LOS QUE DICEN NUESTRO NOMBRE

por Calister Castillo

Caminamos así en la vida, sin más, junto a todo lo que nos rodea, y algunos pueden conocer cosas terribles, espíritus nefastos, destinos trágicos o estrellas que desaparecen en el firmamento. Vean el cielo, pisen la tierra y revuélquense en el polvo. Escuchen las voces de aquellos que nos llaman por nuestro nombre porque por última vez lo pronunciarán.

Son voces misteriosas, esas voces que por algún tiempo se pierden y se alejan. ¡Ya ningún ser vivo pronunciará nuestro nombre! No, nunca durante toda nuestra vida, ya no escucharemos ni el sonido de los pájaros cantar por la mañana, al amanecer cuando sale es sol, cuando te levantas de tu tibia cama.

Oh, medio día de la vida, báñame otra vez con tus tibios rayos como siempre lo has hecho porque así debe de ser, porque es necesario para que nosotros también llamemos a alguien por su nombre, a los que se quedaron atrás, a los que se revuelcan en el polvo, a los que alguna vez lloraron de emoción, a los que también se fueron lejos a otro lugar en el mundo a lo deshabitado, a lo despoblado, al desierto y la desolación. A esos llamaremos y escucharán a lo lejos; nuestra voz será lejana como un hilo que se rompe cuando se adelgaza en lo extremo. Pero aun así nos escucharán y se levantarán del polvo y se sacudirán como canes, como siempre lo han hecho, como siempre ha sido, desde tiempos arcanos.

Ellos caminan en la marisma en el yermo, en el páramo, sobre los acantilados, por todos lados, son solitarios que encuentran una roca que empujar, un lobo que cazar, un fuego que robar, aunque los destrocen a pedazos, aunque los abofeteen, pero ésa es su existencia, llevan su propia lápida a cuestas, saben su epitafio y llevan ojos que ven en la noche; sus brillantes ojos ven el caos, ven su destino trágico. Hambrientos y desarrapados, así caminan, así se arrastran y se revuelcan en el polvo, cientos de veces…

Alzan las manos al cielo, gritan, aúllan, se desesperan, se enfurecen y piensan lo que no dicen y después se van a dormir, se echan al suelo y se olvidan, tal vez de todo, el sueño es su consuelo, pero se protegen bien para soñar profundamente. En el sueño nadie los despierta, solamente el sol que deslumbra sus ojos, que los descubre, que los avienta al mundo de una manera violenta y despiadada. Véanlos, admírenlos, témanles, pero no los odien, porque no sabemos nada de su vida, aparte de lo que nos han contado. Los hemos visto andando, volando y cabalgando sobre el haz del agua; los hemos visto revolcarse en el suelo para aliviar sus llagas; los hemos visto alzar sus brazos; los hemos visto lanzarse al vacío, al abismo y rodear la tierra; pero también saben soñar aun acurrucados, en posición fetal, sueñan siempre, aun más que todos nosotros.

Qué pasará si ellos se desvanecen, si ya no los vemos más, a esos espíritus nefastos, esos psicopompos, esos vestiglos que recorren la tierra, que han visto cosas horrendas, que provocan pesadillas, que respiran pestilencias, que producen estridencias, seres telúricos que se arrastran despavoridos, que devoran el fruto de la tierra y los gusanos, seres con raíces, con alas membranosas, seres ígneos, que están ahí, allá, aquende y allende, en todas partes. Sépanlo, están en todas partes, algún día nos los encontraremos cara a cara y veremos su terrible rostro de ojos desorbitados y dirán nuestro nombre por última vez y enloqueceremos o moriremos…

 

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Longitud y masa – Tiempo no >> Óleo sobre madera >> Alias Torlonio

Calister Castillo Castellanos, un hombre en el mundo. Nació en Papantla, Veracruz en el año de 1975. Estudió la licenciatura en Pedagogía. Asimismo, ha impartido clases en primaria, secundaria, preparatoria y universidad. Ha participado en talleres de investigación, educación, cine, arte, filosofía y literatura (comprensión lectora, producción de textos, la estructura del cuento, creación literaria, literacidad, ortografía y redacción). Ha participado en Tertulia vainillera y en el primer encuentro de escritores regionales. Ha escrito en revistas como: ¿K`atsiyatá?, Voces interiores, Plan de los pájaros y Sombra del aire. Su escritura se conjunta en una amalgama estilística que ronda la ficción, la teosofía, la metafísica, la nostalgia, la mitología, la escatología, las visiones, el juego de palabras, el sueño, el sufrimiento humano; el lugar en el mundo y la búsqueda del ser…, en un estilo sugerente y fresco que permite abrir campos imaginarios, o existencias perdidas en mundos alternos o en algún punto ciego de la mente, un estilo sumamente fantástico y revelador.


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