CABALLO OSCURO

por Iván Dompablo R.

Por Iván Dompablo

Aquí no bastara que mi lector se imagine un caballo oscuro, de patas duras, ojos grandes y cafés, fuerte como ninguno, ni que me recuerde junto a él en cientos de batallas; pues siempre le faltaran las noches largas atado a su lomo, en las cuales la miseria de la derrota pesa más. caballo oscuroGris procesión de pordioseros ex revolucionarios que vagan por donde las estrellas y la luna dejan de ser poesía para transmutarse en marcas de tiro para los otros que te siguen de muy cerca, ahí, sólo se escucha el resoplido cansado del pobre animal, fiel hasta la muerte.

Habrá tal vez en el recuerdo más de un episodio feliz, alguna gloria efímera cuando la suerte me favoreció, una mujer hermosa que huye de su familia con un completo extraño en la tarde roja emponzoñada de sangre de caudillo. Habrá quizá también un tedio amargo que nunca escuchó: “¡pinche caballo ya nos perdimos otra vez!”, pues la distancia de nuestra separación es tan profunda que toda una vida no le será suficiente para superarla.

Siempre pensaré, a riesgo de que Nietzsche se levante de su tumba para insultarme, que el concepto del superhombre es incompleto si no existe como parte de una unidad el complemento de un supercaballo y en este punto no admitiré replica alguna; pues no basta si mi lector me cree o no, tendría que haberlo visto desplomarse y mirarme con sus ojos tranquilos-suplicantes, para entender porqué le he pegado un tiro en el punto exacto para reventarlo, no sin cierto escalofrió de arrepentimiento.


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