COLOQUIO ENTRE UN HOMBRE RECIÉN MUERTO Y SU ÁNIMA, MÍA

por Alias Torlonio

LICAÓN – ¿Qué es esto? ¿Es que puede tener una idea olor, la música color, forma el sentimiento, o la dolida nostalgia una sintaxis y una semántica definida y clara? ¿Cómo es que si pienso en el tiempo, avanza o retrocede, pero si desvío mi atención, este desaparece? Dónde habré venido a parar que solo sé que soy llegado sin llegar a estar.

MÍA – Yo lo llamo ‘entrambasaguas’, querido mío.

LICAÓN – ¿Aguas? ¿Quién dijo? Muéstrate por favor.

MÍA – Sí. Toda la creación es un fluido cuya variante está en la densidad. Hasta la roca más dura es un fluido. –Ese líquido laberinto– dice Milton en su Paraíso perdido. Si quisieras podríamos codificarlo piedra a piedra, hasta hacer un mapa de ello, con un tamaño análogo al universo, una vez inventariado.

LICAÓN – Tú… Nos conocemos, ¿verdad?

MÍA – Pues claro que nos conocemos. Me has visto y diría que hasta reconocido más de una vez en tus sueños; y cuando los apuntaste en cuadernos, incluso me has descrito tal como tú quieres que sea. Me puedes llamar Mía. Antes de nada he de hacerte una aclaración y una sola advertencia: Te aclaro que has tenido eso que llaman un accidente mortal, y he de advertirte que has de vigilar ahora cuanto pase por tu mente, ya que aquí el pensamiento es factor creador inmediato, así que ponle talento. Este es el mejor sitio para aclimatarte a tu nuevo estado. Sé que llegas con los deberes hechos, si no, no estaríamos de plática. Enhorabuena, Licaón.

LICAÓN – Ya. ¿Es por esto que hay gente que va al infierno cuando muere?

MÍA – Exacto. –Yo me creo en el infierno, luego estoy en él– dice Rimbaud en Una temporada en el infierno. Parece que los poetas realmente inspirados son depositarios de un saber ancestral. Tus aludidos van a un infierno propio, hecho a conciencia o por defecto pero a medida. Tal ironía no deja de tener gracia.

LICAÓN – ¡Mujer! Mucha gracia no les hará a quienes hayan de padecerlo, pero entiendo que hay en esto un sentido profundo y siento que es una jugada equilibrada; ya que ellos lo han creado sí que parece justo que sean ellos quienes lo padezcan.

MÍA – Lo es, no podría ser de otra manera. Pero sé que tú ya intuías este tipo de arreglos, ¿o me equivoco?

LICAÓN – Bueno, sí; de hecho tenía barruntos sobre casi todo, ya que en la Tierra no hay respuestas ciertas para nada: los filósofos me parecían monaguillos, los religiosos fiscales, los jueces delincuentes, los delincuentes políticos o viceversa, y viceversa; y esta visión tanto para mi desgracia como para mi fortuna, la tuve clara desde la infancia. Allá en la Tierra todo queda por confirmar. Qué cantidad inmensa de desventajas se sufren allí.

MÍA – Así es, y tales mermas empiezan antes de nacer. El Leteo, el río griego del olvido, no se cruza al morir como ya has visto, sino justo antes de nacer; allí os bautizan, Licaón. He de decirte que tus barruntos han sido siempre de lo más acertado. Son realmente pocos los que llegan aquí, donde estamos, sin hacer paradas en otras estancias; a veces estas son tan numerosas que parecen no tener fin. La ideas erradas y las malas ideas crean bucles que forman laberintos insufribles, limbos irremediables, y penales inexpugnables.

LICAÓN – ¿Y dónde estamos ahora?

MÍA – En el mejor de los sitios: en ningún lugar y justo allá donde necesites estar.

LICAÓN – Ya que andamos de aclaraciones, Mía, hay algo que me gustaría preguntar, ¿qué hay del bien y del mal?

MÍA – Buena pregunta. Es una forma, no dos, de Ser, como el frío y el calor: un extremo es en esencia implacabilidad y autodestrucción, y la otra punta es creación y regeneración. Nada más, sin moralinas ni moralejas. En la Tierra se toman muchas decisiones relevantes para el espíritu; algunos van para afirmarse, de estos no todos lo consiguen ya que demasiados no llegan o se contradicen rotundamente; y otros, los menos, van para reafirmarse en un sentido o en otro, estos últimos son los más luchadores, los grandes guerreros, creadores o destructores, da lo mismo. Desde mi perspectiva, el pecado no es ser malo sino ser gris, tibio, turbio, poco claro, ni esto ni lo otro.

LICAÓN – Me haces gracia Mía. A veces eres voz, otras tienes cara y otras nada, y luego todo: pensamiento y visión fuera o dentro de mí.

MÍA – Me alegra que te divierta. Eres tú el responsable de las variantes: la música de antes con el cielo estrellado, el fondo marino que ahora nos envuelve, el olor a jazmín, tu voz, mi cara. ¿Eres consciente?

LICAÓN – Al principio no sabía qué estaba pasando, creí que me había vuelto loco por fin. Ahora empiezo a darme cuenta de cómo va, y resulta tan entretenido que no quisiera irme de aquí. Podría estar flotando así cien años.

MÍA – Olvídate de los años, Licaón, y haz cuentas con la eternidad. Entiendo que cuesta asumir lo que te digo, pero hazte a la idea de que aquí el tiempo eres tú; te lo explico, el tiempo es el tránsito de tu consciencia y los recorridos que hacemos forman un mapa de múltiples niveles, lo podemos comparar a una cebolla de innumerables capas completamente interconectadas y de plasticidad absoluta; le puedes dar la forma que quieras y le puedes cruzar de parte a parte en cualquier sentido o darle la vuelta; además, como cabe esperar, está en constante crecimiento. Esta gran trama es el campo de donde obtenemos la experiencia y es imprescindible para nuestro crecimiento. Ahora estás encantado flotando y charlando conmigo, y podemos permanecer así tanto como desees, pero llegará un momento en que necesites realizar nuevas acciones, y añores mezclarte con gente, en diferentes planos según el tipo de densidad donde nuestra onda o frecuencia nos sitúe.

LICAÓN – Dime, Mía, ¿tú eres mi yo superior o algo parecido.

MÍA – No, solo soy tu guía o ánima o como se quiera denominar; evito aquello de ángel de la guarda por la cantidad de equívocos que conlleva. Yo soy tú desdoblado, mientras lo necesites. Sin embargo, según vayas teniendo consciencia de tus otros yo, y a medida que los vayas asimilando, te irás acercando más a esa suma de todos tus yos integrados que es nuestro yo superior. Este es el viaje y se hace poco a poco, si no, imagina qué locura.

LICAÓN – Bien, pues disfrutemos de esto ahora, es un descanso merecido, ¿verdad? Se está tan bien así, quitando y poniendo montañas de colores mientras flotamos en esta paz, jugando con melodías, recreando sonidos… Mía, realmente apenas sé nada más que algunas pocas cosas intuidas; luego, hay demasiadas cosas que desconozco, prácticamente todo. Y hay otras cosas que, importándome un rábano, siento enorme curiosidad por ellas.

MÍA – Pues curiosea, pregúntame lo que quieras, si puedo te daré respuesta, para eso estoy.

LICAÓN – De las del montón viene a mi mente la diatriba sobre la forma de la Tierra, si redonda o plana. Al principio no quise ni oír hablar del tema, pero luego descubrí que había un punto por cada bando difícilmente refutable: los orondos argumentaron la sombra circular de la Tierra sobre la Luna en eclipse; por otro lado, los planistas tienen entrevistas hechas por todo el mundo a pilotos de líneas aéreas preguntándoles si deben en vuelo corregir la curvatura de la Tierra y si eso es una materia de obligado estudio académico: todos los pilotos dan la negativa por respuesta, ya que ni existe tal asignatura de estudio resultando de ello que, en un trayecto largo y sin corregir la altitud, un avión volando recto habría de salirse de la ruta, cuando menos, si no del planeta. ¿Que te parece?

MÍA –  ¿Y tú, Licaón, que crees?

LICAÓN – No creo nada y nunca me preocupó la forma de la Tierra; sea como sea, para mí siempre será la Tierra: la que anduve paso a paso, con la que estuve cara a cara a diario, la que he amado como un novio adolescente. Ambos puntos de vista me parecen dos formas de representar el mundo muy interesantes, ya que ambos aspectos nos dicen más cosas de quienes habitan la Tierra que de ella; mientras que para mí, mi periplo sobre ella ha sido un reto constante, ni redondo ni plano. Pero no me da por ridiculizar a nadie por muy extrañas que parezcan sus creencias; todo lo contrario, intento entender todos los puntos de vista, ya que lo único que sé es que en la Tierra no hay nada que podamos dar por cierto. Esto, tan complicado y fatigoso de asumir, una vez entendido no lo olvidas nunca.

MÍA – Bien dicho. Si la cuestión fuese semántica, no habría discusión. Los antiguos habitantes la concibieron plana, y de ahí planeta, y así era. Ahora la mayoría la cree redonda, y así es. La Tierra está como el Sol, dispuesta para todos, no para algunos; solo varían las perspectivas y el anhelo humano de representación. Ella se mostrará según se decida, por acuerdo: se hacen pactos y se cumplen, pero en cada cambio de era, durante el tránsito de una a otra, todos los pilares establecidos tienden a desmoronarse. Este paso genera una enorme incertidumbre que a su vez provoca gran caos, y tras el caos vienen los cambios. Sin embargo, la concepción ancestral de la Tierra era realmente interesante y mucho más compleja que las actuales visiones, abarcando varios niveles o mundos alternos y subalternos por dentro y alrededor del planeta, formando todo ello una esfera. Según otra corriente de pensamiento, la Tierra es patatoíde, amorfa como un tubérculo, y quienes defienden esta visión también tienen su razón inapelable: si se toman todas sus medidas extremas, absolutamente disconformes en profundidades y alturas, resulta pueril esperar obtener una esfera perfecta, contrariamente el resultado asemeja una patata bastante deforme. Tenemos tres formatos irreconciliables a simple vista, Licaón. Sin perder el sentido del humor te digo que Tierra es de ninguna manera y que no hay contradicción si te digo que estos tres formatos se pueden unificar. Aparte, principalmente la Tierra es madre: esto sí es un principio inmutable. Con las cosa que no podemos representar, salvo por acuerdos, para darles forma nos valemos del símbolo, ya sabes, el autentico gran regente planetario; así que puedo afirmar sin contradecir a nadie que la forma real de la Tierra es el círculo, capaz de albergar los anteriores aspectos. Al margen de significados literarios, alquímicos u ocultos, el círculo representa lo completo, tanto como un círculo sin cerrar es la representación de lo no completo que está por completar. Su representación auditiva o símbolo musical es para mí, no cabe otra, el Aleluya. La Tierra es un Ser completo, la gran madre. ¡Aleluya!

LICAÓN – ¡Esta visión es fantástica!

MÍA – Sí, por eso decimos: la creación. Todo lo hacemos nosotros: las formas, los estados, las circunstancias, los detalles, etc., luego, con la participación de otros seres, la cosa se pone realmente interesante.

LICAÓN – Mía, ¿y la fijación humana por dios?, ¿por qué?

MÍA – Tal como con la incorporación de todos tus yos, llegamos hasta tu yo superior, puede resultar de la unión de un grupo de yos superiores, si tienen a bien integrarse en un solo ser, algo que el común de la gente definirá como una deidad; dios es solo un concepto y una palabra; nos integramos y desintegramos en un flujo constante, unos van y otros vienen. Siempre ha sido así y siempre será así: hemos optado por la diversidad sin renegar de la unidad. Este oleaje provoca restas y sumas, pero con una inevitable tendencia al crecimiento: Licaón, ¡lo que no queremos es aburrirnos! ¿Y de dónde sale esta idea? Es principalmente una estrategia de control mental: si consigues hacer creer a quien pretendes someter, que su poder ‘divino’ no está dentro de él sino fuera, lo desactivas convirtiéndolo en un cordero inerme y temeroso. Va de rebaños y pastores. Es la esencia de divide y vencerás en su máxima potencia. Si la gente de la Tierra comprendiese hasta dónde llega su poder individual, no ya el colectivo, quienes los esclavizan saldrían del planeta al instante, espantados. Hasta la ciencia se esfuerza en que la gente crea que es insignificante y producto de un sinfín de azares, cuando los sentidos de cada individuo constantemente le están demostrando todo lo contrario. Vivir rodeado de disonancias cognitivas nos torna inseguros y temerosos si no las sabemos identificar; es parte del control mental. Se las saben todas.

LICAÓN – Antes mencionaste un accidente mortal, pero no tengo constancia de qué pasó, ni tampoco noté dolor.

MÍA – Siempre hay un evento como punto de partida. Incluso puedes haber tenido tal accidente en un sueño. El dolor extremo lo evitamos normalmente: sacada la pulpa de la cáscara, esta se tira. Toda apariencia es una simulación y hay niveles dentro del holograma, pero aun así tú tienes las vivencias, ergo: la experiencia; el conocimiento así obtenido es real, no ficticio. Podrías sufrir un dolor extremo si previamente, por la razón que fuere, decidiste pasar por ello, o si en vida estás tan decantado por un modo de ser tan autodestructivo que acabas generando tal padecimiento. No es nuestro caso.

LICAÓN – Mía, hay un asunto que sí me importa y me resulta sumamente intrigante; se trata de la afirmación de que mucha gente allí no es real, incluso mucha más de la que pueda parecer aceptable, esto es más de la mitad; ¿cómo es esto?

MÍA – ¿Puede haber algo más extraño que experimentar la vida, que no la existencia, insertado en una simulación? Tales personas son necesarias, son personajes, no gente; eso que a veces tan descriptivamente denomináis ‘un cacho de carne con ojos’. Hay tramas de tu historia donde no interviene nadie real más que tú, porque nadie ha de pasar por esa coordenada que tú necesitas experimentar. Los personajes son tantos como hagan falta, ¡millones!; y los creáis según vuestras necesidades. Pero cuidado con verlos de manera despectiva porque puede suceder que un personaje, por un trato muy particular y abundante o por un sufrimiento brutal, comience a cuestionar su vida hasta dar con esa llamarada singular que os diferencia a la gente de los personajes. Un amor incondicional o una experiencia demasiado traumática bien pueden crear la semilla de tal singularidad. Esto también les sucede a menudo a los animales: todos ellos comparten un alma común a su especie, pero una razón de peso, como un enjaulamiento prolongado, lleva a estos seres a concebir claramente un yo desligado de la especie a la que pertenece, que campa libre mientras él sufre desesperado, confinado en una jaula. Tú, que has aprendido tanto de tus animales, ¿crees que ellos, tan singulares, querrán olvidarse de quienes son ahora, una vez individualizados? Cuando se mezclan de esta forma con nosotros, no hay vuelta atrás. Es un flujo constante, eterno.

LICAÓN – Oye, Mía, ahora que tengo la sensación de llevar un milenio de dicha, y otro tanto me tomaría, cuando has mencionado a mis animales casi me echo a llorar, por su recuerdo y la añoranza de mi gente querida; ¿podremos verlos?

MÍA – Pues claro, ¿es lo que quieres?

LICAÓN – Sí que lo quiero, Mía.

MÍA – ¡Sea!

(Extracto de instantes de una conversación ricamente amasada en un eón)

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Alias Torlonio, David García. Pintor. Disléxico. Ermitaño. Bosquimano. Vegetariano. Íbero. Guerrero pacifista. Extraterrestre mientras no se demuestre lo contrario. Nombrado en 2018, 14o Rey Natural de los Gatos del Bosque. Se declara objetor de conciencia desde 1982, apartándose para siempre de la industria militar, el estercolero político y los infiernos religiosos.

Frases poco conocidas de de Alias Torlonio: El silencio pule el alma. Los malos son tontos, los tontos son buenos, los buenos son listos, los listos no tanto. La miseria viene de la mente; la abundancia sale del espíritu. Me da igual un traje a topos que un campo de minas.

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por cortesía del autor.

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