A mi hermano Daniel, gamer prolijo.
A Gabriela Román, Horacio Almada, Aurora González y Margarita González,
***
Escena V
.
Escenario de exterior, que en extremo tendrá una tienda de conveniencia en cuya esquina hay el cadáver de un perro.
.
GILBERTO: Recorrido el pasillo,
las fieras escaleras sorteado
y aquesta infernal puerta atravesado
has, bro –me maravillo–,
con vida aún en tus trémulas venas;
deja ya esas tus penas
a quien no tan valiente
enfrenta sus demonios;
venga, abre ya los ojos.
.
GIL le quita la venda, pero IVÁN no abre los ojos.
.
IVÁN: ¡No, más grandes arrojos
aún necesitara
para que mi tímida, baja frente
con vivo ardor alzara!
Volvamos al instante, hermano mío,
o este libre albedrío
de tan mandado me esclavizará.
.
GILBERTO: Pero ya hemos salido,
conseguimos sacarte,
una hazaña que a la Historia dará
memorias para la glorïa aparte.
Vamos, ya hemos perdido
mucho tiempo, comencemos a andar.
.
Caminan en silencio unos segundos, IVÁN continúa con los ojos cerrados y camina con desconfianza.
.
IVÁN: No más que un malestar
del que apenas infeliz puedo dar
penosos testimonios
estas calles me traen,
pero me bastan los sentidos cuatro
que me quedan sin la aguzada vista
para advertir el mundanal teatro
que se muestra ante mí,
y nunca antes sufrí
con solo el desengaño de una pista
que me da pesimista
el oído: no el tráfico inclemente,
ni el chirrïar de la sirena inquieta
o el castigar de los pasos que caen,
no, mi alma tanto aprieta
como el silencio sonoro, estridente,
que sobre las cabezas
bien parece gestarse solitario,
más silencioso mientras más a diario
la soledad resiste
en cada inmueble con que se reviste
la ciudad entera.
Pero más las pobrezas
son que mi nariz trae:
¿pero qué suciedad o qué quimera
sube en la coladera
que primero infeliz tan bajo cae?
Y tras el golpe, el sentir y el probar
ni alcanzo a retratar
ni quisiera intentarlo,
solo tu agarre, Gil,
me aleja de las mil
otras secretas amenazas que andan
vagando por ahí.
.
GILBERTO: Y más rápido a ti
algo pasarte puede
si esa vista no cede
a recobrar su natural estado.
.
Se detienen, IVÁN abre lentamente los ojos y se queda contemplando todo.
.
IVÁN: ¿Esto es mayo o abril?
Del sol las ondas bañan,
las verduras del árbol enmarañan
y hasta las libres aves
más parezco oír suaves
que sus dulces sones
ya parecen esfumar los armazones
todos de los edificios que a lado
y lado cuanto más camino agrandan
más su altura y su sombra,
y hasta de la calle la adusta alfombra
creo ver cómo alegre desparece
so tanta natural belleza aliada.
Pero ¿qué animalillo allá aparece
y viene de esa vereda atestada?
.
Entra el NIÑO VENDEDOR, algo sucio y vestido con el mismo concepto que los demás, e intercepta a IVÁN y GILBERTO.
.
NIÑO: Dos por cinco o bïen cinco por diez,
diez por quince o quince por veinticinco,
o bien, si lo prefiere, diez por una
o veïnte por tres,
¿cuál quiere, patrón, pues?
.
IVÁN: ¡De las multiplicaciones, ninguna,
que para quizzes hubiera acabado
la escuela o el de estrategias aquel
en el que nunca debí haber gastado!
.
GILBERTO: Solo te está intentando vender, bro.
.
IVÁN: Pues que venda a alguien más, ¿o es que a él
pertenezco?
.
GILBERTO: Vamos, Iván, que creo
que el salir ya mucho te está afectando,
aunque si eso que dicen
de la calma la tempestad andando
algo de verdad tiene,
mejor será seguir nuestro paseo.
.
IVÁN: Cierto no lo sé yo…
.
GILBERTO: Anda, hermano, vamos; mejor retiene
en tu cabeza aquese prado hermoso
que ‘ora comenzabas a descifrar
con ritmo tanto y tanto buen cantar.
.
NIÑO: (Nada van a comprar, (Aparte)
mejor será que mis pies se deslicen.)
.
El NIÑO sale, IVÁN y GILBERTO siguen caminando y en breve entran el CHICO y la CHICA, agarrados como novios; pasan de largo a los amigos mientras murmuran.
.
CHICO: ¡Dos güeyes de la mano!
.
CHICA: Y van como si nada.
.
CHICO: Será esta pinche zona afifinada.
.
Ambos ríen y salen. IVÁN se les queda viendo con duda.
.
IVÁN: ¿De nosotros, hermano,
acaso se reirán?
¿Qué fue aquese ademán
tan bizarro y ocioso?
¡Ay, amigo, siento un juicio silencioso!
.
GILBERTO: No, fue todo menos bizarro, Iván.
Ese par mal ha confundido mi gesto
de apoyarte llevado de mi brazo
y seguro han supuesto
que tú y yo…
.
IVÁN: ¡Si serán…!
Pero ¿cómo, bro, de un solo vistazo
tanto ven y aún sin mirar se quedan
que no es nuestra bajeza
sino la suya la que solo exponen
cuando tan rápidamente deponen
los ojos del cerebro?
.
GILBERTO: ¿Tan galano requiebro
y con tanta lindeza
sacas de unas miradas
fortuitas y extraviadas?
Pues el airecito más que bien te hace,
y si vas recobrando la agudeza
mientras más caminamos,
no dilatemos a un punto los tramos
que aún faltarnos puedan.
.
Tras caminar en silencio un momento, entra el VAGABUNDO, viejo, se acuesta a dorminir entre basura; lleva un bote con monedas. Al verlo, IVÁN se detiene asustado.
.
IVÁN: Ese que veo engaño desabrido,
que ostenta los dolores
de tantos bien reales sinsabores,
tanto abuza el sentido
que lo torno ya mío,
aunque sin querer rozarlo siquiera,
no sea que me pase
todo lo que de hecho creo que nace
dentro de mí sombrío.
¡Ay, avaro, claro espejo
que me muestras el dejo
de lo que pronto, si sigo, seré!
No tanto el detestarte quisïera,
pues si amarte pudiera,
no tendría por qué
continuarte rehuyendo.
.
GILBERTO: Y tal vez aún, bro, más estupendo
trotamundos serías,
pues tantas agudas palabrerías
vagando calles sacas
que filósofo o poeta perfecto
al mismísimo instante devendrías.
.
IVÁN: ¿Y qué tiene uno con lo otro que ver?
.
GILBERTO: Que son, en el aspecto,
del mismo parecer,
y ya sabes aqueso de las barbas
y el filósofo aquese y no sé qué.
.
Al paño entra el POLICÍA, se acerca al VAGO y lo despierta.
.
POLICÍA: Jalándole, compadre,
que no ha pagado su cuota este mes.
.
VAGO: ¡Ay, no me cuadra el dinero esta vez…!
.
POLICÍA: ¡Pues vamos a que cuadre
al bote!
.
VAGO: ¿Al suyo o mío? (Señala su bote de monedas.)
.
POLICÍA: ¡Ah, pero qué vïejo tan vivito
nos salió! ¡Jálele, órale! Y ustedes, (A GILBERTO e IVÁN.)
los de allá, par de larvas,
¿qué miran?
.
GILBERTO: Nada sino el exquisito
rigor de la justicia
aplicado con tamaña pericia;
mas ya nos vamos. ¡Venga, no te quedes
ahí parado, Iván!
.
Salen el VAGO y el POLICÍA, arrestando este a aquel. IVÁN y GILBERTO siguen caminando.
.
IVÁN: Hasta cuando te matan,
los polis del GTA son más amables.
.
GILBERTO: Es el respawn, tampoco son confiables.
.
IVÁN: Sí, que aunque es solo mundo de la imagen,
imagen del mundo dejar de ser
no puede; y hay que ver
cómo tan fïelmente lo delatan
sus gráficos.
.
GILBERTO: Bueno, bueno, eso ya es
decir bastante; ya mejor sigamos
o aquí nos condenamos
a argumentar con mil y más porqués
cuál generación a todas supera.
.
Continúan caminando en silencio y entra el OFICINISTA, caminando rápido, como si se dirigiera al metro.
.
IVÁN: ¡Pero ve cómo van,
míseras y agobiadas,
estas ni penantes almas siquiera,
que yo no sé ni jamás supïera
cómo pueden ir aún paradas
sin ya desfallecer!
Un prodigio realmente es su ser
que el tanto y más perder
a dïario soporta.
.
El OFICINISTA camina cansadamente a través de IVÁN y GILBERTO, empujando a este, tras lo cual sale.
.
GILBERTO: Y este debe de ser el más cansado,
porque ni se ha fijado
que estaba yo delante. (Le mienta la madre con el brazo.)
.
IVÁN: Y no se fijaría aunque su amante
frente a sí ya tuviera,
pues basta solo el observar lo absorta
que lleva su mirada,
más vacía que la nada
y aún mayor nonada que el vacío…
Si un hado así sombrío
me aguarda de unirme a esas filas largas
de doce o aún más horas laborales
que viven de migajas mensüales,
menos menguadas cuando más amargas,
mejor será ya aquí solo quedarme
y al humilde, bajo vivir atarme
junto a aquel pobre vagabundo
que ha tan cruelmente desechado el mundo.
.
GILBERTO: Pues ya algo desechado estás, hermano,
por eso te echo ahora yo la mano,
y mejor continuemos,
no sea que el regresar retardemos.
.
IVÁN: ¿Y adónde, por vida, regresaré?
.
GILBERTO: Ya veremos, hermano, ya veremos…
.
IVÁN camina con más temor aún. Llegan por fin a la parte de la tienda de conveniencia y se detienen.
.
GILBERTO: Ve, Iván, aquestas neónicas luces
que tanto brillan como las estrellas,
pues si las sigues a ellas
y a su empresario sino te reduces,
quizá el caer de bruces
amortigues un poquitito más.
Oh, pequeño gran oasis urbano
cuyas mil verduras y manantiales
son de los más selectos capitales,
¿darás tu lado humano
y esta pobre alma en pena aceptarás
entre tus tiernos brazos?
.
IVÁN: ¿Es que acaso, hermano, he
todo aqueste tiempo hablado yo solo?
¡Antes consola y cuenta vendería
que unirme a esta turbia cofradía
de vivos esqueletos!
.
GILBERTO: ¿Una mejor idea que discretos
nos saque de este lío
acaso tienes, bro?
.
IVÁN: Muy bien sabes que no…
.
IVÁN se deja caer, quedando de rodillas y con la cabeza gacha, entonces ve el cadáver de perro en la esquina de la tienda.
.
IVÁN: ¿Acaso eso que veo allí escondido
entre sombras, insectos y basura
no es sino la vivísima figura
de la muerte, que de nuevo me mira?
.
GILBERTO: Solo es un perro muerto que no aspira
ni a mirarte siquiera.
.
IVÁN: ¡No, no, no! Mal mi padre ya ha podido
de la casa echarme hoy
que he visto lo que soy
en los ajenos ojos de aquel vago,
cuyo exclusivo estrago
no era otro sino el mismo que el godín
y ahora el de este perro que su fin
ya ha encontrado en su luctuosa acera.
En las miradas tres y sus miasmas
no hay sino fantasmas
de la vida, ¿al así vivirla vida
todavía será?
Bien sé que aquesta ingrata no controlo
y en ella me hallo solo
cual náufrago que en su isla
con un balón habla y cree que no se aisla;
y aunque el volver es un mero quizá,
mejor juzgo el volver sobre mis pasos
y apresurar la huïda
que hacer aquí pedazos
una que aún poseo viva vida.
.
IVÁN se echa a correr al lado opuesto de donde venía caminando. GILBERTO trata de detenerlo, pero no logra alcanzarlo.
.
GILBERTO: ¡No, mi hermano, detente!
¡Tu camino ya no va por ahí!
¿Adó vas? ¡Espera aunque sea a mí! (Sale.)
.
*
Escena VI
.
IVÁN vuelve a entrar. La escenografía sigue siendo del exterior.
.
IVÁN: Hoy más que suficiente
he tenido de este real vivir
y compruebo (¿ufano?) que el existir
aislado en mi sola realidad
es mayor libertad
y aun ofrece más felicidad
que la absurda, necïa idea de…
.
Mientras IVÁN aún habla, ROSAFINA entra y llega cerca de él, como queriendo entrar por una puerta que IVÁNobstruye.
.
ROSAFINA: Disculpe, ¿puedo pasar?
.
IVÁN ve a ROSAFINA y se hace a un lado. Al querer entrar ella, sus miradas se detienen entre sí un instante.
.
ROSAFINA: Gracias. Permiso, señor. (Sale.)
.
IVÁN: ¿Pero qué insólito ardor
acomete en un mirar
tan furtivo y tan compreso,
tan inmediato y caliente
que mi alma sola siente
que en ella algo se ha impreso?
¿Qué incendio es el que me anega
tan fiero en sus oleadas
que, mis sombras avivadas,
con sus luces me ciega?
¿Quién era aquesa criatura
que como se avino huyó
y aún más burlado dio
al cazador sepultura?
¿Quién era, quién, esa ausente
cuya falta ya me mata,
si su asistir no desata
una muerte más presente?
Ardiente llaga de ausencia
de una mirada nacida,
¿cómo es que al darme vida
me das muerte en apariencia,
pues acaso solo un sueño
fue el ver por tan breve instante
tal hermosura delante
sin poner ningún empeño?
Callen Peach, Croft y Cortana,
Morrigan, Zelda y Chun-Li,
pues solo en aquella vi
una beldad soberana
que por serlo nada más
tan cuitado la deseo
que sé, si es que la poseo,
no seré triste jamás.
Mas si no llega mi suerte
nunca a lo alto de gozarla
ni esperanza hay de alcanzarla,
¿el vivir no será muerte?
No, no será, pues ya lo es,
que sin verte yo fallezco
y solo vivo parezco
por esperar que otra vez
me reanimen tus ojos
mejor que tu mera idea
y más dulcemente sea
fiel ceniza entre despojos.
¿Cómo, cuándo, dó será
nuestra siguiente reunión
que nos brinde la ocasión
de sernos más que un quizá?
No tenerte yo bien sé
que es mi funesto destino,
mas ya tomo este camino
pues también conozco que
si por ti sufriré mucho,
contigo sufriré nada,
y el poder verte salvada
será mi último cartucho
jugar en la despedida
de aqueste inusual exilio
y entrar con algún auxilio
a este sueño de la vida.
.
Telón
.
Continúa…
***
Imagen al exterior
Sin título >> Ilustración >> Rafael González Alva
Rafael González Alva (Ciudad de México, 1993) es doctorante en Letras, Maestro en Letras Mexicanas y Licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas por la UNAM, asimismo, Licenciado en Diseño por la UAM. Dedicó sus tesis de licenciatura y maestría al rescate y estudio de Francisco Ruiz de León. En 2019 fue becario del PAPIME “Leliteane: Lengua, literatura y teatro en la Nueva España”. En 2020 cursó el XVI Diplomado en Creación Literaria en el Centro Xavier Villaurrutia del INBAL. Desde 2021 forma parte del proyecto CONAHCyT Ciencia de Frontera, sobre el teatro viarreinal de los siglos XVI a XIX. En 2022 comenzó su trayectoria docente en la Universidad Popular Autónoma de Veracruz y en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha publicado textos académicos y de creación literaria en revistas como Literatura mexicana, Destiempos y Sombra del Aire, y, asimismo, el libro de cuentos [Mal]viajes en el tiempo(México, 2022).

