso yerro en considerar suspenso a la ceremonia de cortejo con que las palabras de un poema nos muestran sus más coloridas plumas con tal de tenernos hipnotizados antes de clavarnos el aguijón del goce estético. Desconozco un nombre idóneo para nombrar ese baile misterioso de la poesía, si lo llamo suspenso no es por mala fe, sin embargo especialmente en los poemas de largo aliento juzgo como algo indispensable la presencia de un preámbulo que en lugar de dar pistas coloque brumas sobre el asunto tratado, o dicho en términos gramaticales: debe comenzar con un largo periodo de oraciones compuestas cuya abundancia de subordinadas exciten el deseo de comprensión. Por esto considero que el amo del suspenso no es Stephen King sino José Gorostiza.

¿Y esto qué tiene que ver con los spoilers? Que no entiendo a la gente que huye de los spoilers como si estuvieran preñados con la peste bubónica. Mi padre, quien hasta donde sé nunca leyó a Borges, solía decir que le daba más gusto releer que leer, lo cual me consta: en sus últimos años releyó varias veces Los Pardaillan y más de diez novelas de Julio Verne que ya resentían la marca de sus dedos. El placer de la relectura, en mi opinión, es el polo opuesto a la fobia de moda hacia el spoiler. Recuerdo que cuando este anglicismo aún no se había colado en el habla, una amiga mía que estaba por entonces leyendo el Quijote, se decepcionó al enterarse de que al final moría el Caballero de la Triste Figura. Yo entonces me quedé un tanto perplejo porque ¿es que alguien lee sólo por averiguar en qué acaba una serie de acciones? ¿Hasta allá llega el gusto por el chisme?

Para mí ni la risa ni el llanto son fraudes estéticos como opinaba Ortega y Gasset, en cambio el suspenso sí que me parece fraudulento. Sé que jamás volveré a reunir la paciencia suficiente para leer un libro de Thomas Harris o de Agatha Christie o de cualquier otro que pretenda intrigarme en lugar de seducirme. En cambio, me tengo prometido releer varios libros de los que conozco perfectamente el desenlace. De hecho, las historias que más me han conmocionado, antes de leerlas, ya sabía cómo acabarían. ¿Acaso alguien llega virgen de spoilers a leer Romeo y Julieta, Hamlet, Edipo, La Ilíada o cualquier otro clásico antiguo o moderno?

La fobia al spoiler me parece un síntoma de la locura posmoderna. Quien siente que le han arruinado su experiencia estética simplemente porque le contaron un fragmento de la conclusión, me parece que en realidad posee una especie de frigidez estética, de la que no debería culpar a nadie y, por el contrario, por su bien tendría que prepararse para disfrutar el hecho artístico sin esa carga de mojigatería virginal contra los spoilers. El placer estético reserva mayores dones que el suspenso.

Borges e Ítalo Calvino reflexionaron alguna vez sobre el arte de releer y ambos alcanzaron conclusiones semejantes: la relectura es más valiosa que la lectura. La relectura gozosa dice mucho tanto del relector como del libro releído, que no cualquiera puede serlo. Apuesto que la mayoría de los ejemplares del Código da Vinci, otrora plaga en las librerías, no es ni será releído. ¿Para qué releer algo que no tiene más gracia que el fabricar expectativas y sorpresas? Me parece que sólo los buenos libros pueden ser releídos, en cambio, los malos libros, luego de un acostón, están listos para la papelera del olvido.

Los niños, que suelen disfrutar más la vida que los adultos, igualmente son fanáticos de las relecturas y de ver cientos de veces la misma película. ¿Acaso no recuerdan que Nemo y su padre se reencuentran o que Woody y Buzz Lightyear regresan con su dueño? Claro que lo saben pero disfrutan tanto el presente como el futuro, gozan la anticipación, pues comprenden instintivamente que la vida no sólo es presente como predican los sacerdotes posmodernos, para quienes según nada más existe el aquí y el ahora; yo pienso que deben de ser los mismos espoilerfóbicos, para quienes está vedada la dicha de la relectura.

¿Y esto qué tiene que ver con la forma en la que comencé: eso del suspenso en la poesía y demás? Que deseaba distinguir entre el suspenso tejido con imágenes ambiguas y cadencias reiteradas que hace con elegancia hipnótica y lubricante tardanza la poesía; de ese otro suspenso, temeroso del spoiler, que se asemeja al morbo y a la truculencia publicitaria. El suspenso poético conlleva al disfrute del camino, mientras que, por otra parte, el suspenso truculento tiene por esencia el fin… Sin embargo, yo creo que por el momento es mejor dejar inconcluso este ensayo y en otra ocasión revelar cuál es la verdad detrás del suspenso, del spoiler y de la relectura.


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1 comentario

Rubén Pesquera Roa 11/03/2015 - 07:52

En la relectura hay, no obstante, mucha angustia. Siempre se sufrirá por estar posponiendo el leer algo nuevo. Y sí, como dice Borges, una biblioteca no es sino un proyecto de lectura, este proyecto incluye a los libros que, ya leídos, se quedan en la biblioteca.

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