“Lo que hacemos, nos identifica. Muestra quiénes somos y de qué somos capaces. Nadie que lo conociera a él podía dudar de la clase de persona que era”.
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Octubre de 2022—MIÉRCOLES
Cuando González salió, la Fiscal le dijo a su asistente:
—Sabrina, quiero que contactes a Psicología. Necesitamos la autopsia psicológica de Nájera y el perfil del asesino. Que sea Esquivel. Es la más adecuada para este caso.
La doctora Farina no toleraba la inoperancia y estaba segura de que varios integrantes del equipo de Psicología Forense no eran aptos para desempeñar su labor.
—Quiero que se incorpore a nuestra investigación cuanto antes. Ya tiene material suficiente para empezar a trabajar. Antes, quiero ponerla al tanto de algunos aspectos del caso —dijo, como si la psicóloga ya estuviera asignada a la investigación—. Agendá con ella una reunión para mañana a las 10 hrs. Y quiero que sigas manteniendo a la prensa alejada de mí, no me pases llamadas y encargate de que pueda salir por la calle de atrás cuando me vaya. Recordales que sigue el secreto de sumario.
Sabrina también estaba habituada a la velocidad de las órdenes de su superior y la respetaba, porque con esa forma de proceder había logrado que muchas causas llegaran a buen término.
En ese momento la abogada recibió una llamada del Suboficial Fernández para informarla sobre el avance de la investigación. Ella siempre se felicitaba por ponerlo a cargo de los casos complejos; jamás la había decepcionado. Más aún, con el tiempo había llegado a sentir cierta estima hacia él, aunque no dejaba que eso interfiriera en su relación profesional.
—Doctora, he recepcionado el parte de los peritos que revisaron las pertenencias del occiso. Respecto del teléfono, se ha constatado que las llamadas realizadas y recibidas corresponden a clientes y familiares, con excepción de la última recibida, que coincide con exactitud con la hora en que se retiraba de la fiesta.
La abogada contuvo la respiración.
—Sin embargo —continuó el policía— el llamado en cuestión no pudo ser rastreado, porque el propietario del móvil debió de extraer la batería y destruir la tarjeta de memoria, por lo cual no puede ser tomado como una pista en concreto. En lo que respecta a los contactos, además de los mencionados clientes, colegas y el de la esposa, pero de ninguno de los hijos, se encontraron números de tres institutos de estética masculina, dos gimnasios, una nutricionista, una manicura, dos peluqueros y el del Tiro Federal. Esa misma noche fueron agregados los de las hermanas Fenoglio, participantes en la fiesta. En el historial se encontraron búsquedas de catálogos de venta de ropa masculina, autos de alta gama y agencias de turismo. De las cuentas bancarias, aún no se han obtenido las contraseñas. En cuanto a la computadora, los técnicos todavía están trabajando en ella, ya que al parecer habría otros archivos ocultos además de los declarados por el doctor González. Ni bien tenga más detalles le haré llegar el acta del procedimiento.
—¿Hay novedades sobre el arma robada?
—Sí, doctora. Los investigadores corroboraron la versión de la esposa de la víctima. Era una Sig Sauer 9 mm. Su desaparición fue denunciada oportunamente y hasta la fecha no se tiene conocimiento de que la misma haya sido utilizada en delito alguno. Me permitiría decir que ya está en el mercado negro y que tarde o temprano se perpetrará una infracción con la misma.
—Gracias, Suboficial. Quedo a la espera de novedades.
El testigo que siguió al socio del abogado asesinado fue Eduardo Calvo. La Fiscal comprobó que el hombre era indulgente con su excompañero de estudios.
—Eran cosas de chicos, a todos nos pasó que alguna vez nos cargaron por algo o se nos reían por algo. Si vamos al caso, en la fiesta, ni bien me vio me dijo: “otro que hace juego con el apellido. ¡Calvo, no te queda ni un pelo!”. Y obvio que yo no me enojé por eso. Al menos no me dijo nada de la barriga —dijo riendo.
—¿No le molestó que en ocasión de ese reencuentro le dijera algo así?
—Él era así, era cuestión de tomarlo en broma. Cuando íbamos a la escuela, algunos no aguantaban que les dijeran nada y Roberto lo hacía más todavía.
—¿Usted diría que lo que hacía el doctor Nájera no era bullyng?
—Pero, doctora… eran solamente “cargadas”.
—¿Usted lo vio discutir con alguien en la fiesta?
—Bueno… vi que iba de grupo en grupo y que cuando llegaba más de uno se iba, pero él no lo tomaba mal, más bien se reía… toda la noche me pareció que se divertía mucho.
—Por qué cree que se divertía? Me está diciendo que muchos se alejaban de él.
—Bueno, no sé… lo veía sonriente… y después, estábamos en la misma mesa con las mellizas Fenoglio. No nos prestaron mucha atención a Daniel y a mí… no se despegaron en toda la noche. Ellas siempre fueron muy… digamos… seductoras, y a Roberto lo complacía ver la atención de ellas.
—¿Está seguro de que entre los invitados no hubo alguien que manifestara abiertamente su malestar o se irritara con el doctor Nájera?
—Bueno, la vi muy enojada a Susana Delgado. Cuando estábamos en la escuela, ella no podía ni verlo y él disfrutaba con eso. Y el sábado le dijo algo que no pude escuchar porque estaba a bastante distancia, pero vi que ella reaccionaba mal y se alejaba.
—¿Usted vio cuando el doctor Nájera se retiró de la fiesta?
—Yo me fui antes, al mismo tiempo que Delgado y González. Me llamó la atención que no tomaran la ruta que va al aeropuerto, sino que doblaron en otra dirección. Según ella tenía un vuelo temprano y él se ofreció para llevarla. Cuando me fui, quedaban algunos todavía, entre ellos Roberto. La verdad es que no puedo creer todavía que haya pasado esto. ¿Tanta bronca le tendría alguien como para querer matarlo?
—¿Quiénes quedaban cuando usted se fue?
—Graciela, Enrique, Pablo y Estela. Nájera y las mellizas estaban más apartados. Algo decía Roberto, porque las dos se reían y se le apoyaban en los brazos. Roberto estaba… bueno… no sé cómo decirle… mire, la palabra era excitado…
—Señor Calvo, como le dije a los demás testigos, manténgase a disposición. Es posible que vuelva a llamarlo.
Las declaraciones de Graciela Abadi y Pablo Martínez coincidieron con las de otros testigos; cada uno confirmó lo que la Fiscal ya sabía.
Pablo Martínez le habló de su teoría sobre la violencia que ejercía Nájera con sus compañeros como efecto de la que debía sufrir él mismo en el ámbito familiar.
—Parecía que el padre lo sobreprotegía y saltaba las normas de la escuela para defenderlo, pero yo creo que cuando Roberto llegaba a la casa debía recibir un severo castigo. El bullyng, el maltrato a los animales… me pregunto si actualmente no ejercía violencia con su familia… Pero no tenga esto en cuenta, doctora, es lo que los psicólogos llamamos un “análisis salvaje”, emitir una especie de diagnóstico totalmente fuera de contexto. Por favor, olvídelo.
—¿Usted mantuvo contacto con él durante estos años? Según su teoría sobre un entorno violento, ¿puede decir algo sobre qué clase de persona era?
—No mucho, doctora. Sólo coincidimos en una ocasión en que fui llamado como perito de parte en un caso en el que él intervenía, pero fue solamente eso. Después no volvimos a vernos. Sin embargo…
—Sin embargo, ¿qué?
—Bueno, lo que observé de él en la fiesta, cómo se dirigía a los demás, cómo se movía por el salón, sus actitudes me hicieron pensar en una personalidad narcisista, pero vuelvo a decirle, por favor, olvide esto. Es lo que llamamos deformación profesional, no debería haberlo mencionado.
—Licenciado, ¿usted tiene un arma de fuego?
—¡Doctora, soy un profesional de la salud! Cuando me gradué hice un juramento ético.
—No le pregunté por su juramento ético. Le pregunté si posee un arma de fuego.
—No, doctora. Nunca la tuve ni sabría disparar una.
A última hora llegaron a la Fiscalía una copia del video realizado durante la fiesta y algunas fotografías grupales con la identificación que Claudia López había hecho de cada participante. La mujer había pasado casi todo el día con un técnico de la policía para cumplir con la labor que la Fiscal le había asignado.
Una de las fotos le resultó particularmente llamativa: en el centro, se veía un apretado grupo de hombres y mujeres sonrientes y, en el extremo derecho, se abrazaban Nájera y las mellizas. A la Fiscal le hizo pensar en tres personas asomadas por una ventana.
Esa mañana el Suboficial había asumido la tarea de controlar las cámaras del exterior de Aramis. Había observado detenidamente cada una: la orientada hacia la playa de estacionamiento y las que controlaban el acceso por las avenidas. Le resultó llamativo que los propietarios del salón de fiestas no hubieran considerado necesario que las cámaras captaran imágenes más allá de los arcos de ingreso a la rotonda.
Recordó al hombre que observaba la fiesta desde afuera: había estacionado su auto unos metros antes de llegar a la entrada por la avenida Este y luego había retrocedido y regresado por el mismo camino. Esa era la razón por la cual no se lo veía en la grabación.
En las otras avenidas y en la playa de estacionamiento nada atrajo su atención. Cuando todos se iban, se veía salir a las mellizas por la Este y unos minutos después el Audi de Nájera. Nadie lo hizo detrás de él.
Esas imágenes servirían para corroborar o refutar las declaraciones de los testigos en cuanto a la hora y el lugar por donde se habían retirado.
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Capítulos:
Trayectoria de boomerang 1 Trayectoria de boomerang 2 Trayectoria de boomerang 3
Trayectoria de boomerang 4 Trayectoria de boomerang 5 Trayectoria de boomerang 6
Trayectoria de boomerang 7 Trayectoria de boomerang 8 Trayecotoria de boomerang 9
Imagen
Returning to the Foxs Lair, 1896 >> Heywood Hardy
Liliana Fassi reside en Villa María (Córdoba, Argentina). Es Licenciada en Psicopedagogía, graduada en la Universidad Nacional de Río Cuarto (Córdoba, Argentina). Entre los años 2010 y 2018 publicó tres libros que recrean, con entrevistas y ficciones, la historia de la inmigración llegada a su país entre las últimas décadas del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Participó en diez antologías de cuentos editadas por instituciones culturales de Argentina y de Uruguay y recibió numerosos premios y menciones en ambos países. En 2023 tres de sus obras integraron una antología editada por la revista mexicana Sombra del Aire. Colabora con revistas digitales de Argentina, Canadá, Guatemala, México, Colombia, Ecuador y España. Es correctora de textos y fue prologuista de libros de autores de las provincias de Córdoba y de Buenos Aires. Actualmente, su obra aborda un amplio abanico de temas relacionados con la condición humana.

