9. LA ASCENSIÓN (2/3)

por Alejandro Roché

ABRAXAS

Así, un hombre gusta de mujeres de caderas amplias para proteger al feto de cualquier golpe o caída durante el embarazo, y también tiene la inherente atracción por pechos prominentes, pues con ellos la hembra tendrá suficiente leche para amamantar a la cría. En cambio, la mujer prefiere un hombre con el cual se sienta protegida, y la atracción es mayor si el hombre es fuerte, porque se garantiza el sustento que conlleva al bienestar físico y emocional, tanto de ella como de una futura criatura. Y a esto, ustedes no lo saben, pero su instinto es el que dicta estas conductas.

Un hombre habla:

—Si lo que dices es cierto, ¿por qué me siento atraído por mujeres hermosas de cuerpos delgados?

—El atractivo físico es más complejo y parte de él no pertenece al instinto animal. La hermosura del ser humano está en buena parte determinada por su mente, la mente es moldeada por sociedades, y ellas determinan los parámetros de la hermosura; empero, aun esto responde a un acto de supervivencia. El hecho de que su pareja sea atractiva cumple varias funciones y todas muy complejas. En primera instancia, el macho puede presumir ante otros individuos de su mismo sexo que puede “enamorar” a una hembra hermosa, y a la vez asegura que su descendencia tendrá un gran futuro social, pero estas verdades no son absolutas sino relativas, porque implican raciocinio y éste es casi tan complejo como mi padre. Por otro lado, la parte del atractivo físico que corresponde al instinto animal está dada por parámetros para la mejor selección en aras de perpetuar la especie.

—¿Qué sucede si alguien no halla a una pareja con las características dictadas por su instinto?

—En tal caso inicia una relación con el mejor espécimen al que su naturaleza pueda aspirar, porque la procreación es el principal objetivo existencial e inconsciente de cualquier especie.

Además, deben saber que el atractivo posee dos vertientes: la belleza y la hermosura. La primera expresa su naturaleza en el espíritu y la segunda en el materialismo. Por ello, existen dos clases de atracción.

La atracción física corresponde al animal, se le denomina pasión y es explosiva. En cambio, a la atracción por belleza se le llama amor, y corresponde al ser racional. Ambas son hermanas de naturaleza símil, ambas pueden coexistir, sólo que la hermosura es mortal y la belleza es de naturaleza perpetua.

La atracción física se da porque la naturaleza dotó a las mujeres de ciertas sustancias que emanan de su cuerpo y ellas sirven de códigos de compatibilidad. De este hecho se deriva el motivo por el cual muchos hombres son compatibles con una mujer, pero ella sólo es compatible con una minoría; esta verdad es bidireccional.

También deben saber que el hombre está más allá de su instinto, y ahora ya no sólo busca procrear como único fin existencial, sino también añora compartir con otra persona sus sueños, esperanzas e ilusiones, porque el amor es la satisfacción de compartir una visión para comprenderse y crecer juntamente; sin embargo, esto es engañoso, porque pueden confundirse y querer hallar todos sus anhelos en otro ser, cuando lo que buscan se encuentra dentro de sí y nuevamente todo se reduce a la verdad interna.

—Háblanos más de la verdad interna, dinos como llegar a ella.

—No es complicado ni existen formulas para descubrirla. Llegar a ella es menos escabroso si se hallan en la libertad de la soledad; libertad de pensamientos donde nadie pueda influirlos con nimiedades, soledad porque nadie mejor que ustedes conoce sus miedos y alegrías. Ningún otro ser humano es capaz de ver sus sueños como los conciben sus ojos, nadie puede sufrir lo que ustedes sufren; no deseen la comprensión de su prójimo, pues ellos ya tienen mucho con que lidiar en su intrainfierno, tampoco aspiren entender su entorno, porque perderán la vida arando en el desierto. Autoedifíquense, moldéense a su gusto, recreen su realidad, depuren su vida de contradicciones.

Un hombre pregunta:

—¿Qué hago si a mí no me gusta trabajar?, ¿debo abandonar a mi familia?

—Primero debes preguntarte por qué te casaste y por qué tuviste hijos. Cuando hayas encontrado las respuestas, sabrás si debes abandonar a tu familia.

—¿Abandonarlos no es malo?

—Sólo si tú lo crees. Pero yo te aseguro que si los abandonas les harás un bien. Si un hombre quiere abandonar a su esposa e hijos y sigue con ellos, entonces hace un mayor mal, pues vivirá infeliz y esa infelicidad será contagiada a su mujer, que a su vez contagiará a los hijos, y todos serán desdichados. En cambio, si los abandonas, ellos y tú estarán en paz. Tu esposa e hijos tendrán tranquilidad, porque seguramente tienes vicios que son un desahogo para ti y, para ellos, causa de sufrimiento. Por otro lado, tú podrás vivir la vida que quieres sin que nadie reproche tus actos.

—¿Pero y si quiero tener una mujer a mi lado?

—Tú no quieres una familia, ve y busca a una mujer que no quiera tener hijos y vive con ella, o ve y paga a una prostituta. Y me puedes dar mil pretextos más y a cada pregunta te daré una solución, pero ése no es el punto. Comprenderás todo si hallas tu verdad, ella responderá cualquier inquietud. Tal vez no creas en mis palabras, pero si continúas aquí, es porque me das el beneficio de la duda.

—¿Y Dios? Dices que existen muchos dioses, ¿quién es el verdadero? —pregunta una mujer.

—Decirte quién es el verdadero dios, equivaldría a decirte que la única mujer en el universo eres tú. No existe un dios verdadero ni tampoco uno falso. Si bien los dioses los mantienen sosegados bajo la ignorancia, no son malos por eso, la verdad está en ustedes y sólo de ustedes depende si quieren seguir siendo esclavos.

—¿Entonces las religiones son…?

—Las religiones son tan malas como tus ojos las vean y tus actos lo demuestren. Si tú quieres creer en un dios, cree en él y adóralo, y nada ha de pasarte si no lo haces. Los animales nacen, comen, defecan, mueren, y muchos de ellos son más antiguos que el ser humano.

—Tú dices que nada malo sucederá si no tengo religión. ¿Pero y la muerte?

—Cuando mueras, irás al cielo o al infierno de tus creencias, pues ellas son las que te acusan.

—¿Y qué hay si no creo en nada?

—Tu pregunta se responde a sí misma. Tu alma vuelve a ser energía y se integra nuevamente a la Natura.

—¿Qué es la Natura?

—Él es mi padre; un ser definido, completo, acabado y en renovación.

—¿Por qué dices que es completo, acabado, en renovación y definido?

—Es completo porque él es el todo y no necesita de nada para sentirse satisfecho de sí.

Es un ser acabado, porque su cuerpo está completamente definido, y a la vez se halla en renovación porque las fuerzas que lo conforman mantienen una interacción continua, por ello siempre son constantes.

Es un ser definido porque su actitud nunca es contradictoria, aun cuando a los ojos de la humanidad así lo sea; esto es porque el hombre no puede ver el todo y se limita a analizar una porción del universo, olvidando que el elemento aislado no existe en la Natura.

Como ya dije antes, el hombre no puede vivir si no es por medio de mi padre, pero él si puede, pues está por encima de cualquier criatura, porque todas nacieron de él.

—¿Debemos adorarlo?

—Él no es un dios; no necesita ser adorado. Si esa es tu intención, hazlo. En cambio, si consideras grotesco adorar a un ser de esa naturaleza, no lo hagas. La energía desprendida de tu cuerpo, ya sea para adorarlo o maldecirlo permanece en mi padre; todo es parte de él.

—¿Por qué no habíamos oído hablar de él?

—El ser humano sólo puede ver el summun bonum y el infinitum malum, mas no puede percibir la presencia de mi padre, tampoco es posible determinar su existencia mediante razonamiento simples, y esto se debe a que una verdad debe ser tangible en un aspecto físico o abstracto, y mi padre está por encima de estos preceptos. Pues así como los ojos no pueden verse a sí mismos, sino a través de un reflejo, ustedes no pueden verlo porque se hallan dentro de él. Ello es el motivo por el cual la omnipresencia de mi padre no es perceptible al ser humano, porque él es el cosmos. Yo les aseguro que su intuición ya les prevenía de un ente universal.

También deben saber que mi padre es el Mysterium Tremendum et Fascinans; es el vació y la unidad. Es el todo porque es la adición del summun bonum y del infinitum malum y simultáneamente es la nulidad porque ambas fuerzas al contraponerse se nulifican. Por ello, ustedes se sienten atraídos, quieren saber más de él y a la vez tienen temor de conocerlo; su naturaleza les incita a comprenderlo pero las cadenas los atan a la esclavitud de su religión.

Pueden ver la manifestación de mi padre en las letras Alfa, Beta, Ro, Alfa, Chi, Alfa, Sigma; en el tiempo, en el nacimiento y en la muerte del cosmos, él expresa su voluntad en los ciclos del hombre, de la mujer, de los animales, de las plantas, del bios, de la tierra, de la luna, de los planetas, del sol y del universo; mi padre es la continuidad infinita del espacio-tiempo.

Ahora que conocen la verdad, de ustedes dependerá la decisión de continuar en sumisión o emprender el vuelo donde hallarán la serenidad, estadio donde nada ni nadie perturba la lucidez de la verdad interna, universal e individual del ser.

—Háblanos de tu padre.

—La eternidad es pequeña para hablarles de él; sin embargo, deben saber que también es indeterminado como la penumbra, no es luz ni es oscuridad, no tiene principio ni tiene fin; es el todo, es infinito, indescifrable e incognoscible para su razonamiento.

Por otro lado, veo en sus ojos la curiosidad de querer conocer cuál es su nombre, pero deberán tener cuidado, porque invocarlo puede causar la muerte. Ni siquiera yo, su primogénito, lo he pronunciado. — Deizkharel toma una vara y en la tierra escribe el nombre de su padre. —Cuiden que su lengua no lo llame, pues el poder del universo descenderá sobre ustedes y, si no están instruidos, quedarán cegados.

—¿Y qué debemos hacer para ser instruidos?

—Deben hallar su verdad interna, y ésta les dará la lucidez para ver por encima de los mortales.

—¿Y ya encontraste tu verdad?

—No podría hablarles de lo desconocido.

—¿Y cuál es tu verdad?

—El sufrimiento es universal y la causa del sufrimiento es el deseo, el deseo lo provocan los sentidos. No se puede desear lo que no se conoce, y tampoco puedes elegir lo que vas a conocer. Así que para solucionar mi sufrimiento, satisfago la carne para que ésta no aprisione al espíritu; cuando tengo sed tomo agua hasta saciar la resequedad de mis labios, pues sólo así mi mente puede dilucidar de manera consiente. De esta forma, me escindí de un cuerpo y liberé el espíritu.

Alejandro Roché nació en el Edo. de Méx. en 1979. Ingeniero en Comunicaciones y Electrónica por el Instituto Politécnico Nacional. A la par de su desarrollo profesional como programador informático, se ha ejercitado desde temprana edad en la disciplina de la Literatura, sobre todo en el campo de la narrativa. Lector ávido. De 2000 a 2005 formó parte del Taller de Creación Literaria del escritor Julián Castruita Morán dentro de las instalaciones de la ESIME-Zacatenco del IPN. Durante los próximos años escribió la novela Abraxas, hoy publicada por entregas y disponible en este medio. Colabora con profusión en Sombra del Aire desde mayo de 2015.


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